domingo, 17 de junio de 2012

The Cult, Paradise Lost, Anathema y Frames, Rock de tres veteranos y una novedad

Este año estamos asistiendo a publicaciones de gente a la que llevo siguiendo desde hace tiempo. Comenzaré por una novedad que conocí hace apenas un par de semanas, seguiré con los últimos trabajos de dos formaciones que nacieron bajo un mismo signo pero cuyo presente es bastante dispar y terminaré con una de las bandas más importantes de lo que ha sido mi cultura rockera.


Frames: In via

Este cuarteto alemán es uno de mis últimos descubrimientos a raíz de su visita a España como teloneros de la inigualable Anneke Van Giersbergen (de cuyo disco hablé aquí). Encuadrados dentro del Rock progresivo, en su último disco, instrumental como el anterior, avanzan un par de pasos en la dirección del Post-Rock aunque sin dejar completamente de lado las estructuras progresivas más clásicas. Si bien su anterior entrega, el excelente Mosaik (2010), sonaba más directo y explícito en In via se trabajan más las texturas y las armonías para dar al conjunto un perfil más atmosférico. También hay guitarrazos, no lo duden, pero dentro de una dinámica que no tiene por objetivo sonar cañeros sino proporcionar una experiencia sonora más ambiental. Si en su primer disco encontrábamos pasajes que recordaban a Dredg inevitable es nombrar a Mogwai como referente principal de este segundo trabajo. Puede que la música de Frames no resulte completamente novedosa pero tiene la suficiente calidad como para que merezca la pena darle una oportunidad. Yo ya estoy lamentando no haberme decidido a acudir finalmente al concierto que dio Anneke en Madrid.



Departure.


Paradise Lost: Tragic idol

Esta banda de Halifax, Reino Unido, tiene en su haber el honor de haber institucionalidado la etiqueta Gothic Metal que tan buenos momentos me ha proporcionado. Creadores del Doom Metal junto a formaciones como Candlemass y Anathema, llegaron a lo más alto a mediados de los 90 con Draconian times (1995), siendo que su estilo ya se había estandarizado notablemente. En busca de nuevos caminos abrazaron la religión del Rock alternativo (One second, 1997) y la electrónica (Host, 1999) recibiendo como premio a tamaño viraje el rechazo frontal de su hinchada de siempre. No fue hasta Symbol of life (2002) que retomaron la senda del metal por la vía del eclecticismo, con notable acierto cabría decir. A partir de ese momento la carrera de Paradise Lost ha sido un lento caminar hasta reencontrarse con sus raíces. Faith divide us, dead unite us (2010) se embarcaba casi por completo en el Gothic-Doom de sus inicios y su reciente Tragic idol repite esquemas sin solución de continuidad. Una pena para mí, que me enganché a esta banda en su etapa alternativa. Nunca me han gustado la voces extremas (por mucho que disfrute con la versatilidad vocal de Nick Holmes) ni la muralla de sonido como principio instrumental. Es curioso que durante los años más alejados del Metal se erigieran como solventes creadores de hits. Lo de ahora es solo para verdaderos entusiastas de sus primeros años, y yo no soy uno de ellos. Con solo un par de escuchas ya se que no voy a ser capaz de disfrutar este disco.



Honesty in death.



Anathema: Weather Systems


Escuchar un nuevo disco de de Anathema te asegura al menos una cosa: que, como poco, podrás encontrar una o dos canciones absolutamente sublimes pese a que el conjunto resulte irregular. Esto es lo que ocurre con Weather systems. El comienzo, con la primera parte de Untouchable, te deja salivando y con ganas de escuchar más. A continuación, su segunda parte te deja absolutamente roto, descompuesto. Hacía AÑOS que no escuchaba una pieza musical tan emotiva, hermosa y conmovedora. En serio, no hay palabras (y mira que pusieron alto el listón con Dreaming Light, de su anterior disco). Escuchar Untouchable part II te pone al borde de las lágrimas. La belleza hecha canción. ¿Será capaz este disco de mantener el nivel, es la pregunta que surge? Obviamente no. Estaríamos ante algo indescriptiblemente bueno, y Anathema llevan ya muchos años en esto. Si fueran capaces de crear algo así ya lo hubieran hecho. Repiten clichés, arpegios, esquemas... Es su personalidad, a fin de cuentas. Tanta instrospección no es apta para cualquier público, pese a que se aprecia cierto grado de aperturismo, melodías algo más optimistas. Con The beginning and the end se ponen más a tiro, el disco recupera algo de esplendor y cercanía, pero entre esta y los dos primeros cortes la travesía es dura. Internal landscapes es un buen cierre, digno resumen de la experiencia que significa escuchar a Anathema. La cual, pese a todo, consigue seducir. Eso sí, a base de escuchas que permitan captar todos los matices. No esperen tenerlo fácil con los de Liverpool.


