domingo, 1 de diciembre de 2019

Reseña de cine: "Recuerdos perversos" (2007)

En algún lugar leí que el sub género de metraje encontrado aún tenía alguna pequeña joya que ofrecer, hablando en concreto de esta "The Poughkeepsie tapes". Si encuentro al autor le enviaré una carta con ántrax para que aprenda a no andar jodiendo por la red.

Se trata de un falso documental acerca de los atroces asesinatos de un psicho killer ficticio en el cual, al mejor modo de esos programas yanquis sobre resolución de crímenes que asoman por algún canal de nuestra TDT, diversos personajes como policías, forenses o psicólogos hablan ante la cámara narrando detalles sobre la también ficticia investigación. Lo que al principio puede tener algo de interés a mitad de película se ha convertido en un verdadero tostón, y ni siquiera salpicar con fragmentos de las cintas del título (tapes, en inglés) con el asesino en acción añade tensión o algo de malestar. Porque que este comistrajo exista requiere que el maromo vaya cámara en mano hasta para mear.

Para colmo, como el psicópata graba en VHS, es la excusa perfecta para que dichas grabaciones se ofrezcan con una calidad no de cinta VHS, sino de cinta VHS tras haberla grabado y regrabado algo así como un millón de veces, tras haber sido pisoteada por una manada de rinocerontes furiosos puestos de coca y, después, haberla arrojado a la Montaña de Fuego de Mordor. Por lo tanto, a lo amantes de lo truculento les compensa más verse un par de episodios de Peppa Pig que este aborto.

https://www.filmaffinity.com/es/film843476.html

Reseña de cine: "Gracias a Dios" (2019)

En un alarde de arrojo me atreví con otra película francesa, y en esta ocasión le tocó al siempre controvertido tema de la pederastia en el seno de la iglesia católica. La experiencia no ha sido mala, pero desde luego los primeros compases hacían augurar algo mucho peor de lo que luego fue.

Un ciudadano católico, practicante y con una prole de hijos decide que ha es hora de exigir responsabilidad a la iglesia por los abusos de que fue objeto durante su adolescencia a manos de un sacerdote. Este es el punto de partida, y más adelante se van incorporando personajes que han sufrido idéntica circunstancia, la cual ha ejercido diferente influencia en su vida.

Así, la primera hora es un poco extraña, ya que transcurre en una sucesión de intercambios epistolares que resulta demasiado fría, casi como si de un documental se tratase. Luego está ese modo de filmar del cine francés, con esos cambios de escenas sin transiciones, ese montaje brusco y gélido, pero que al menos en esta ocasión resulta ágil e incluso veloz, lo que hace evitar, menos mal, caer en lo tedioso. En su segunda mitad gana enteros cuando abandona ese tono de docudrama y se centra en la faceta más humana de los personajes. Y, es de agradecer, dejando de lado lo escabroso.

Se trata de una propuesta muy formal que, dentro de su carácter de denuncia, intenta no ser panfletaria ni abiertamente hostil hacia la iglesia. No se si es posible dejar a un lado las vísceras cuando del abuso infantil se trata, pero aquí han tratado de hacerlo y, bueno, creo que la acusación no pierde fuerza por ello. Quizá sea la enseñanza que podemos extraer de esta película.

https://www.filmaffinity.com/es/film183835.html

domingo, 24 de noviembre de 2019

Reseña de cine: The voices (2014)

Comedia negra que recibió críticas en su día por banalizar las enfermedades mentales. Ya saben, estamos en época de ofendiditos y siempre están reclamando carnaza.

Aquí tenemos a Ryan Reynolds convertido en un adorable psicópata que escucha las voces del título, y no es que sea malo, es que las voces le llevan a cometer actos malos. Sí, yo también pensé en Psicosis, pero ahí no había asomo de comedia. Aquí, en cambio, hasta las cabezas decapitadas hablan. Y sonríen. Pero no se engañen, ustedes reirán poco.

La cosa es que Reynolds no solo está como una chota, sino que encima es medio tonto, y la cosa entonces se agrava aún más. Alusiones al pasado tortuoso y niñez traumática no faltan, y si hubo un intento por hacer una leve denuncia del abandono que sufren los enfermos mentales, apenas se percibe. Tuvieron el detalle de esperar a que fuera el Joker quien sacara partido de esa tragedia. Vivan los USA y que siga el espectáculo.

