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miércoles, 10 de mayo de 2017

Reseña: con "The Optimist" Anathema aún muestran músculo creativo y poder para emocionar

Desde que publicaran su anterior disco en 2014, "Distant Satellites", tenía cierto temor al siguiente paso que Anathema fueran a dar. Entonces parecieron emprender una nueva dirección que podía ir acercándoles a terrenos más experimentales y abandonar el sólido trayecto que hasta ese momento llevaban recorrido. No era una impresión que invadiera todo el disco, se plasmaba en dos o tres cortes, es cierto. Pero al mismo tiempo se respiraba cierta sensación de agotamiento creativo del que ya hablé en su momento. No es algo extraño en bandas veteranas con una larga trayectoria pero resulta desolador cuando le ocurre a uno de tus ojitos derechos. Pero es ahí es cuando les dar por emprender nuevos caminos.

No obstante, respiré aliviado cuando escuché el adelanto de "The Optimist" en Youtube. "Springfield" es una canción que, en cierta manera, también supone cierto viraje en el rumbo de Anathema, y en una dirección que no me desagrada, y es la del post-rock.

No es que me sorprenda, habida cuenta de la evolución que el sexteto de Liverpool ha venido sufriendo con el paso de los años. La cuestión es que les pega, es coherente con su progresión con la salvedad del riesgo que supone verse sumergidos en la inmensa maraña de formaciones post-rockeras existente hoy día. Por suerte, los rasgos de identidad de la banda persisten y no ha sido una adhesión gratuita ni antinatural. "The Optimist" va más allá.

La prensa especializada insiste en encuadrar a Anathema dentro de la categoría de rock progresivo (serán uno de los cabeza de cartel en el próximo BeProg! junto a clásicos del género como Jethro Tull o Marillion) pero solo una visión estrecha se contentaría con semejante simplificación. En un escueto comentario de este blog escribí "The Optimist: dream-pop meets post-rock". Es decir, el dream-pop se encuentra con el post-rock. Los detractores de las etiquetas me odiarán pero a mí me parecen herramientas útiles para definir y clasificar sonidos. Lo nuevo de Anathema sería como combinar a Cocteau Twins o Slowdive con Mogwai o Caspian, añadiéndole la energía que los primeros ya traen consigo de serie.

La electrónica también tiene cabida en este trabajo, pero no es más que un apoyo puntual sin peso real en las canciones, algo que, por mi parte, solo puedo agradecer. No quiero a otros Radiohead tratando de inducirme al coma.

Dejemos a un lado el corte que actúa de introducción, "32.63N 117.14W", más que para decir que no son otra cosa que las coordenadas de la playa donde se sitúa la portada de "A Fine Day To Exit", su disco de 2001, y del que "The Optimist" es continuador conceptual. Realmente empieza con los punteos habituales de guitarra marca de la casa en un corte veloz llamado "Leaving it behind", imitando el modo de comenzar de sus dos discos predecesores. Es un tema que se tira sus cuatro minutos y pico al borde de una explosión que nunca se produce. El típico crescendo a que nos han acostumbrado no se soluciona con un clímax y la canción finaliza súbitamente con la sensación de algo inacabado. Vale, puede que ese efecto sorpresa sea buscado y crea la suficiente expectación, aunque como tema aislado no despierta tanto interés. Por cierto, ¿es Vincent, frontman habitual, o su hermano Danny Cavannagh quien canta? No me atrevo a afirmarlo.

Le sigue, al igual que en sus dos obras predecesoras, un tema en principio lento, "Endless Ways", con la siempre deliciosa voz de Lee Douglas guiándonos. Pero a mitad de canción la banda aprieta el acelerador de la épica, y guitarras y orquestaciones se apoderan de la instrumentación, llevándose el temor de una reedición de "The Lost Song, Part II". No parecen haber intentado de nuevo un autoplagio, al menos quiero pensar que no lo han hecho y me limito a deleitarme de lo que es un corte muy disfrutable.

A continuación, el tema que da título al disco, y que se divide en dos partes. La primera dominada por ese melancólico piano al que tanto recurren y la segunda por una guitarra, de nuevo épica, repitiendo fraseo mientras los violines de fondo recargan el ambiente y le añaden dramatismo. Luego viene uno de sus cortes más experimentales, el instrumental "San Francisco", exclusivamente compuesto sobre acordes de piano y bases programadas que no me parece en absoluto un relleno. Me gusta porque añade atmósfera y cierto carácter espacial que también habla de las directrices musicales con que han afrontado esta nueva etapa.

Después viene el valor seguro que ya he mencionado, "Springfield", lánguida composición en donde la intervención de Lee Douglas se limita a cuatro estrofas, pero es que no hace falta más. Brillante crescendo, genial clímax y poderosa instrumentación en, quizá, el corte más redondo de todo el disco. Muchas bandas de post-rock contemporáneo firmarían una canción así en cualquiera de sus discos.

Y como desde que esta vocalista adquirió protagonismo en el combo inglés siempre hay un tema en que se le permite un lucimiento especial, "Ghosts" es el elegido en esta ocasión. Los preciosos arreglos de cuerda y el piano mortecino son el acompañamiento perfecto para esta pieza sublime del mejor dream-pop, onírico y ensoñador, poético y arrebatador. Qué lejos de aquel doom-metal de sus comienzos, pero qué habilidad la del grupo para atesorar calidad en aquello que hacen, por alejado que esté de lo que les dio un nombre en el panorama musical británico.

"Can Let go" es otra pieza de ritmo rápido que en principio recuerda a "Get Off, Get Out", quizá la peor canción de su disco de 2010 "We're Here Because We're here". Pero a mitad de tema la guitarra de Daniel Cavannagh sale al rescate y logra sacarla de la mediocridad a la que parecía destinada mientras que su hermano Vincent hace lo que puede con un estribillo algo simplón. Si algo es este tema se lo debemos a Daniel, sin duda.

Con "Close Your Eyes" entramos en un terreno rayano con el jazz. Piano, batería con escobillas y arreglo de trompeta se unen a la voz de Lee en una melodía mustia y casi decadente. Una nueva puerta abierta, en definitiva, a la experimentación. La cual continúa en "Wildfires", donde la voz de Vincent es tratada con efectos de eco lo que la asemeja a un canto de iglesia, mientras suenan arreglos electrónicos de fondo. Luego entran las que quizá son las guitarras más duras de todo el álbum para recordarnos que Anathema siguen siendo una banda de rock, algo que llegados a este punto muchos ya estarían dudando.

El broche final es "Back To The Start", la cual empieza recordando un poco a "Internal Landscapes", del "Wheather Systems" (2012). Me llaman la atención unos fraseos que evocan a los acuñados por el difunto Peter Steele al frente de los extintos Type O Negative, pero aún me sorprende más el clímax final que, llámenme loco, me trae a la cabeza el del "Hey Jude" de los Beatles combinado con los violines noventeros de The Verve. Sabido es que los primeros se cuentan entre una de sus influencias (aparte de compartir ciudad de origen) pero nunca antes la había apreciado de forma tan explícita.

Para terminar solo quedaría la conclusión de este que suscribe. "The Optimist" me gusta más que "Distant Satellites", salva ese (pequeño) traspié y nos sigue mostrando a unos Anathema que aciertan en la composición y no se quedan quietos en la parcela creativa. Los puntos altos son muy altos y los inferiores no son tan bajos como en su disco predecesor. Tras varias escuchas, algo imprescindible para asimilar cualquier obra de esta banda, me quedo tranquilo con el presente de los de Liverpool. El futuro ya se verá, pero el presente se mantiene sólido y firme, inquieto y ambicioso. Y eso es síntoma de buena salud en una banda de rock.

miércoles, 18 de junio de 2014

Anathema, en riesgo de autocomplacencia con "Distant satellites"

Dos años después de un disco alabado por casi todos como fue Weather systems nos llega la nueva entrega del sexteto de Liverpool, aclamados mundialmente como uno de los mayores exponentes del ambient-rock progresivo del momento. No abundaré sobre aquello de lo que hablan docenas de páginas acerca de la evolución sufrida por la banda, desde el doom metal de sus inicios hasta sus actuales posiciones musicales, principalmente porque el giro ya ocurrió hace más de una década, así que todo se ha escrito ya sobre el tema.

Para hablar de Distant satellites hay que referirse necesariamente a su antecesor, el citado Weather systems. Porque estamos ante una poco disimulada continuación, ignoro si deliberada a tenor del éxito crítico cosechado o porque el momento creativo del grupo no da para otra cosa. Si hace un par de años nos cautivaron con Untochable, part 1 y part 2, el tema de apertura, dividido en una primera parte veloz y poderosa y una segunda pausada, emotiva y bella hasta el dolor gracias a la vocalización de Lee Douglas, repiten esquema ahora con The lost song part, 1 y 2. Veamos, de no haber existido Untouchable los peros serían muchos menos, pero eso no se puede cambiar y la magnificencia de aquella dupla se halla lejos de la que logra el comienzo de este nuevo disco. Es una pena, porque no puedo decir que sean malos temas, me gustan, y quizá serían mejor apreciados de no tener aquel referente, pero por comparación solo puedo concluir que Distant satellites empieza peor que su antecesor. Y el fantasma de una palabra que ya empleé al reseñar otro disco comienza a planear: autoplagio.

