viernes, 27 de mayo de 2011

#noveaslafinal. Boicot a la Champions

Vivimos tiempos en los que conceptos como "rebeldía", "indignación" o "lucha", tras décadas en el ostracismo parecen querer abrirse camino entre la desidia dominante. No son pocos los sitios donde se denuncia el estado de adormecimiento en que vive la sociedad española, la apatía con que recibe el maltrato a que es sometida por las clases dominantes y la resignada aceptación de su incapacidad para cambiar las cosas. Los hay que han decidido plantarse (nunca mejor dicho) mediante acampadas en toda España, en especial en la madrileña Puerta del Sol, para hacer visible su descontento y sus ansias de vivir en un mundo mejor que, consideran, es posible. Pobres, su ingenuidad es enternecedora.

Las acampadas y demás gestos colectivos que estamos contemplando estos días están movidos por las mejores intenciones, pero sus métodos no tardarán en demostrarse altamente ineficaces. Hace falta una acción de choque, algo que de verdad suponga un salto cualitativo, una verdadera ruptura con el adocenamiento social que vive nuestro país. Un acto que, en definitiva, suponga un antes y un después, un shock tan enorme que no pueda ser recordado sin evitar un escalofrío. ¿Qué podrá ser, se estarán preguntando?

Mañana sábado se juega la final de la Champions League, el partido de fútbol más importante del año, el más comentado, el que mayor espectación despierta. Y (ja, ja) el más televisado. Probablemente lo más visto del año en televisión. Desde ésta humilde e irrelevante bitácora llamo al boicot catódico del partido de mañana. #noveaslafinal es un hashtag que hay creado (se me han adelantado por poco) en Twitter para recabar apoyos y conseguir la relevancia social que merece este acto de auténtica rebeldía, de verdadera transgresión. ¿Cuántos habrá que se adhieran a esta propuesta, verdaderamente audaz y arrojada, y que supone una durísima prueba para unos hábitos profundísimamente arraigados en la psique del español medio?

Esta iniciativa nace con vocación de fracaso a tenor de la escasa importancia que este blog tienen en el universo blogosférico nacional, y más si añadimos lo tarde que se me ha ocurrido. Pero qué demonios, no paro de oir y leer como las oligarquías gobernantes nos anestesian con apenas unas migajas de pan y dosis masivas de circo; a las masas idiotizadas moviéndose como inmensos rebaños únicamente entrenadas para seguir las instrucciones del pastor. El fútbol y la TV forman el matrimonio perfecto para levantar el circo pero nadie idea algo que realmente ataque esta cuestión como es debido. Reconozco, pues, que en un país como el nuestro pedir que no se vea la tele, y encima cuando televisan fútbol, es algo así como declararse traidor a la patria y corruptor de menores a la vez. Efectivamente, hay que echarle un par de huevos para atreverse a hacer algo tan temerario en suelo patrio. Si esto triunfa, las urgencias de los hospitales deberían estar sobre aviso por los masivos ataques de ansiedad que pudieran producirse. Hacer que un español no vea fútbol en la tele es como extirparle un órgano: se puede superar, pero la convalecencia puede ser larga hasta encontrar un sustitutivo eficaz.

¿Quién se atreve? ¿No era hora de empezar a cambiar las cosas? ¿Por qué no empezar por las propias costumbres, el propio carácter, que es en definitiva lo que termina configurando la identidad colectiva? ¿Van a seguir consumiendo pan y circo hasta reventar o están dispuestos a hacer un gesto en la dirección opuesta? ¿Se puede esperar algo de mayor calado de quien ni siquiera es capaz de abstenerse de ver un puto partido de fútbol?

miércoles, 25 de mayo de 2011

El movimiento DemocraciaRealYa debería ser más transversal


Dice el instigador de las revueltas en Islandia que una de las claves fue condensar el mensaje de hartazgo e indignación en unas pocas propuestas sólidas y concretas. Los de la #acampadasol, sus sucedáneos y los de DemocraciaRealYa, en lugar de hacer eso se han dispersado en una plétora de reivindicaciones que van desde lo razonable hasta lo directamente alucinógeno. En lugar de hacer lo que sus colgas islandeses, tomando ejemplo del lugar donde las protestas sí han tenido éxito, se pierden en listas enormes en las que combinan la reforma de la ley electoral o la salida por ley de imputados de las listas electorales con el cierre de las centrales nucleares o la renacionalización de las empresas privatizadas.

