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lunes, 15 de junio de 2015

Guillermo Zapata, la cacería de un lelo

El humor negro puede ser ofensivo, hiriente y de mal gusto. Pero no deja de ser una vía de expresión lo suficientemente subjetiva para que se cobije bajo el paraguas de la libertad de expresión.

Fíjense si está enraizado este tipo de humor en nuestro país que en 2005 los españoles situamos a Torrente 3: el protector en el tercer lugar de las películas más taquilleras, con varios millones de espectadores a lo largo y ancho de nuestras salas. Tal vez muchos no lo recuerden pero esta película de Santiago Segura se iniciaba con una parodia en toda regla del 11-S, atentado que costó la vida a tres mil personas.



Reitero lo de varios millones porque, a juzgar por lo que estamos escuchando y leyendo acerca del concejal Guillermo Zapata, estaríamos hablando millones de presuntos simpatizantes del terrorismo islamista que se recochinean de tres millares de muertes.

El humor negro duele sobre todo cuando pone el punto de mira en algo que nos toca de cerca. De no ser así podemos ir perfectamente a ver como se descojonan del mayor atentado terrorista de la historia sin dejar de engullir palomitas. Luego se ponen a hablar de moral pero es simple y pura egolatría: lo mío es lo importante y lo ajeno que se lo ventilen en su casa, por fuerte que sea.

Me pregunto cuantos de estos indignados de Twitter interrumpieron su ingesta de palomitas en 2005 para troncharse con la escena de Torrente 3.

Ofensas a las víctimas, humillación y tal. Al menos aquí hay intención de banalizar un hecho terrible con vistas a hacer reír para hacer caja. Puede ser cuestionable pero desde luego no es lo peor que una persona puede hacer si de ser hiriente se trata. Los hay que directamente se cagan en los sentimientos y la memoria de otras víctimas porque son políticamente inconvenientes, con declaraciones cargadas de desprecio.






Ya he hablado en otras ocasiones de las deudas del PP con el franquismo, su gran referente ideológico. El de la primera foto es un valor emergente en su partido, mientras que el de la segunda fue ascendido sin que sus declaraciones le repercutieran negativamente. Representan a los mismos que ahora piden la dimisión de Zapata. Los que se niegan a desenterrar víctimas de la dictadura, homenajean a los aliados de Hitler y militan en un partido fundado por un ministro franquista.



Por mucho que lo vea nunca dejará de sobrecogerme la desvergüenza y el desparpajo de esta gente.




Incluso entre los aliados (de conveniencia) de Ahora Madrid encontramos similitudes. El mismísimo Antonio Miguel Carmona dimitió en 2002, sí, de su cargo como diputado regional tras la gracieta aquella de "si es necesario hundimos otro barco" (en referencia al Prestige). Eso sí, pasados los años pelillos a la mar y candidato a la alcaldía, que no hay mal que cien años dure.

¿Cuál es el plazo que debe transcurrir para la rehabilitación de un bocas? Porque lo de Guillermo Zapata sucedió en 2011. Cuatro años ya y le piden la dimisión. ¿A partir de cuándo se decidió que redimir a Carmona era aceptable? ¿Quién o quienes deciden estos plazos y quién o quienes determinan su validez?

Sigo. ¿Qué otras muestras de antisemitismo a partir de esa fecha, o antes, evidencian el "martilleo" constante del concejal de Ahora Madrid hacia la comunidad judía? ¿Ninguna? ¿Antisemitismo es escribir tres tuits y cerrar la boca durante cuatro años? Yo pensaba que se trataría de algo con más continuidad, más demostrable en el tiempo ¿De qué coño hablamos entonces?

Antisemitismo. Aquí cualquier manifestación relativa a Israel que no sea un absoluto y entregado panegírico es considerado por los de siempre como una muestra del más rabioso antisemitismo. No hay que tener ni dos dedos de frente para saber que no es eso lo que piensan. Esas personas en su mayoría podrán ser malvadas, pero no son estúpidas, y saben que el equilibrio sobre el que se asientan las nuevas mayorías impulsadas por las candidaturas de unidad popular es precario, y a poco que se las trastabille puede empezar a oscilar peligrosamente. Hay mucho odio, mucho rencor y mucho sentimiento de pérdida. Se desvaneció el poder que consideraban de su propiedad y ahora lo ostentan personajes con los que hay que acabar de la forma que sea, incluso poniendo sobre la mesa códigos éticos que ellos serían incapaces de cumplir ni en mil millones de vidas.

Antisemitismo. De tan manida ésta palabra se la ha vaciado de contenido, convertida en un comodín para ser usado en caso de conveniencia política. Algo triste a tenor de la infamia a escala planetaria que fue el Holocausto. ¿Acaso no es otra forma de humillación a las víctimas?

Lecciones, por favor, de parte de quien pueda darlas.



Que hay una cacería desde el facherío español, no contra Guillermo Zapata sino contra cualquier componente de las fuerzas políticas que cuestionan el statu quo político y social, es una realidad que a mí no me cuesta ver. Esta indignación es más falsa que Judas pero es el principio y veremos más casos. Los que han robado y saqueado a manos llenas, y los que callaban por complacencia o afinidad, exigirán la pulcritud extrema que ellos jamás buscaron ni desearon. Preparen sus estómagos porque se los van a poner duramente a prueba.

De todas formas, a este Zapata le falta un hervor. Yo mismo he compartido y he reído chistes como los suyos (¿qué son los chistes de gangosos sino risas a costa de discapacitados?), pero siempre en privado y en entornos de confianza. En Twitter normalmente me contengo (aunque probablemente ya me puedo despedir de mis aspiraciones a concejal, porque hay ocasiones en que no hay templanza que valga) y me autocensuro porque te puede leer mucha gente y no sabes a quién le puede llegar. Quizá en 2011 Zapata no tenía ni pensado entrar en política pero, enlazando de nuevo con Torrente 3 y el inicio del post, la carga ofensiva del humor negro se multiplica si la broma es pública, al margen del uso torticero que de él hagan sujetos despreciables. No es lo mismo lo dicho como ciudadano anónimo que como cargo público pero cada uno debe asumir su historial y las consecuencia que de él se extraen.

La explicación de Guillermo Zapata.

PD: Como demostración de que todos tenemos un pasado ¿acaso no podría tildarse de racista este artículo escrito en 1983 por un tal Mariano Rajoy? Porque el pasado falangista de Aznar ya tal.

jueves, 21 de febrero de 2013

Españistán duele cada día más

No vi la última gala de los premios Goya de cine, pero era de esperar que disgustase a los de siempre. Se queja Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, de que hay actores que tributan en otros países. Mira que tiene por qué callar este sujeto, que cobra dietas por alojamiento cuando tiene tres pisos en propiedad en Madrid. A este miserable habría que sacarle a palos de España. Gentuza como esta es la que hunde la imagen de un país, la que ha convertido España en Españistán, en un triste cubil de forajidos, en una fosa séptica moral. El ideólogo de la amnistía fiscal para defraudadores se pone ahora a dar lecciones... ¿La bajeza de esta casta inmunda no tiene límites?

Pero no nos equivoquemos ni desviemos el foco de donde realmente importa. Si este tipejo y quienes le acompañan no tuvieran legiones y legiones de votantes detrás esto no ocurriría. Estoy leyendo ahora un pequeño libro de Michael Hardt sobre la figura de Thomas Jefferson y la faceta revolucionaria de su pensamiento, que dio lugar a la declaración de independencia de los USA. Es un auténtico bofetón en plena jeta de aquellos que se dicen demócratas y que solo utilizan los resortes democráticos para dominar a las masas y oligarquizar el poder. Hay un momento en que se cita al filósofo holandés Spinoza de la siguiente forma: "si la población es ignorante y supersticiosa, instaurar la democracia significaría simplemente instituir el imperio de la ignorancia y la superstición". Conciso y brutal. La oligarquía dominante se asegura de que el ciudadano nunca ejercite sus facultades críticas a base de desmontar el sistema educativo público, de idiotizarle con la TV y los deportes, de poner trabas al ejercicio de sus derechos, de que nunca se entere de verdad de lo que ocurre de forma que nunca pueda tener una opinión formada sobre prácticamente nada. Aquí enlazaría con el 1984 de Orwell, la implantación del doblepensar, de los dos minutos de odio, el empleo de los eufemismos a modo de neolengua para ocultar las realidades al ciudadano... hasta alcanzar el mayor de los sometimientos. Y estamos así, en pleno 2013. Y con millones de chimpancés protohumanos celebrando que les orinen cada día en plena boca.

