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lunes, 18 de mayo de 2015

El @PSOE vende sus principios a la caza del voto musulmán

El candidato por el PSOE a la alcaldía de Madrid Antonio Miguel Carmona, un tipo cuyo mayor logro es haberse hecho conocido como tertuliano televisivo, ha lanzado la caña de pescar votos en mitad de la comunidad musulmana. Le ha prometido espacios donde ejercer su musulmanidad sin problemas, eso sí, con cargo a las arcas públicas madrileñas, compartan o no su fe los habitantes de la ciudad. En otras palabras, le ofrece empezar a equiparar sus privilegios con los que lleva disfrutando la Iglesia Católica durante décadas, por si aún tuviéramos dudas acerca del compromiso laicista de su partido.

No es raro ver a los socialistas vender esta imagen progre buenrollista de alianza de civilizaciones. Rodríguez Zapatero hizo de esto todo un eje de gobierno mientras tuvimos la desgracia de padecerlo. Es lo que tiene querer contentar a todos y no disponer de unas líneas de actuación claras ni de un proyecto de sociedad consolidado. Mientras Pdro Snchz afirma querer derogar el concordato con el Vaticano, buscando gustar a los sectores sociales más laicos, su candidato para la capital ofrece el bolsillo de todos los madrileños para que los hinchas del Islam puedan hacer sus celebraciones con total alegría. Que aquí hay dinero para todos.

Esto es algo a lo que ya me referí en este post de octubre de 2007, aunque entonces me centré en el ámbito educativo. Si el rosario de privilegios de que goza el catolicismo en España no se ve drásticamente suspendido llegará el día en que otras confesiones reclamen un trato similar. ¿O acaso la Constitución no dice que la discriminación por razón de religión es ilegal? En el caso que nos ocupa, es un político cantamañanas el que, desesperado por captar votos, abre la puerta a la comunidad musulmana para que ejerza ese derecho. 

Sí, la cursiva es intencionada. No hay derechos que valgan cuando de algo tan subjetivo como la fe se trata, por extendida que esté. Los sistemas de creencias personales pertenecen al ámbito privado y ahí se han de quedar. El único derecho en este asunto es el de cada uno a elegir su propio sistema de creencias. Punto. El estado ha de ser neutral y mantenerse al margen de cualquier institución religiosa y no financiar supersticiones.

Así que, señor Carmona, no puedo impedir que continúe haciendo el monger, algo para lo que demuestra estar ampliamente dotado, pero al menos entérese de lo que es el laicismo. Y de paso, cuando se reúna con representantes musulmanes, ya que parece tan dispuesto a asentar el Islam en España, felicite a sus mujeres por el hondo compromiso que tienen con su fe al ir cubiertas hasta las cejas mientras sus maridos visten libremente al estilo occidental. Todo muy progre.

martes, 12 de mayo de 2015

Europa Laica pide no matricular a los niños en religión


Comunicado de Europa Laica.

CAMPAÑA "NO Matricules a tu hijo o hija en religión" Curso 2015-16.

Durante estas fechas está el primer periodo de matriculaciones para el próximo curso escolar 2015-2016, con lo que se dispone de la posibilidad de apuntar a los escolares en Religión, o hacerlo en Valores Sociales y Cívicos (en Primaria) o Valores Éticos (en Secundaria). La Campaña se volverá a lanzar en septiembre.

EUROPA LAICA, un año más, sugiere a las familias que los escolares NO SEAN MATRICULADOS en Religión, por suponer una falta de respeto a la libertad de conciencia de niños, niñas y adolescentes, ya que se impone un dogma religioso acerca del que, en todo caso, ellos en su momento podrán tomar libre decisión.

EUROPA LAICA mantiene esta Campaña específica y de forma autónoma, en paralelo a la Campaña unitaria "POR UNA ESCUELA PUBLICA Y LAICA - RELIGIÓN FUERA DE LA ESCUELA".

Este año hemos actualizado el cartel. También el texto de la nota a difundir, ya que el próximo curso se extiende la materia alternativa a la Religión prácticamente a todas las etapas. Y aunque es de sobra conocido que EUROPA LAICA no desea una alternativa, lo sugerimos a las familias como mal menor y porque es obligatorio. También el Tribunal Constitucional, en su día, lo cuestionó, como indicamos en la nota explicativa.