The beginning and the end.




The Cult: Choice the weapon


¿Qué podemos esperar en 2012 de una banda que lleva cerca de 30 años en activo, sufrido tremendos bajones creativos, pasado por separaciones más o menos traumáticas pero alberga una de las discografías más interesantes del Rock británico? Como poco, dignidad. Y en ese campo Choice the weapon al menos cumple. Aunque no es una magna obra, no nos engañemos. Posiblemente la pareja formada por Ian Astbury (voz) y Billy Duffy (guitarras) ya no está para esos dispendios.


En su transitar por el mundo del Rock han tocado muchos palos: gótico, alternativo, hard-rock, algo de electrónica..., dejando siempre la impronta de grupo que evita repetirse de un disco a otro. No obstante, su inquietud musical no fue suficiente para verse aupados a la cima en aquel mágico año de 1991, cuando pudieron ser encumbrados junto a Metallica y Guns 'N' Roses como reyes absolutos del Rock a escala mundial. Pero Ceremony, en lugar de ser el disco que les abriera esa puerta se convirtió en el mayor traspiés de su carrera. En el año de la explosión del Grunge, si hacías un disco al margen del nuevo paradigma tenía que ser excepcional o el nuevo paradigma te pasaba por encima. Y Ceremony representaba todo aquello que entonces se iba quedando atrás. El Grunge hizo que ya nada fuese como prometía para el entonces ya dúo inglés.


Visto que el Heavy no era el camino probaron con el eclecticismo en su disco homónimo de 1994, pero solo dio como resultado la disolución del grupo. Astbury y Duffy se embarcaron en proyectos paralelos (o para lelos, según se mire): un desangelado Rock setentero con Holy Barbarians el primero y el refrito alternativo de Coloursound el segundo. Más tarde, Astbury editaría un disco en solitario en el que experimentaría a gusto con la electrónica sin el pesado de Duffy al lado queriendo tocar Rock. En 2001 The Cult volverían con Beyond good and evil en lo que se pretendía un retorno a lo grande, pero la pifiaron nuevamente al hacer suyo el sonido que decenas de bandas habían explotado hasta el agotamiento durante la década de los noventa. No había nada novedoso en su propuesta ni aportaba argumentos creativos que relanzaran su carrera, así que la pareja se volvió a separar. 


En 2007 sorprendieron a todos saltando a la palestra con un disco de Rock básico llamado Born into this (del que hablé aquí). Era un retorno discreto, como intentando no hacer demasiado ruido a la vista de otros momentos presumidamente históricos tornados en fiascos, pero un retorno digno. Este año repiten fórmula pero con algunos ingredientes distintos. Choice the weapon tiene una producción muy similar a la de su antecesor pero trae la curiosa novedad de los aires del pasado, salve sea la contradicción. Evoca sin disimulo la etapa de Love (1985) unánimemente aclamado como su mejor obra, y una de las mejores del Rock de esa década añadiría yo. No entraré en lo que supone para una banda encomendarse al sonido que tuvieron 25 años atrás, y que cada uno lo valore como le plazca. La frescura de antaño ya es imposible de recrear, pero se agradece el intento. Sentimientos encontrados, por ejemplo, me embargan al escuchar el corte The wolf, tan descaradamente copiada de su hit ochentero She sells sanctuary. Otro momento autorevivalista es Every man and every woman is a star, la cual cuenta con un ritmo similar a The witch, su mayor incursión en el Rock ácido. Se percibe en sus nuevas composiciones ese halo espiritual que les rodeaba en la primera mitad de los 80, unido ello a la estética chamánica de su portada y resto del artwork. Desde Ceremony no retomaban la imaginería india americana, siempre presente en la mente de Ian Astbury al haberse criado en Canadá, muy cerca de esa cultura.


Las canciones, por lo general, no pasan de correctas con algún punto de mayor interés. No encontramos esos himnos revienta estadios como los de Sonic temple (1989, su disco más vendido) ni el desparpajo hardrockero de Electric (1987, el de mayor impacto en su momento). Como digo, no hay forma de recuperar el pasado y ya cincuentones la pareja de músicos ingleses retorna como cuarteto acompañados de Chris Wyse al bajo y Joe Tempesta en la batería. Solo queda comprobar si la actitud (y la voz) de Ian Astbury sobre el escenario cambia o si continúa boicoteando sus propios conciertos (como he visto relatado en diversas publicaciones especializadas). Los hay que se apresuran a vender Choice the weapon como lo mejor que han publicado desde Sonic Temple. Yo pienso que son las ganas de verles con un buen disco bajo el brazo las que llevan a decir estas cosas. Que no, no es un mal disco pero...no se, conociendo todo lo que el Rock ha dado en los últimos años, escuchar esta última entrega de The Cult solo me lleva a pensar que ya pasó su momento.


Lucifer.