Los medios tradicionales son la monda. En especial los periódicos son una especie de sub-producto descacharrante absolutamente vendido al poder político, del cual son simples herramientas de propaganda. Hoy nos despertamos con la siguente portada de La Razón:
Sus responsables ven acercarse una época en que podrán ser diario de cabecera del próximo Gobierno, y en su absoluto y manifiesto entreguismo han decidido plantar cara a cualquier cosa que amenace la paz y la estabilidad política de los cuatro años a partir de marzo de 2012. El movimiento de los indignados es, hoy por hoy, una mosca cojonera en ansiado futuro en el que la derecha ejercerá un poder casi absoluto, así que toca desacreditarlo cuantas veces se atreva a capitalizar portadas.
El diario católico compara cifras de votantes en las pasadas elecciones del 22 de mayo con la asistencia estimada a las manifestaciones de ayer por toda España. Sin entrar en las guerras de cifras, cuya transversalidad ideológica es notable, el argumento hace no pocas aguas. En primer lugar diremos, en relación a los manifestantes del 19J, que son todos los que están, pero seguramente no están todos los que son. No podemos decir lo mismo de los votantes, ¿verdad?, donde no hay más cera que la que arde, o sea, lo que salga de cada urna. Una manifestación no es el resultado de nada a efectos legales, así que es una sandez considerarlo así. A continuación cabría señalar la presencia en las marchas de gente por debajo de la edad legal de voto: no he leído el artículo (el médico me ha recomendado no consumir basura) pero apuesto a que no hay un análisis que incluya este factor.
Que las manifestaciones del 19J no han supuesto ninguna plusmarca de asistencia no es algo que tengamos que negar. Pero si tenemos en cuenta que no cuentan con ningún medio de masas dándoles apoyo y difusión y que son las redes sociales las que soportan el peso de su expansión tampoco cabría considerarlas un fracaso. Ofrecer los datos de la forma en que lo hace La Razón es tomar por estúpidos a sus lectores, pero si lo hacen será porque saben que se lo pueden permitir.
Uno percibiría más la honestidad del razonamiento si lo empleasen en otras circunstancias, por ejemplo, para evaluar la cantidad de católicos existente en España. Hagámoslo con datos: en la campaña del IRPF de 2009 hubo 7.260.138 ciudadanos que marcaron la casilla de la Iglesia Católica en el impreso para la declaración de la renta. El total de declarantes ese año fue de 19.224.118, según datos de la Agencia Tributaria, elevando pues el porcentaje de católicos declarados a un 37,76%. ¿Justifican estas cifras, donde poco más de un tercio de la población revela su catolicismo cuando realmente es importante desvelarlo, el trato privilegiado que se le da a la religión vaticanista? ¿Se plantean los responsables de La Razón si el tratamiento que le dan a la religión católica debería ser acorde a estos datos?
Pero estoy haciendo trampa. No estoy contando a los católicos no obligados a declarar porque no reúnen los ingresos mínimos, o porque no trabajan, o porque... lo que sea. Justo la misma trampa que hace La Razón en su portada de hoy.
Por último, aunque ya más cogido por los pelos, este periódico muestra un rechazo tan frontal al movimiento 15M y allegados que habrá que suponerle también oposición a todo lo que exigen. Por tanto, hay que deducir que La Razón se posiciona a favor del mantenimiento de los privilegios de políticos y banqueros; de la presencia de imputados en listas electorales o de que estos no sean inhabilitados si se demuestra su culpabilidad; de que la opacidad en la gestión pública siga siendo la norma; de la supeditación del poder judicial al poder político... Es decir, La Razón está a favor de la propagación de la corrupción en la vida política española.
¿A que mola? Huelga decir que este es un razonamiento falaz, ya que omito toda alternativa que pudiera contradecir la conclusión última, pero reconocerlo denota unos escrúpulos de los que carece un periódico de partido. La Razón lleva ya un tiempo compitiendo duramente con ABC y El Mundo en ser el rotativo elegido para este menester. Parte desde una posición de inferioridad a tenor de su menor tirada, pero cuenta con una total ausencia de complejos y sentido del ridículo. Y así llegará lejos.