Enlace con toda la documentación, junto con el cartel.

martes, 5 de mayo de 2015

Las reglas son para respetarlas, también en el catolicismo

[Foto: comuniones.com]
Hay cosas que no dejan de sorprenderme pese a que ya lo hemos visto todo en lo relativo a la religión y a sus costumbres. Resulta que una señora se queja de que le hayan prohibido tomar la comunión el día en que su retoño entraba oficialmente en la Iglesia a través del rito conocido como, precisamente, "primera comunión". El motivo es que la buena señora es divorciada, y en una circular de la parroquia se comunicaba que, entre otras cosas, no era posible dar la comunión a divorciados por su situación "irregular" ante los ojos de la Santa Madre Iglesia.

Pueden leer la circular aquí.

El caso es que esta señora, presa de una sutil indignación, pergeñó un escrito en el que denuncia, no sin cierta ironía, el impedimento de cumplir con el susodicho rito católico debido a lo irregular de su situación marital, sin que ello sea obstáculo para que su dinero sea tan bueno como el que más cuando de engordar el cepillo parroquial se trata.

Aquí tienen la respuesta.

Y aquí es donde me invade el desconcierto. Es de suponer que esta mujer se sienta dentro de la Iglesia y en su círculo de influencia, de ahí que su hijo vaya a hacer la primera comunión. Si esto es así entonces no debería escapársele que todo club privado, al igual que cualquier secta que se precie, se rige por una reglas de obligado cumplimiento. ¿Que los divorciados están mal vistos? Pues oiga, no tiene que gustarle, igual que si le prohíben la entrada a la discoteca con calcetines blancos. Puede parecer estúpido pero las reglas están para cumplirlas. Es su club y se lo follan como quieren, y si no le agrada ya sabe donde está la puerta.

Pero esta señora pretendía seguir con su normal vida católica tras haber quebrantado un principio básico en el catolicismo: los matrimonios solo los separa la muerte. Considerarse miembro de una secta para, cuando conviene, contravenir sus reglas no es muy serio, admitámoslo. Lo más normal es que si ya no comulgas con preceptos básicos de la comunidad cerrada a la que perteneces la abandones. Muy al contrario, la ofendida y divorciada mamá pretendía llevar a su hijo por la misma senda que ella había traicionado, haciéndose la longuis sin esperar consecuencias.

Para culminar el despropósito, esta prenda se las ha apañado para que su caso aterrice en las siempre permeables redes sociales, comenzando a alcanzar cierta repercusión. E incluso que sea presentada como una especie de luchadora por la libertad de conciencia en grupos ateos. ¡Pero si estaba dispuesta -en su carta no consta que cambiara de parecer- a que su hijo, un menor aún sin criterio sobre estas cosas, entrara de cabeza en la misma Iglesia que la rechaza a ella por su condición de divorciada!

¿Qué podemos extraer de esta historia? Básicamente, que muchos de quienes hoy por hoy se definen católicos lo son por puro arrastre, por presión social o por simple hábito. Que esta mujer muestre sorpresa ante el instinto de rapiña católico habla mucho del poco conocimiento que tiene de esta secta. Y que no hay catolicismo light, lo que hay es lo que hay, y lo tomas o lo dejas. Sorprenderse de que se te apliquen las reglas del club al que voluntariamente decides adherirte no debería ser, en modo alguno, motivo de protesta ni indignación. Esta señora y su historia me no levantan ni un átomo de empatía, ambos me resultan absolutamente indiferentes salvo para la redacción de este post. Como ateo no me merece ningún reconocimiento y como ente intelectual tampoco encuentro en su proceder nada defendible.

Es más, esta muestra de desprecio, que no es otra cosa, de la Iglesia Católica por boca de su párroco le está bien empleada por varias cosas: 1) por considerar tan importante una insípida oblea de harina de trigo; 2) por dirigir a un menor influenciable y sin capacidad de discernir por un camino que quizá no es el suyo; 3) por carecer de la sensatez y el pundonor necesarios para abandonar un lugar en el que te declaran persona non grata; y 4) por pretender ganarse las simpatías ajenas publicitando su desatino como si de un ejercicio de dignidad se tratase.

lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Exenciones legales para las religiones?