Superado su inicio el disco continúa con Dusk (Dark is descendig). Trata de ser muy dramático pero me da que Daniel Cavanagh, guitarrista y principal compositor de Anathema, se alarga en exceso con las estrofas que tienen que entonar su hermano Vincent y la mencionada Lee. Y ya es algo que viene ocurriendo desde hace un tiempo. El caso es que la canción cae en un defecto muy del grupo que es tensionar los versos en espera de un orgasmo que no termina de llegar. Pero se toma un respiro pasado el ecuador y, en cuanto el piano entra en acción, nos regala uno de los mejores momentos del disco cuando el típico crescendo al que nos tienen acostumbrados encuentra un clímax adecuado.

Le sigue la canción que más me ha emocionado de toda esta nueva colección, y se llama Ariel. Para los más fieles seguidores de Anathema les diría que es un cruce entre dos temas antiguos: Inner silence (Alternative 4, 1998) y One last goddbye (Judgement, 1999), adaptado al actual proceder compositivo de la banda. Sí, son quizá dos de los momentos más conmovedores de su carrera, así que hablamos de palabras mayores. Pero la progresión, la vocalización de Lee, el apoyo que le da Vincent, cómo toda la banda entra en bloque a mitad de tema y la guitarra final de Daniel lo hacen, a mi entender, el momento más inspirado de Distant satellites.

A continuación nos encontramos con la tercera parte de The lost song, que ya fue avanzada como adelanto del álbum. Es muy similar a su primera parte, con una instrumentación menos recargada aunque manteniendo su identidad gracias al trabajo de John Douglas y Jamie Cavanagh en batería y bajo respectivamente. Algunos, como es mi caso, lo verán como una redundancia y otros pensarán que The lost song, part 3 encaja como un guante en la trilogía.

Después encontramos con un tema que está siendo muy elogiado en la red y que tiene el mismo nombre que la propia banda. Anathema, la canción, es una pieza donde Vincent se luce al micro, es lenta y muy ambiental, con el piano de Daniel Cardoso siempre de fondo. Termina con un solo de guitarra que algunos tildan de "gilmouriano", lo que no es de extrañar a tenor de las influencias pinkfloydianas confesas de los de Liverpool. Los arreglos orquestales le confieren más fuerza y emoción, y es que, yendo a contra corriente, hasta que dichos arreglos entran en escena es una canción que no me dice gran cosa, pero logran reconducirlo hasta una lograr una épica muy conseguida en su tramo final.

A partir de aquí comienzan los experimentos, porque si bien estábamos ante un disco eminentemente continuista cabe destacar el ánimo emprendedor e inquieto del grupo, que empieza a desarrollarse a partir de Your'e not alone. A mí me recuerda a algunas canciones que podemos encontrar en los primeros discos de Porcupine Tree, algo que no debe sorprender si conocemos que Steven Wilson ha producido y mezclado material de Anathema (sin ir más lejos, ha hecho mezclas para este mismo disco). Es un tema de corto alcance que sirve para poco más que para introducir al sexteto en el terreno electrónico. Le sigue Firelight, que no es sino un breve interludio a base de sintetizador.

El tema que titula el disco es la verdadera piedra te toque de este nuevo álbum. Distant satellites, la canción, juega con la electrónica, con el ambient, con los ecos en las voces. Nombrar a Radiohead es obligado llegados a este punto. A partir de aquí la creación de dos bandos está cantada: los partidarios del experimento y sus detractores. En mi opinión no termina de cuajar, más que nada porque falla la composición. Bravo por la osadía, por intentar algo diferente (y más sabiendo que Anathema proceden del metal) pero mejor que se esmeren al escribir la próxima. Se me hace demasiado larga (supera los ocho minutos, la más larga de todas) y monótona.

Terminamos con Take shelter, otra sobredosis de épica y violines donde intentan fusionar sus rasgos básicos con la nueva tendencia que implementaron en el corte anterior, y en la que se de nuevo evidencia hasta qué punto las orquestaciones han cobrado importancia en su actual rumbo musical.

Como se puede comprobar, Distant satellites mantiene el tipo hasta, aproximadamente, algo más allá de su ecuador. El terreno hasta entonces firme por el que se mueve la banda se torna arenoso, movedizo, pero entran por propia voluntad y sabedores del revolcón que pueden sufrir. No bajemos la guardia con esta gente, por muy buenos discos que nos hayan entregado en el pasado. El auto plagio es síntoma de que algo no marcha bien, de que los recursos se agotan. Si no es eso, quizá es que se sienten tan seguros sobre lo que hacen que caen en la autocomplacencia, convencidos de que pueden repetir esquemas sin que la calidad de sus obras se resienta. Se equivocarían.

Han dado un paso atrás, pequeño, pero hacia atrás, que suenen las alarmas. Personalmente preferiría el estancamiento creativo; llevan más de veinte años en esto y algo así entraría dentro de toda lógica. Los tendremos por aquí en octubre, pero no se, no me entran ganas de verlos. El gran recuerdo de su ultima actuación y su estupendo DVD Universal, en el que se hacían acompañar de la orquesta sinfónica de Plovdiv, pienso que me dieron todo lo que pueden ofrecer, que es mucho. Verles de nuevo sobre el escenario simplemente repitiendo fórmula se me haría triste. Pero quien sabe si cambiaré de opinión.

lunes, 31 de marzo de 2014

Crónica del concierto de Anneke van Giersbergen en Madrid, sala But, 28 de marzo de 2014

Adquirí la entrada para en concierto de Anneke no sin reservas, ya que su actual dirección musical no es completamente de mi agrado, aunque tampoco me disgusta exponencialmente. Simplemente quienes la entronizamos mientras fue la vocalista de los sensacionales The Gathering, una de las mejores bandas de rock europeas de los últimos veinte años, nos llevamos una pequeña gran decepción cuando abandonó el grupo y sus inquietudes ambient-progresivas para iniciar un acercamiento a la música pop.

Finalmente, mis ganas de asistir a un evento musical y el historial y carisma de la cantante holandesa fueron suficiente acicate para desembolsar los casi treinta euros que pedían por la entrada. Y a fe mía que fueron una buena inversión.

La sala But es un recinto pequeño, una discoteca habilitada como sala de conciertos, aunque con una amplia zona central por la que discurrir más o menos libremente, dado que en ningún momento pareció cubrirse aforo. No había ni un tercio de ocupación cuando a la media hora de la apertura hizo acto de presencia Anna Murphy. Ataviada con unos shorts y unos pantys que distaban mucho de favorecerla, esta vocalista originaria de Suiza era la encargada de calentar el ambiente previo al artista cabeza de cartel.


Yo no la conocía, y pensé que músicos y cantante formaban un grupo, pero la chica ahora inicia carrera en solitario tras una andadura previa con unos tales Eluveitie. Sus raíces musicales mezclan metal y folk, aunque de lo primero apenas me quedó constancia durante el tiempo que dispuso en escena. Me llamó la atención que Anna cargó en varios temas con un extraño instrumento llamado zanfoña, y que le sirve para ahondar en la raíz folk de sus canciones. No es que mis orejas lo apreciaran mucho pero fue la nota de curiosidad de su actuación. Demostró tener buena voz y sus composiciones no me han pasado desapercibidas, así que intentaré hacerme con algún material suyo para hacerme una idea más concreta de qué es lo que puede ofrecer.

Anna Murphy despachó su actuación en unos cuarenta minutos, y menos de treinta después ya teníamos la arrolladora presencia de Anneke van Giersbergen en escena. Aunque, repito, no me satisface del todo su actual patrón musical, verla interpretar sus canciones tan de cerca colmaba cualquier expectativa que pudiera tener de un directo suyo. Así que haber presenciado un concierto tan completo y bien ejecutado fue todo un regalo para quienes llevamos años siguiendo su trayectoria.


Como suele ser habitual, la actuación se centró en su último trabajo, "Drive", del que sonaron hasta siete piezas, aunque el setlist me pareció, en general, bastante bien escogido. Comenzó potente con You will never change a la que siguió la también poderosa Drive. Sonaron un poco saturadas y ello ahogó en demasía la voz de Anneke, algo imperdonable tratándose de esta artista. Pero llegó al rescate Saturnine para relajar algo el ambiente, siendo esta una pieza que le sirve para hacer alarde de sus incuestionables dotes vocales. Interpretar tan pronto un tema de The Gathering terminó de poner a tono al respetable, que ya se mostraba entregado a los encantos de su ídolo.

Porque si una palabra define a Anneke van Giersbergen es clase. Este bellezón de 41 años desborda elegancia y sensualidad a raudales, pero a la vez se la percibe cercana y familiar. Se mostró dicharachera en un inglés fácilmente comprensible para quien tuviera solo nociones, desbordó simpatía bromeando con el público y su profesionalidad y compromiso quedaron fuera de toda duda. Además, aunque lógicamente ella fue el centro de todas las miradas, formó un bloque homogéneo con su banda de acompañamiento, sin que pareciéramos estar ante una solista con una simple formación de apoyo. Otro punto a su favor. Lo dicho, pura clase.