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lunes, 20 de junio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Un análisis crítico del movimiento #15M
Una de las más serias barreras que deberían franquear las plataformas de indignados, más pronto que tarde, es el de su ideologización. No pocas de sus demandas son tradicionales en la izquierda, y eso hace que para muchos todo lo relacionado con el #15M esté bajo sospecha. Si este es un auténtico movimiento apartidista no se debería postergar este debate. No se trata de satisfacer al votante del PSOE frustrado por el giro político del gobierno socialista, ni de catapultar el programa electoral de la depauperada Izquierda Unida. El objetivo es, o debería ser, forzar las costuras del sistema, pero no para terminar reventándolas sino para volverlas a coser con un hilo más fuerte. Ser anti-sistema es hoy sinónimo de ciudadanía comprometida, de honestidad moral y de hartazgo hacia un estado de cosas que favorece la presión perenne hacia los más débiles. Y es el propio sistema el que ha favorecido este cambio de paradigma. El perroflautismo es el recurso fácil de quien está interesado en obviar las cuestiones de fondo y que solo se hable de rastas en el pelo, camisetas anarquistas y okupadores de inmuebles.
Negar que el movimiento #15M tiene su raíz en la izquierda sería estúpido. Blandir la bandera ideológica en su representación, también. Los hay que incluso, en su afán por el descrédito de las movilizaciones, tratan de asociar el #15M con Zapatero y el llamado zapaterismo. Veamos, es cierto que el desencanto está muy generalizado entre los votantes socialistas, tanto que ha roto muchos esquemas. Pienso que entre muchos simpatizantes y votantes ocasionales (este matiz es importante) existía una especie de benevolencia tácita hacia el PSOE de forma que, aunque no fuera su fuerza política soñada, siempre que no traspasaran determinadas líneas rojas contaban con su apoyo en las urnas, con el fin también de frenar a un partido que consideran nocivo como es el PP. Digamos que esa masa de votantes “toleraba” al PSOE por ser la fuerza con opciones de gobernar con la agenda social y política más afín a sus principios. Y algo es algo. Dicho de otro modo, no hablamos de un electorado rendido, sino pragmático. Aunque le gustaría llegar a diez se conforma con cinco antes que quedarse a cero.
Pero hete aquí que las líneas rojas se traspasaron al aceptar la injerencia de los mercados en políticas soberanas, con los recortes sociales como archiconocida consecuencia. Ese fue el momento en que ese electorado ocasional o de conveniencia decidió que era demasiada concesión pasarla por alto. Que se puede renunciar a un paquete de principios a cambio de avanzar, por lento que sea el avance, vale, pero siempre que se avance. Y dado que la progresión, que ya estaba casi en punto muerto, se detuvo en seco, hasta el punto de comenzar una marcha atrás, se fraguó la explosión popular en el seno de la izquierda y que algunos llegaron a denominar “autoapuñalamiento”. Afloraron los indignados. Lo que pudo ser un movimiento completamente apartidista en su nacimiento, algo desde su inicio se quiso dejar claro, pronto comenzó a exigir mejoras en el sistema perfectamente asumibles por cualquiera (las relativas a la ley electoral, a los privilegios políticos y bancarios, la denuncia de la corrupción...) pero arrastrando consigo toda una cohorte de singularidades típicas de los grupos de izquierda: querencia por la tasa Tobin, repudio al gasto militar, marcado carácter anti nuclear, indisimulado republicanismo, laicismo manifiesto... Todo ellas demandas legítimas, algunas incluso deseables, pero no creo que deban ser el objeto del debate ahora mismo.
Desde este blog se fomenta el pensamiento crítico, y semejante actitud tampoco debe echarse en falta en lo relativo al #15M. Pese a que ha habido personajes de la izquierda institucionalizada que han sufrido ya las iras de los indignados, es cierto que no se han cargado las tintas lo suficiente sobre el gobierno de la nación. El ejecutivo que todavía preside Zapatero contribuyó al inflado de la burbuja inmobiliaria con su inacción, la cual no fue digna de su atención hasta que sufrió el pinchazo. Las CC.AA. socialistas tienen tanta responsabilidad como las populares en la aplicación de las políticas urbanísticas que potenciaron el fenómeno, ya que no hay que olvidar que son las autonomías y los ayuntamientos los mayores poseedores de competencias a éste respecto.
Zapatero erró innumerables veces en el diagnóstico de la crisis y no fue capaz de implementar políticas capaces de reducir sus efectos. No han sido solo los recortes, ha sido también la gestión general de la crisis, tanto antes de revelarse como tal como después, la que ha arrastrado a todo el PSOE a la senda del desastre electoral. Se ha dado una imagen de incompetencia y de incapacidad abrumadoras, tanto que ha sido imposible de ignorar por los menos anclados a la servidumbre política. Los responsables del movimiento #15M están pasando de puntillas por todo ello, y esa es una mala manera de ganarse credibilidad.