La comunidad sij del pueblo catalán de Olot quiere que a sus miembros se les permita circular en moto sin casco, algo que obliga la normativa nacional de seguridad vial. Argumentan que para esta religión proveniente de India el turbante que cubre la cabeza de sus fieles es un símbolo sagrado que no se puede tocar, ni siquiera para proteger la cabeza con un casco.

Me asaltan sentimientos encontrados con esta noticia: por un lado pienso que, a fin de cuentas, si uno de estos sijs se parte el cráneo en un accidente es su problema, y cada uno con su seguridad personal hace lo que cree oportuno. Difícilmente un sij con la cabeza partida será algo que perjudique a un tercero en un hipotético accidente.

Por otro lado me pregunto acerca de cual es el derecho que asiste a una comunidad religiosa, la que sea, para solicitar una dispensa en el cumplimiento de una ley que es igual para todos. En un país serio las leyes no deberían modificarse a la carta, y menos a causa de un particularismo tan personal como es el religioso.

Pero, ah, estamos en España, un país que mantiene activas relaciones con en Vaticano pero que al mismo tiempo presume de aconfesional en su Constitución. Semejante esperpento da pie a que cualquier confesión religiosa pueda quedar eximida de cumplir con este o aquel precepto legal porque, acabáramos, sería ilegal la discriminación por motivo religioso.

De tal modo ¿como podríamos justificar la exención que disfruta la Iglésia Católica del pago del IBI y negar lo que pide la comunidad sij de Olot? ¿Unos sí y otros no? Estaríamos hablando de un acto inconstitucional. Si los sijs, los musulmanes o los judíos no tienen concordato como el firmado con el Vaticano estarían en su pleno derecho de exigirlo, o al menos uno equivalente, dado que no tienen un estado que dicte sus normas, porque no se les puede discriminar. A esto nos lleva vivir en un estado definido como aconfesional pero que en la práctica no lo es.

Será gracioso conocer como se las arreglan desde el Gobierno para solventar la papeleta. A fin de cuentas también puede entenderse la polémica como una cuestión de derechos individuales, y el PP siempre que puede presume de partido liberal. Aunque ya sabemos qué tipo de libertad es la que realmente defienden.

Por mi parte, y dado que soy consciente de la situación de derrumbe que vive nuestra democracia, y que ya he perdido toda esperanza de ponernos a ras del resto de Europa Occidental, por mí digo, que a estos sujetos se les permita ir como les venga en gana. No seré yo quien muestre más consideración por su integridad física que los propios interesados.

Ahora bien, si viviéramos en un país serio, donde el laicismo, esto es, la neutralidad ideológica, fuera la piedra angular del funcionamiento de nuestras instituciones, esta sería una cuestión sobre la que no cabría debate alguno. En casa de cada uno lo que cada uno quiera, pero allá donde competa la legislación pública ni un paso atrás frente a la superstición ni al particularismo.

lunes, 20 de mayo de 2013

10 razones para no matricular a tu hijo/a en religión

Hago mías las razones aducidas desde Europa Laica para que su hijo o hija no curse religión en la escuela pública.

1. Provoca la segregación del alumnado en función de la ideología de sus padres.

2. Los programas de esta asignatura son elaborados por las autoridades religiosas. Algunos de sus contenidos y valores van en contra de los derechos de las mujeres y de la libertad sexual.

3. Resta horas a otras asignaturas.

4. Pagamos con el dinero de toda la ciudadanía el adoctrinamiento de algunos.

5. Los profesores y profesoras de religión son seleccionados en base a su fe, directamente por el obispado y pagados con dinero público.

6. Algunos contenidos y valores religiosos se enfrentan abiertamente con la razón y la ciencia.

7. La educación en igualdad de niños y niñas no es compatible con valores religiosos que proclaman la subordinación de las mujeres como elemento esencial en la configuración de la sociedad.

8. La educación en la diversidad no es compatible con un sistema que prioriza a una religión y la introduce en sus contenidos escolares.