Hardt cuenta que Jefferson escondía en su interior un auténtico revolucionario. Defendía que una constitución no debería tener vigencia por más de veinte años, y que lo contrario supone una imposición. Es algo cuya lógica se me antoja incontestable. ¿Quién de nosotros votó nuestra actual Constitución? Jefferson sostuvo que la revolución debería ser periódica y no detenerse nunca como forma de evitar que los gobernantes terminen abusando de su pueblo. Y que, entre otras cosas, el espíritu de resistencia al gobierno quizá conlleve eventuales actos erróneos, pero que ello es preferible a que dicho espítitu nunca se manifieste. Tal cosa equivaldría a la sumisión total, añado, como la que estamos padeciendo ahora mismo. Se están riendo de todos nosotros, porque les protege nuestro desorbitado grado de sumisión y mansedumbre.

Sobre los actores... vuelve el cántaro a la fuente. Lo dije en su momento, los actores se convirtieron en titiriteros el día que se decantaron por la opción política "equivocada". Nunca antes se había puesto en cuestión el tema de las subvenciones, pero fueron hacerse públicas las mayoritarias simpatías políticas del gremio y comenzar el tiro al pichón contra ellos. A partir de ahí se cuestionó el cine español como nunca se había hecho. En Españistán ejercer la libertad ideológica se paga caro...salvo si comulgas con el gobierno de turno, ¿verdad, José Luis Garci?

Sobre las críticas a Maribel Verdú por solidarizarse con los deshauciados cuando no hará tanto hacía publicidad de hipotecas... ¿Le exigen coherencia? ¿Quién es completamente coherente a estas alturas? Y lo que es más fuerte, ¿quién pide coherencia? ¿Los que votaron a Aznar, el falangista anti Constitución que luego se erigió en su máximo baluarte? ¿Los que defienden la memoria de Fraga, el ministro franquista travestido en demócrata cuando las circunstancias se lo impusieron? ¿Los que votan a Rajoy, quizá el mandatario europeo que más rápidamente y en mayor cantidad ha incumplido sus promesas electorales? ¿Qué MIERDA de autoridad moral es esa para reclamarle nada a la Verdú? Pero este es el país de los desvergonzados, de los golfos y los granujas, donde el más infame de los canallas se arroga la potestad de impartir lecciones de moral a los demás.

¿Saben cuál ha sido la GRAN tragedia que ha sufrido este país? Que los fascistas ganaron la guerra. De tal modo, tuvieron cuarenta largos años para construir un arruinado país a su imagen y semejanza, implantando su moral en cada rincón, en cada pueblo. Mientras el fascismo era derrotado y humillado en Europa, en España, aliado con el clero, sentaba las bases de la actual Españistán. Así, en Alemania es delito invocar al Fürher mientras que aquí los alcaldes se pueden negar tranquilamente a quitar placas de calles con el nombre del caudillo. Y todo está lastrado, enmierdado, por esa herencia. La victoria fascista y su posterior dominio plenipotenciario creó todo un perfil de ciudadano: tolerante con el corrupto, sumiso con el poder, indolente ante cualquier atropello que sufra u observe. Y lo que es peor, su victoria les permitió establecer y socializar un conjunto de valores que les han permitido perdurar con cierta comodidad. Los ganadores siempre imponen su versión de los hechos, de ahí que aún pervivan valores heredados de la dictadura y que estos sean impúdicamente exhibidos sin miedo al rechazo social. En España nunca tuvimos una toma de la Bastilla, un desembarco de Normandía o una Revolución de los Claveles que nos librara de la morralla autoritaria y la colocara en el rincón churretoso de la historia que siempre ha merecido.

Y ni PSOE ni gaitas, todo está cubierto por la misma capa de mugre. Hoy el presidente del PSC ha puesto sobre la mesa la abdicación de Bribón I el matapaquidermos. Y desde el PSOE...ay, lo ca dishoooo... que no, que no, que no estamos a favoóooooo.... que eso e mu maloooooo.... Todo basura, cobardía y acomodamiento. ¿Esa es la alternativa? ¿Una simple diferencia de matices? Menudo páramo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Prometheus o el pastiche indigesto

Para un entusiasta de la saga Alien como el que les habla cualquier indicio de nuevo estreno cinematográfico relacionado con el xenomorfo con cabeza de pene es observado con expectación, pero también con suspicacia. La franquicia iniciada por Ridley Scott en 1979 ha proporcionado grandes momentos al género fantástico pero también ha dado lugar a guisotes incomibles. De ahí que sean naturales las reservas. Ningún buen aficionado desea ver en la trituradora de carne al icono de sus amores.

Las dos películas de Alien vs Predator transcurrieron entre lo corrientucho y lo vergonzoso. Uno ya ha perdido la esperanza de que algún productor interesado en insuflar nueva vida al alienígena de la doble mandíbula se fije en las estupendas historias publicadas por la editorial Dark Horse (la que ideó el enfrentamiento entre el alien y el depredador) en formato comic. Podría destacar varias con más merecimiento para ser llevadas al celuloide que el comistrajo que finalmente se convirtió en el guión de Prometheus. Pero dejemos de soñar. La cinta de Ridley Scott ha jugado la baza comercial de Alien para ampliar el público objetivo de su última obra, pero la historia poco o nada tiene que ver con lo que la saga nos había deparado hasta el momento.

Es evidente que el cebo de Alien, un gran presupuesto y el director de la mítica primera película detrás de las cámaras iban a levantar un gran interés. No era una peli más de ciencia ficción, ¡era una precuela de Alien dirigida por Ridley Scott! Los fans salivaban al compás de un prometedor trailer, pese a que Ripley (Sigourtney Weaver), el otro gran icono de la franquicia, se quedaba fuera, algo lógico al transcurrir Prometheus más de un siglo antes de que la heroína se enrolara en la Nostromo.

Pero la caña estaba echada y muchos han picado. Si no atraídos por ver de nuevo al xenomorfo levantando cráneos sí al fiarse de lo que un nombre del prestigio de Scott y un atractivo reparto podrían dar de sí bajo el paraguas de la exitosa dinastía de películas. ¿Y por qué chirría tanto Prometheus?

Aviso: a partir de aquí habrá spolilers. O dicho en cristiano: voy a reventar algunos detalles de la película. Pero si quieren una crítica como es debido pasen a leer el artículo de Jot Down Prometheus para dummies (tampoco se pierdan los numerosísimos y jugosísimos comentarios)

Lo primero que me llamó la atención es que a pesar de transcurrir la acción más de cien años antes de Alien la estética resulta notablemente más avanzada desde una óptica tecnológica. Es obvio que la tecnología aplicada al cine de hoy día dista mucho de la empleada a finales de los años 70 del pasado siglo, pero la coherencia interna sale malparada en la comparación. La sci-fi de aspecto realista y sucio de Alien y Aliens las hacía cercanas, verosímiles dentro de su fantasía. En Prometheus el aspecto del interior de la nave es inmaculado, impoluto, más propio del Enterprise de Star Trek que de la vieja Nostromo. No hay pasillos angostos con suelos de rejilla, ni tenebrosas cadenas colgantes, ni mecánicos sudorosos y malhablados. Ni siquiera una pizca de humor negro. Todo lo que hacía grande a Alien se ha desechado en Prometheus.