Negar que el movimiento #15M tiene su raíz en la izquierda sería estúpido. Blandir la bandera ideológica en su representación, también. Los hay que incluso, en su afán por el descrédito de las movilizaciones, tratan de asociar el #15M con Zapatero y el llamado zapaterismo. Veamos, es cierto que el desencanto está muy generalizado entre los votantes socialistas, tanto que ha roto muchos esquemas. Pienso que entre muchos simpatizantes y votantes ocasionales (este matiz es importante) existía una especie de benevolencia tácita hacia el PSOE de forma que, aunque no fuera su fuerza política soñada, siempre que no traspasaran determinadas líneas rojas contaban con su apoyo en las urnas, con el fin también de frenar a un partido que consideran nocivo como es el PP. Digamos que esa masa de votantes “toleraba” al PSOE por ser la fuerza con opciones de gobernar con la agenda social y política más afín a sus principios. Y algo es algo. Dicho de otro modo, no hablamos de un electorado rendido, sino pragmático. Aunque le gustaría llegar a diez se conforma con cinco antes que quedarse a cero.
Pero hete aquí que las líneas rojas se traspasaron al aceptar la injerencia de los mercados en políticas soberanas, con los recortes sociales como archiconocida consecuencia. Ese fue el momento en que ese electorado ocasional o de conveniencia decidió que era demasiada concesión pasarla por alto. Que se puede renunciar a un paquete de principios a cambio de avanzar, por lento que sea el avance, vale, pero siempre que se avance. Y dado que la progresión, que ya estaba casi en punto muerto, se detuvo en seco, hasta el punto de comenzar una marcha atrás, se fraguó la explosión popular en el seno de la izquierda y que algunos llegaron a denominar “autoapuñalamiento”. Afloraron los indignados. Lo que pudo ser un movimiento completamente apartidista en su nacimiento, algo desde su inicio se quiso dejar claro, pronto comenzó a exigir mejoras en el sistema perfectamente asumibles por cualquiera (las relativas a la ley electoral, a los privilegios políticos y bancarios, la denuncia de la corrupción...) pero arrastrando consigo toda una cohorte de singularidades típicas de los grupos de izquierda: querencia por la tasa Tobin, repudio al gasto militar, marcado carácter anti nuclear, indisimulado republicanismo, laicismo manifiesto... Todo ellas demandas legítimas, algunas incluso deseables, pero no creo que deban ser el objeto del debate ahora mismo.
Desde este blog se fomenta el pensamiento crítico, y semejante actitud tampoco debe echarse en falta en lo relativo al #15M. Pese a que ha habido personajes de la izquierda institucionalizada que han sufrido ya las iras de los indignados, es cierto que no se han cargado las tintas lo suficiente sobre el gobierno de la nación. El ejecutivo que todavía preside Zapatero contribuyó al inflado de la burbuja inmobiliaria con su inacción, la cual no fue digna de su atención hasta que sufrió el pinchazo. Las CC.AA. socialistas tienen tanta responsabilidad como las populares en la aplicación de las políticas urbanísticas que potenciaron el fenómeno, ya que no hay que olvidar que son las autonomías y los ayuntamientos los mayores poseedores de competencias a éste respecto.
Zapatero erró innumerables veces en el diagnóstico de la crisis y no fue capaz de implementar políticas capaces de reducir sus efectos. No han sido solo los recortes, ha sido también la gestión general de la crisis, tanto antes de revelarse como tal como después, la que ha arrastrado a todo el PSOE a la senda del desastre electoral. Se ha dado una imagen de incompetencia y de incapacidad abrumadoras, tanto que ha sido imposible de ignorar por los menos anclados a la servidumbre política. Los responsables del movimiento #15M están pasando de puntillas por todo ello, y esa es una mala manera de ganarse credibilidad.
viernes, 17 de junio de 2011
Cuestiones anejas al movimiento #15M
Aunque comparto el fondo de las reivindicaciones que originaron la acampada de la Puerta del Sol y todo lo que vino después, hay aspectos que no me convencen o directamente me disgustan. Por señalar lo más importante para el devenir de la llamada #spanishrevolution, la dispersión de ideas, conceptos, proclamas y lugares es el resultado de lo mal que se está asimilando la atención suscitada. Es cierto que el movimiento #15M es aún neonato y lo más normal sería verlo crecer y evolucionar en las próximas semanas y meses. Es lo que todo deseoso de verlo triunfar debería tener en mente, así que tal vez tengamos que ser pacientes y darle tiempo para ver como gestiona lo conseguido hasta ahora. Si es capaz de aglutinar sensibilidades de manera constructiva de forma que se convierta en una fuerza verdaderamente representativa del sentir general. De una cosa estoy convencido: hace falta más pragmatismo y menos ideología. Y un aislamiento radical de todo elemento violento que se confunda entre sus filas. No hay que proporcionar excusas para la criminalización del movimiento, algo a lo que gustosamente se va a prestar tanto el poder mediático establecido como el político.