Con tamaña estrechez ideológica no hay manera de que una mayoría de ciudadanos se sienta identificado con el movimiento DRY, ya que más que otra cosa parece una romería organizada por la militancia de Izquierda Unida. Y si encima le añadimos la morralla que se apunta al fenómeno en forma de conspiranoicos de diversa índole y practicantes de pseudociencias como el reiki o la danza terapéutica, lo que nos queda es una amalgama amorfa que, una vez superado su techo de popularidad, ve pasar los días sin que le preocupe mucho el poco calado de sus propuestas.


Los de DRY se han apresurado a señalar como reivindicaciones propias solo las que figuran en su web (como si fueran pocas, je…) Percibo en Twitter que el descontento y el desencanto está cundiendo entre cada vez más gente que apoyó la inicitiva con toda su ilusión y buena fe, pero que es consciente de que en este país las cosas hay que hacerlas de otra manera. Como ya dije en un post anteriorhay que tratar de abarcar a todas las sensibiliades posibles, y no dar voz solo una de ellas, porque de no ser así lo que se consigue es el enconamiento de posturas y un avance cero. Hay que ir a lo primordial, tres o cuatro propuestas claras e inequívocas para renovar un modelo sociopolítico agotado, y dejémonos la tasa Tobin y zarandajas utópicas. Que sigan pidiendo la Luna y verás que pronto descienden a la Tierra.


Pienso que la dicotomía izquierda/derecha está ya fuera de la realidad social que nos rodea. En Cataluña, si no estoy mal informado, existe un modelo sanitario muy similar al de Madrid, siendo que allí ha gobernado el PSC durante 8 años y no solo no lo ha derogado, sino que lo ha impulsado. De ahí que las peticiones básicas de DRY debieran ser todo lo transversales posible, a saber: reforma de la ley electoral para que cada voto valga lo mismo; reducción de privilegios a la clase política en lo tocante a sueldos, pensiones e incompatibilidades; imposibilidad de presentar imputados en listas electorales; declaracion de bienes de los altos cargos al tomar posesión y al abandonarlo; ley para acabar con la opacidad de la gestión pública; supresión del Senado. Para empezar no está nada mal, ¿verdad?. ¿Son o no cosas asumibles por adscritos a cualquier ideología? Consigamos esto y luego ya veremos si vamos más allá.


Son demandas que figuran entre las hechas por DRY, pero inmerso todo ello en un batiburrillo como el que tienen en su web queda bastante desdibujado, y sobre todo da la impresión de que no se prioriza y que tanto da una cosa como la de más allá. Y eso no es buscar la eficacia comunicativa, que debería ser la principal directriz de un movimiento emergente como este.

martes, 24 de mayo de 2011

Dredg, una banda exquisita y su primer traspié

No se si es virus o alergia, pero ando estos días un pelín atolondrado. Ser el presidente de mesa electoral el pasado domingo fue mi tiro de gracia, y ahora tengo pocas ganas de estrujarme la sesera en nuevas entradas. Pero como no quiero dejar en la estacada la bitácora demos paso a un post musical, que siempre resulta más ligero.


Dredg son una banda de rock originaria de Los Gatos, California, y es de esas agrupaciones que gozan de un amplio reconocimiento en círculos underground al tiempo que apenas son conocidos por el gran público. Acaban de publicar un nuevo disco de extravagante título, Chuckles and Mr. Squeezy, con una portada no menos pintoresca, y que supone un cambio de rumbo de esos que hacen daño al aficionado que, como quien suscribe, considera algunas de sus canciones como de las más emocionantes que ha escuchado en años.