9. Los valores religiosos pueden ir en contra del pensamiento crítico y la autonomía personal.

10. Las distintas religiones deben usar sus recintos propios para el adoctrinamiento y no la escuela que debe educar el valores universales y posibilitar el acceso a los conocimientos científicos.

Y añado: 

11. La religión obligatoria en la escuela viola el artículo 16.2 de la Constitución al forzar un posicionamiento religioso al que nadie está constitucionalmente obligado.

12. El Estado tiene la obligación de ser neutral y no fomentar en ámbitos públicos la enseñanza doctrinal de ninguna ideología.

martes, 10 de enero de 2012

Formalizada mi solicitud de apostasía

Hoy ha sido el día en que he hecho efectiva mi solicitud de apostasía de la Iglesia Católica. Entre pitos y flautas me he puesto en enero de 2012 cuando inicié los trámites allá por noviembre del pasado año, pero como tampoco era algo urgente lo he ido relegando en mi orden de prioridades. Finalmente hoy he enviado por correo certificado y con acuse de recibo mi escrito solicitando ser excluido de la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR).

Había leído en distintos sitios la dificultad de muchas personas para ver satisfecho el deseo de salirse de la secta. En mi caso no he tenido el menor problema con los trámites hasta hoy efectuados. Por ahí se cuentan las trabas que te ponen para obtener la partida de bautismo; hablan de interrogatorios, de preguntas indiscretas y de malos gestos cuando revelas el motivo que te lleva a pedirla. Yo lo recogí a la semana de solicitarlo y no tuve que responder sobre ninguna cuestión. El cura de mi parroquia se mostró muy cordial y no mostró interés alguno en conocer mis razones. Siete días después tenía mi partida de bautismo en el bolsillo.

Escritos declarando la voluntad de abandonar el seno de la ICAR hay muchos por la red y no son difíciles de encontrar. Yo elegí uno que me pareció completo y actualizado al que solo tenía que añadirle mis datos, los de la parroquia donde me bautizaron y los de la diócesis de mi ciudad, dato que también es fácil de conseguir en Internet.

Finalmente solo me quedaba añadir una fotocopia del DNI, la cual es mejor que esté compulsada en la comisaría más cercana, algo que te hacen en el momento de pedirla. Una vez con todo, y para tener la seguridad de que llega a su destino, se mete en un sobre y se envía certificado con acuse de recibo. Hay quien sugiere escribir en el sobre "Apostasía", será para ir mentalizando a quien abra la carta. Yo no lo hice, me basta con tener la certeza de que es recibida. Una vez exista constancia documental de su recepción no pueden desatender la petición. Al menos no de cualquier manera, pero pensemos en positivo y en que no tiene por qué haber mayores dificultades. Tengo como un mes para esperar contestación.

Se que este acto no entraña ninguna consecuencia práctica. La ley no obliga a borrar mi nombre del libro bautismal; a lo sumo, añadir una nota al pie aclarando mi voluntad de no ser incluido allí donde nunca pedí entrar. Aunque esto no es algo de lo que exista obligación gracias a una sentencia del Tribunal Supremo que niega la calificación de registro o "conjunto organizado" de ficheros a los libros bautismales, por lo que no están sujetos a la ley de protección de datos. Lo se y lo asumo. La satisfacción que obtendré cuando lo consiga es puramente moral y absolutamente personal. No espero que ningún católico lo entienda, ni nadie a quien este acto le pueda parecer trivial o gratuito.

Creo que es una buena manera de empezar el año. Las mayores construcciones siempre comienzan poniendo una sola piedra.

jueves, 25 de agosto de 2011

Los laicos tienen todo el derecho a salir a la calle

Un día del presente mes de agosto un nutrido grupo de ciudadanos laicos y ateos salieron a la calle para expresar su rechazo al trato de favor que el falso estado aconfesional español dispensaba a la Iglesia Católica (IC) con motivo de la vista de su máximo mandatario y de miles de sus seguidores. A propósito de tal evento nuevamente he podido leer críticas desde sectores que, si bien apoyaban la idea y el sustrato iniciales, han acabado señalando con el dedo la marcha laica por mostrar desde su seno unas maneras que poco margen dejaban a la corrección política.