A este respecto, percibo nerviosismo en sectores de la derecha social, mediática y, como no, política. El PP está viviendo el momento dulce que le proporcionan las urnas y no quiere por nada del mundo ver entorpecida su triunfal marcha hacia Moncloa, directos al poder absoluto. La prensa conservadora, ya sea por rastreros, ya por sectarios, se está apresurando a buscar el descrédito del movimiento #15M. Es una facción del entramado sistémico corrupto que ha empujado a las masas a la sublevación popular. El papel queestán jugando los medios tradicionales es el que cabría esperar de un aparato de propaganda del poder político. Son otra pieza más que debería ser barrida del mapa democrático, una anomalía de la que el civismo ciudadano debiera dar buena cuenta mediante la información responsable y su difusión por vías alternativas. Son la metástasis del cáncer que se está intentando extirpar.
Es evidente que ninguna reforma legal podrá doblegar a corto plazo el carácter español: la chapuza, el enchufismo, la picaresca, el cainismo, el todo gratis… Son rasgos muy arraigados en nuestra cultura, de innegable raíz cultural. Precisamente por eso las modificaciones legislativas están encaminadas a ir moldeando ese carácter, esculpiéndolo para ver si poco a poco vamos dejando atrás esos carpetovetónicos hábitos y maneras de ser que tanto daño han hecho al progreso de este país.La reforma de la ley electoral, a mi juicio la que primero habría que abordar, es una de las más demandadas. Por sí sola claro que no va a solucionar todos nuestros problemas, pero reducir el poder de los dos grandes partidos sí me parece algo por lo que vale la pena apostar. De hecho, lo considero una prioridad en el momento actual. Debería ser el punto de partida a partir del cual poner sobre la mesa el resto de reformas.
Una de las críticas que leo hacia los indignados reside en su nulo interés, a juzgar por los eslóganes usados, en ampliar las libertades individuales. Yo comparto algunos conceptos liberales, pero siempre en el marco de un estado fuerte y consolidado que ayude a mantener el equilibrio social. El liberalismo que propugnan algunos lo veo como el principio del fin de los estados, pero también de las naciones. Si no hay un estado que uno sienta cercano y preocupado por reequilibrar desigualdades, si lo reducimos al mínimo o inclusive lo hacemos desaparecer, ¿que le queda a la ciudadanía como elemento cohesionador? ¿Los rasgos culturales? Por favor, ¿desde cuando la cultura está por delante de los intereses económicos?Me parece obvio que no se puede hablar de libertad del individuo cuando ese individuo carece de libertad económica. Para ser libre debe existir la posibilidad de ejercer esa libertad sin más cortapisa que la que impongan unas leyes justas y equilibradas: la libertad de uno no puede suponer la pérdida de libertad del vecino. Cuando el poder económico decide sobre el devenir de los países, ignorando la voluntad popular y atropellando el bienestar social, apelar a la libertad individual es atender mas al efecto que a la causa. Con la libertad económica secuestrada, acotada a los márgenes dictados desde mercados e instituciones financieras que no han sido elegidos por el pueblo, no hay libertad del individuo que se pueda hacer valer.
También leo a modo de crítica que los indignados quieran forzar un cambio del sistema desde fuera, cosa que se considera ilegítima. Puedo estar de acuerdo en que la democracia se cambia desde dentro pero, ¿qué pasa cuando el sistema está tan blindado y sus representantes tan distantes de lo que pasa en la calle? ¿Qué ocurre si el ciudadano se ve completamente al margen del sistema durante los cuatro años que dura una legislatura? La corrupción se generaliza, los privilegios se extienden, las prebendas y manejos oscuros se convierten en moneda común, pero no se articula nada para frenar semejante escalada. ¿Que le queda al pueblo llano mientras acumula indignación y resentimiento en su interior? ¿Sentarse y esperar a que sus señorías les vuelvan a conceder la gracia de meter una papeleta en la urna? ¿En eso consiste la democracia? ¿Eso es el "gobierno del pueblo"? ¿Nos debemos conformar?