Volviendo al repertorio, a continuación le tocó el turno a My boy, una de las composiciones más comerciales de su penúltimo disco, "Everything is changing", primero que firmó con su nombre completo (los dos anteriores los publicó bajo en sobrenombre Agua de Annique), y le siguió quizá la más progresiva del mismo álbum, 10000 miles away from you. Otro trallazo de "Drive" llamado She fue la que dio paso, quizá demasiado pronto, al set acústico, donde Anneke terminó por meterse en el bolsillo hasta al más escéptico. Sola con su guitarra acústica, Beautiful one, de su debut como Agua de Annique y Circles nos permitieron gozar del privilegio de escuchar su voz desnuda, sin trampa ni cartón. La piel de gallina, oigan.


Inciso: la gente se debe gastar millonadas en móviles que, por lo que vi, hacen fotos chulísimas; no es mi caso, así que me tendrán que disculpar por ilustrar la crónica con material gráfico de tan pésima calidad.

Con My mother said volvió el resto de la banda aunque sin abandonar el intimismo y la delicadeza que siempre han acompañado a la cantante holandesa, aún en su época metalera. Le siguió el segundo tema de la noche obra de The Gathering, Even the spirits are afraid, quizá lo más alejado dentro del repertorio del actual estándar musical de Anneke. Un tema difícil por lo que me sorprendió su inclusión en el setlist pero que todos agradecimos escuchar, y al que le siguió Mental jungle, del último disco, y con las voces del músico armenio Hayko Cepkin pregrabadas. Nunca me acostumbraré al uso de este recurso y siempre lo criticaré (Anna Murphy también recurrió a él, por cierto), como si no fuera posible reproducir unas líneas de texto en boca del corista de turno. O incluso renunciar a ellas si no hay otra, pero usar un playback durante una actuación en vivo está muy feo, hombre.

Después tuvimos la enérgica You want to be free, del disco anterior. Y a la voz de "Are you ready for rock?" Anneke dio paso a Stay y, lo que supuso el clímax del concierto, Strange machines, un clásico indiscutible de The Gathering, cuya parte más veloz fue jaleada con un enjambre de cabezas enardecidas. Fue el broche final previo a los bises.

En su retorno, Anneke nos tenía reservada una pequeña sorpresa: la interpretación junto con su tecladista (que también se encargaba de los coros y que me pareció escuchar que se llamaba Caroline) de un tema de The Gathering a nuestra elección...pero con solo dos opciones para escoger, Broken glass o Leaves. Yo no tenía duda y el resto del público tampoco, así que por atronadora mayoría los bises comenzaron con Leaves, donde la citada tecladista también pudo exhibir su talento al piano sin muralla sonora que lo ocultase. Para terminar Anneke decidió que nos teníamos que ir a casa con las pilas bien cargadas (como si no las tuviéramos ya tras una hora y pico de actuación) y, de nuevo con toda la banda en marcha, se marcó dos de los temas con más gancho de "Drive", We live on y The best is yet to come, el de apertura y el de cierre. Me hubiera gustado que la noche terminara con Feel alive, o que le hubiera hecho un hueco a Amity en el setlist, pero esta no fue la ocasión, aunque tampoco me supuso trauma alguno.

Y así fue todo. Un concierto al que acudía con ciertas reservas superó todas mis expectativas y me dejó un inmejorable sabor de boca. Ver a una artista de la personalidad de Anneke van Giersbergen en vivo fue todo un lujo, y más si sabemos que, en principio, su gira no iba a incluir España. Puede que no hiciera lleno en una sala pequeña, o que solo sea ídolo para un pequeño reducto de fans, pero qué importa cuando tenemos la certeza de su calidad como artista. ¿Lo cambiaríamos por la sobreexposición y el desgaste que sufren las mega estrellas del mainstream? Yo, desde luego, no.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Resumen de la música escuchada en 2013

En un nuevo intento desesperado por mantener con vida este blog hoy les traigo una entrada musical. Sí, les voy a comentar acerca de cada disco editado este moribundo 2013 y que he tenido la ocasión de escuchar (y conservar), pero no se asusten que será un comentario pequeño. No pretendo extralimitarme en mis funciones que aún estoy sufriendo las consecuencias de la comida de Navidad.

Lamento no haberme ocupado de todo lo que a continuación les ofrezco en su momento, pero las circunstancias de la vida me han obligado a saltarme los planes y a abandonar la continuidad que tenía prevista para esta bitácora. Dicho todo lo anterior, vayamos al asunto y valga esta entrada como colofón al año musical que ha pasado por mis, últimamente, trastocados conductos autitivos.

No hagan mucho caso del orden ya que no responde a ningún criterio concreto.

KYLESA - Ultraviolet
Banda usamericana con dos baterías que practican una suerte de sludge-stoner bastante opaco con tintes post-punk. No les conocía y, bueno, tienen cierto punto de interés, como la vocalista femenina que les comanda. Después de un par de escuchas me pasé a otra cosa, no me han seducido lo suficiente pero puede que vuelva a ellos. Por ahí leí que en este disco pegaron un bajón. Youtube.

PARAMORE - Paramore
Pese a su sonido fresco y chispeante Paramore no tienen el empuje suficiente para que les haga subir de nivel. También les acusan de haberse comercializado aunque su música ya era bastante comercial. En fin, el típico grupo que pretende llevar las guitarras al mainstream, banda de hits en cuyo disco no soy capaz de encontrar hits así que sin ese valor añadido carecen de relevancia para mí. Youtube.

FILTER - The sun comes out tonight
Siempre me han resultados simpáticos Filter, quizá los que más de la hornada de metal alternativo surgido en los 90. Su disco no ofrece nada que no hubiera sido ofertado por Richard Patrick y los suyos en otras ocasiones. Buenos trallazos combinados con medianías inanes y baladitas sensibleras. Suenan tan frescos como anacrónicos, rayando en el autoplagio, pero esto es lo que saben hacer y ya son mayores para cambiar. Me hizo evocar discos previos pero este no duró mucho en mi reproductor. Youtube.

AVENGED SEVENFOLD - Hail to the king
La última esperanza blanca del heavy usamericano parece haber entendido cual es el camino: estandarizarse. Y con este disco lo consiguen a modo. Ora Metallica, ora Guns 'N' Roses... la fórmula ideal para convencer a cualquier buen heartrocker... La originalidad brilla por su ausencia así que no la busquen. Si les vale con eso allá ustedes. A mí no me bastó y lo dejé pronto de escuchar. Youtube.

TRISTANIA - Darkest white
Sigo a Tristania desde hace años esperando que hagan algo así como el disco de metal gótico definitivo, pero pienso que ya se les pasó el arroz. Su tema "Requiem" me impactó por su épica y su fabuloso estribillo pero el resto del material me dejaba indiferente. Ha sido una pena porque lo he intentado con este disco pero no ha habido manera. Las voces extremas nunca me entrarán. Youtube.

DREAM THEATER - Dream theater
Creo que exageraría si dijera que es una de las decepciones del año, porque los neoyorkinos llevan en este trabajo demasiado tiempo como para esperar de ellos obras maestras. Pero, demonios, algo que llevarnos a la boca sí suelen dejar en cada disco, y con su obra homónima me he quedado con mucha, mucha hambre. Lo que indica que sí, a pesar de todas las reservas, ha sido toda una decepción. Youtube.

LEPROUS - Coal
El de Leprous ha sido uno de los discos mejor criticados en los sitios que suelo frecuentar, por lo que le he dado quizá más oportunidades de las que le hubiera concedido de otro modo. Si dejar de valorar su propuesta, arriesgada y diversa, me parece que algo se ha exagerado. Ni prog, ni death, ni pop pero todo ello a la vez, da la impresión de que aún está por definir el carácter definitivo de esta banda noruega. Permaneceremos a la escucha. Youtube.

CULT OF LUNA - Vertikal
No se que me pasa con el post-metal, una música que me resulta difícil de digerir pero que, a la par, me fascina. Los suecos Cult Of Luna nos trajeron un disco áspero, oscuro y en cierto modo, arquetípico de lo que supone este género. En mi reproductor no duraron mucho pero cuando sonaron atrajeron mi atención por completo. Lo dicho, no los escucharía horas, pero el poco rato que lo hago me absorben. Youtube.

PELICAN - Forever becoming
Seguimos en la misma senda con estos usamericanos que insisten en su post-metal instrumental. Aunque algo más asequibles que Cult Of Luna sigue siendo esta una música exigente no apta para oídos poco predispuestos. Aprecié esta nueva entrega (insisto en lo de la fascinación) pero me pareció demasiado parecida a sus obras anteriores. Youtube.

ANNEKE VAN GIERSBERGEN - Drive
Anneke lanzada a tumba abierta hacia el pop-rock comercial es una idea que algunos tardamos en digerir, pero con las suficientes escuchas no resulta del todo desagradable. Su disco es consistente y cumple a la perfección con las convenciones del género. Y su voz, es su voz...ya debería ser suficiente. No mantiene el tipo a lo largo y ancho del larga duración, pero qué obra musical lo hace hoy día. Me resulta agradable cada vez que le doy al play, no puedo negarlo. Y que esta mujer tendría que cometer genocidio para que le diera la espalda. Youtube.