Este cuarteto norteamericano procede de la escena rock alternativa, en la que debutó allá por 1999, y pronto destacó por composiciones en las que había sensibles influencias progresivas. Desde aquel primer disco han ido fortaleciendo su prestigio con otras tres entregas recibidas con parabienes por crítica y público, forjándose una reputación de banda solvente y con una integridad a prueba de bala. Hasta ahora.



Pero mantengamos la cabeza fría. No afirmo que Chuckles... sea un mal disco, que no me lo parece, pero es cierto que la trayectoria de Dredg daba para esperar algo más. Mucho más. La complejidad, el sentimiento y la rectitud de sus composiciones quedan como algo del pasado en ésta su nueva obra. En su lugar encontramos simpleza, sencillez y obviedad. El giro pop es ya indiscutible, convirtiéndose la banda en muchos momentos de Chuckles... en un trasunto de Maroon 5. No es algo malo de por sí. De hecho, es algo en lo que ya incurrían en The Pariah, the Parrot, the Delusion (2009), su anterior y más ecléctico disco, con la salvedad de que sus canciones aún mantenían las cualidades que venían adornando a su predecesoras. Lo de ahora casi suena perezoso, de escasa creatividad y muy parco con sus poco más de 40 minutos de duración. Abundan las bases programadas y del punch rockero de antaño apenas hay alguna pincelada.




Si este nuevo disco se hubiera publicado en mitad de un parón creativo, como un recopilatorio de caras B, de rarezas o de momentos experimentales, no habría sorprendido tanto. Hubiera sido cuestión de esperar a la siguiente entrega para recuperar al los Dredg de siempre. Ahora, uno no sabe qué pensar sobre el futuro de la banda. Si la respuesta comercial es buena, puede que les hayamos perdido para la causa del rock más cerebral. No cabe duda que el giro estilístico les puede abrir más puertas, pero al coste de que los fans de siempre les den la espalda.


Es el eterno dilema de numerosas formaciones rockeras: no quieren sonar igual disco tras disco y buscan nuevos caminos, evolucionar sin perder la esencia que les dio un nombre. En el caso de Dredg y su nuevo CD, aún reconociéndoles arrojo en su propuesta y que son una de mis debilidades, no puedo dejar de admitir que han dado su primer paso atrás.

martes, 17 de mayo de 2011

Primeras valoraciones del movimiento Democraciarealya


#democraciarealya, #acampadasol o #spanishrevolution son hashtags de enorme relevancia estos días en Twitter. La plataforma Democracia Real Ya es la responsable del movimiento que un creciente número de jóvenes y no tan jóvenes protagoniza en busca de alternativas a un modelo político y social que perciben agotado y pernicioso. Aun compartiendo el fondo de las reivindicaciones, pienso que ya la están empezando a pifiar en el aspecto formal. El sesgo es pronunciadamente izquierdista, y en un país tan dividido ideológicamente hablando será difícil que esta plataforma aglutine a toda clase de sensibilidades, algo que sería lo deseable.


Hay que conocer este país, joder, y actuar con más inteligencia. ¿Qué hace Willy Toledo atesorando protagonismo? Habría que sacarlo a gorrazos de ahí, y lo mismo a quien porte banderas tricolores. ¿Qué demonios pintan, más que para dar munición a quien quiera señalar las concentraciones como expresiones de sectarismo político? Siempre cometiendo los mismo errores, y es que no hay manera de aprender, oye. Si continúa así, la iniciativa fracasará antes de alcanzar ningún objetivo. No solo hay que vencer, sino convencer, y si es posible seducir, pero así no veo muy posible avanzar en el terreno de las consecuciones. Más pragmatismo y menos visceralidad es lo que hace falta.