Volviendo al principio, una vez se sienten de una vez las bases sobre las que de verdad se quiere trabajar, el movimiento #15M debería sopesar su transmutación en partido político, con nombre y responsables ante la opinión pública. Es el fruto que deberíamos obtener una vez que madure todo los que los indignados han llevado a cabo hasta el momento.
A este respecto, percibo nerviosismo en sectores de la derecha social, mediática y, como no, política. El PP está viviendo el momento dulce que le proporcionan las urnas y no quiere por nada del mundo ver entorpecida su triunfal marcha hacia Moncloa, directos al poder absoluto. La prensa conservadora, ya sea por rastreros, ya por sectarios, se está apresurando a buscar el descrédito del movimiento #15M. Es una facción del entramado sistémico corrupto que ha empujado a las masas a la sublevación popular. El papel queestán jugando los medios tradicionales es el que cabría esperar de un aparato de propaganda del poder político. Son otra pieza más que debería ser barrida del mapa democrático, una anomalía de la que el civismo ciudadano debiera dar buena cuenta mediante la información responsable y su difusión por vías alternativas. Son la metástasis del cáncer que se está intentando extirpar.
Es evidente que ninguna reforma legal podrá doblegar a corto plazo el carácter español: la chapuza, el enchufismo, la picaresca, el cainismo, el todo gratis… Son rasgos muy arraigados en nuestra cultura, de innegable raíz cultural. Precisamente por eso las modificaciones legislativas están encaminadas a ir moldeando ese carácter, esculpiéndolo para ver si poco a poco vamos dejando atrás esos carpetovetónicos hábitos y maneras de ser que tanto daño han hecho al progreso de este país.La reforma de la ley electoral, a mi juicio la que primero habría que abordar, es una de las más demandadas. Por sí sola claro que no va a solucionar todos nuestros problemas, pero reducir el poder de los dos grandes partidos sí me parece algo por lo que vale la pena apostar. De hecho, lo considero una prioridad en el momento actual. Debería ser el punto de partida a partir del cual poner sobre la mesa el resto de reformas.
Una de las críticas que leo hacia los indignados reside en su nulo interés, a juzgar por los eslóganes usados, en ampliar las libertades individuales. Yo comparto algunos conceptos liberales, pero siempre en el marco de un estado fuerte y consolidado que ayude a mantener el equilibrio social. El liberalismo que propugnan algunos lo veo como el principio del fin de los estados, pero también de las naciones. Si no hay un estado que uno sienta cercano y preocupado por reequilibrar desigualdades, si lo reducimos al mínimo o inclusive lo hacemos desaparecer, ¿que le queda a la ciudadanía como elemento cohesionador? ¿Los rasgos culturales? Por favor, ¿desde cuando la cultura está por delante de los intereses económicos?Me parece obvio que no se puede hablar de libertad del individuo cuando ese individuo carece de libertad económica. Para ser libre debe existir la posibilidad de ejercer esa libertad sin más cortapisa que la que impongan unas leyes justas y equilibradas: la libertad de uno no puede suponer la pérdida de libertad del vecino. Cuando el poder económico decide sobre el devenir de los países, ignorando la voluntad popular y atropellando el bienestar social, apelar a la libertad individual es atender mas al efecto que a la causa. Con la libertad económica secuestrada, acotada a los márgenes dictados desde mercados e instituciones financieras que no han sido elegidos por el pueblo, no hay libertad del individuo que se pueda hacer valer.
También leo a modo de crítica que los indignados quieran forzar un cambio del sistema desde fuera, cosa que se considera ilegítima. Puedo estar de acuerdo en que la democracia se cambia desde dentro pero, ¿qué pasa cuando el sistema está tan blindado y sus representantes tan distantes de lo que pasa en la calle? ¿Qué ocurre si el ciudadano se ve completamente al margen del sistema durante los cuatro años que dura una legislatura? La corrupción se generaliza, los privilegios se extienden, las prebendas y manejos oscuros se convierten en moneda común, pero no se articula nada para frenar semejante escalada. ¿Que le queda al pueblo llano mientras acumula indignación y resentimiento en su interior? ¿Sentarse y esperar a que sus señorías les vuelvan a conceder la gracia de meter una papeleta en la urna? ¿En eso consiste la democracia? ¿Eso es el "gobierno del pueblo"? ¿Nos debemos conformar?