SUEDE - Bloodsports
Era Suede una formación cuyo prestigio no acababa de comprender muy bien (sí, he escuchado sus discos) y tengo que decir que su última obra me convenció más que cualquiera de sus predecesoras. Me parece un trabajo más sólido y rotundo que, sin llegar a entusiasmarme, salió airoso del juicio al que lo sometí durante varias escuchas. Y siendo brit-pop ya es bastante. Youtube.

EDITORS - The weight of your love
No tengo mucho que añadir a lo que ya escribí aquí: Editors quieren su porción del pastel y lo quieren ya. Se han hecho más comerciales, más asequibles, han adaptado sus melodías para ser coreadas en los estadios pero, a cambio, han perdido credibilidad. Más que nada porque sus canciones también son peores. Solo salvo la mitad del disco. Youtube.

WHITE LIES - Big TV
Otros nacidos al amparo del revivalismo post-punk y que van camino de convertirse en una parodia de ese movimiento. "Big TV" es tan ochentero que satura, y White Lies es un grupo que depende de ello y de sus estribillos. Cuando estos no funcionan se acabó el pastel. Y fallan en un buen puñado de cortes. Tienen pinta de estar empezando a desinflar su propia burbuja. Youtube.

GOD IS AN ASTRONAUT - Origins
Estos irlandeses tienen el honor se ser la única banda de post-rock (o simple rock instrumental) que no me aburre, ni escuchando un disco de ellos completo. "Origins" también cumple ese precepto, quizá esté menos inspirado que otros trabajos, pero no decepciona ni supone un bajón demasiado acusado. Les disfruté mientra les escuché y todo indica que seguiré haciéndolo. Youtube.

SIGUR ROS - Kveikur
Se me hace duro enjuiciar un disco que apenas he escuchado, porque un rato de Sigur Ros es mucho, como decía aquel anuncio televisivo. Al menos para mí. Es como tener sobre la mesa el dvd de una peli de autor de 3 horas y media: sabes que no será fácil y por eso relegas su visionado sine die. Y eso que "Kveikur" es catalogado por muchos como pop. En algún momento tendré que darles otra oportunidad a estos islandeses y sus post-rock atmosférico. O lo que sea eso que hacen. Youtube.

30 SECONDS TO MARS - Love lust faith + dreams
A la banda del actor Jared Leto le llueven las críticas por doquier y con razón, porque con su último disco dilapidan la credibilidad ganada hasta el momento con trabajo y buenas canciones. Eso y los karaokes en que convierten sus conciertos. También me explayé con ellos así que para qué añadir más. Youtube.

MANIC STREET PREACHERS - Rewind the film
Uno de los discos que más boquiabierto me ha dejado es el de estos galeses, todo acústico y en plan cantautor básico, es decir, un completo muermo. Ni dos escuchas he sido capaz de darle. La rabia y la combatibidad el trío se perdió por el desagüe. Lo siento pero por ahí no me van a encontrar. Youtube.

PEARL JAM - Lighning bolt
Los clásicos del rock alternativo volvieron para dar fe de que ya no pueden sorprender a nadie. Ni creo que lo intenten, añado. Rock entre electrizante y reposado, el disco arranca muy fuerte y va perdiendo fuelle a medida que avanza, pero ya son muchos años y no podemos esperar milagros. Suenan muy estándar, sobre todo en sus canciones lentas, pero siguen conservando algo, lo admito. Youtube.

PLACEBO - Loud like love
Que si muy comerciales, que si discotequeros, sin la chispa de antaño... Rayos, a mí el disco de Placebo me ha gustado, sin entusiasmos, pero me parece bastante disfrutable. Es cierto que con menos guitarras y más melodías en detrimento del ruido y el carácter "indie". Tienen canciones bien construidas, comerciales, sí, pero no por ello malas. Mejor de lo esperado a tenor de lo leído en según que sitios. Youtube.

THE MISSION - The brightest light
¿De verdad hacía falta que The Mission se volvieran a reunir para grabar este disco? Dicen que es de rock básico, pues muy bien, pero me han aburrido sin cuento. No le he pillado el punto, y no se trata de evocar el pasado sino de ofrecer algo que lo enlace con el presente. The Mission han enterrado su carrera y con cincuenta y pico años pretenden ser los Rolling Stones. Definitivamente el mundo no necesitaba otro disco de esta gente. Youtube.

NINE INCH NAILS - Hesitation marks
Bueno, si digo la verdad me da bastante pereza escuchar cualquier cosa de Trent Reznor, aun sabiendo que probablemente me pierda cosas buenas. Solo escuché este disco una vez, y la pereza no desapareció. No, teniendo tanta música pendiente de escuchar. Lo tiene difícil este hombre conmigo. Y eso que dicen que hay mucho pop aquí. Youtube.

AMPLIFIER - Echo street
Estos punta de lanza del progresivo actual no terminan de entrarme, pese a los esfuerzos. Su música es densa, poco diversa y arraiga en los 70. Le hace falta, a mi juicio, algo que la actualice y la haga más contemporánea, pero a ellos les va el revival. Aunque seguro que con más tiempo y escuchas sería capaz de apreciar mejor sus virtudes. Maldito ritmo de vida. Youtube.

HAKEN - The mountain
Vendrían a ser unos Dream Theater británicos, visto está que los neoyorkinos acceden a ser depuestos del trono del metal progresivo. Energías y calidad no les faltan, pero aún andan lejos de alcanzar la excelencia que les exige tamaña empresa. Van por buen camino pero les falta diferenciarse y ganar personalidad, no sonar como una comparsa, vaya. Qué le voy a hacer, siempre busco que me sorprendan. Youtube.

SOUND OF CONTACT - Dimensionaut
Nos seguimos poniendo progresivos con la banda del hijo de Phil Collins, Simon, que, por supuesto, además de cantar toca la batería. Suenan muy a Génesis de cuando Phil llevaba las riendas, y dado que no es un sonido muy de actualidad ello les distingue en el mercado musical de ahora mismo. Hay canciones interesantes y el disco se escucha en su totalidad sin aburrir en exceso. La voz de Simon Collins, tremendamente parecida a la de papá. Youtube.

STEVEN WILSON - The raven that refused to sing
El líder de Porcupine Tree parece más interesado en su carrera en solitario que en en reflotar su, por lo visto, finiquitada banda. Es un prog-star de referencia así que solo puede hacer discos prog, y este ha sido muy aclamado en no pocos lugares especializados. Temas largos, complejos y evocadores marca de la casa pero muy enraizados en los años 70, época dorada del prog. Para disfrutar y renegar a partes iguales. Youtube.

AIRBAG - The greatest show on earth.
Esta banda noruega me ha sorprendido gratamente con su fusión de Pink Floyd, Marillion y Anathema en un prog-rock de línea clásica brillantemente ejecutado. No podemos decir que suenen innovadores pero tampoco lo intentan, y lo que hacen lo hacen muy bien. Ha sido uno de mis mejores descubrimientos del año y satisfará a los buenos aficionados al rock progresivo. Youtube.

domingo, 23 de junio de 2013

Thirty Seconds To Mars y Editors, buscando el mainstream desesperadamente

El llamado Rock de estadio o Arena Rock está de moda. Los británicos Coldplay, con su "Viva la vida or death and all my friends" (2008), fueron los responsables de poner al día el término y darle nuevo vigor. No es que inventaran nada pero gracias a ellos el Rock de estadio volvió a la palestra y su desmesurado éxito fue el motivo de que se hablara de nuevo de él. Durante los años 80 del siglo pasado el Arena Rock estuvo estrechamente vinculado con el A.O.R., uno de los subestilos del Rock que más discos vendió en aquella época. Grupos usamericanos como ForeignerTotoBoston o Journey se hincharon a vender copias y a reventar coliseos. El precedente más inmediato al actual fenómeno quizá sea el de los U2 a partir del "Achtung baby" (1991) aunque ha habido otros muchos abarrotando recintos con decenas de miles de hinchas, ya desde un perfil musical menos encorsetado y más abierto. Pero fue desde la publicación del penúltimo disco de los de Chris Martin que el Arena Rock volvió a estar en boca de críticos y medios especializados de forma generalizada. Poco después algunas formaciones antes tenidas por independientes o alternativas se subieron al carro en vista de su cada vez mayor número de fans. Ocurrió con Muse y con The Killers y ahora Thirty Seconds To Mars y Editors reclaman su parte del pastel.

Thirsty Seconds To Mars - Love Lust Faith + Dreams

Empecemos por los primeros. La banda del actor Jared Leto llevaba tres discos que, hasta ahora, conformaban una trayectoria que, como poco, les había hecho ganarse el respeto de crítica y público. No parecía el juguete de un actor de Hollywood con el que entretenerse entre rodaje y rodaje. Siempre navegando por la vertiente alternativa del Rock, con pose emo e influenciados en lo musical por gente tan distinguida como ToolThirty Seconds To Mars se forjaron una reputación a base de buenas canciones, solventes conciertos y numerosos premios. Solo la costumbre del frontman de hacer que el público se haga la mitad del repertorio, con la excusa de que así le hace partícipe de sus shows, pero alimentando la duda sobre sus verdaderas facultades vocales, afea sus actuaciones en vivo.