Sacamos en claro que el bueno de Ryan es más que una figura de escaparate y sabe llevar a hombros una película sin que se le escurra entre los dedos.

https://www.filmaffinity.com/es/film881223.html


Reseña de cine: Ya no me siento a gusto en este mundo (2017)

Extravagante y hasta cierto punto alocada parábola sobre tomarse la justicia por la mano, pero en plan low cost. Una chica sufre un robo en su vivienda y no es capaz de encajar la respuesta institucional, de modo que se aventura a encontrar por su cuenta al responsable sin mucho pensar en las potenciales consecuencias.

El punto de partida es bueno, y pronto simpatizas con la angustia de la protagonista. Aunque parece que va a haber más comedia de la que luego hay, y eso decepciona. Pero lo peor son los bajones de ritmo, con pasajes bastante tediosos. Luego la empatía inicial hacia la protagonista se torna en ligera irritación porque la buena mujer parece medio lela, pero bueno, así le escribieron el papel.

Al final la cosa se desmadra, la comedia desaparece y queda la sensación que nos están dando un sermón extraño en el que ninguna moraleja nos deja contentos porque todos reciben un saco de hostias y no parece quedar esperanza para nadie.

https://www.filmaffinity.com/es/film808372.html

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Reseña del concierto de Leprous en la sala Shoko de Madrid, 15/11/2019


En una noche en que los horarios se cumplieron al milímetro y apenas hubo esperas más allá de lo razonable, los suecos Port Noir tomaron el escenario a las siete de la tarde y comenzaron su actuación. No los conocía así que me molesté en documentarme días antes y escuchar su música para saber a qué atenerme. Se trata de un trío que practica una suerte de rock alternativo noventero con toques electrónicos, y que gastan una indumentaria acorde a la circunstancia, con sudaderas, pantalón de chándal y gorras.

Qué quieren que les diga, de los noventa lo tengo todo escuchado y esta propuesta me resulta poco atractiva. Tal vez sean parte de la avanzadilla revivalista noventera que, antes o después, se nos vendrá encima, como ya ocurrió con los ochenta, pero en mi caso ni siquiera acompaña la nostalgia de la juventud. Muy al contrario, los noventa supusieron mi paso definitivo a la edad adulta, con lo que ni siquiera puedo agarrarme a ese componente nostálgico para apreciar la música de Port Noir. Se esforzaron, gozaron de buen sonido pero sus canciones son repetitivas y su media hora de actuación se me hizo larga. Ahí lo dejo.
Tan solo cuarto de hora después teníamos delante a los alemanes The Ocean, los cuales comenzaron envueltos en una nube de humo que hacía difícil localizarlos sobre el escenario. De hecho, al batería no llegué a vislumbrarle en ningún momento. Al parecer es algo habitual en las actuaciones de esta banda, que descargó su post-metal de manera atronadora y exhibiendo esa atmósfera opresiva tan característica del género.

No obstante, su sonido fue menos pulcro que el de sus antecesores, dándose la paradoja de que los gritos con que su vocalista despacha la mayoría de sus estrofas se escucharon a menor volumen. No soy entusiasta de esta manera de cantar y por eso, aunque conocía a la banda, nunca les he prestado demasiada atención. Pero hay que admitir que en directo son arrolladores y los amantes de la música densa y pesada no lo tienen difícil para disfrutar. Además hubo una conexión muy rápida entre músicos y público, que se tradujo en un par de stage diving por parte del frontman que se resolvieron sin incidentes. Sí, podría decirse que los germanos triunfaron y se metieron al público en el bolsillo en los tres cuartos de hora que estuvieron tocando.