Volviendo al principio, una vez se sienten de una vez las bases sobre las que de verdad se quiere trabajar, el movimiento #15M debería sopesar su transmutación en partido político, con nombre y responsables ante la opinión pública. Es el fruto que deberíamos obtener una vez que madure todo los que los indignados han llevado a cabo hasta el momento.
miércoles, 25 de mayo de 2011
El movimiento DemocraciaRealYa debería ser más transversal
Dice el instigador de las revueltas en Islandia que una de las claves fue condensar el mensaje de hartazgo e indignación en unas pocas propuestas sólidas y concretas. Los de la #acampadasol, sus sucedáneos y los de DemocraciaRealYa, en lugar de hacer eso se han dispersado en una plétora de reivindicaciones que van desde lo razonable hasta lo directamente alucinógeno. En lugar de hacer lo que sus colgas islandeses, tomando ejemplo del lugar donde las protestas sí han tenido éxito, se pierden en listas enormes en las que combinan la reforma de la ley electoral o la salida por ley de imputados de las listas electorales con el cierre de las centrales nucleares o la renacionalización de las empresas privatizadas.
Con tamaña estrechez ideológica no hay manera de que una mayoría de ciudadanos se sienta identificado con el movimiento DRY, ya que más que otra cosa parece una romería organizada por la militancia de Izquierda Unida. Y si encima le añadimos la morralla que se apunta al fenómeno en forma de conspiranoicos de diversa índole y practicantes de pseudociencias como el reiki o la danza terapéutica, lo que nos queda es una amalgama amorfa que, una vez superado su techo de popularidad, ve pasar los días sin que le preocupe mucho el poco calado de sus propuestas.
Los de DRY se han apresurado a señalar como reivindicaciones propias solo las que figuran en su web (como si fueran pocas, je…) Percibo en Twitter que el descontento y el desencanto está cundiendo entre cada vez más gente que apoyó la inicitiva con toda su ilusión y buena fe, pero que es consciente de que en este país las cosas hay que hacerlas de otra manera. Como ya dije en un post anterior, hay que tratar de abarcar a todas las sensibiliades posibles, y no dar voz solo una de ellas, porque de no ser así lo que se consigue es el enconamiento de posturas y un avance cero. Hay que ir a lo primordial, tres o cuatro propuestas claras e inequívocas para renovar un modelo sociopolítico agotado, y dejémonos la tasa Tobin y zarandajas utópicas. Que sigan pidiendo la Luna y verás que pronto descienden a la Tierra.
Pienso que la dicotomía izquierda/derecha está ya fuera de la realidad social que nos rodea. En Cataluña, si no estoy mal informado, existe un modelo sanitario muy similar al de Madrid, siendo que allí ha gobernado el PSC durante 8 años y no solo no lo ha derogado, sino que lo ha impulsado. De ahí que las peticiones básicas de DRY debieran ser todo lo transversales posible, a saber: reforma de la ley electoral para que cada voto valga lo mismo; reducción de privilegios a la clase política en lo tocante a sueldos, pensiones e incompatibilidades; imposibilidad de presentar imputados en listas electorales; declaracion de bienes de los altos cargos al tomar posesión y al abandonarlo; ley para acabar con la opacidad de la gestión pública; supresión del Senado. Para empezar no está nada mal, ¿verdad?. ¿Son o no cosas asumibles por adscritos a cualquier ideología? Consigamos esto y luego ya veremos si vamos más allá.
Son demandas que figuran entre las hechas por DRY, pero inmerso todo ello en un batiburrillo como el que tienen en su web queda bastante desdibujado, y sobre todo da la impresión de que no se prioriza y que tanto da una cosa como la de más allá. Y eso no es buscar la eficacia comunicativa, que debería ser la principal directriz de un movimiento emergente como este.
Con tamaña estrechez ideológica no hay manera de que una mayoría de ciudadanos se sienta identificado con el movimiento DRY, ya que más que otra cosa parece una romería organizada por la militancia de Izquierda Unida. Y si encima le añadimos la morralla que se apunta al fenómeno en forma de conspiranoicos de diversa índole y practicantes de pseudociencias como el reiki o la danza terapéutica, lo que nos queda es una amalgama amorfa que, una vez superado su techo de popularidad, ve pasar los días sin que le preocupe mucho el poco calado de sus propuestas.
