En los últimos tiempos tengo mi atención centrada en un extenso debate mantenido en el blog de Cordura, un lugar donde toman cuerpo teorías sobre la dominación mundial por parte de unos poderes fácticos que, a veces, actúan no ya en connivencia con los cauces de poder corrientes, sino totalmente solapados y confundidos con ellos.
En éste contexto, y aunque el hilo no trataba de ello directamente, hemos terminado enzarzados en una (cordial) discusión sobre las teorías conspirativas del 11-M y, en menor medida, del 11-S. El debate está discurriendo actualmente por terrenos cada vez más profundos y procelosos en los que mi siempre educado interlocutor alude a la faceta conspirativa que todo esquema de poder lleva consigo desde el principio de los tiempos. Pero no es por aquí por donde ésta entrada quiere discurrir, sino por senderos más próximos y concretos.
Sostiene Cordura que los grandes atentados que el Occidente ha sufrido en el presente siglo (huelga decir que son el 11-S, el 11-M y el 7-J, amén de alguno más) forman parte de una gigantesca maniobra de poderes ocultos (y no tan ocultos) para implantar a lo largo y ancho del globo un nuevo orden mundial al servicio de sus intereses geopolíticos. Las libertades individuales y colectivas de todas y cada una de las personas y comunidades que pueblan el planeta estarían, pues, seriamente amenazadas. Argumenta que la palmaria falta de escrúpulos de las personas que dirigen éste movimiento les lleva a cometer acciones extremas, atentados sumamente violentos con el fin de crear una sensación de amenaza global. Hacen presente ante la opinión pública mundial la amenaza de la cual han de ser defendidos mediante sus políticas militaristas que sirve de justificación para la consiguiente escalada bélica (Irak, Afganistan, ¿Irán?) encaminada a fortalecer su anhelado nuevo orden.
Bien, mi concimiento del 11-S, a priori el primer acto (o al menos el de mayor significación de ésta sucesión de maniobras terroristas) es escaso. Primero porque, como es lógico, me queda muy lejos y el impacto emocional queda en gran parte relativizado por la distancia. El 11-M me pilló mucho más cerca (concretamente, a media de haber podido presenciar la exposión de Atocha). Además, es de suponer que la mayoría de la información relativa al 11-S que uno puede encontrar en la red está en inglés, y pese a que uno se maldefiende en el idioma de Chespir, no lo hace con la suficiente fluidez como para hacer de cada visita a un site en inglés una experiencia satisfactoria. No obstante, Cordura me sugiere algunas páginas en español que al final del post tendré a bien ofrecer a mis lectores.
Así pues, del 11-S sólo puedo hacer valoraciones basándome en razonamientos de orden lógico y lo que a mí me parece que es de sentido común. No así del 11-M, en cuyo caso me sumergí durante meses dando fe de ello en ésta misma bitácora y como participante más o menos habitual de Desiertos Lejanos, siendo por ello mi conocimiento al respecto mucho más profundo (aunque, en cualquier caso, muy inferior al de otras personas con las que he dado en mi periplo anticonspi).
Argumentos a favor de la conspiración
Cordura afirma que hay precedentes del 11-S tal y como él lo entiende (ésto es, operaciones militares de bandera falsa): se refiere a Pearl Harbor, la operación Northwoods, el incidente de Tonkin e incluso el hundimiento del Maine. En definitiva, un rosario de ejemplos que, presuntamente, vendría a avalar la aterradora carencia de escrúpulos de ese poder en la sombra (¿las cloacas del estado usamericano?) a la hora de acanzar sus objetivos.
El tradicionalmente rodeado de sospechas asesinato de Kennedy sería una nueva muestra de lo que los poderes fácticos made in USA son capaces de hacer cuando algo o alguien obstaculiza sus propósitos. Otro precedente que vendría a respaldar oscuras actuaciones de determinados grupos de poder.
La analogía con el pueblo alemán durante el nazismo, que posteriormente se reveló ignorante de las atrocidades cometidas por el III Reich, sirve para salvar el escollo del silencio popular ante los presuntos atropellos cometidos por sus gobernantes. Tal y como Cordura aporta en su blog, hay denuncias de grueso calado contra George Bush y Tony Blair como orquestadores máximos del 11-S. La ausencia de respuesta judicial de éstos ante tamañas injurias sería otro argumento en favor de la veracidad de la teoría de la conspiración.
Personalidades políticas como el ex ministro de exteriores británico Robin Cook o los congresistas Ron Paul y Dennis Kucinich, que ponen en duda algunas de las "verdades oficiales" relativas a Al Qaeda y a la autoría del 11-S.
La campaña de manipulaciones y falsedades articulada para justificar la invasión de Irak. Todo ésto se puede encontrar más desarrollado en en los comentarios del post del blog de Cordura que enlazo al inicio de ésta entrada.