Alto. ¿No habíamos dicho que esta no estaba relacionada con la saga? No, pero en cierto modo...sí. Weyland era el nombre de la compañía que fletaba la Nostromo en Alien, y es Peter Weyland el nombre de quien financia el viaje de la Prometheus. La nave de los "ingenieros" es clavada a la encontrada por la expedición de la primera película. Aunque no se quiera admitir hay un punto de partida común que hace que el vínculo entre ambos filmes sea inevitable (al margen de la estelar aparición final de el bicho). Vale, Scott ha querido filmar una película completamente nueva. ¿Para qué hacerla entonces de modo que se la asocie con la franquicia Alien? Ya lo hemos dicho: gancho comercial. La lógica interna se la trae floja. La cuestión es llevar gente a la sala de cine aunque sea para tomarle el pelo.

Seguimos. Ya he dicho que en el aspecto formal Prometheus es una cinta impersonal, aséptica, pasteurizada y sin sello propio. ¿Qué decir de los personajes? Los hay que hacen una aparición fugaz y no se vuelve a saber de ellos. Aunque para lo que hacen casi es hacerles un favor. Hay uno que intenta juguetear con una especie de serpiente alienígena. Se nota que la tripulación está compuesta de los mejores profesionales científicos de todo el...¡barrio de Vallecas! Como es pertinente, sale trasquilado. A su compañero la entrada en contacto directo con el entorno extraterrestre le convierte en una suerte de zombi con superfuerza que se lía a repartir estopa a compañeros de tripulación que apenas sabíamos que existían. Finalmente se lo cargan y de todos sus apalizados no se vuelve a saber, allá les jodan ahí tirados.

La escena de la caída de la nave alienígena es auténticamente demencial, de puro ridícula. Las dos chicas corriendo en línea recta mientras un objeto gigantesco les cae lentamente encima ¡y no se les ocurre echarse a un lado! Dicha estampa debería avergonzar a Scott hasta el fin de sus días.

De entre los personajes principales la excepción es el androide David. Coincido con todas las criticas favorables recibidas por el actor alemán Michael Fassbender en su composición de robot sin emociones. Charlize Theron se limita a tratar de imitar a su compañero de reparto y así alimentar la especulación de que también se trata de un humano artificial; su papel es prescindible. La sueca Noomi Rapace en modo alguno hace olvidar como sufrida heroína, pese a su esforzada interpretación, a la Ripley de Sigourtney Weaver, por mucho que su respiración agitada trate de hacernos recordar la tensión de las mejores escenas de Alien y Aliens. Los demás apenas merecen mención, más allá de la estupidez de maquillar a Guy Pearce para encarnar al anciano Peter Weiland en lugar de contratar a un actor anciano de verdad (aunque por ahí he leído que hay escenas en las que aparece de más joven, pero que se suprimieron del montaje final, lo que daría sentido a este aparente sinsentido).

Sobre las referencias cristianas, mejor remitirse al artículo de Jot Down que enlazo más arriba. Solo unos apuntes: el personaje de Rapace es estéril, pero es fecundada gracias a la sustancia negra que parece capaz de insuflar vida, o de modificarla. Y en una alucinógena escena, y en víspera de Navidad, se hace una cesárea para extraerse-dar-a-luz una sepia del vientre que, más tarde, y convertido en un kraken colosal, fecundará al último de los ingenieros, los seres que, presuntamente, sembraron la semilla de la vida en la Tierra. ¿De ahí extraemos que ese pulpo gigante es Dios? Vaya ud. a saber. Pero si es así, entonces el xenomorfo que nace del último ingeniero en el epílogo es... ¿Jesucristo? ¿La santísima trinidad son la gelatina negra, la sepia luego tornada en kraken viscoso y, finalmente, el alien? ¿Padre, hijo y espíritu santo?

Si todo esto les suena rocambolesco no se extrañen. Lo es. Pero si quieren redondear el desaguisado entren aquí y deleitense, antes de que desaparezcan, con algunas escenas eliminadas del montaje final. Con ingeniero convertido en una suerte de Jason Vorhees el director's cut promete ser un descacharre.

sábado, 19 de mayo de 2012

Los Vengadores: lo mejor que el cine ha hecho por el cómic de superhéroes

Hace como una década fui a ver al cine la primera película de lo que acabaría siendo la saga de los X-Men. Recuerdo haber escuchado en la sala comentarios de entusiastas del cómic expresando la ilusión que les hacía ver plasmadas en pantalla las aventuras de sus héroes favoritos. Muchos fans esperaban ese paso al celuloide como la necesaria vuelta de tuerca que diera forma definitiva al universo que las páginas del tebeo habían forjado en sus mentes. Me cogió ya de adulto y los X-Men nunca fueron mis favoritos en el entramado marvelita, así que he tenido que esperar a cumplir algunos años más y al estreno de Los Vengadores para vivir un momento semejante.

He de reconocer que mis expectativas iniciales eran bajas. Ver la recomendación de "para mayores de siete años" no era buen presagio, sobre todo después de que Disney hubiera posado ahí sus garras. Una sala abarrotada de chavalería gritona tampoco animaba a presuponer lo mejor. Por suerte todos mis miedos se volatilizaron apenas transcurridos unos minutos de metraje.

Tampoco nos vamos a engañar. The Avengers es un producto comercial dirigido a las grandes masas y de digestión liviana, pero tan pulcramente envuelto y tan cuidadosamente diseñado que termina seduciendo al más escéptico. El seguidor del cómic no se ve defraudado y el que no lo es lo pasa pipa durante las dos horas y cuarto que dura la sesión, en especial durante la portentosa y épica batalla final.

Hay que decir que The Avengers podría haberse llamado perfectamente The Ultimates, la puesta al día del superheróico grupo que Marvel lanzó la década pasada. The Ultimates, que cuentan con los mismos integrantes del cómic original pero sensiblemente modificados, tanto en el apartado formal como en sus personalidades, se enmarcan en un contexto sociopolítico contemporáneo mucho más realista y verosímil, sembrado de una incorrección política y unas dosis de violencia inusitados en la editorial de Stan Lee (aunque no tan explícita como en, por ejemplo, The Authority, quizá la mayor inspiración a la hora de idear estos Vengadores del siglo XXI, y no solo por contar con el mismo dibujante, el brillante y detallista Bryan Hitch).

Uno piensa que si los superhéroes fuesen de verdad posibles serían tal y como son descritos en The Ultimates. Supongo que reproducir sus hazañas era demasiada osadía para un film comercial, aparte de que la marca Vengadores es un clásico de la viñeta superheroica al que es difícil renunciar. Finalmente se ha optado por una fórmula híbrida mezclando ambos universos (la mayor aportación Ultimate no solo es volver negro a Nick Furia, sino dotarle desde un principio con los rasgos de Samuel L. Jackson) modernizando los uniformes (digan lo que digan los forofos las mallas, lucen ridículas en la gran pantalla) y agrupando a los héroes en torno a la agencia de contraespionaje pseudogubernamental, Shield, que dirige Furia.

En Los Vengadores, el cómic, Tony Starkaka Ironman, es un millonario con problemas de corazón y afición por la bebida heredero de un imperio tecnológico; Thor es un dios asgardiano que vive desterrado en la Tierra adoptando diferentes personalidades humanas según la época; el Capitán América es un soldado de la II Guerra Mundial, convertido en superhumano mediante un suero de alto secreto, recuperado tras varias décadas en animación suspendida; Hulk es el brutal resultado de una mutación producto de los rayos gamma; Ojo de Halcón, un ex delincuente tan soberbio y altivo como infalible con el arco; la Viuda Negra es una ex espía soviética con habiliades de combate que se cambió de bando al enrollarse con Ojo de Halcón; y Nick Furia es el director de Shield, tanto en tareas directivas como en trabajos de campo.