Los de DRY se han apresurado a señalar como reivindicaciones propias solo las que figuran en su web (como si fueran pocas, je…) Percibo en Twitter que el descontento y el desencanto está cundiendo entre cada vez más gente que apoyó la inicitiva con toda su ilusión y buena fe, pero que es consciente de que en este país las cosas hay que hacerlas de otra manera. Como ya dije en un post anterior, hay que tratar de abarcar a todas las sensibiliades posibles, y no dar voz solo una de ellas, porque de no ser así lo que se consigue es el enconamiento de posturas y un avance cero. Hay que ir a lo primordial, tres o cuatro propuestas claras e inequívocas para renovar un modelo sociopolítico agotado, y dejémonos la tasa Tobin y zarandajas utópicas. Que sigan pidiendo la Luna y verás que pronto descienden a la Tierra.
Pienso que la dicotomía izquierda/derecha está ya fuera de la realidad social que nos rodea. En Cataluña, si no estoy mal informado, existe un modelo sanitario muy similar al de Madrid, siendo que allí ha gobernado el PSC durante 8 años y no solo no lo ha derogado, sino que lo ha impulsado. De ahí que las peticiones básicas de DRY debieran ser todo lo transversales posible, a saber: reforma de la ley electoral para que cada voto valga lo mismo; reducción de privilegios a la clase política en lo tocante a sueldos, pensiones e incompatibilidades; imposibilidad de presentar imputados en listas electorales; declaracion de bienes de los altos cargos al tomar posesión y al abandonarlo; ley para acabar con la opacidad de la gestión pública; supresión del Senado. Para empezar no está nada mal, ¿verdad?. ¿Son o no cosas asumibles por adscritos a cualquier ideología? Consigamos esto y luego ya veremos si vamos más allá.
Son demandas que figuran entre las hechas por DRY, pero inmerso todo ello en un batiburrillo como el que tienen en su web queda bastante desdibujado, y sobre todo da la impresión de que no se prioriza y que tanto da una cosa como la de más allá. Y eso no es buscar la eficacia comunicativa, que debería ser la principal directriz de un movimiento emergente como este.
martes, 17 de mayo de 2011
Primeras valoraciones del movimiento Democraciarealya
#democraciarealya, #acampadasol o #spanishrevolution son hashtags de enorme relevancia estos días en Twitter. La plataforma Democracia Real Ya es la responsable del movimiento que un creciente número de jóvenes y no tan jóvenes protagoniza en busca de alternativas a un modelo político y social que perciben agotado y pernicioso. Aun compartiendo el fondo de las reivindicaciones, pienso que ya la están empezando a pifiar en el aspecto formal. El sesgo es pronunciadamente izquierdista, y en un país tan dividido ideológicamente hablando será difícil que esta plataforma aglutine a toda clase de sensibilidades, algo que sería lo deseable.
Hay que conocer este país, joder, y actuar con más inteligencia. ¿Qué hace Willy Toledo atesorando protagonismo? Habría que sacarlo a gorrazos de ahí, y lo mismo a quien porte banderas tricolores. ¿Qué demonios pintan, más que para dar munición a quien quiera señalar las concentraciones como expresiones de sectarismo político? Siempre cometiendo los mismo errores, y es que no hay manera de aprender, oye. Si continúa así, la iniciativa fracasará antes de alcanzar ningún objetivo. No solo hay que vencer, sino convencer, y si es posible seducir, pero así no veo muy posible avanzar en el terreno de las consecuciones. Más pragmatismo y menos visceralidad es lo que hace falta.
Lo de las banderas ya empieza a ser enfermizo. Van a acabar convirtiendo a la bandera tricolor en un espantajo carente de todo contenido. Como digo, no pinta nada ahí, y entre las propuestas de la plataforma no figura la de cambiar el modelo de Estado. Pasó igual el día de la huelga general. Para lo único que vale es para servirles en bandeja a quienes intentan restar legitimidad a las manifestaciones una excusa para desviar la atención. A los que portan banderas es para sacarles de las concentraciones con un azuzador de ganado, por imbéciles y por lerdos. Qué decir cuando veo que también se entremezclan conspiranoicos aprovechando la circunstancia para hacerse notar.
