Hace unos días la actriz Marisa Paredes declaró que "el cine español está en la picota desde el No a la guerra". Y no le falta razón. Antes de aquello el cine español no era motivo de controversia ni se producían airados debates con motivo de su financiación vía subvenciones estatales. Ni siquiera parecía objeto de análisis la polémica sobre su calidad o su ausencia. Pero, ay, en el momento en que un significativo sector de la profesión cinematográfica decidió entrar en arena política todos esos debates saltaron a la palestra. A partir de entonces pasaron a ser los titiriteros, tal es el epíteto que la brunete mediática comenzó a emplear para referirse a los actores que osaron hacer demostración pública su antipatía por el PP y su sesgo izquierdistaCon todo ésto, y no siendo en absoluto devoto del cine patrio -más bien al contrario-, lo que quiero decir es que las películas españolas eran igual de buenas o igual de malas que antes de ese posicionamiento político. El sistemático ataque que de desde la derecha conservadora han sufrido muchos artistas, y que se recrudeció a raiz de la cosa aquella de la ceja, tiene en la política a su único componente. Jamás a los representantes de La Caverna se les oyó antes del No a la guerra una sóla voz en contra de la política de subvenciones del cine español; y mucho menos en la etapa de gobierno del PP, en la cual esas subvenciones se repartían con idéntica soltura que en la actualidad, de ahí que no se pueda contemplar su inquietud sobre el particular como una preocupación real.
Es política partidista, no importa ni la calidad ni el dinero, todo se reduce a con quien simpatizas, y aún peor, si exteriorizas esa simpatía. Los artistas, a ojos de cierta derecha sectaria hasta el cansancio, tuvieron la desfachatez de congeniar con el bando equivocado. La prueba es que quien desde el mundillo artístico no sigue esa pauta viciada de raíz recibe toda clase de parabienes de los adalides políticos de esa derecha (más aquí y aquí), entrando en contradicción directa con el discurso de éstos al financiar por entero películas cuyos autores sí están bien vistos. En tales ocasiones no parece que las subvenciones al cine español, su calidad o el escaso éxito en taquilla supongan un problema.