Las diferencias en The Ultimates se aprecian en lo siguiente: Stark sigue siendo Ironman pero cambia su dolencia cardíaca por un cáncer y su afición por la bebida permanece inalterable, lo que incrementa hasta el extremo su cinismo; deja todo liderazgo a Furia y al Capitán América. Este último aparece cuando más se le necesita en idénticas circunstancias que en Los Vengadores, lo que le hace sentirse permanentemente desubicado; sin embargo, su fervor patriótico permanece inalterado al igual que su disciplina militar. El caso de Thor es más peculiar, ya que, pese a tenerle por un enfermo mental le aceptan en el grupo debido a  que es considerado el superhumano más poderoso del planeta. Bruce Banner es un científico de Shield que, intentando repetir el éxito del Capitán América cincuenta años atrás, experimenta consigo mismo dando lugar a Hulk; resulta tan incontrolable como siempre pero mucho más bestia y destrozón, lo que lleva a intentar desvincularle de la agencia ante la opinión pública. Ojo de Halcón es un disciplinado agente de Shield y padre de familia, letal con cualquier arma en sus manos y con no demasiados escrúpulos. La Viuda Negra vendría a ser más o menos lo mismo y Nick Furia es el que maneja el cotarro pero sin mancharse las manos. EN los distintos números de The Ultimates aparecen otros héroes clásicos de Los Vengadores como Hombre GiganteAvispaBruja Escarlata y Mercurio a los que, quizá, veremos en próximas secuelas cinematográficas.

Ah, la película...

Volviendo al blockbuster que arrasa estos días en todas las pantallas no digo que no tenga sus pegas. Cabría reseñar que algunas escenas de diálogo pueden rozar lo tedioso, que el Loki interpretado por Tom Hiddleston es un poco chinchiribainas (a mí me recuerda al gótico cantante de HIM) y de perfil un tanto bajo frente a la constelación de estrellas que tiene enfrente. Pese a que todos los miembros del elenco cuentan con una porción de protagonismo, uno de los mayores aciertos de la cinta (más fácil lo tenían frente al público los que ya estrenaron película propia), es Ironman el más claramente favorecido por el guión (véase quien chupa el primer plano del cartel). Vale que el cinismo que exhibe en The Ultimates hace al personaje más atractivo pero ver convertido a Tony Stark en House me resultó demasiado cargante. Además, siempre he considerado que a Robert Downey Jr. le ha llegado este papel ya demasiado entrado en años.

Otro inconveniente es el uniforme del Capitán América, demasiado colorido para no resultar cantoso en la gran pantalla. Tampoco el actor que lo interpreta, Chris Evans, termina de transmitir esa autoridad y resolución que los fans del cómic conocemos del vengador de barras y estrellas, aunque tal vez el doblaje tenga algo de culpa. El resto del vestuario funciona bastante bien y, con buen criterio, se ha renunciado a adoptar la estética del cómic original. Como dato curioso hay que resaltar que es la primera desde el primer Hulk digital que para diseñar la cara del bruto verde se han empleado los rasgos faciales del actor que interpreta a su alter ego tranquilo (Mark Ruffalo). También destacaría que Chris Hemsworth no resulta todo lo físicamente imponente que un personaje como Thor requeriría, y su doblaje tampoco encaja con la formidable figura a la que da vida.

Pero cuando la película se adentra en su tercio final, oh, el disfrute es absoluto. La épica de la batalla entre héroes y alienígenas supera todo lo visto en cine de superhéroes hasta la fecha. Tan trepidante y adenalínica como cabría esperar de una traslación del cómic como es debido, con toneladas de destrucción, una amenaza a escala interdimensional y el grupo de héroes más poderosos de La Tierra funcionando cohesionados, como un equipo, a pesar de las diferencias entre sus miembros. Auténtico espíritu de The Avengers con el barniz formal de The Ultimates. Un regalo para quienes hemos crecido leyendo esas páginas y dejándonos llevar por sus ilustraciones.

No es la película de superhéroes perfecta pero si es la más perfecta creada hasta la fecha. Suficientemente digna de lo que un aficionado al cómic desearía ver. No es la saga de Korvac, que es la que a mí me hubiera gustado ver trasladada al celuloide, pero me sirve. Sobradamente.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El cine en casa, nueva entrega

Tras una temporada en la que apenas veía cine, vuelvo por donde solía y anuncio mi reconciliación con el séptimo arte. Por supuesto, en casa.

Código fuente (Source code, 2011). Esta película norteamericana ha pasado un tanto desapercibida por nuestra cartelera, pero no por ello carece de interés. Ocurre que tiene un argumento similar a Origen (Inception, 2010) y quizá por eso haya despertado menor atención. La cosa va de un militar (Jake Gwyllenhal) cuya conciencia y recuerdos son implantados en otra persona del pasado, gracias a una revolucionaria tecnología, con el fin de evitar acontecimientos en el presente relacionados con el terrorismo. Como corresponde a este tipo de tramas, las paradojas espaciotemporales conforman el meollo del asunto, aunque no conviene entrar mucho en ellas para no descubrir los agujeros del guión y su falta de sentido. El pulso narrativo es correcto y te mantiene pegado a la silla sin que uno se sienta insultado, pero el final me parece alargado en exceso y con demasiado edulcorante. En definitiva, lo que tenemos en un refrito en el que caben desde Matrix hasta Atrapado en el tiempo pasando por OrigenJohnny cogió su fusil Doce Monos. Sí, las fusila todas, pero se las apaña para parecer un producto digno, planteando un dilema ético relativo a si, ante situaciones límite, deben prevalecer los intereses individuales o los colectivos, por dura que resulte la decisión.

Cisne negro (Black swan, 2010). Mucho se ha escrito y hablado sobre este film, y creo que tanto debate le ha perjudicado porque no creo que sea ni tan enrevesada como la cuentan ni tan psicotrópica como algunos afirmaron. El argumento es conocido: una bailarina de ballet sueña con el papel de su vida, para lo cual debe enfrentarse tanto a sus demonios particulares como a la rivalidad con una compañera recién llegada. La película podría encuadrarse dentro de la categoría de thriller psicológico, con momentos bastante góticos y oscuros, pero yo no la llamaría cuento de terror, como se ha llegado a definir. El mensaje principal reside en la busqueda de la perfección y las consecuencias que puede acarrear. Natalie Portman recibió un oscar por el papel protagonista, pero es cierto que esa expresión permanente de estar al borde del llanto llega a resultar un pelín cargante. Como digo, no es tan compleja como dicen, y es que a partir de El Sexto Sentido me da que los finales sorpresa dejaron de ser lo que eran.

Captifs (2010). Película francesa que incide en el peligro que comporta pulular por la ex Yugoslavia de la posguerra de los Balcanes. Una cooperante de las fuerzas de pacificación, que arrastra un trauma infantil relacionado con los perros, es secuestrada junto a su equipo por lo que se revela como una familia dedicada al noble arte del tráfico de órganos, y cuyos integrantes demuestran tener pocos escrúpulos a la hora de extirparlos. Tal argumento podría caer directamente en el saco gore sin más (aunque sangre, haberla hayla), pero por suerte esquiva la cuestión centrándose más en la angustia y la tensión que asalta a los protagonistas al intentar fugarse. Lo malo es que las escenas de mayor ansiedad no aportan nada nuevo, y son demasiado parecidas a otras de similar enjundia vistas en diferentes filmes (se me ocurren Hostel, Las colinas tienen ojosBreakdown). El trauma de la prota, que todo indicaba iba a ser la piedra angular de la peli, luego no tiene apenas relevancia, y el final además no es nada convincente. Se deja ver, pero está por debajo de la media.

Secuestrados (2011). Hay películas que uno está deseando ver terminar por la incomodidad que producen en el espectador. Funny Games podría ser el paradigma del cine moderno para estos casos, y es una gran noticia para el cine español que Secuestrados beba de esa fuente y con ello logre un producto decente, incluso brillante y, sobre todo, eficaz. Una familia bien, matrimonio e hija adolescente, se traslada a una urbanización en el campo; se disponen a pasar su primera noche en su nueva casa cuando tres asaltantes penetran violentamente en su morada y les exigen dinero. A partir de ahí las horas pasan entre la angustia y el miedo de saber que los atracadores están dispuestos a todo si no ven satisfechas sus demandas. El ritmo de Secuestrados
 está bien sostenido, retratando la situación como bien podría producirse en la vida real. Ese realismo es su mejor baza, y un acierto trasladarlo al espectador principalmente a través de la hija del matrimonio, interpretada por Manuela Vellés, y el estado de histeria que atraviesa casi durante todo el metraje. La mayor pega la veo en la resolución final, la cual quizá no satisfaga a todos por crudo y efectista en exceso. Pero sin duda esta es una de las mejores producciones españolas del año, a la altura de mucho de lo que a nuestras pantallas viene desde fuera.