Y media hora después, casi a las nueve en punto ya teníamos a los cabeza de cartel sobre el escenario. El último disco de Leprous, Pitfalls supone un muy notable bajón de revoluciones, con los temas lentos y los medios tiempos tomando las riendas, y era de suponer que ello iba a determinar el desarrollo de su actuación. Hay una regla no escrita por la que una banda de rock comienza un concierto con un tema enérgico con la que poner a tono a la audiencia nada más empezar. Leprous no lo hizo así y comenzó con Below, el lento aunque poderoso corte de apertura de Pitfalls. A fin de cuentas, también es frecuente iniciar con, precisamente, la primera canción del disco a presentar. En todo caso, fue una declaración de intenciones acerca de lo que nos esperaba esta noche, y el respetable demostró que estaba mentalizado para ello coreando el estribillo. Le siguió lo más Prince que han compuesto nunca, I Lose Hope, también de su última entrega. Vale, es lo que toca y aún quedaba mucho repertorio para desmelenarse. A continuación le tocó a Foe, el tema que abre su disco de 2013, Coal. El público agradeció escuchar algo más antiguo aunque tampoco es una pieza que se llame a un headbanging masivo. En la misma línea le siguió The Flood, del disco The Congregation (2015) donde el efecto djent de la guitarra de ocho cuerdas de Tor Oddmund Suhrke marca la pauta a lo largo de toda la interpretación. Pero no fue hasta From the flame, del Malina (2015) que no detecté al público completamente conectado a lo que los noruegos estaban ofreciendo. Fue la primera canción con un estribillo más reconocible y coreable, lo que siempre es agradecido por parte del respetable, deseoso de entregarse de esa forma a sus ídolos. Es cierto que la música de Leprous no es lo convencional que uno suele esperar en un concierto de rock. Su estilo, a caballo entre el progresivo y la vanguardia, no da pie a una sucesión de piezas que enardezcan a las masas con una continuidad feroz, pero creo que aunque uno conozca sus discos aún espera que en vivo hagan la concesión de un setlist que provoque la ebullición del público durante la mayor extensión de tiempo posible.

A continuación volvió la calma con una de los cortes más delicados de su última entrega, Observe the Train, en el que el vocalista Einar Solberg mostró su faceta más sensible ocupándose de la tarea vocal y los teclados. El cantante noruego demostró solvencia en todo momento y no rehuyó ninguno de los agudos que caracterizan sus interpretaciones, ni intentó que el público los cantase por él. Hoy por hoy, es uno de los vocalistas más destacados del rock y justo es reconocérselo. Volvió a demostrarlo en los agudos de la épica Alleviate, el tema que siguió y que, con una promoción adecuada, les podría colocar como una banda de mayorías, razón por la cual muchos fans rechazan el giro melódico que los nórdicos han dado en su última obra. Con At the Bottom cometieron el, a mi juicio, primer traspié de la noche ya que, con una segunda mitad que recuerda en exceso a los Muse del Black Holes and Revelations (2009) no es ni de lejos de las mejores canciones de Pitfalls. Sobraba en un concierto trufado de medios tiempos y baladas, y más cuando los noruegos tienen suficiente discografía para hacer mejores elecciones. The Cloak fue bien recibida pese a ser otra canción lenta, pero era volver hacia atrás en el tiempo y la hinchada estaba hambrienta de canciones antiguas. Luego con The Price se dio pie al headbanging general gracias al ritmo esquemático de riffs de guitarra y bajo machacón que está vinculado estrechamente al sonido del combo escandinavo.

El comienzo potente de Stuck continuó dando material para que la gente siguiera meneando el cuerpo, especialmente en su tramo final. Hay que hacer mención especial al sexto miembro del grupo durante la noche, el cellista Raphael Weinroth-Browne, que intervino en casi todas las canciones y que dio un sabor sinfónico y una profundidad a la música de la banda muy de agradecer. Incluso se marcó un solo de cello durante la pausa previa a los bises que fue muy aplaudido. Todo un acierto contar con su presencia.

Para terminar eligieron Distant Bells, otro tema lento y largo que también fue lanzado como adelanto en Youtube. Hasta que no rompe en su tramo final a mí me parece algo anodino, y además culmina con unos coros un tanto sonrojantes, propios de los peores Coldplay. Había que tocarlo y se tocó, vale, pero lo de los bises (o mejor dicho, el bis) fue peor. Para después de la pausa escogieron el otro tema extenso de Pitfalls llamado The Sky is Red, que cuenta con un interesante trabajo de guitarra pero que tampoco se encuadra entre sus mejores composiciones, y se hace larga, demasiado larga. A mi entender, terminar así fue otra equivocación. Completaron hora y media casi de reloj y el público pienso que salió satisfecho, pero con cierta impresión de que pudo haber sido mejor con otra selección de canciones. Rewind, Slave, Mirage o The Valley, por no irnos muy atrás en el tiempo, hubieran reventado la sala y enloquecido al auditorio. Pero así se quedó la cosa. Sonaron muy profesionales en todo momento, y a las menciones personales ya hechas añadiría la del batería Baard Kolstad, todo un animal de escenario.
El futuro se les abre a estos noruegos, pese a ser ya una agrupación veterana. Su aperturismo puede ser una vía de entrada a las grandes ligas o puede convertirse en su certificado de defunción. Con ya solo dos integrantes fundadores, Leprous corre el riesgo de convertirse en mero un vehículo para el lucimiento de su líder. Su próximo disco será la verdadera piedra de toque para augurar por donde irá el devenir de la banda en los próximos años.