Para su nuevo disco, "Love Lust Faith + Dreams" (2013), estaba anunciada una ruptura, y vaya si la ha habido. Los arreglos orquestales copan un protagonismo que a más de uno le va a chirriar, sobre todo porque esto ocurre al precio de que las guitarras apenas se dejan notar más que en un par de cortes. Está bien no estancarse y buscar nuevas vías de expresión, pero o te acompañan buenas canciones o estás pinchando en hueso, y los temas de este disco carecen del empuje y la fuerza de entregas anteriores. El single de adelanto, "Up in the air", suena demasiado discotequero, demasiado electrónico, incluso me atrevería a decir que tiene cierto regusto al archiconocido "Gangnam style" (me juego el pescuezo diciendo algo así, lo se), aunque cuente con esta batería característica a cargo del Shannon Leto, hermano de Jared. En "City of angels" copian con descaro y atrevimiento el punto álgido de una de las canciones más conocidas de U2, y nuevamente abusan de los coros pretendidamente épicos a cargo de sus fans a todo lo largo del disco, recurso este que ya parecía agotado en su anterior entrega, "This is war" (2009). En cuanto a las guitarras, al paso que van Tomo Milicevic será el siguiente miembro del grupo en pedir la baja, ya que "Conquistador" el casi el único corte en que puede apreciarse su labor en las seis cuerdas.

El disco transcurre en la permanente espera de que se produzca un chispazo de talento que nunca llega, con interludios que aburren, un Jared Leto haciendo gala de las cualidades vocales que sabemos no exhibirá en directo, violines que declaran el inequívoco giro comercial del disco y una casi absoluta ausencia de Rock. Thirty Seconds To Mars parecen haber percibido que este es su momento, la hora de dar el salto definitivo al estrellato más rutilante, y lo hacen tratando de llegar a la mayor cantidad de público posible, por lo que hay que adaptar el sonido para tal fin. No tengo nada en contra de los giros estilísticos, los cuales a veces son necesarios para revigorizar una carrera musical, pero este disco es cansino, reiterativo y sus canciones, simplemente, no dan la talla. Me da la impresión de que la banda ha alcanzado el punto de ebullición y ya solo queda esperar a que todo se enfríe. Espero que no terminemos viendo al bueno de Jared en telefilmes de sobremesa cuando ni el cine ni la música respondan a las expectativas que en su momento levantó.



Editors - The weight of your love

Editors es otra banda que lejos de acomodarse trata de variar su sonido de un disco a otro. Eso sí, dentro de unos límites muy marcados. Lo suyo son los 80, eso lo tienen claro. Primero ejecutaron un fino ejercicio de revisionismo Post Punk en "The back room" (2005). Le siguió una puesta al día de ese sonido pasado por el tamiz de Coldplay en ese puñado de memorables canciones que fue "A end has a start" (2007), uno de mis discos favoritos de esa década. Con "On this light and on this evening" (2009) viraron vertiginosamente hacia en Synth Pop y comenzaron a dejar entrever grietas en sus facultades creativas. Visto el éxito cosechado por compatriotas como Muse y los mencionados Coldplay, los de Birmingham apuestan en su último trabajo por jugar en la misma liga.

"The weight of your love" es un disco que, de primeras, te deja bastante indiferente, pese a los esfuerzos. Han ido dejando paulatinamente de lado las influencias de Joy Division, aunque todavía se escuchan líneas de bajo similares a las que dejó grabadas Peter Hook, para ir abrazando otras, siempre dentro del marco de los pasados años 80. Echo And The Bunnymen, The Mission, Simple Minds o Duran Duran son nombres que se le vienen a uno a la cabeza en el trascurrir de las canciones. También se aprecian intentos por parte del vocalista Tom Smith de dejar de imitar el tono grave del malogrado Ian Curtis y ampliar su registro vocal, incluso con falsetes, algo hasta ahora inédito en el frontman. Instrumentalmente, los sintetizadores de su anterior trabajo se han echado a un lado pero no por ello las guitarras ganan en protagonismo, a pesar de contar ahora con dos guitarristas tras la marcha de Chris Urbanowicz. Ahora Editors suenan de forma que pocos serán los que se sientan rechazados por su oferta musical, porque eso parece ser lo que buscan: una aceptación masiva y que su próximo show en un estadio no sea como teloneros. "The phone book" podría haber estado en cualquiera de los tres últimos discos de Coldplay y algo parecido podríamos decir del single "A tone of love" y Echo And The Bunnymen o The Mission, mientras que "What is the thing called love" le pega más a The Killers. Con "Honesty" dan en el clavo con un estribillo de esos que se corean mechero en mano (ahora teléfono móvil) y "Hyena" es de lo poco que recuerda a sus inicios.

También caen en la tentación de los coros grandilocuentes en varios temas, pero para entrar en un estadio con garantías tienes que llevar material que el público pueda corear, de eso se trata. En fin, que tal y como estaba previsto "The weight of your love" al final se escucha con cierta simpatía y sin molestia. Objetivo cumplido. Espero que los fans que ganen por esta dulcificación de su sonido compensen los que perderán precisamente por el mismo motivo.

martes, 23 de abril de 2013

La cultura española a través de su música de carretera

El bagaje cultural de un país subyace a veces de manera que puede no ser enteramente comprensible por todos los ciudadanos. Hay que estar muy sumergido en la realidad sociocultural del lugar para entender determinadas expresiones culturales, no siempre aptas para paladares exquisitos o ajenas a un singular devenir.

Durante mi último periplo al volante he fijado mi atención en una de esas formas de expresión, que no es otra que la música que podemos encontrar en gasolineras y bares de carretera. Las entrañables casetes han sido sustituidas por CD's, pero los contenidos son igual de abyectos. Cambia el soporte físico pero nada hay que haga cambiar el firmemente arraigado cutrerío patrio.



Qué mayor expresión de cultura popular típicamente española que los fandangos de Paco Toronjo. Y es que los españoles somos únicos en el arte de elegir nombre artístico de esos que dejan huella, indelebles en el inconsciente colectivo. Reza la carátula que son los primeros fandangos de su vida. El resto de la humanidad suspira porque también hayan sido los últimos.



Durante mi periplo viajero no saben como eché de menos a Camela, legendaria leyenda de gasolinera. Se conoce que no pasan por su mejor momento, pero no importa. Sus sucedáneos aparentan ser igual de abominables. Estos Kayma ni siquiera tiene el decoro de evitar el parentesco en el nombre. La sombra de Camela es tan alargada como hedionda.



¿Nunca les ha pasado que están delante de una obra musical bajo el epígrafe "Grandes éxitos" y no tienen ni puta idea de quien se trata? No es el caso de La Húngara, toda una figura de la música...en Hungría, porque lo que es en España...



El problema de la letra del himno nacional es de tal calado que ya hay quien ha editado material al respecto. Y no se le ha ocurrido otra manera de difundirlo que distribuirlo en puntos estratégicos de la red de carreteras del Estado. Todo un genio del márketing, gracias al cual esperamos que esta cuestión permanezca irresoluble durante eones.



Por suerte, el brillo de la esperanza asoma sobre el horizonte oscuro. Saber que hay cosas inmutables y valores que nunca cambian proporciona una tranquilidad difícil de cuantificar. Ante cualquier eventualidad, cualquier apuro, un pinchazo fortuito o la vomitona del niño en mitad del asiento trasero, los Himnos y marchas de ESPAÑA son el bálsamo de Fierabrás de todo viajante por carretera. Escuchar "El novio de la muerte" o la "Canción del legionario" mientras contemplas, orgulloso, las imágenes del Caudillo y José Antonio impresas en la carátula, al tiempo que pisas el acelerador hasta sacar el pie por los bajos del coche, te lleva a entrar en comunión con los auténticos valores hispanos, en un éxtasis cercano al nirvana del que solo te sacarán los servicios de urgencia con la radial después de haber dado diez vueltas de campana debido al exceso de velocidad.

martes, 4 de diciembre de 2012

Devin Townsend Project, Marillion, Circa Survive, Crippled Black Phoenix y Soundgarden: rock progresivo y heterodoxo

Devin Townsend Project - Epicloud

Cuando me enteré de que la inigualable Anneke Van Giersbergen venía participando en los discos del músico canadiense Devin Townsend me faltó tiempo para ponerme a escuchar material suyo. Me quedé con la idea de que la cantante holandesa abandonó The Gathering buscando ambientes más intimistas y menos ruidosos, pero verla ahora como vocalista de apoyo de un personaje tan inmerso en el mundo del metal me dejó descolocado, e imaginando que hubo motivos más allá de lo estrictamente musical. Sea como fuere, escuchar su voz es siempre un placer, aun en un ámbito tan depredador de timbres vocales como los discos de Devin Townsend. ¿Por qué digo esto? Esencialmente porque este hombre hace de la megalomanía musical toda una seña de identidad. Epicloud parece concebido para apabullar desde el primer minuto y decir que está sobreproducido es quedarse corto. Las guitarras, la sección rítmica y los coros ocupan un espacio tal en su universo sonoro que minimizan o momentos cualquier aporte ajeno a ellas, incluida la voz del propio Townsend. Este multiinstrumentista parece obsesionado con que cada apartado musical de su obra llegue al máximo de sus posibilidades, aunque no con ello asegure la calidad de sus productos. Epicloud  es, a tenor de lo escuchado en discos previos, y teniendo en cuenta que Devin es un músico proveniente del metal extremo, algo más aperturista, con ciertos coqueteos pop, mayor presencia de melodías y concesiones en forma de serenas baladas. Incluso se atreve a meter coros gospel al principio y al final del disco, demostrando no tener ningún miedo al ridículo. Ha sido una experiencia no exenta de interés, pero por lo que a mí respecta lo mejor ha sido reencontrarme con Anneke en un entorno metalero. Lo siento, Devin.