Lo de las banderas ya empieza a ser enfermizo. Van a acabar convirtiendo a la bandera tricolor en un espantajo carente de todo contenido. Como digo, no pinta nada ahí, y entre las propuestas de la plataforma no figura la de cambiar el modelo de Estado. Pasó igual el día de la huelga general. Para lo único que vale es para servirles en bandeja a quienes intentan restar legitimidad a las manifestaciones una excusa para desviar la atención. A los que portan banderas es para sacarles de las concentraciones con un azuzador de ganado, por imbéciles y por lerdos. Qué decir cuando veo que también se entremezclan conspiranoicos aprovechando la circunstancia para hacerse notar.


Mención aparte merece el modo en que la prensa tradicional está cubriendo el evento. Sus periodistas de cámara, cual perros de presa prestos a atacar la yugular de quien ose amenazar el negocio de sus amos, no pierden la ocasión de desacreditar lo que está pasando. En especial, a los medios de derechas les faltó tiempo al principio para únicamente hacer énfasis en los incidentes que protagonizan los tarados de siempre, tratando que este movimiento ciudadano quedara manchado por el estigma de la violencia nada más nacer. Sin mostrarse tan ultramontanos, periodistas a sueldo del principal conglomerado mediático de izquierdas también lanzaron sus andanadas en busca del descrédito de los manifestantes. El Ayuntamiento de Madrid corta la conexión de la webcam de la Puerta del Sol; Telemadrid vincula la acampada de la plaza madrileña con Bildu... En Twitter se da cumplida cuenta de todo ello.


No es que me extrañe. La prensa tradicional no puede permitirse un cambio de modelo socio-político, porque no son más que apéndices del mismo poder político que los manifestantes pretender doblegar. Están protegiendo su cortijo, en el que nos tienen atrapados a todos. Somos sus rehenes, y reaccionan como todo secuestrador hace si su víctima intenta escapar. Hay que tener mucho cuidado con esta gente. Desde sus púlpitos mediáticos lanzan soflamas simples y de fácil digestión directas a mentes poco preparadas y con nulo espíritu crítico, algo que abunda en éste nuestro país.
Habrá que ver si esto es flor de un día o la cosa persiste. De momento anuncian que las concentraciones seguirán hasta el día previo a las elecciones municipales. Es algo que tendrán que razonar, ya que no cambiarán grandes cosas con el más que previsible resultado. La plataforma ha demostrado un sorprendente poder de convocatoria funcionando al margen de los grandes medios. Puede ser el comienzo de algo mayor, pero la exigencia va a ser enorme y pondrá a prueba las energías y el compromiso de muchos manifestantes.

domingo, 8 de mayo de 2011

La ética de las bombas, la tortura y la violencia

Sam Harris es un filósofo usamericano experto en neurociencia. En 2005 escribió un libro titulado El fin de la fe que le convirtió en uno de los intelectuales ateos más destacados del momento. En este libro, que acabo de terminar de leer, expone con brillantez el porqué de considerar a la fe como una de las mayores fuentes de sufrimiento en el mundo a lo largo y ancho de toda la historia. No obstante, y por insólito que parezca, no son esas consideraciones las que andan revoloteando alrededor de la cabeza de este ateo que les habla.