Reseña de cine: "Spring" (2014)

Un curioso experimento que combina el romance de "Antes del amanecer" con la frikada sobrenatural de "El beso de la pantera" o incluso "Species". Un joven americano más solo que la una emprende viaje a Italia y allí conoce a la que define como "la mujer de su vida", también sola en el mundo. Pero la chica tiene más secretos que un illuminati, y bastante viscosos y pesadillescos.

Como comprenderán, esta mixtura suena un poco forzada y hace falta una buena cantidad de habilidad y talento para que la función no resulte ridícula. La cosa no llega hasta ese extremo pero tampoco podemos decir que no haya momentos what the fuck! La explicación a la naturaleza de la moza, que se desvela a mitad de metraje, es retorcida y confusa, queriendo además darle una pátina científica para que no huela de más, pero a duras la pareja de directores lo consiguen.

Además tiene una duración excesiva, lo que hace que el romance termine siendo pelín cargante e inverosímil. Ya lo tengo: le falta humor. Porque encima se toma en serio a sí misma.

https://www.filmaffinity.com/es/film278619.html

martes, 19 de noviembre de 2019

Reseña de cine: "Howl" (2015)

Dentro del género de monstruos siempre he tenido debilidad por los licántropos, quizá porque nunca han recibido la misma atención que vampiros y zombis, o porque cuando se les ha puesto el foco ha sido para producir engendros infumables. Salvo honrosas excepciones ochenteras (sí, en esa maravilla de John Landis estoy pensando), parecen como los hermanos pobres del repertorio de monstruos cinematográficos.

Esta "Howl" se encuadra claramente en esa categoría. Rodada con media nómina de mileurista, está poblada por personajes odiosos que rivalizan a ver quien es el primero que deseamos ver descuartizado. Los monstruos, pues a ver, he dicho licántropos pero también podrían pasar por vampiros desharrapados con pinta de hombres de las cavernas con sarna y dentadura hipertrofiada. Es tal el poco respeto que se le tiene al mito del hombre lobo que ni para un abrigo de piel falsa se invirtió presupuesto. Le sumamos una demoledora carencia de ritmo y ya tenemos montado un colosal despropósito.

En fin, que los maltratados licántropos tendrán que seguir esperando largo tiempo a que el cine les haga la justicia que merecen.

https://www.filmaffinity.com/es/film221766.html

lunes, 18 de noviembre de 2019

Reseña de cine: "Elle" (2016)

Una película con Paul Verhoeven como director e Isabelle Huppert como protagonista absoluta ya te da indicios de que la cosa va a ser retorcida. El director de "Instinto básico" y la intérprete de "La pianista", ahí es nada. ¿Qué podría salir mal?

Una ejecutiva de una empresa de software es victima de una agresión sexual en su propia casa, tras lo cual, gélida ella, decide seguir haciendo vida más o menos normal. Luego descubrimos que es hija de un asesino en serie encarcelado varias décadas atrás, de lo que se deducen traumas que nunca se explicitan.

En fin, para no entrar en espoilers solo añadiré que la sucesión de anormalidades parecen responder exclusivamente al afán provocador del guionista, el cual se basa en una novela desconocida para mí. Yo he trabajado en el comercio y se por propia experiencia que hay gente muy rara por el mundo, pero también que no son mayoría. Lo que aquí se nos describe es un microcosmos de singularidad en el que la extravagancia es la norma, y con el que me cuesta mucho identificarme. Será que mi vida es tan insustancial y pueril que no soy capaz de apreciar esta expresión artística. Quizá sea hora de buscarme un buen psicópata que le de salsa a mi fútil y vacua existencia.

https://www.filmaffinity.com/es/film765960.html

domingo, 17 de noviembre de 2019

Reseña de cine: The Tale (2018)

No es frecuente que el cine nos hable del tema de los abusos infantiles de la manera en que lo hace esta producción de HBO. En "The Tale" la protagonista conserva un recuerdo romántico del que fue su primer contacto con el sexo, a la edad de trece años. Pero unas cartas y la intervención de su madre harán que lo que oculta su subconsciente salga a la luz y entienda la verdadera naturaleza de esa primera relación.