Marillion - Sounds that can't be made

Es ya un lugar común que los últimos discos de Marillion sean recomendados como potentes somníferos. Quizá sea una burla injusta pero es cierto que la cadencia y la pachorra que se gastan en la ultima etapa de su obra no les hace acreedores precisamente de calificativos relativos a la viveza y el dinamismo. Confieso que no escuché su anterior entrega, el doble CD Hapiness is the road (2008), así que habrá que excluirlo en la comparación de la novedad de hoy con el resto de su producción. Y tengo que decir que, al menos en el aspecto referido, se nota cierta mejora. Se les escucha a los británicos muy progresivos, melódicos, sí, pero sin tanto devaneo con el pop como han llegado a tener. Siguen apostando por la pulcritud instrumental, el recreamiento en el detalle y los desarrollos largos y sin prisa alguna. Los temas largos se hacen, eso, largos, y solo puntualmente alcanzan picos de verdadero interés. No esperen que les entre a la primera; la música de Marillion no funciona así. Requiere paciencia y escuchas, pero admito que en poco tiempo ha captado algo más mi atención de lo que lo han hecho discos precedentes. Si se deciden, más vale que se mentalicen acerca de lo que van a escuchar o estarán perdiendo el tiempo.





Circa Survive - Violent waves

Esta banda norteamericana de post hardcore es prima hermana de otras que ya han pasado por el capítulo musical de este blog como Thrice y, sobre todo, Thursday, y su principal característica es la voz cuasi aniñada de su cantante, Anthony Green. No he escuchado nada previo de ellos pero leo que Violent waves supone cierto salto hacia un sonido más asequible. La verdad es que me recordaron mucho a Thursday, banda que me encanta, pero sin llegar a alcanzar ese punto que hace que desees escuchar más material. No consigo que me atrapen, vaya. Quizá sea la saturación de la escena post hardcore de la que hablan las revistas especializadas. El caso es que se le aprecian maneras y oficio pero algo no termina de cuajar en sus canciones.






Crippled Black Phoenix - (Makind) the crafty ape

Este es un disco cuya reseña llega muy justa dado que fue publicado a comienzos de año. En varios sitios observo que califican a Crippled Black Phoenix como supergrupo, por aquello de contar o haber contado con múltiples miembros a lo largo de su trayectoria, algunos de los cuales forman o han formado parte de otras bandas como Mogwai o Electric Wizard. Su música es claramente rock progresivo, pero sus notables influencias pinkfloydescas flirtean sin apuro con el post rock, el stoner o la psicodelia, componiendo un cóctel de esos que resulta exquisito o estomagante en función de la predisposición del oyente. Que no producen música para el consumo de masas queda meridianamente claro en sus temas largos y abruptos, diseñados para un público minoritario pero sediento de escuchar música que entrañe cierta elaboración. Nuevamente, estamos ante un disco cuya escucha requiere paciencia e implicación. Que pena que los productos de usar y tirar copen el interés general en detrimento de otras propuestas que resultarían igual de estimulantes si se les diera el margen de atención adecuado. Pero el mercado va por otros derroteros.





Soundgarden - King Animal

Soundgarden era una banda a la que tenía idealizada desde que descollaron en los primeros años 90 del siglo pasado. Lo primero que me llegó de ellos fue su segundo disco, Louder than love (1990), al cual comencé a verle virtudes más por oposición al hard rock imperante en la época (me aburría mortalmente el hair metal de Motley Crue, Twisted Sister y Stryper) que por méritos propios. Es cierto que abrieron la brecha de lo que posteriormente Nirvana dieron a conocer como grunge; también que su cuarto disco, Superunknown (1994) contiene el suficiente número de buenas canciones como para ser destacado como uno de los mejores que parió dicho movimiento musical. Pero he de admitir que el tiempo hace que vea con otra perspectiva la carrera del cuarteto de Seattle. La repercusión que consiguieron les construyó una reputación casi a prueba de balas en ambientes hardrockeros y les otorgó un estatus de privilegio dentro del rock de los 90. Su retorno, dieciséis años después de su último trabajo, me ha llevado a volver a escuchar sus discos, y tengo que decir que la experiencia no me ha resultado del todo satisfactoria. King animal, además, retoma tanto las formas como el estilo de producción, resultando una continuación bastante lineal de su hasta ahora interrumpida trayectoria. Si antes ya sonaban esquemáticos y cuadriculados en su nueva entrega apenan añaden elementos novedosos que hagan presumir cierta evolución. Los Soundgarden de 2012 suenan como una continuación natural de su anterior obra, Down on the upside (1996). Vamos, que no parece que hayan transcurrido dieciséis años, lo que será visto como una virtud por la mayoría de sus fans, no me cabe duda. Para mí, será que me he hecho mayor, volver a escuchar lo mismo de la misma gente me lleva más cerca del tedio que del entusiasmo. Tras este retorno valoro todavía más los discos de Audioslave, el supergrupo que Chris Cornell, vocalista de Soundgarden, montó hace una década junto a la sección instrumental de Rage Against The Machine, y que la crítica nunca termino de encajar del todo bien pese a su mayor versatilidad. Me habré vuelto un descreído.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Bloc Party, Skunk Anansie, Fang Island, Titus Andronicus y Neurosis, rock alternativo en muchas de sus formas

Como ya anuncié en mi anterior entrada musical, tengo discos en cartera por reseñar que seguiré colgando por aquí para júbilo de masas. Ahí les dejo con cinco más mientras sigo escuchando música como un poseso antes de que el mundo se nos termine de venir encima, algo para lo que parece que falta poco.

Bloc Party - Four

Me atrae la escena post-punk revival
 que la década pasada trajeron consigo bandas como Editors, Interpol, The Killers y White Lies. Retomar los sonidos y texturas de Joy Division, Killing Joke o PIL, pasándolos por un tamiz actual ha dado algunos momentos más que excitantes. El único de estos grandes abanderados del neopost-punk que me quedaba por escuchar eran los ingleses Bloc Party, de modo que tocaba ponerse al día en lo que a su música se refiere. La verdad es que de todos los mencionados han resultado ser los menos ortodoxos a tenor de su trayectoria y, quizá también por ello, los menos accesibles. En Four, su cuarto disco, les pasa un poco como a Muse, dan bandazos estilísticos sin aparentar tener un estilo definido. Virtud para unos, defecto para otros. Desde el pop indie hasta el hard-rock aderezado con gotas de funky y cierto tono underground confieren a la propuesta de este cuarteto una personalidad un tanto caótica y difícil de precisar. Un álbum este para armarse de paciencia ya que uno no sabe qué se esconderá detrás de cada corte.



Skunk Anansie - Black traffic

Cuando ya pocos se acordaban de Skunk Anansie llegó Wonderlustre (2010) y una gira que les trajo a nuestro país. Era el retorno discográfico de una de las pocas bandas británicas de hard-rock que hicieron frente al brit-pop que inundaba su país a finales de los años 90. Su aventura solo duró unos pocos años y siempre dejaron la impronta de algo que pudieron pero nunca terminaron de ser. Su retorno hace dos años les devolvió a la actualidad pero no borró esa impresión de banda que siempre se queda a medio camino de hacer algo grande. Por desgracia seguimos con la misma tónica. Si en su anterior entrega las melodías copaban el protagonismo en detrimento de las guitarras, podemos decir que Black Traffic es el disco más hardrockero desde su debut, Paranoid and sunburnt (1995), pero no por ello alcanza mayores cotas de calidad. Wonderlustre parecía un regreso del tipo "a ver qué pasa", como queriendo gustar a toda clase de público. Vista la aceptación, ahora han decidido ponerlo todo e intentar ocupar de nuevo el hueco que dejaron vacante hace una década, pero con una propuesta como esta dudo que nadie vaya a darles un crédito que tampoco antes se habían ganado. Es, simplemente, que tras cinco discos de estudio uno empieza a convencerse de que Skin y los suyos han dado ya todo lo que podían. Su calidad como banda no se cuestiona, pero sí su capacidad para hacer un trabajo plenamente satisfactorio, sin esos pronunciados y ya característicos altibajos.




Fang Island - Major

Arrastrados por un single tan explosivo como Sisterly quién no va a querer escuchar más canciones de Fang Island, banda norteamericana radicada en Nueva York. Con ese aspecto pueblerino y su rock indie potente y ruidoso a cuestas te conquistan con unas melodías que transmiten alegría y optimismo por los cuatro costados. Es imposible no animarse escuchando Major, o incluso esa rareza de primer disco homónimo (2010) en el que los cortes instrumentales solo se interrumpían por pequeñas estrofas recitadas a modo de himnos. La verdad es que no les presumo un largo recorrido; esa ingenuidad, ese halo naif que transmiten con el tiempo se pierde. Mala cosa cuando es ese precisamente su encanto. Espero equivocarme con ellos, pero no se si quiero imaginarme a unos Fang Island maduros y con la inocencia perdida.