Al parecer, la denuncia de un hecho cierto, como es la rendición institucional española ante la IC, quiera llamarse ésto como cada cual prefiera, es incompatible con ponerla de manifiesto en la calle ni empleando los mecanismos que esas mismas instituciones ponen a disposición de los ciudadanos. Puedes estar en contra, pero cuídate de hacer pública expresión de ello. ¿Como se puede protestar por algo si las vías para que la protesta tenga eco están tácitamente vetadas? ¿Acaso toda demanda popular no tiene como fin ser escuchada? Y si no salen a la calle a expresar su descontento ¿cómo lo hacen? ¿Una protesta virtual en Facebook? ¿Un vídeo subido a Youtube? ¿Por sms quizá? ¿A voces desde las ventanas, sin molestar a los viandantes?

Visibilizar la denuncia y la protesta es importante para obtener repercusión. Del silencio general y el asentimiento implícito, de la mansedumbre imperante ante la connivencia estatal se alimenta toda la maquinaria vaticanista. Sí, una protesta de esta naturaleza tiene algo de pose desafiante, pero no por ello pierde legitimidad ni ve adelgazados los fundamentos sobre los que se asienta. Hay que recordar que la marcha laica estaba permitida por la delegación del gobierno, con un recorrido previamente establecido y que los "peregrinos" fueron los convocados en la Puerta del Sol, vía redes sociales, para encontrarse a propósico con los laicos. Un conato de contramanifestación en toda regla. Si hubo quien meó fuera del tiesto es algo que pasa en toda concentración reivindicativa, no se puede controlar a todo aquel que decida integrarse en ella.

Es muy sintomático que se hable de las agresiones laicas cuando en único detenido por terrorismo ha sido un voluntario de la JMJ que pretendía gasear a los participantes en la manifestación de aquellos. Debe ser que eso es lo que entienden por respuesta proporcionada. También conviene recordar que hay policías expedientados por emplear violencia desmedida contra manifestantes que en modo alguno se hicieron acreedores de ella.

Sobre los provocadores de la marcha laica, ¿de cuántas personas hablamos como para hacer su actitud representativa de todo el acto? Mientras, el entramado vaticanista, ese que exige respeto y sumisión generalizados, recurre a la mentira y la manipulación histórica con el fin de engañar a jóvenes y llevarles por la vía del fundamentalismo. ¿Esa es su forma de pedir respeto y de mostrarlo por el país que les acoge? ¿Qué podemos esperar de la institución que por sistema ha sido condescendiente, cuando no connivente, con las tiranías?

Lo perverso de la religión, o más concretamente de la fe acrítica y sumisa, entre otros aspectos, es que te obliga a autolimitarte porque quienes la practican han establecido unos límites no solo para ellos, sino también para todos los demás, por mucho que nada quieran tener que ver con su credo. Es lo que tiene partir de posiciones maximalistas del tipo "Jesús es la verdad" y similares. Negarse a este tipo de condicionamientos es una expresión de la libertad que la religión institucional durante siglos ha querido cercenar, y todavía hoy se intenta combatir. La marcha laica era un acto implícito por la libertad de conciencia, por la libertad con mayúsculas, y la autocensura es incompatible con esa libertad.

martes, 2 de agosto de 2011

El multiculturalismo no funciona si se entromete la religión

El multiculturalismo a priori parecía una buena idea, pero no ha terminado siendo esa panacea que, a pesar de los esfuerzos, las buenas intenciones de sus valedores anunciaban. En primera instancia, para intentar echar un capote a ese mestizaje cultural que parecía traer toda clase de parabienes, se me ocurrió pensar en la emigración española durante el franquismo, tanto la que huyó a Europa como la que eligió Sudamérica, pero no podemos establecer grandes comparaciones. Las similitudes culturales e idiomáticas eran evidentes en el caso de Argentina o Chile, mientras que los emigrados a Suiza o Alemania, o acababan volviendo o eran completamente asimilados por la cultura autóctona. Muchos españoles hemos sabido de parientes u oído hablar de conocidos que hicieron las Europas y nunca retornaron; del "tío de Alemania" que ya no vuelve a su pueblo más que de veraneo. Esto no ocurre con la inmigración musulmana, porque ahí existe una barrera difícilmente franqueable: la religión.
El español que, en el contexto citado, emigraba a Alemania podía comprobar, nada más bajar del tren o del avión, las diferencias existentes entre lo que dejaba atrás y lo que se desplegaba a su alrededor; la brecha existente entre un país inmerso en el subdesarrollo y los avances de un mundo moderno hasta ese momento desconocido. Podía hacer una valoración justa y ponderada de lo que hasta ese instante había sido su entorno una vez abría los ojos al mundo exterior. Los había que, presos de sus lazos culturales, anhelaban el regreso, mientras que otros se dejaban seducir y quedaban inmersos en la idiosincrasia local. Lo que no hacía ninguno, al menos que yo sepa, era intentar reproducir en su rincón de acogida las condiciones que habían convertido a su país de origen en un lugar del que salir escopetado.