En el capítulo dedicado al "problema del Islam", Harris argumenta en contra de las posiciones del conocido Noam Chomsky en relación a la política exterior usamericana. Considera errónea y carente de bagaje moral la equiparación que Chomsky hace de la violencia desatada en suelo norteamericano con motivo del 11-S con la que los USA han provocado en diversos puntos del globo en su "guerra contra el terrorismo". Sostiene que "en lo que a ética se refiere, las intenciones lo son todo" (aunque también puntualiza después que no son todo lo que importa). ¿Qué significa esto? Significa que, viene a decir, existe una diferencia moral entre un bombardero que siembra de muertos y mutilados una aldea afgana en su intento de destruir una fábrica de armas talibán y un extremista islámico que secuestra dos aviones de pasajeros y los hace colisionar contra dos rascacielos atestados de personas. Dicha diferencia estribaría en que, en el primer caso, la meta de los tripulantes del bombardero no es matar inocentes, aunque está claro que los posibles daños colaterales no son un motivo que les retraiga. Tienen un objetivo y su misión es destruirlo, y si la fábrica de armamento estuviera en mitad del desierto, sin civiles en kilómetros a la redonda, pulverizarla seguiría siendo su único propósito. En el caso de la yihad perpetrada por fundamentalistas islámicos, los civiles son el objetivo militar y sus atentados están orientados a producir el mayor número de víctimas posibles, sin discriminar entre civiles y no civiles.


Harris continúa su argumentación recurriendo a un sistema de diferenciación de valores que denomina "el arma perfecta". Con este arma imaginaria, uno puede alcanzar sus objetivos militares con precisión quirúrgica relegando al olvido a los funestos daños colaterales que tanto nos impresionan. Imaginemos al gobierno de George W. Bush en poder de un arma así, capaz de partir por la mitad a Osama Bin Laden, ahora que está de actualidad, sin que nadie más salga herido. ¿Le creen capaz, por muy mal que nos caiga el personaje, de utilizarla para otra cosa que no sea eliminar escrupulosamente a su objetivo militar? Se hace difícil creerlo. Ahora imaginemos esa super arma en poder de Al Qaeda. ¿Qué uso podemos suponer que harían de ella si sabemos que, en su caso, el objetivo militar es la población civil? ¿Bush/Obama y Bin Laden la emplearían de la misma forma? Una cosa es que Bush sea un patán descerebrado más centrado en alcanzar sus objetivos que a los cadáveres que pueda dejar atrás mientras lo consigue; y otra diferente es que sea alguien capaz de ordenar un bombardeo a sabiendas de que solo morirán aldeanos indefensos. Desde una óptica ética, las intenciones cuentan si nos referimos a las personas.  ¿Podemos decir lo mismo del instigador del yihadismo responsable del 11-S, 11-M y 7-J, entre otros atentados indiscriminados? ¿El plano moral en que ambos están es, de verdad, el mismo?


Hay que subrayar que el autor de El fin de la fe no está estableciendo una diferencias tan abrumadoras que conduzcan a la santificación de unos y la diabolización de los otros. Harris se afana en recalcar los motivos por los que los USA despiertan un monumental recelo en buena parte del globo, y no elude en absoluto abordar el asunto. Hace un recordatorio de algunas de las atrocidades usamericanas más sangrantes: el exterminio de los indios nativos, la esclavitud o la matanza de My Lai en Vietnam, en la que se detiene especialmente. Lo que intenta es que sepamos distinguir entre la brutalidad que, cuando sale a la luz, supone objeto de escándalo y crítica en el país de sus perpetradores y la que es recibida con parabienes por comunidades enteras, como es en el caso musulmán. Que hay unas sociedades que no toleran esa violencia extrema y que existen otras que la amparan, y que en términos éticos, las primeras son superiores a las segundas. Que la democracia occidental, con sus pegas, es moralmente superior a los regímenes teocráticos musulmanes, y ello también se manifiesta en la forma de hacer la guerra de unos y otros. Esa es la conclusión fundamental de este conjunto de ideas.