Titus Andronicus - Local business

Aquí tenemos a otra banda con envoltura indie pero que añade a su fórmula cierta actitud punk y trazas de rock sureño bastante tabernario. Si a todo ello le añadimos una producción tirando a retro nos encontramos con Local business, el tercer disco de los muy usamericanos Titus Andronicus. En principio, los ingredientes del guiso no son muy de mi agrado, y tras darle varias oportunidad solo le extraigo jugo a los cortes más springsteenianos, cosa sorprendente en alguien poco seguidor del boss. Además, estos parecen más una concesión comercial que un homenaje sincero. Ignoro si llegarán a ser los Lynyrd Skynyrd del siglo veintiuno pero no parece ser una mala meta para ellos.




Neurosis - Honor found in decay

La etiqueta post-metal se acuñó tras los primeros discos de los norteamericanos Neurosis. Su inclasificable estilo no encajaba ni en el doom-metal ni en el metal progresivo o alternativo, por cerca que anduviera. Veteranos en la arena metalera desde finales de los años 80 en que empezaron su andadura oficial, pasan por ser una de las formaciones más influyentes de la escena heavy. A pesar de ello, su prestigio camina a la inversa de su popularidad. En Honor found in decay no es que hayan dado una vuelta de tuerca a su sonido precisamente. Continúan los desarrollos extensos, las progresiones lentas, las atmósferas amenazantes y las voces rasposas en temas largos y tortuosos que parecen huir como de la peste de todo lo que huela a comercialidad. Debe ser toda una experiencia presenciar en directo la que parece la banda sonora que uno escucharía a las puertas del infierno. ¿Cómo han podido sobrevivir durante tantos años sumergidos en el underground, se preguntarán? Muy sencillo: no viven de su música. Cada uno de los componentes de Neurosis tiene su propio trabajo al margen del grupo, y ello les permite crear discos sin presión ni imposiciones. Se permiten, pues, editar material por el que pocas discográficas apostarían. Sí, son unos desconocidos para el gran público, pero también son una leyenda. Su música es de muy difícil digestión, pero tiene algo que, al menos a mí, me fascina. Así que pruebenla. Si se atreven.



viernes, 2 de noviembre de 2012

The Hives, The Gaslight Anthem, The Gathering, The 69 Eyes y Muse, rock que busca su hueco

No es que tenga la intención de convertir esta bitácora en temática de música, cine y televisión, pero ahora es de lo que me apetece escribir. Estoy escuchando mucha música últimamente y tengo unas cuantas reseñas en la recámara que traeré aquí en próximas entradas. De momento, allá van cinco de ellas.

The Hives - Lex Hives

Nunca he sentido interés por el llamado garage rock, esa forma de rockear básica, simple y de corte clásico que pusieron de actualidad la década pasada bandas como The White Stripes The Strokes. Para mi primera incursión en el género escogí lo último de The Hives y quizá, no lo se, no haya sido la mejor elección. Ignoro en que puesto del ranking de este estilo se encuentra el quinteto sueco pero Lex Hives  no ha conseguido que le de más que un par de escuchas. Se que son insuficientes para juzgar un disco pero cuando no percibes detalles que te permitan albergar esperanzas de que una música concreta te llegue es mejor dejarlo y pasar a otra cosa. Hay mucha música que escuchar y poco tiempo para hacerlo, y este disco de The Hives no consigue despertarme esa chispa de interés.

Su primer single fue Go right ahead, o como plagiar el Don't bring me down de la ELO.



The Gaslight Anthem - Handwritten

La sombra de Springsteen es alargada y esta banda norteamericana la persigue en su último disco. Con un rock sencillo, directo y muy americano, que por momentos intenta endurecerse con cierta actitud punk, The Gaslight Anthem se abren a las amplias audiencias que en su país consumen este tipo de música. A mí el disco entero me resulta cansino: probar una pizca está bien pero un plato entero empacha, a no ser que desde pequeño te hayas acostumbrado a la receta.


El tema 45 es concluyente acerca de lo que nos podemos encontrar.


The Gathering - Disclosure

En su anterior entrega, The west pole (2009), los holandeses The Gathering ya dieron pistas del motivo por el que perdieron a una vocalista del carisma de Anneke Van Giersbergen. Las diferencias creativas entre Anneke y el resto de la banda se evidenciaron en cuanto separaron sus caminos. La una pretendía dar continuidad al intimismo de Home (2006) como se vio en su ulterior proyecto Agua de Annique (aunque luego se ha lanzado sin complejos al pop-rock) mientras que sus hoy ex compañeros, sin dejar a un lado los ambientes, deseaban recuperar el pulso rock de discos precedentes. En Disclosure persiguen consolidar la fórmula post Anneke y para ello vuelven a contar con la cantante noruega Silje Wergeland, la cual ya parece plenamente incorporada a la banda. Tiene menos personalidad que su predecesora pero sería injusto compararla permanentemente con alguien que ha dejado tanta huella. El álbum tiene un comienzo animoso en sus dos primeros cortes para luego volver a la dinámica de medios tiempos, progresiones extensas y texturas sonoras habitual en el combo europeo. Es un disco que requiere de varias escuchas para ser valorado, como viene siendo la costumbre de la casa. Siempre se agradece que lo pongan pelín difícil al oyente en lugar de darlo todo predigerido. Aún así, no puedo negar que han perdido algo, ya no recibo una novedad de The Gathering con la expectación de antaño. Anneke, te echamos de menos.


Aquí les tenemos en su versión más dance, Meltdown.


The 69 Eyes - X


Este es un grupo del que hace tiempo que no espero ninguna sorpresa. Sencillamente, no dan más de sí. Podríamos conformar un gran álbum de rock con los mejores temas de su ya larga carrera pero ningún larga duración de los que han creado rinde a plena satisfacción de principio a fin. Si acaso el Angels (2007), pero solo por quedarme con uno. De sus inicios sleazy queda la pose y algún que otro riff; de su vertiente gótica solo las pintas y la parafernalia. Hoy día The 69 Eyes son una banda que intenta vender actitud rockera pero cuyo corazón pop es innegable si nos atenemos a su más reciente trayectoria. Sus canciones siempre giran en torno a sus fácilmente memorizables estribillos, buscando el impacto en las listas y que la hinchada se las aprenda rápidamente. El éxito en su Finlandia natal avala su fórmula, pero quienes ya les tenemos calados sabemos que, en su caso, las cifras comerciales no son garantía de nada.


Que Red sea de lo más decente no habla bien de como es lo demás.


Muse - The 2nd law

¿Qué voy a decir yo que no se haya dicho de la última mega formación del rock? Quién le iba a decir a Muse que iban a llegar hasta donde están hoy, amenazando con desplazar a Coldplay del trono de bandas revienta estadios, cuando, a finales de los 90, no eran más que tres chicos creadores de canciones intrincadas y confusas a los que acusaban chupar la rueda de Radiohead. Hoy, estos tres ingleses son, junto con The Killers, la máxima expresión de lo que llaman rock de estadio. Y es The 2nd law la obra que les ha colocado ahí. El disco toca muchos palos. A ratos suena a pop, otros a heavy metal; hay cortes intimistas y temas cañeros; suenan a Queen, a U2 y, a veces, a los propios Muse. Diversidad no falta, ni grandilocuencia, ni exceso. Poco o nada queda de los Muse indies que eran orgullo de sus fans. Como siempre, es un error juzgar su momento actual de acuerdo a su trayectoria primera, todo el mundo tiene derecho a cambiar. Ahora son esto, ¿qué tal suenan al margen de lo que fueron? Yo sigo percibiendo su esencia, aunque muy diluida. No por ello el disco es malo, lo será o no por otros motivos. A mí no todas las canciones me convencen, pero eso ya me pasaba con Showbiz (1999). Con buenos temas poco importan los giros estilísticos ni lo alternativo o masivo que quiera sonar uno. Por eso me da igual que, como dicen por ahí, hayan construido un monstruo que acabará devorándoles.



Esta es una de las canciones que más críticas ha suscitado, Madness, siendo que a mí es de las que más me gustan.

sábado, 20 de octubre de 2012

Crónica del concierto de Anathema en Madrid, sala Joy Eslava, 18 de octubre de 2012

Tengo un gran recuerdo del concierto que los ingleses Anathema dieron en Madrid allá por 2004, en la presentación de su entonces novedoso disco A natural disaster. Entonces ví a una banda enchufada, comprometida con su hinchada y deseosa de ofrecer una gran noche de rock. Es justo lo que buscaba cuando decidí comprar la entrada para su nueva aparición por tierras madrileñas en la presentación de su última entrega, Weather systems. La calidad de sus últimos discos y la experiencia vivida me hacía presagiar que mal no lo iba a pasar.

Las siete y media de la tarde es una hora un tanto temprana para el comienzo de un concierto, pero ahí estaba el grupo telonero tocando para cuando accedí al interior de la Joy Eslava. Me sorprendió la reducida dimensión del recinto, impropia de una banda de la relevancia musical de Anathema. Pero no nos engañemos, no hablamos de Coldplay y siempre se alude al encanto y la cercanía con el público de las salas pequeñas frente a la distancia de los grandes pabellones y estadios.