La caverna maldita (The cave, 2005). Triste réplica usamericana de la británica The descent, en la que los tópicos se suceden uno tras otro, nada sorprende y cuyo final no es más que un pobre intento de posibilitar el nacimiento de una franquicia que, vistos los resultados, nunca tuvo opciones reales de fructificar. Un equipo de espeleosubmarinistas (sí, tal como suena) llega a las montañas de Rumanía (raro es que no sea la ex-Yugoslavia, aunque está claro que la Europa del este es un imán para el cine de terror moderno) para ser los primeros en explorar una inmensa cueva subacuática. En su interior descubrirán que la vida se ha desarrollado de una forma más que peculiar, en particular, siguiendo la máxima de Isabel Pantoja: "dientes, dientes, que es lo que les jode". Los miembros del equipo cumplen con los roles habituales del cine comercial usamericano, y ni siquiera las tomas subacuáticas merecen una mención especial por su espectacularidad visual, pese a que la ambientación está bastante conseguida. Por no mencionar que las criaturas subterráneas se saltan a la torera el principio darwinista de adaptación al entorno, si nos ponemos picajosos. Al final es otra peli más de bichos que se van comiendo uno a uno a los protas menos a los que todos esperan y que no da ningún miedo por lo previsible que es todo. El as en la manga del final se queda en meramente anecdótico ya que se produce cuando uno ha determinado que la película no pasa de mediocre.

Posesión (Possession, 1981). El valorado cineasta polaco Andrej Zulawski dirigió hace treinta años a unos jóvenes Sam Neill e Isabelle Adjani en esta esquizofrénica cinta de terror psicológico en un claro exponente de como lo que para unos es cine de culto puede para otros ser un coñazo infumable. El personaje de Neill vuelve a su casa de Berlin pre-caída del muro tras un viaje para encontrarse con que su mujer (Adjani) le ha puesto los cuernos. La circunstancia volverá le loco de celos y angustia, y más al saber que ella tiene intención de volver a pegársela, tal es el influjo que su amante ejerce sobre ella. La sorpresa llega cuando se conoce la naturaleza, poco humana, de dicho amante. Durante la película asistimos a una sucesión de violentas discusiones del matrimonio, que incluyen violencia física, y que están dominadas por un histrionismo y una sobreactuación fuera de lo común por parte de ambos actores. Hay un hijo de por medio, pero por momentos no parece que exista en la trama, estando cada uno de los padres acuciado como está por sus propias pajas mentales. También hay escenas presuntamente desagradables, pero han pasado treinta años y no asustarán a ningún espectador medianamente avezado. Es de esas películas que, supuestamente, están cargadas de simbolismo, así que habrá quien no se entere de nada a menos que se estruje la sesera, y quien decida que no merece la pena el intento a juzgar por la retahíla de lo que percibirá como sin sentidos. Y para imágenes simbólicas, me quedo con una del final, en la que uno de los policías se agacha con el, aparente, único propósito de lucir... unos calcetines rosas. Que alguien me explique cual es su significado, si es que lo tiene.


Pà negre (2011). Triunfadora en los Goya y enviada a los USA para pelear por el Oscar, Pa negre es la última apuesta del cine español por hacer un producto con cierto contenido y profundidad. En un bosque catalán, durante la posguerra, se produce un crimen, y un niño se verá envuelto en las circunstancias que le rodean, lo que precipitará por las malas su paso a la madurez. El film nos habla de la responsabilidad de los adultos para con los niños y en la configuración de su código moral, a una edad en la que aún no están preparados para asimilar todo lo que conlleva. Retrata la dura vida de los payeses en la Cataluña de posguerra, no concediendo a ese escenario más protagonismo que el de marco donde se desarrollan trama y personajes. El diseño de producción y la escenografía están muy logrados, y a ratos se percibe la atmosfera malsana propia del cine de Agustí Villaronga (Tras el cristalEl mar...) con sus habituales e indisimuladas alusiones a la homosexualidad, la enfermedad y la demencia. También hay aspectos que no satisfacen, como la relación entre el niño Andreu y el joven enfermo al que alimenta, difusa y poco trabajada; o con la niña Nuria, cuya ira y rebeldía no acaban de transmitirse con la fuerza que hubieran requerido. Con todo, es una notable propuesta de un cine difícil que merece la atención que finalmente está recibiendo.

Ovejas asesinas (Black sheep, 2006). Producción neozelandesa en la que la comedia y el terror gore cabalgan juntos. En una granja se está experimentando con el ganado lanar con el desgraciado resultado de convertir a las ovejas en una suerte de zombis animales sedientos de sangre, las cuales salen a la caza de humanos con la ayuda involuntaria de un par de ecologistas ineptos. Para qué explicar más, ¿verdad? La mala leche y el humor negro intentan ser la baza principal de esta cinta, salpicada con mutilaciones y chorreos hemoglobínicos, pero por desgracia no logra mantener un ritmo aceptable y solo momentos puntuales logran arrancar la sonrisa al respetable. No aburre y se ve con simpatía (y desagrado para quien no le guste el gore) pero tampoco cumple todas las expectativas que, a priori, la idea inicial prometía.


X-Men. Primera generación (X-Men. First class, 2011). No tenía intención de volver con los X-Men. La tercera entrega de la saga ya me resultó plomiza, y el spin off de Lobezno me siguió pareciendo producto para adolescentes. No conecto con el cine basado en cómics a no ser que se aborde desde una perspectiva adulta, como pasó con Watchmen. Sin embargo, las buenas críticas me llevaron a echar un vistazo a lo último de los hombres X. No puedo decir que esté impresionado, pero tampoco avergonzado. Esta vez nos retrotraemos a los años sesenta, época en la que profesor Xavier aún podía caminar y una lucir frondosa cabellera, donde nos cuentan cómo los mutantes fueron conociéndose y cobrando conciencia de lo que suponen para el resto del mundo y para ellos mismos. En especial se han trabajado la relación entre Xavier y Magneto, su amistad inicial y la ruptura de la misma al descubrirse antagonistas. El peso de la trama recae sobre el segundo, interpretado por el alemán Michael Fassbender, actor que exhibe una notable presencia y carisma y que se lleva todo el protagonismo frente al resto del elenco. Cuando la cosa no va de Magneto la función decae, con eso está dicho todo, y en especial cuando es el malo, al que da vida Kevin Bacon, quien copa los planos, y cuyas escenas son las más aburridas por arquetípicas. Cine fantástico de entretenimiento que supera lo que venía ofreciendo esta saga.

jueves, 10 de marzo de 2011

A serbian film y los límites de la creación artística


El director del festival de cine fantástico y de terror de Sitges, Ángel Sala, ha sido imputado judicialmente por exhibir en dicho festival la película A serbian film. La cinta, de origen serbio como su propio nombre indica, lleva causando revuelo allá donde llega durante el último año, pero hasta arribar a España su proyección no había tenido consecuencias legales para los exhibidores. El motivo son unas durísimas secuencias (no las he visto, pero hay abundantes descripciones en internet) que, para algunos, sobrepasan cualquier línea roja. A serbian film trata del mundo del porno, las perversiones sexuales y las películas snuff, siendo su escena cumbre una en la que violan a un bebé, literalmente recién nacido.


Debería escribir esta entrada después de visionar el film. Confieso mi curiosidad, pero no estoy seguro de tener cuerpo para ver determinadas cosas. No obstante, la llama del debate puede encenderse sin necesidad de cumplir ese requisito. Por un lado están los que defienden la libertad de expresión y de creación artística; por otro, quienes no soportan ver traspasados algunos límites éticos. Ambos, a mi entender, tienen motivos para blandir sus razones.