Mención aparte merece el modo en que la prensa tradicional está cubriendo el evento. Sus periodistas de cámara, cual perros de presa prestos a atacar la yugular de quien ose amenazar el negocio de sus amos, no pierden la ocasión de desacreditar lo que está pasando. En especial, a los medios de derechas les faltó tiempo al principio para únicamente hacer énfasis en los incidentes que protagonizan los tarados de siempre, tratando que este movimiento ciudadano quedara manchado por el estigma de la violencia nada más nacer. Sin mostrarse tan ultramontanos, periodistas a sueldo del principal conglomerado mediático de izquierdas también lanzaron sus andanadas en busca del descrédito de los manifestantes. El Ayuntamiento de Madrid corta la conexión de la webcam de la Puerta del Sol; Telemadrid vincula la acampada de la plaza madrileña con Bildu... En Twitter se da cumplida cuenta de todo ello.
No es que me extrañe. La prensa tradicional no puede permitirse un cambio de modelo socio-político, porque no son más que apéndices del mismo poder político que los manifestantes pretender doblegar. Están protegiendo su cortijo, en el que nos tienen atrapados a todos. Somos sus rehenes, y reaccionan como todo secuestrador hace si su víctima intenta escapar. Hay que tener mucho cuidado con esta gente. Desde sus púlpitos mediáticos lanzan soflamas simples y de fácil digestión directas a mentes poco preparadas y con nulo espíritu crítico, algo que abunda en éste nuestro país.
Hay que conocer este país, joder, y actuar con más inteligencia. ¿Qué hace Willy Toledo atesorando protagonismo? Habría que sacarlo a gorrazos de ahí, y lo mismo a quien porte banderas tricolores. ¿Qué demonios pintan, más que para dar munición a quien quiera señalar las concentraciones como expresiones de sectarismo político? Siempre cometiendo los mismo errores, y es que no hay manera de aprender, oye. Si continúa así, la iniciativa fracasará antes de alcanzar ningún objetivo. No solo hay que vencer, sino convencer, y si es posible seducir, pero así no veo muy posible avanzar en el terreno de las consecuciones. Más pragmatismo y menos visceralidad es lo que hace falta.
Lo de las banderas ya empieza a ser enfermizo. Van a acabar convirtiendo a la bandera tricolor en un espantajo carente de todo contenido. Como digo, no pinta nada ahí, y entre las propuestas de la plataforma no figura la de cambiar el modelo de Estado. Pasó igual el día de la huelga general. Para lo único que vale es para servirles en bandeja a quienes intentan restar legitimidad a las manifestaciones una excusa para desviar la atención. A los que portan banderas es para sacarles de las concentraciones con un azuzador de ganado, por imbéciles y por lerdos. Qué decir cuando veo que también se entremezclan conspiranoicos aprovechando la circunstancia para hacerse notar.
Mención aparte merece el modo en que la prensa tradicional está cubriendo el evento. Sus periodistas de cámara, cual perros de presa prestos a atacar la yugular de quien ose amenazar el negocio de sus amos, no pierden la ocasión de desacreditar lo que está pasando. En especial, a los medios de derechas les faltó tiempo al principio para únicamente hacer énfasis en los incidentes que protagonizan los tarados de siempre, tratando que este movimiento ciudadano quedara manchado por el estigma de la violencia nada más nacer. Sin mostrarse tan ultramontanos, periodistas a sueldo del principal conglomerado mediático de izquierdas también lanzaron sus andanadas en busca del descrédito de los manifestantes. El Ayuntamiento de Madrid corta la conexión de la webcam de la Puerta del Sol; Telemadrid vincula la acampada de la plaza madrileña con Bildu... En Twitter se da cumplida cuenta de todo ello.
No es que me extrañe. La prensa tradicional no puede permitirse un cambio de modelo socio-político, porque no son más que apéndices del mismo poder político que los manifestantes pretender doblegar. Están protegiendo su cortijo, en el que nos tienen atrapados a todos. Somos sus rehenes, y reaccionan como todo secuestrador hace si su víctima intenta escapar. Hay que tener mucho cuidado con esta gente. Desde sus púlpitos mediáticos lanzan soflamas simples y de fácil digestión directas a mentes poco preparadas y con nulo espíritu crítico, algo que abunda en éste nuestro país.
Habrá que ver si esto es flor de un día o la cosa persiste. De momento anuncian que las concentraciones seguirán hasta el día previo a las elecciones municipales. Es algo que tendrán que razonar, ya que no cambiarán grandes cosas con el más que previsible resultado. La plataforma ha demostrado un sorprendente poder de convocatoria funcionando al margen de los grandes medios. Puede ser el comienzo de algo mayor, pero la exigencia va a ser enorme y pondrá a prueba las energías y el compromiso de muchos manifestantes.
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