En cuanto a la narración en sí le cuesta un poco arrancar y tenemos un tramo inicial en que no sabemos muy bien qué tiene de interesante. Pero hacia la mitad del metraje ya la cosa se ha encarrilado, y habrá quien se sienta incómodo por la forma de abordar el meollo del asunto. Los abusos sexuales a niños parece que solo pueden enfocarse de una sola manera, y salirse de esta norma es el mayor acierto de esta producción televisiva. La directora y guionista es, además, la propia protagonista, interpretada por Laura Dern, por lo que esta película parece una manera de exorcizar sus demonios interiores.

Quizá le falte algo de intensidad, y diríamos que es poco creíble si no fuera porque todo sale de la propia protagonista de los hechos. Y lo que denuncia no es tanto una historia sobre la depredación sexual de adultos sobre menores como sobre la dejación parental de funciones. Lo que ignoro es si la propia autora lo sabe.

https://www.filmaffinity.com/es/film966553.html

miércoles, 10 de mayo de 2017

Reseña: con "The Optimist" Anathema aún muestran músculo creativo y poder para emocionar

Desde que publicaran su anterior disco en 2014, "Distant Satellites", tenía cierto temor al siguiente paso que Anathema fueran a dar. Entonces parecieron emprender una nueva dirección que podía ir acercándoles a terrenos más experimentales y abandonar el sólido trayecto que hasta ese momento llevaban recorrido. No era una impresión que invadiera todo el disco, se plasmaba en dos o tres cortes, es cierto. Pero al mismo tiempo se respiraba cierta sensación de agotamiento creativo del que ya hablé en su momento. No es algo extraño en bandas veteranas con una larga trayectoria pero resulta desolador cuando le ocurre a uno de tus ojitos derechos. Pero es ahí es cuando les dar por emprender nuevos caminos.

No obstante, respiré aliviado cuando escuché el adelanto de "The Optimist" en Youtube. "Springfield" es una canción que, en cierta manera, también supone cierto viraje en el rumbo de Anathema, y en una dirección que no me desagrada, y es la del post-rock.

No es que me sorprenda, habida cuenta de la evolución que el sexteto de Liverpool ha venido sufriendo con el paso de los años. La cuestión es que les pega, es coherente con su progresión con la salvedad del riesgo que supone verse sumergidos en la inmensa maraña de formaciones post-rockeras existente hoy día. Por suerte, los rasgos de identidad de la banda persisten y no ha sido una adhesión gratuita ni antinatural. "The Optimist" va más allá.

La prensa especializada insiste en encuadrar a Anathema dentro de la categoría de rock progresivo (serán uno de los cabeza de cartel en el próximo BeProg! junto a clásicos del género como Jethro Tull o Marillion) pero solo una visión estrecha se contentaría con semejante simplificación. En un escueto comentario de este blog escribí "The Optimist: dream-pop meets post-rock". Es decir, el dream-pop se encuentra con el post-rock. Los detractores de las etiquetas me odiarán pero a mí me parecen herramientas útiles para definir y clasificar sonidos. Lo nuevo de Anathema sería como combinar a Cocteau Twins o Slowdive con Mogwai o Caspian, añadiéndole la energía que los primeros ya traen consigo de serie.

La electrónica también tiene cabida en este trabajo, pero no es más que un apoyo puntual sin peso real en las canciones, algo que, por mi parte, solo puedo agradecer. No quiero a otros Radiohead tratando de inducirme al coma.

Dejemos a un lado el corte que actúa de introducción, "32.63N 117.14W", más que para decir que no son otra cosa que las coordenadas de la playa donde se sitúa la portada de "A Fine Day To Exit", su disco de 2001, y del que "The Optimist" es continuador conceptual. Realmente empieza con los punteos habituales de guitarra marca de la casa en un corte veloz llamado "Leaving it behind", imitando el modo de comenzar de sus dos discos predecesores. Es un tema que se tira sus cuatro minutos y pico al borde de una explosión que nunca se produce. El típico crescendo a que nos han acostumbrado no se soluciona con un clímax y la canción finaliza súbitamente con la sensación de algo inacabado. Vale, puede que ese efecto sorpresa sea buscado y crea la suficiente expectación, aunque como tema aislado no despierta tanto interés. Por cierto, ¿es Vincent, frontman habitual, o su hermano Danny Cavannagh quien canta? No me atrevo a afirmarlo.