¿Hasta donde llega la libertad de expresión y creación? Teóricamente, hasta el lugar en que esa libertad cercena la de otros. La proyección de una película violenta no recorta per se la libertad de nadie. Uno elige verla o no según su propia decisión, y contando con que esté debidamente calificada para que nadie se lleve a engaño. La denuncia contra Ángel Sala se basa, al parecer, en que A serbian film contiene escenas contrarias a la ley en materia de pornografía infantil. Esto es algo paradójico, ya que semanalmente se proyectan en toda España películas con contenidos que contravienen esas mismas leyes: asesinatos, torturas, robos, extorsiones, amenazas... material que luego entra en los hogares a través de la TV. Y no hablemos ya de los videojuegos de ultima generación ¿Cuál es, pues, la diferencia?


Huelga señalar el carácter ficticio de todos esos delitos. Da la impresión de haber gente incapaz de separar la realidad de la ficción. Me pregunto quien tiene un mayor problema, si los que disfrutan con el cine violento o quienes le dan idéntico tratamiento a lo real y a lo simulado.

La diferencia es, al parecer, que los protagonistas de las agresiones simuladas en el film balcánico son niños, ya que es cierto que existe una mayor sensibilidad social hacia todo lo referido a la violencia infantil. Son un objeto jurídico algo distinto de un adulto, tengámoslo en cuenta, y hasta una determinada edad los niños son, por así decirlo, intocables desde una óptica penal. Existe una legislación expresa en el caso de conjugar sexo e infancia, separada de la relativa a adultos y presente en todo el mundo desarrollado. Sin embargo, parece claro que la película serbia es ficción (se trata de muñecos en ambas escenas) y que no se viola a ningún tierno infante ante las cámaras. Ello daría ya al traste con cualquier acusación de ilegalidad, pero no podemos negar que la sola insinuación del hecho remueve algo por dentro.

Podríamos entrar a calificar los motivos por los que un cineasta estima que la violación de un bebé es un artilugio hábil para transmitir algo. Posiblemente, muchos de nosotros opinaríamos que esa misma idea puede igualmente viajar de la pantalla al espectador sin la necesidad de un efectismo tan brutal, que ensombrezca el significado de cualquier metáfora. Y quizá que para ello se necesita talento, un talento del que carecería el director de A serbian film. Pero eso es algo que no pocos de los visitantes de ARCO piensan de muchos de quienes allí exponen; y es que el arte, especialmente el contemporáneo, es tan subjetivo... Podemos especular acerca de si este cineasta ha valorado suficientemente la trascendencia de su apuesta, habida cuenta de que se habla mucho de la forma pero muy poco del supuesto fondo. O sobre si la polémica tiene poco de forzada y mucho de planeada: la provocación como estrategia de márketing. Nada de esto es decisivo a la hora de valorar algo tan taxativo como la aplicación de una ley penal a una creación artística.


Porque, visto lo obvio, lo único de lo que se podría acusar al film serbio es de hacer apología de la pederastia, algo que, me temo, solo podría valorar si veo la película. No obstante, los contextos cinematográficos no suelen ser objeto de demanda judicial, y vuelvo a referirme a los títulos que habitualmente pueblan nuestra cartelera o las estanterías de las tiendas de videojuegos. Se acusa a este tipo de ocio de banalizar la violencia, de convertirla en algo cotidiano, de insensibilizarnos de forma que la aceptemos con más naturalidad, de socavar unos valores basados en el respeto y la benevolencia. Puede que sea así pero ¿genera violencia? Supongo que eso es más difícil de probar. ¿Determinará A serbian film el nacimiento de toda una nueva generación de pederastas? Dudo que haya quien esté en disposición de demostrarlo.

sábado, 15 de enero de 2011

El nadador y Sukkwan island, el infierno interior

En la última semana he visto una película y he leído un libro que, con sus matices y diferencias, tratan el mismo tema: la soledad y el egoismo. A continuación voy a desvelar detalles esenciales de ambas obras, por lo que los interesados en su visionado o su lectura deberían abstenerse de continuar leyendo.

La película es El nadador, rodada en 1966 pero estrenada en 1968 y protagonizada por una estrella del Hollywood dorado, Burt Lancaster. Interpreta a Ned Merrill, habitante de una exclusiva zona residencial enclavada en un valle y que intenta regresar a su casa. El valle está salpicado de lujosas mansiones y todas ellas disponen de una piscina privada. La intención de Ned es volver nadando por todas ellas hasta llegar a su hogar. En su camino se encontrará con personas que le conocen y que reaccionarán en su presencia de muy diversa manera.

El libro es Sukkwan island, la primera novela del escritor norteamericano David Vann. En sus páginas nos encontramos a Jim, un padre que aparentemente desea recomponer la relación con su hijo adolescente Roy, para lo cual se lo lleva a vivir durante un año a una cabaña en la imaginaria isla Sukkwan, en la costa de Alaska. Una vez allí, la dificultad de la convivencia se hará patente, lo que unido a la influencia del aislamiento y el entorno hostil configurará una postal de pesadilla.



Repito, si no quieren ver destripados libro y película, no sigan leyendo.


En ambos casos, tenemos en el papel protagonista a un hombre, un padre, cuyos impulsos vitales le han llevado a vivir una vida al margen de todo convencionalismo. Pero que al mismo tiempo ha intentado gozar de los atributos que adornan a lo que solemos llamar vida convencional. Los dos intentan cabalgar a lomos de dos mundos contrapuestos desde la inmadurez, deseando el uno cuando están inmersos en el otro.


En El nadador Ned es un hedonista, un viva la vida hipócrita que intenta mantener una imagen respetable ante sus amigotes de clase alta, los cuales saben la verdad. No les importa, porque probablemente son iguales que él, es solo que Ned ha caído en desgracia. Ned no ha sido justo, ni honorable ni virtuoso, e incluso en ese mundo de apariencias en el que ha vivido hay quien ha sabido valorar como merece la ausencia de tales cualidades en su carácter. Ned navega de la desenfadada complicidad de sus primeros encuentros al progresivo desagrado que va levantando su sola presencia, lo que va aparejado a su declive físico. Finalmente se da de bruces con la realidad, de la forma más brutal que podría sufrir alguien como él.

Comprendemos que alguien que en principio nos despertaba simpatía, incluso empatía, con ese propósito de volver a casa nadando, dotado de cierta poesía e idealismo, remontando el particular río de su vida, no merece nuestra compasión. Ha estado viviendo una farsa, que ahora se torna trivial, centrada en el goce y la diversión y que se ha llevado su juventud, descuidando las cosas importantes: su familia, los amigos verdaderos, el sufrimiento de los seres queridos. Y cuando el espectador se percada no sabemos si lo hace también Ned; únicamente le vemos solo, completamente abandonado, a merced de los elementos, sin nadie que le ofrezca el más leve amparo. Pero sabemos que él se lo ha buscado, que es el resultado de su vida alegre, de su cortoplacismo, de su desmesurada vanidad (patético el modo en que interroga a la niñera sobre sus sentimientos hacia él). Ya no encuentra su sitio en ninguna parte, ni siquiera su casa en un lugar agradable al que retornar. El mundo le es extraño, ya que el mundo ha ido avanzando mientras él permanecía estático, imaginando que las bondades de la juventud eran eternas (palpable en la escena en la que se lesiona el pie). Y al final no tiene nada. Después de recorrer su vida descubre que no tiene nada ni a nadie, y que está preso de la soledad más absoluta, justo aquello de lo que, probablemente, intentó huir durante toda su vida.





Jim, el protagonista de Sukkwan island, es alguien profundamente egoísta cuya mayor inquietud en la vida es la búsqueda de su propio placer. Y disfrutar de su egoismo en compañía, ya que la soledad le aterra. Para ello se casa, tiene hijos, se separa y se vuelve a casar, pero sus bajos instintos son más fuertes que cualquier concepto que pudiera tener de lo que es correcto. Sus traiciones y faltas no cesan, de forma que ante la perspectiva de quedarse en la más absoluta soledad secuestra emocionalmente a su hijo para que pase un año encerrado con él en una isla, aislados, sin ningún otro contacto humano y presas de un entorno inclemente. Roy ama a su padre, a pesar de apenas conocerle, y le dedica su sacrificio accediendo a acompañarle, renunciando a huir de la isla cuando puede hacerlo y, finalmente, en el momento más dramático e impactante del relato, suicidándose.