Argumentos en contra de la conspiración
Según Wikipedia, no parece haber consenso respecto de que Pearl Harbor fuera abandonado deliberadamente por la flota usamericana para ser arrasado por la aviación japonesa. Hacer afirmaciones taxativas sobre el particular parece, pues, arriesgado.
La operación Northwoods finalmente no fue llevada a cabo, y no parecería muy prudente retomar una metodología ya contemplada en el pasado y conocida del público, no al menos si se quiere desvincular por completo a las castas gubernamentales de ello. Teniendo en cuenta lo meticuloso y estudiado de la conspiración que tenemos entre manos, poco interesada a priori en proveer de munición a sus posibles perros de presa, no parece muy razonable arriesgarse a levantar sospechas reemprendiendo tal proyecto.
Sobre el hundimiento del Maine parece haber mayor acuerdo sobre lo acontecido en enero de 1898, pero un precedende de un siglo de antiguedad no parece la mejor garantía para concluir que, a día de hoy, se está siguiendo idéntica dinámica. Asimismo, parece haber indicios que demuestran que el altercado de Tonkin fue artificialmente inflado para servir de excusa a los USA para iniciar la guerra de Vietnam, pero colegir a partir de ahí que el Gobierno está dispuesto a asesinar a 3000 compatriotas en nombre de la puesta en marcha de la “guerra contra el terror” es una inferencia muy osada. Y más si razonamos que no era necesario tamaño sacrificio: un ataque orquestado contra cualquier base o embajada usamericana en el mundo les hubiera nutrido de idénticas “razones” sin la necesidad del trauma que el 11-S le supuso a toda la nación.
Todo ello hace que, en mi opinión, el peso de la evidencia histórica a favor de la teoría de la conspiración decaiga notablemente.
Más cosas. Para que un acto de barbarie interna como el 11-S cumpla con su objetivo es
necesaria la cooperación de cientos por no decir miles de personas entre fuerzas de seguridad, militares, ingenieros, políticos, personal sanitario y de asistencia... Tanto silencio por parte de tantísima gente no es muy explicable en el país que permitió salir a la luz escándalos como el Watergate o el Iran-Contra. Por otro lado, las reacciones populares contra la guerra de Vietnam en los años 70 son un precedente que no hacía muy previsible la reacción del pueblo usamericano a favor de la “guerra contra el terror". El riesgo, no ya de no alcanzar un éxito absoluto sino de ver entorpecidos los progresos de la operación, era una opción más que contemplable, ya que decenas de cosas pueden salir mal en una maquinación de tales dimensiones, o de ningún modo salir según el plan previsto. Sin ir más lejos, ahora tenemos en la Casa Blanca a Barack Obama, su propósito de deshacerse de Guantánamo y su intención de acercarse a Irán. Y de propina, el desencuentro con el sector de población más conservador el país, la conocida como América profunda, e incluso el derecho de secesión. ¿O es que alguien puede pensar que todo es producto de una milimétrica preparación en la que todo está absolutamente bajo control?
Seguimos. En el caso de las famosas armas de destrucción masiva (ADM) de Irak, a ésta ultramegaconspiración capaz de engañar a casi todo el mundo con el 11-S (salvo, por lo visto, a una pequeña estirpe de escogidos) no le hubiera costado, una vez controlado el país, introducir pruebas de la fabricación de las mismas por el régimen de Saddam Hussein y, de ese modo, obtener respaldo mundial generalizado. Extrañamente, prefirieron quedar en evidencia ante todo el planeta al demostrarse, no solo su engaño, sino la certeza de que esas ADM no existían en suelo irakí. Singular comportamiento, sin duda, de quienes son capaces de planear y llevar a término con éxito el engaño más devastador de la historia humana reciente.
En cuanto a los congresistas mencionados, dudas más que fundadas planean sobre la honestidad de la postura conspiracionista de Ron Paul. No es en absoluto descartable que esté utilizando el 11-S como altavoz para ganar popularidad y conseguir que sus postulados políticos (siendo algunos de ellos más que cuestionables desde un punto de vista ético) sean escuchados. En todo caso, si su figura y de de Kucinich han de contar para que la “versión oficial” se vea objetada, dando la vuelta al argumento (al igual que ocurre con las dudas de Robin Cook hacia la existencia de Al Qaeda) tenemos al resto del Congreso usamericano concediéndo un contundente peso a dicha versión de los hechos, lo cual no es sino la demostración de la doble falacia que tenemos entre manos: una apelación a la autoridad en la que dicha autoridad no ha sido demostrada y una evidencia anecdótica (dos congresistas frente a 433).
No digo que las analogías sean escrupulosamente aplicables en éste caso, pero como referente patrio más cercano de lo anterior tenemos las actuaciones parlamentarias de los populares Eduardo Zaplana, Jaime Ignacio del Burgo y Alicia Castro. Que cada uno saque de éste dato las conclusiones que crea pertinentes.