Astra

Volviendo a lo musical, los teloneros fueron los usamericanos Astra, o esa era la información que tenía. No los conocía pero su media hora larga de actuación me dio pistas sobre el estilo de rock que practican, tirando a progresivo setentero con toques psicodélicos. Mi apreciación no anduvo mal encaminada si nos atenemos a su página en Wikipedia. Cumplieron su función calentando el ambiente con su pareja de teclistas y su sonido envolvente y añejo. Sin entusiasmar pero con decoro.

Aprovecho para rendir un modesto tributo desde aquí a esas bandas pequeñas que se ganan la vida a la sombra de los cabezas de cartel. Ver a los componentes de Astra llevándose su propio equipo del escenario, sus instrumentos y el resto de su pequeña infraestructura, sin asistentes que les hicieran el trabajo, me hizo pensar en cuántos proyectos como el suyo no verán recompensados la ilusión, el sudor y el esfuerzo diarios con un reconocimiento en proporción directa. Valga desde este modesto blog una pequeña mención a modo de homenaje para todos esos músicos que luchan cada día por hacerse oír pero que rara vez conseguirán la atención que su empeño y tesón merece.

Los preparativos para acondicionar el escenario tras el grupo telonero se alargaron unos cuarenta minutos. ¡Hasta pudimos ver a un asistente pasando la aspiradora! En ese tiempo la sala terminó de llenarse, incluido en piso superior, por lo que el aspecto que ofrecía era el mejor de los posibles dadas sus dimensiones. En cuanto los de Liverpool asomaron la cabeza la excitación se desbordó, y estalló definitivamente con los primeros acordes de Untouchable, part I, tema que abre su último disco, Weather systems. La primera buena noticia fue que la voz de Vincent Cavannagh se distinguía con nitidez, y la primera mala es que la guitarra de su hermano Danny se diluía cuando la banda tocaba al completo. Siempre le faltó presencia y mordiente, salvo cuando el resto de instrumentos bajaban su volumen. Fue una buena elección para comenzar con fuerza pero, aunque sea el mismo orden del disco, continuar con Untouchable, part II no estoy seguro de si fue buena idea. Entiéndanme, es un gran tema, muy emotivo e intenso, que estuvo bien interpretado con una Lee Douglas inmensa en las voces, pero como continuación del tema de apertura, por mucho que ambos conformen un todo, es un descenso de ritmo demasiado acusado y prematuro. Es un concierto en directo, y al público hay que motivarle desde el minuto uno. Más adelante aludiré de nuevo a esta cuestión.


Anathema

Continuaron con un triplete de su penúltimo disco, We're here because we're here (2010). Thin air padeció de nuevo una guitarra opacada que nos hurtaba la escucha de su riff principal. En más de una ocasión estuve por hacerle gestos a Danny relativos a este aspecto -lo tenía enfrente aunque no al lado- pero no creo que me hubiese entendido. De nuevo la vocalista Lee Douglas añadió el lirismo apropiado en los coros para completar junto a la voz de Vincent una ejecución notable. Le siguió Dreaming Light, una balada de enorme carga emotiva que se vio deslucida por un bajo excesivamente reverberante (¿era Jamie, el tercer hermano Cavannagh?) y en el que los teclados, de capital importancia en su tramo final, tampoco gozaron de la presencia debida. Everything finalizó esta tanda y el solo final por fin dejó entrever algo la guitarra de Danny.

Seguidamente Vincent anunció tres temas del Judgement (1999), quizá el disco más alabado de los británicos. La parroquia cayó presa de la euforia cuando empezaron a sonar los primeros compases de Deep. Un tema como ese levanta en armas al más decaído, y el aficionado, como pasa cuando un grupo tiene tras de sí una dilatada y meritoria carrera, está ávido de las canciones que forjaron los mejores años de su banda favorita. Le siguió la inesperada y solemne Emotional winter, otro tema lento cuyo final enlazó con el de Wings of god, el cual sonó heavy y épico a la vez. Para mi gusto fue uno de los mejores momentos de la noche.

Continuaron con la intensa A simple mistake, excelentemente recibida ya que es una de las mejores canciones de sus últimos discos. Nuevamente se echaron de menos unos teclados con mayor empaque en su último tramo, que en el disco acentúan la carga dramática del tema. Yo veía al teclista mover los dedos sobre las teclas pero no escuchaba un sonido ligado a ese movimiento. No soy técnico y no se qué era lo que fallaba, pero algo había que no terminaba de cuadrar. Recuperaron el repertorio del Weather systems con Lightning song, nuevamente con Lee copando protagonismo vocal en un tema que comienza suave y termina con toda la banda tocando a pleno pulmón. Llegados a este punto recupero el argumento que señalaba más arriba. El setlist escogido es pródigo en canciones de corte lento -no necesariamente baladas- o medios tiempos. Mi duda estriba en si es una selección de temas adecuada para mantener el entusiasmo de una concurrencia que tiene que estar de pie durante dos horas (más de tres si contamos a los teloneros, aunque con ellos la sala no estaba llena), casi sin poder moverse y recibiendo pocos estímulos desde el escenario para ponerse a brincar u otra cosa que les lleve a mover algo las articulaciones.

Dicho lo anterior, no quiero en absoluto que esto suene a critica hacia la actitud de los músicos. Simplemente, son Anathema, y así como son sus discos son sus conciertos. Muy al contrario, tal y como suponía, tanto Vincent como Danny, los dos miembros que hacen funciones de frontman, interactuaron con frecuencia con el público, se dirigieron a nosotros a menudo, se esforzaron con el castellano y tuvieron detalles simpáticos como tomar la cámara de alguien de la primera fila para hacer una foto y devolvérsela después. En ese sentido, el de la entrega y el compromiso, no hay nada que reprochar. Llega uno a preguntarse cómo estos músicos pueden componer temas tan tristes y melancólicos cuando desbordan esa vitalidad y energía tan positivas sobre un escenario.

Terminado el inciso, volvemos al lío. The storm before the calm sonó en su primera mitad mejor y más pegadiza en directo de lo que lo hace en disco, y su segunda parte respondió a la épica y al sentimiento esperados. Después, The beginning and the end fue tarareada por todos en su melodía principal, hecho que pareció divertir a los Cavannagh. Universal fue toda una sorpresa para mí ya que no me parece ni con mucho una "seleccionable" para una actuación en vivo. No fue un bajón porque venía precedida de dos piezas no precisamente veloces, pero ejemplifica lo que venía a decir al respecto de la ideoneidad de tocar según que canciones.

Cuando me sorprendía al comprobar que hasta ese momento solo habían tocado temas de tres de sus discos apareció Closer, del A natural disaster (2004), con Vincent manejando los efectos de voz para luego agarrar su guitarra en un final, otra vez, escasamente audible. Como era otro combo de tres seguidamente le tocó a A natural disaster en la que se nos pidió encender mecheros (o teléfonos móviles), una costumbre que yo siempre asociaba a recitales de baja estofa. El público llevó en volandas al grupo durante el emotivo estribillo al tiempo que las luces de la Joy Eslava entraron en escena para añadir magia al momento en una ejecución íntima y solemne. Finalizaron el recital con Flying, donde nos pidieron expresamente la colaboración en el estribillo, algo a lo que el respetable accedió gustoso creándose una conexión momentánea pero muy especial. La sencillez instrumental del tema hizo que el solo final de Danny gozara de un protagonismo que su guitarra solista apenas había alcanzado durante el resto de la velada. Finalizada la pieza, salieron de escena mientras todos esperábamos los bises.

Y para los bises se tenían reservados varios platos fuertes. El primero fue Internal landscapes, que cierra su último disco. Tema, otro más, de ritmo pausado pero de gran intensidad y en el que Vincent y Lee cantaron magistralmente acompasados. Después de toda esa emoción no vino nada mal Empty, del Alternative 4 (1998), un tema más crudo, directo y, sobre todo, rápido. Sí, definitivamente hicieron falta más canciones como esa a tenor del recibimiento que tuvo a esa altura del concierto. De ahí que la versión de Orion de Metallica -que yo fui incapaz de reconocer ya que no soy fan del grupo- también levantara pasiones. ¡Como eché de menos Panic, del A fine day to exit! (2001), disco injustamente olvidado durante toda la actuación. El ritmo volvió a bajar nuevamente en la siguiente, pero si es para interpretar One last goodbye, uno de sus clásicos del Judgement, se perdona. Además simplifica como pocos la filosofía musical de Anathema: sentimiento, melancolía, épica y potencia rockera. Un imprescindible de la banda. Y finalizar la velada con Fragile dreams fue todo un regalo. ¿De verdad no se dieron cuenta de que eso es lo que el público realmente quiere en un concierto? Saltar, agitar la cabeza, botar con los brazos en alto, sentir la energía rockera en cada poro.

Pero todo se le perdona a un grupo de rock cuando se deja la piel sobre las tablas, demuestra disfrutar con su trabajo y se le percibe interés porque la hinchada disfrute y sea feliz durante un par de horas de su vida. Anathema evidenciaron una profesionalidad fuera de dudas, un amor por lo que hacen también al margen de toda discusión y una sinceridad en sus gestos y formas que seducen desde el minuto uno. Un diez en actitud y entrega y algo menos en lo tocante al apartado técnico, pero nada hay perfecto en esta vida.