Jim es consciente de qué tipo de ser humano es, del fracaso que su persona encarna, y la sola presencia de su hijo no hace más que recordárselo. Roy es íntegro, generoso, alguien que intenta ser de ayuda y hacer lo correcto. Jim sufre ante el patético ejemplo que representa para Roy, y este, consciente del padecimiento de su padre, decide quitarse de enmedio para liberarle de esa carga. Al principio Jim no lo entiende, pero libre de la presión que Roy suponía para él, consigue sobrevivir a solas, supera la prueba de la soledad y se las compone para no perecer en el duro invierno de Alaska. En el tramo final, por fin entiende la cadena de errores que ha supuesto su vida, cómo de tanto estar centrado en sí mismo ha descuidado, aquí también, lo importante. Hasta que ya es tarde y ya ni tiempo le queda para lamentarse.

Son éstas dos obras que llevan a la reflexión, al debate, incluso a la instrospección. En el caso de El nadador es cierto que algunos detalles de la película no lucen bien con el paso del tiempo, como determinados fragmentos de la banda sonora, ciertos detalles de montaje y algunas interpretaciones. Pero ello no desmerece el conjunto de la obra, ni mitiga la amargura que desprende.



De Sukkwan island tengo que decir que es un error esperar un climax que te estremezca. Devoré la novela hasta terminarla esperándolo y me quedé sin él, no lo había. La tensión y la tragedia se mascan en todo momento. Quizá haga falta una relectura para apreciarlo en toda su magnitud.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Yo sí quiero una ley anti descargas

Sí, he decidido que quiero una ley anti descargas. No se si la ley Sinde es la que me gusta porque no la he leído, pero sí tengo claro que deseo una ley que actúe contra la piratería en internet. Bueno, en realidad esto es un pretexto, lo que busco, lo que me gustaría, es otra cosa.


Me gustaría que la gente cambiase el mundo.


Quiero una ley anti descargas para que los que tanto se quejan dejen de participar de una vez del juego que proponen los mass media, las compañías discográficas y las productoras de cine. Los grandes medios ofrecen la mercancía, la meten en nuestros hogares a través de radio, TV y prensa escrita para que la pruebes y, una vez enganchado, te lances a consumirla sin freno. Pero como es cara, te busques un mercado alternativo donde conseguirla. Y la encuentres.


Quiero que los ciudadanos que terminan haciendo ese recorrido y que se sienten atacados por una legislación anti descargas se rebelen, pero de verdad, y demuestren un compromiso verdadero con la libertad que dicen defender.


Porque dicen que la cultura debe ser libre, y que el libre acceso se ha de proteger. Yo digo que lo que hacen es engordar a las operadoras de telefonía e internet, los primeros beneficiados de las descargas masivas de contenidos audiovisuales. Esas mismas que reciben un sin fin de quejas por su lentitud en la conexión, sus 20 o 50 megas que nunca se acercan ni a la mitad, sus microcortes que jamás te descuentan de la factura, sus averías y sus robóticos e ineficaces servicios técnicos.


Si hay millones de usuarios que adquieren el ADSL por las descargas, una ley anti descargas convertirá sus conexiones a internet en un gasto inútil y superfluo, no les valdrá la pena mantenerlas. El golpe a esas operadoras puede ser mortífero. Pudiendo descargar lo que quieras, pagas lo que te pidan; si no puedes bajar lo que te de la gana, noSi quieren sobrevivir tendrán que captar el mensaje, ofrecer algo que valga la pena pagar. No puede ser que España tenga una de las conexiones a la red más caras y a la vez más lentas de Europa. 


Quiero una ciudadanía comprometida, con un compromiso tal que les lleve a asumir renuncias, por dolorosas que sean, que no podrán tener todo lo que hasta ahora podían tener. No creo que sea pedir mucho, no estamos hablando de artículos de primera necesidad. Me niego a considerar que prescindir de la última temporada de Mad Men sea una renuncia dolorosa.


Si no te gusta cómo el propietario de las películas de Javier Bardem lanza al mercado su género, no lo compres. Si no te gusta la forma en que los discos de Alejandro Sanz salen a la venta, no los adquieras. Que esta gente no tribute en España o que se pueda permitir un jet privado me da igual, nos debería dar igual. Lo mismo que yo no quiero que me impongan cómo debo conseguir sus productos, y dispongo de la libertad de no consumirlos, tampoco les quiero decir cómo deben vivir su vida. Es como el asunto de los controladores, si quieres ganar lo que ellos, hazte controlador y deja de quejarte, jodido envidioso.


Así es como me gustaría que la gente reaccionase ante una ley anti descargas urdida para beneficio de un colectivo connivente con el poder, con compromiso y con valores, rebelándose ante los abusos de industrias que de verdad abusan del bolsillo del usuario, negándose a consumir su mercancía, en lugar de perseguir el propio beneficio y privilegio, contribuyendo así al enriquecimiento de las operadoras. Respondiendo únicamente al interés individual no se cambian sociedades, ni siquiera modelos de negocio.


Queremos cambiar el mundo pero no estamos dispuesto a mover un dedo para conseguirlo ni a asumir el más leve sacrificio. ¿Qué clase de rebeldía es esa?


Quiero una ley anti descargas que, aunque sea por puro despecho de los internautas y por rabia del público en general, haga descender la venta de entradas de cine de 6 y pico euros, o CD's musicales de 18 euros. Quiero que quienes determinan esos precios por ofrecernos productos que en muchos casos no los valen se enteren por las malas de que su modelo de negocio está caduco, que ya no es rentable y que es vital para su supervivencia un replanteamiento profundo. Pero no porque un puñado de garrulos fanáticos del todo gratis les digan como deben vendernos su producto, sino porque comprueben que su inmovilismo lleva a que el público les da la espalda. ¿Quién se atreve a renunciar a la próxima temporada de Dexter a cambio de unos puntos más de dignidad?

lunes, 26 de julio de 2010

El cine en casa, verano de 2010

Dado que la cercanía de las vacaciones derivará próximamente en una reducción drástica de la actividad del blog, buen momento es este para publicar entradas que ya tenía semi escritas pero no del todo completadas. Esta nueva entrega de El cine en casa es una de ellas, y figuran películas tanto de reciente visionado como otras que ví hace más tiempo pero cuyas impresiones no había recogido aún. Sirva para dar continuidad a la bitácora en una época en la que la desconexión de quien suscribe se avecina implacable.

The human centripede (2009). Esta película holandesa es uno de las más morbosos, retorcidos y bizarros ejemplos de lo que puede trasladar una mente humana al celuloide. A un par de sanotas y macizas turistas anglosajonas se les estropea el coche y el infortunio les lleva a pedir ayuda ("qué mala suerte", que diría la hiena Tristón) al científico loco más siniestro que podían encontrar en todo el continente europeo. Una vez secuestradas y en compañía de un tercer rehén de origen japonés, se disponen a formar un único ente cirugía mediante, ya que el mad doctor está necesitado de un animalito de compañía multipierna que le traiga el periódico por las mañanas. Afortunadamente, The human centripede (el ciempiés humano) huye de la tentación gore y se aferra a la claustrofobia, a la tensión y la angustia como bazas para atentar contra la estabilidad emocional del espectador. Una vez sumergido en la propuesta puede resultar de lo más perturbador, aunque haya algunos puntos que rocen el ridículo o que resulten involuntariamente cómicos. La composición del actor alemán Dieter Laser como cirujano narcisista y endiosado es quizá demasiado tópica, pero no por ello menos escalofriante. Para amantes de las rarezas que dejan con mal cuerpo.