Hacia el final del libro, su autor se adentra en el terreno de la ética en términos de felicidad y sufrimiento de forma que no deja indiferente. Nos introduce en vericuetos aún más controvertidos cuando se atreve a plantear si puede haber circunstancias en que la tortura puede revelarse aceptable, incluso ética. No es un planteamiento nuevo imaginar a un sospechoso de terrorismo poseedor de una información acerca del lugar donde se cometerá el próximo atentado. Torturarte hasta revelar la información clave puede ser la única vía de salvación de las potenciales víctimas. Harris considera, posicionándose en un punto de vista muy local (de los USA), que si aceptamos las bajas colaterales en una campaña bélica [como las aceptamos en conflictos en los que, objetivamente, la intervención usamericana y de la OTAN redujo su extensión en el tiempo, como fueron los de Bosnia y Kosovo] no hay obstáculo moral en aceptar la tortura ya que, en ambos casos, lo que se persigue es un bien más elevado. ¿Qué es más malévolo, se pregunta, someter al sospechoso a un sufrimiento contrario a nuestra ética para extraerle la información o no hacerlo y esperar resignados a que una cantidad indeterminada de hombres, mujeres y niños perezcan horriblemente entre fuego y escombros? ¿Cual es la opción más defendible desde una vertiente moral? Esta pregunta es una patada en los bajos de las mentalidades europeas, poco acostumbradas a debates de semejante enjundia. Curiosamente, y a pesar de todo lo anteriormente argumentado, Harris admite que la práctica de la tortura le sigue pareciendo inaceptable en términos éticos. Es solo bajo la aceptación de un marco muy concreto, como sería la guerra contra el terrorismo emprendida por su país contra Al Qaeda, que se puede contemplar la tortura como una práctica no solo aceptable, sino necesaria.


Me he limitado a poco más que resumir los conceptos esenciales que Sam Harris transmite en El fin de la fe relativos a la ética de la violencia, sin entrar en mayores valoraciones. Ahora bien, ¿qué encontramos entre sus argumentos que pueda ser objetable, dado lo polémico de sus asertos? Sin duda, lo peor a lo que nos puede llevar la diferenciación moral que estipula es convertir las maniobras de uno de los actores en genuinamente morales, abriendo así la puerta a la comisión de los peores excesos una vez que se le ha proporcionado la coartada de la moralidad. Harris se apunta a lo que muchos estiman (recordemos que su libro fue publicado hace seis años) que es una guerra no declarada entre Occidente y el mundo musulmán. Y no veo esa guerra, no la percibo como algo ni tácito ni explícito. Estoy dispuesto a denominar guerra a lo que los USA mantienen con el movimiento yihadista después del 11-S, en cuyo contexto podríamos encuadrar la reciente operación para eliminar a Bin Laden, pero ampliarlo a la totalidad del universo islámico no es algo que los datos recabados sobre el terreno nos puedan confirmar. Eso sí, vender la idea de estar atravesando por un conflicto bélico ayuda a que las dudas sobre todo lo aquí esbozado se disipen con mayor rapidez y en una dirección concreta.


Admitamos, sin embargo, que este debate tiene un calado lo suficientemente profundo como para ser planteado, y que ello no transforma en monstruos a quienes defienden ponerlo sobre el tapete. La violencia siempre es un recurso indeseado, pero no por ello deja de ser a veces necesario. Más arriba mencioné Bosnia y Kosovo. ¿Podemos o no aseverar que las intervenciones de las fuerzas aliadas en esos lugares ayudaron a reducir el sufrimiento de la población civil? Solo pondré un ejemplo: tras la matanza del mercado de Sarajevo en 1995, la aviación de la OTAN entró en acción contra las fuerzas serbias; el resultado fue que el consecuente desequilibrio militar en favor de las tropas bosnio-croatas condujo en pocos meses a la firma de los acuerdos de Dayton, concluyendo así el sitio de la ciudad bosnia que duraba desde 1992. ¿Fue o no determinante la intervención aliada para frenar la guerra? Harris también arremete contra el movimiento pacifista, ese que rechaza cualquier estrategia que pase por el empleo de la fuerza, al que tilda de intrínsecamente inmoral. Su argumento es que el pacifismo dejaría el mundo tranquilamente en manos de los más salvajes, y que es insostenible en la práctica. Retrata su postura con una frase: "cuando tu enemigo no tiene escrúpulos, tus propios escrúpulos se convierten en un arma en sus manos".