Le sigue, al igual que en sus dos obras predecesoras, un tema en principio lento, "Endless Ways", con la siempre deliciosa voz de Lee Douglas guiándonos. Pero a mitad de canción la banda aprieta el acelerador de la épica, y guitarras y orquestaciones se apoderan de la instrumentación, llevándose el temor de una reedición de "The Lost Song, Part II". No parecen haber intentado de nuevo un autoplagio, al menos quiero pensar que no lo han hecho y me limito a deleitarme de lo que es un corte muy disfrutable.

A continuación, el tema que da título al disco, y que se divide en dos partes. La primera dominada por ese melancólico piano al que tanto recurren y la segunda por una guitarra, de nuevo épica, repitiendo fraseo mientras los violines de fondo recargan el ambiente y le añaden dramatismo. Luego viene uno de sus cortes más experimentales, el instrumental "San Francisco", exclusivamente compuesto sobre acordes de piano y bases programadas que no me parece en absoluto un relleno. Me gusta porque añade atmósfera y cierto carácter espacial que también habla de las directrices musicales con que han afrontado esta nueva etapa.

Después viene el valor seguro que ya he mencionado, "Springfield", lánguida composición en donde la intervención de Lee Douglas se limita a cuatro estrofas, pero es que no hace falta más. Brillante crescendo, genial clímax y poderosa instrumentación en, quizá, el corte más redondo de todo el disco. Muchas bandas de post-rock contemporáneo firmarían una canción así en cualquiera de sus discos.

Y como desde que esta vocalista adquirió protagonismo en el combo inglés siempre hay un tema en que se le permite un lucimiento especial, "Ghosts" es el elegido en esta ocasión. Los preciosos arreglos de cuerda y el piano mortecino son el acompañamiento perfecto para esta pieza sublime del mejor dream-pop, onírico y ensoñador, poético y arrebatador. Qué lejos de aquel doom-metal de sus comienzos, pero qué habilidad la del grupo para atesorar calidad en aquello que hacen, por alejado que esté de lo que les dio un nombre en el panorama musical británico.

"Can Let go" es otra pieza de ritmo rápido que en principio recuerda a "Get Off, Get Out", quizá la peor canción de su disco de 2010 "We're Here Because We're here". Pero a mitad de tema la guitarra de Daniel Cavannagh sale al rescate y logra sacarla de la mediocridad a la que parecía destinada mientras que su hermano Vincent hace lo que puede con un estribillo algo simplón. Si algo es este tema se lo debemos a Daniel, sin duda.

Con "Close Your Eyes" entramos en un terreno rayano con el jazz. Piano, batería con escobillas y arreglo de trompeta se unen a la voz de Lee en una melodía mustia y casi decadente. Una nueva puerta abierta, en definitiva, a la experimentación. La cual continúa en "Wildfires", donde la voz de Vincent es tratada con efectos de eco lo que la asemeja a un canto de iglesia, mientras suenan arreglos electrónicos de fondo. Luego entran las que quizá son las guitarras más duras de todo el álbum para recordarnos que Anathema siguen siendo una banda de rock, algo que llegados a este punto muchos ya estarían dudando.

El broche final es "Back To The Start", la cual empieza recordando un poco a "Internal Landscapes", del "Wheather Systems" (2012). Me llaman la atención unos fraseos que evocan a los acuñados por el difunto Peter Steele al frente de los extintos Type O Negative, pero aún me sorprende más el clímax final que, llámenme loco, me trae a la cabeza el del "Hey Jude" de los Beatles combinado con los violines noventeros de The Verve. Sabido es que los primeros se cuentan entre una de sus influencias (aparte de compartir ciudad de origen) pero nunca antes la había apreciado de forma tan explícita.

Para terminar solo quedaría la conclusión de este que suscribe. "The Optimist" me gusta más que "Distant Satellites", salva ese (pequeño) traspié y nos sigue mostrando a unos Anathema que aciertan en la composición y no se quedan quietos en la parcela creativa. Los puntos altos son muy altos y los inferiores no son tan bajos como en su disco predecesor. Tras varias escuchas, algo imprescindible para asimilar cualquier obra de esta banda, me quedo tranquilo con el presente de los de Liverpool. El futuro ya se verá, pero el presente se mantiene sólido y firme, inquieto y ambicioso. Y eso es síntoma de buena salud en una banda de rock.