El laberinto del fauno (2006). Mucho he tardado en visionar esta reciente y reputada producción española, pero por fin ha caído. Durante la posguerra española, desde un acuartelamiento militar situado en una región montañosa se intenta, o eso se infiere, acabar con un núcleo de resistencia que persiste en el lugar. Una niña recién llegada se erige en protagonista ya que para escapar de una existencia tormentosa (una madre embarazada y enferma, un cruel padrastro que es el oficial al mando y un futuro nada halagüeño), se entrega a una realidad onírica que en ningún momento se nos aclara si es verdadera o producto de su imaginación, ya que eso es tarea del espectador. Es cierto que en lo tocante al conflicto franquista la peli peca de maniquea, dibujando al personaje del militar interpretado por Sergi López como un sádico bestial, mientras que los maquis republicanos, encabezados por una valerosa Maribel Verdú, parecen la encarnación misma del bien y la abnegación. La vertiente onírica está bien conseguida, ofreciéndonos algunas criaturas bien caracterizadas que parecen salidas de videojuegos como Silent Hill, aunque detalles del tipo ¿por qué hace eso si sabe que no puede hacerlo? malogran algo esta faceta. Además, a mi entender hay abierta una brecha demasiado amplia entre lo que ocurre entre ambos mundos, pareciendo historias sin puntos de conexión. Pese a todo es una película recomendable.

Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992). Bajo un estúpido título en español, el ahora afamado neozelandés Peter Jackson (la trilogía de los anillos) se convirtió hace casi dos décadas en en director fetiche de los adictos a los borbotones de sangre, las vísceras desparramadas y las arrebatadas amputaciones. Pero también de los que gustan de echarse unas carcajadas mientras la pantalla se tiñe de rojo. Todo en Braindead es una locura, todo es un exceso, pura desmesura. Desde el grotesco mono-rata detonante de la plaga zombi hasta cada uno de los detalles de la demente y lisérgica espiral de violencia que su irrupción desencadena. Mención especial merece el hilarante y travieso bebé zombi, pero también cabría acordarse del perro Fernando, de la pasión fornicadora a la que se entrega el cura una vez contagiado, la española Diana Peñalver llamando "Lainoooool" a su pretendido novio Lionel, la cabeza zombi atrapada en la taza del water... La carnicería final creo que ha debido tardar años en ser superada, si es que lo ha sido. Una de dos, o sabes a lo que te enfrentas, asumes las consecuencias y disfrutas de la función u olvídate de Braindead y ponte a ver una de Hugh Grant. O hay complicidad absoluta o no hay posibilidad de diversión.

Whiteout (2009). Confieso que el principal motivo para ver esta película fue el protagonismo de Kate Beckinsale, una actriz que auna talento y belleza pero que no termina de despuntar, ni en cuanto a popularidad ni en lo que a prestigio se refiere. Tal vez la culpa la tengan elecciones como Whiteout, un thriller de lo más descafeinado. En una base científica americana situada en la Antártida se va a proceder al desalojo ante la inminencia del invierno antártico, pero un súbito crimen y el hallazgo de un avión enterrado en la nieve retiene a nuestra chica (que es la máxima autoridad policial) hasta la resolución del caso. Como suelen decir los críticos, acción rutinaria, malos sin carisma, una trama que no engancha y hasta un nombre al que los amantes del cine fantástico tenemos especial aprecio, Tom Skerrit (Dallas en Alien, 1979), que no parece muy convencido de lo que hace convierten la cinta en un ejemplo de lo que no debe ser un thriller: sin acción, sin tensión y con una resolución final que sólo provoca indiferencia. Ni los primeros planos de la Beckinsale, que siempre se agradecen, salvan la función.

Antes de que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You're Dead, 2007). Una gran sorpresa. Todo lo malo que dije de Whiteout debo revertirlo tratándose de esta cinta del veterano Sidney Lumet. Un elenco de altura compuesto por Phillip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney y otra de mis debilidades, Marisa Tomei, que además enseña palmito generosamente, componen la que quizá fue una de las mejores películas de 2007. Un banquero próximo a la ruina propone a su hermano, un pobre pelagatos sin blanca, atracar el negocio familiar de sus propios padres para salvar la economía de ambos. Tienen un plan tan bien perjeñado para salir incólumes del trance que, como suele suceder, todo sale mal. A partir de ahí solo resta ver como los protagonistas se van cubriendo más de mierda con cada decisión que toman. Nadie sale bien parado en este film, salvo el espectador que sepa apreciar las buenas historias.

The cove (2009). The cove es la cala de la isla japonesa de Taji donde cada año mueren miles de delfines a manos de pescadores nipones. Las aguas teñidas de rojo de este lugar han recorrido varias veces los telediarios mientras los cetáceos, acorralados, mueren sin posibilidad de huida. Este documental, que muestra con toda su crudeza la crueldad de la masacre, está promovido por el entrenador de Flipper, delfín que se hizo famoso en los años 60 gracias a una famosa serie de TV, que además fue el principal impulsor de la industria de los delfinarios. Tiempo después, tras comprender el monstruo que había creado, comenzó a dedicar esfuerzos para denunciar las penosas condiciones en que estos animales viven en cautividad, esfuerzo culminado con el Oscar recibido por The Cove al mejor documental en 2009. Rodado casi en la clandestinidad debido al extremado celo de los habitantes de Taji, el trabajo aborda otras perspectivas, como el negocio que representa el comercio de carne de delfín como si fuera de ballena y la insalubridad de su consumo debido a su alta concentración de mercurio, o mostrando la incredulidad del resto de la población japonesa acerca de lo pasa en la isla. No se puede negar que el documental es muy militante, pero no por ello se puede dejar de admitir la pavorosa realidad que retrata.

Defensa (Deliverance, 1972). Me di el gustazo de revisitar este clásico de John Boorman en versión original y tengo que decir que, al contrario de otras pelis de la misma época y similar temática como Perros de paja, el tiempo no la ha tratado nada mal. Trajo polémica en su momento por su crudo y despiadado retrato de la América no ya profunda, sino subterránea, a la que se enfrentan cuatro urbanitas con ganas de sentir la adrenalina inundando sus venas. Su idea es bajar en canoa un río que dejará de ser salvaje por la inminente construcción de una presa, pero el salvajismo que encuentran no será el esperado y el instinto de supervivencia aflorará dejando a un lado complejos y aparcando dilemas éticos. Buen reparto, encabezado por dos valores de la época como Burt Reynolds y Jon Voight, buenas interpretaciones y buena presentación de personajes en una cinta más actual de lo que muchos quisiéramos.

Little Nicky (2000). Una comedia con Adam Sandler de protagonista no puede, a priori, ser algo demasiado bueno. De hecho, uno comienza sospechando que va a ver una de las peores sandeces del año... y al finalizar se encuentra con que ha disfrutado y se ha reido con la película como no podía sospechar. Nicky es el (aparente) hijo tonto de Satanás, el cual está pensando en retirarse. Finalmente cambia de idea y, despechados, sus otros dos malvados hijos, que esperaban heredar el reino de las tinieblas, deciden huir a la tierra y fundar allí su propio infierno, situación que Nicky recibirá el encargo de reconducir. La peli es una sucesión de gags escatológicos y políticamente incorrectos, unos más graciosos que otros, cierto es, pero cuenta con ideas ingeniosas y bien llevadas a término. En este caso, parte del doblaje, para quien soporte a Florentino Fernández, contribuye a que el cachondeo no decaiga y el desparrame de guión conduce a momentos verdaderamente antológicos, como mensaje satánico en el disco del pasteloso grupo Chicago o la aparición estelar al final del músico heavy Ozzy Osbourne. Sin duda, una cinta que ofenderá a los puristas de la comedia refinada pero que divertirá a quien la vea despojado de prejuicios y rodeado de colegas, cervezas y patatas fritas.

Los mundos de Coraline (Coraline, 2009). Película de animación en 3D, vendida como cine infantil pero que disfrutarán también los adultos y atemorizará a mas de un niño. Coraline es una niña solitaria que se ha mudado con sus padres, los cuales no le prestan demasiada atención, a un caserón donde hallará el paso a un mundo alternativo donde todos sus deseos infantiles se vuelven realidad. Lo malo es que tendrá que pagar un precio muy alto por disfrutar de esa infancia en apariencia perfecta, algo a lo que no está dispuesta. Película en la onda de Pesadilla antes de Navidad o La Novia cadáver (lo digo de oidas ya que no las he visto), en el sentido de ser un cuento para niños con una acusada vertiente gótico-siniestra, cuenta con una cuidada animación tridimensional y una historia fácil de entender por los críos pero gastando unas formas que, como digo, asustarán a los más sensibles.