Como dije, no estamos en el viejo continente habituados a cuestionarnos según que cosas. Especialmente la Europa progresista no parece capaz de hacerlo abiertamente, aunque luego sus gobiernos acaben participando de esa lógica. A veces es duro ser tan pragmático, pero hay ocasiones en que las alternativas no son mejores. Quizá haya que formar parte de un país forjado a golpe de revolver y de ley del Talión para entenderlo.

lunes, 2 de mayo de 2011

El Mundo vuelve a dar otra lección de periodismo basura con el 11-M

Osama Bin Laden (o Ladin, si nos ponemos puristas) ha muerto a manos de los SEALS usamericanos. Es uno de los trendig topics del día en Twitter, con motivo del cual los distintos medios realizan especiales sobre el terrorismo de Al Qaeda. El diario El Mundo no podía faltar a la cita, pero lo hace a su estilo.


Obsérvese cómo las tres versiones de esta noticia (ver captura de pantalla) son de la misma hora, las 9:10. La primera cuenta con el siguiente titular:
Del 11-S al 11-M: Al Qaeda, dos décadas de terror
Es una relación de acciones terroristas perpetradas por el entramado yihadista. En los correspondientes al año 2004 se habla del 11-M:
11 de marzo, España. El mayor atentado de la historia de este país provocó 191 muertos y casi 2.000 heridos. Parte del grupo terrorista, inmolado cuando fue cercado por la Policía días después en una vivienda de Leganés, hizo explotar varias bombas en trenes de Cercanías que circulaban en las madrileñas estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia.
Esta fue la primera versión. La segunda (ver segunda captura de pantalla) ya cambiaba el titular, suprimiendo la alusión al 11-M (y de paso, la del 11-S):
Al Qaeda, dos décadas de terror
Si nos vamos al año 2004 de la cronología, el 11-M ha desaparecido por completo.


Y lo que en el momento de escribir esta entrada podemos encontrar en la versión digital de El Mundo mantiene el mismo titular, pero nuevamente el 11-M hace acto de presencia en la relación de atentados terroristas de Al Qaeda. Lo hace de esta forma:
11 de marzoReivindican en un vídeo la autoría de las explosiones en cuatro trenes de Madrid. Hay 192 muertos y casi dos millares de heridos.
Repito, todo datado a las 9:10. Periodismo de pata negra se llama esto. ¿No debe un periodista reflejar un rectificado cuando este se produce?


Ha habido dos entes que han alentado esta pequeña resurrección de la teoría de la conspiración. La primera ha sido la presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, con unas declaraciones en las que afirmaba que Bin Laden jamás reivindicó los atentados de Madrid de 2004 en nombre de Al Qaeda. Basta un pequeño rastreo en Google para encontrar que el mismo periódico pedrojotil desmiente a la lideresa:
Las cadenas de televisión árabes Al-Arabiya y Al-Yazira han emitido una cinta de audo atribuida a Bin Laden. En la grabación, el líder de Al Qaeda dice que "los atentados del 11-M son la respuesta a las acciones de España en Irak, Afganistán y Palestina y ofrece una tregua a los países europeos si estos se comprometen a no luchar contra los musulmanes.
El otro ha sido el propio director de El Mundo, Pedro José Ramírez. También en Twitter ha estado siguiendo estrechamente la estela de la mandataria madrileña, colgando twits en el mismo sentido. Después de años despreciando la sentencia del 11-M, ahora se agarra a su letra para defender que Al Qaeda pudo no estar detrás de aquella masacre, y no pierde tiempo en deslizar tanto a ETA como a "un servicio" (secreto, se entiende). Yo añadiría al Lute, a Ted Bundy y al Clan de los Peruanos, ya que la sentencia no dice nada de su no implicación. Sobre si Al Qaeda está o no presente en la sentencia de la Audiencia Nacional (ratificada después por el Tribunal Supremo) me remito a lo que escribí en noviembre de 2007 sobre el mismo tema.