En Europa no existe la percepción de que la inmigración musulmana esté atravesando alguno de los estadios descritos en los dos anteriores párrafos. Muy al contrario, cuando se produce una concentración importante de inmigrantes a los que une una característica común, que en este caso es la religión, el Islam, comienza a extenderse un propósito: hacerse escuchar, conseguir el reconocimiento de una serie de derechos, como colectivo con unas necesidades muy particulares, y que las autoridades lleguen incluso a legislar de acuerdo a su "hecho diferencial". El problema es que, dentro de ese conjunto de reclamaciones, que muchas pueden ser justas y defendibles, entran las relativas al respeto a sus creencias, y a los hábitos derivados  de ellas.

Antes de continuar hay que admitir una cosa: es normal que en una situación donde eres una anomalía te reúnas con los que son más semejantes a tí en busca del calor y la cercanía que no encuentras cuando aterrizas a un entorno nuevo, extraño y a veces hostil. Es algo que ocurría también con los emigrantes españoles. La problemática surge cuando se importan unas costumbres que no es que sean chocantes con respecto a las imperantes en el lugar de acogida (también lo son, por ejemplo algunas de las que trae la comunidad ecuatoriana, sin que aparentemente levanten tantas ampollas) sino que entran en conflicto con las normas de convivencia vigentes e incluso con las propias leyes. Ello conduce a la formación de guetos donde, precisamente, la diversidad cultural brilla por su ausencia.
No digo que ocurra en todos los casos, pero sí que es algo que podemos considerar bastante frecuente. No soy partidario de demonizar a comunidades enteras, ni de cargar contra los inmigrantes desde una óptica etnicista o clasista, algo muy común y sobre lo que ya he escrito anteriormente. Pero no por ello tengo que apartar la vista de lo que veo que ocurre y de los problemas surgidos de situaciones nuevas. La solución no es dejarlo correr, mirar para otro lado y esperar que las cosas se enderecen solas. Si se le da cauce a lo que solo tiene a la religión como soporte fundamental, antes o después tendremos sobre la mesa demandas incumplibles desde el punto de vista moral o incluso penal, pero que tendrán quien las quiera satisfacer en aras tanto de ese multiculturalismo como de los derechos adquiridos conquistados hasta ese momento.
La polémica con los inmigrantes procedentes de países musulmanes proviene de la religión que profesan, o más que eso, de las costumbres que lleva aparejadas. En sus países de origen la religión ha jugado un papel crucial en paralizar el avance de sus sociedades, estancándolas hasta el punto de institucionalizar prácticas propias de la Europa medieval. Ello, junto con las condiciones económicas subyacentes, es percibido por sus habitantes como algo que no es deseable para sí mismos y sus familias, por lo que deciden emigrar. No tiene sentido que en países donde el libre pensamiento ya arrinconó al fundamentalismo religioso a un lugar institucionalmente poco relevante (aunque habría mucho que matizar aquí) se permita de nuevo la penetración de la irracionalidad bajo el paraguas de multiculturalismo.