En la mención al adormecimiento que sufría el pueblo alemán frente a la locura nazi, creo que se incurre en el error de juzgar un tiempo y unas circunstancias pasadas y distintas desde un prisma actual. Los contextos históricos han de ser tenidos en cuenta antes de establecer equivalencias gratuitas.
En referencia a las injurias, cada uno es libre de tener los motivos que estime oportunos para responder o no. En los USA, el país donde quemar la bandera no es delito, la libertad de expresión es sagrada y la Declaración de Derechos, aunque en la España de Jiménez Losantos nos resulte extraño, protege éste tipo de pronunciamientos. No así la alteración del orden (en referencia a ésto, con todo lo excesivo que me pueda parecer). Uno de los padres de la nación usamericana, Thomas Jefferson, abundó en la idea en una carta dirigida a su colega James Madison: “una sociedad que cambia un poco de libertad por un poco de orden los perderá ambos y no merecerá ninguno”.
Finalmente, encontramos que los atentados son congruentes con un fenómeno del que sí tenemos constancia real: el integrismo islamista, el cual se cobra cientos de vidas al año en diversos países. La yihad, por desgracia, no es ningún invento. Hay que decir que la idea de unos EE.UU. presididos por la corrupción a la escala que aquí estamos manejando es altamente seductora para según que mentes prejuiciadas. Yo mismo no apruebo casi nada de lo que la administración Bush ha impulsado en materia de política exterior durante su mandato, pero eso no me lleva a entregarme al conspiracionismo de manera acrítica. No al menos hasta que me presenten las pruebas de que algo tan extraordinario está verdaderamente ocurriendo. Pruebas más allá de videos de youtube cuya sola existencia ya demuestra el poco alcance de la confabulación a la que, nos dicen, estamos expuestos.
El 11-M como una extensión del 11-S
En el contexto ya reflejado de intento de dominación mundial por parte de las élites políticas y militares mundiales, el 11-M no sería más que un nuevo paso en pos de ese objetivo. Pero hay algunos razonamientos de orden lógico que no encajan con ese plan. Afirma Cordura que las coincidenci
as entre el ejercicio virtual CMX que la OTAN terminó el 10 de marzo de 2004 y lo sucedido en Madrid sólo un día después no son casuales. Dejando de un lado los rodeos, lo que sugiere es que el ejercicio se tornó real como parte de la estrategia dirigida a consolidar ante la opinión pública mundial la realidad de la amenaza de Al Qaeda. A mí, en cambio, no me parece muy sensato, ni propio de una organización que presumiblemente cuida todos los detalles de sus actos (por la cuenta que le trae), hacer coincidir el CMX de la OTAN (de celebración anual) con la materialización de los atentados. No si quieren evitar asociaciones poco convenientes dado que el ejercicio se ha revelado de conocimiento público (la noticia que enlazo al respecto está fechada en el 18 de marzo de 2004, sólo una semana después del 11-M). No hacerlo es mucho más lógico, conlleva muchos menos riesgos al evitar tener que dar explicaciones por la coincidencia y el impacto en la ciudadanía es exactamente el mismo. Sobre todo conociendo que el ejercicio no lleva aparejado movimiento de tropas o policía.
Además, desplegar esa operación en España, a tres días de unas elecciones generales en un país convulso por la generalizada oposición la guerra de Irak (otro movimiento más en su juego de sometimiento planetario), con el perjuicio que podía causarle a un aliado incondicional del imperio como era el gobierno de José María Aznar, no es desde luego el arquetipo de una actuación comandada por el sentido común ni la lógica militar. Éste es un razonamiento evitado por éste tipo de conspiracionismo porque concluye la improbabilidad de la conspiración en la masacre de Madrid, y como se vincula 11-M y 11-S, si el primero no tiene relación con el segundo significa que el tenderete conspiracionista se viene abajo ya que de la solidez del vínculo depende en gran medida la robustez de toda la teoría.
Y, esa es otra, ¿dónde encaja el empecinamiento del gobierno del PP en culpar a ETA de la masacre? ¿qué papel juega, más allá de la búsqueda local del rédito electoral? Es algo que Cordura o algún otro teórico de ésta conspiración debería determinar.
Para terminar, tal y como anuncié, quiero enlazar algunos sites donde se proporciona información relativa a lo que estamos tratando para que cada uno pueda evaluar por su cuenta la calidad de los argumentos que los teóricos de la conspiración del 11-S vienen manteniendo.
http://www.voltairenet.org/mot37.html?lang=es
http://www.ciaramc.org
http://www.investigar11s.org
http://investigar11s.blogspot.com/
Mientras, quien suscribe queda a la espera de pruebas verdaderamente concluyentes.