Es algo complicado, no para todos funciona la misma fórmula, pero sí se hace evidente la necesidad de fórmulas. La mía es simple: laicismo institucional y supresión de todo privilegio y atención estatal a cualquier confesión religiosa. Sometimiento a las leyes sin excepción y sin objeciones. No podemos consagrar en la Constitución la no discriminación por motivos religiosos, mantener las prerrogativas de la Iglesia Católica y no esperar que los representantes del Islam en España demanden el mismo trato.

jueves, 21 de julio de 2011

NO a la simbología religiosa en el deporte

La FIFA, organismo regulador de las competiciones futbolísticas a nivel mundial, ha decidido prohibir al equipo de balompié femenino de Irán su asistencia a los Juegos Olímpicos de Londres por vestir a sus jugadoras a la usanza musulmana. Un representante de la república islámica ha respondido quejándose de discriminación y acusando a la FIFA de responder a motivaciones racistas. ¿Tanto daño hace que unas futbolistas jueguen amortajadas si ese es su deseo?

La organización futbolera, tan criticable en otros aspectos, bajo mi punto de vista acierta de pleno en este asunto. Intenta exlcuir de sus eventos deportivos cualquier alusión política o ideológica, de forma que todo se desarrolle en un ambiente lo más neutral posible en lo tocante a esas facetas. La indumentaria de la futbolistas iraníes está confeccionada de forma que cumpla con la ley islámica, y no creo que haya que insistir mucho en el componente ideológico que conlleva toda religión. El hecho de que el Islam determine buena parte de la legislación iraní consigue que la ropa de estas deportistas tenga una representatividad, tanto religiosa como política, fuera de toda duda.

Como digo, la vestimenta femenina musulmana forma parte de un compendio de normas de comportamiento que se extiende, allí donde se aplica la ley islámica, hasta el ámbito civil y penal. Y que incluye basura como la lapidación de mujeres, la horca para los homosexuales o la persecución hasta la muerte de los apóstatas además de otros aspectos menos cubiertos por los medios. No se trata solo de la ropa, no al menos para mí. No soy de los que piensan que existe una guerra tácita entre el Islam y Occidente, ni creo en eso que llaman Eurabia, pero sí afirmo que en Occidente estamos mejor que en cualquier teocracia musulmana. Con todos nuestros defectos, que los tenemos y algunos muy graves, estamos moralmente facultados para rechazar toda influencia de una cultura retrógrada y anclada en el medievalismo como es el islam, llamémosle institucional.

A ver si ahora vamos a repudiar el entreguismo del gobierno español con la acampada papal pero vamos a recibir abiertos de piernas a todo lo que huela a musulmán por aquello del multiculturalismo, la tolerancia y el buenrollismo. Que no, que en países como Irán y otros de similar pelaje se cometen a diario verdaderas atrocidades en nombre de la sharía, de su religión y de su dios, y todo intento de frenar la penetración de esa forma de pensamiento debería ser bienvenido.

Unas Olimpiadas, o cualquier otro evento deportivo de carácter mundial, deberían estar presididas por la neutralidad en materia política e ideológica. No es tan difícil de entender. Si los hay que no quieren ser neutrales es problema de ellos, y son ellos los que están generando el problema.

viernes, 24 de junio de 2011

La tontería de las brasas en la noche de San Juan

La pasada noche fue noche de San Juan. Es tradicional que durante esa noche se prendan hogueras (en la playa, creo, ignoro si en otros lugares) y a su alrededor haya fiesta y jolgorio. También está extendida la costumbre de caminar descalzo sobre brasas ardientes, existiendo una especie de mística acerca de ello en el que las creencias religiosas juegan un papel importante.

Por supuesto, no hay nada sobrenatural en salir indemne de un paseo con los pies desnudos sobre brasas calientes. De hecho, la explicación es bien sencilla y bastan unas nociones de física básica para comprenderla. Las brasas, producto de los momentos finales de la combustión de madera o carbón, son malas conductoras del calor. Esto significa que para que el calor que despiden se transmita a un objeto que las toque el contacto debe tener una cierta continuidad. Si uno pasa rápidamente, con un contacto relámpago entre la planta de los pies y la fuente de calor (las brasas) a éste no le da tiempo de transmitirse a las extremidades del caminante. Así de sencillo.

Todos hemos visto en televisión alguna la estampa de personas caminando deprisa sobre las brasas, algunas cargando a otras, y luego exhibiendo sus pies incólumes. Si se fijan el paseo apenas dura unos pocos segundos (pero muy pocos), dependiendo de la longitud del recorrido. Los hay que aluden a su fe para explicar lo sobrenatural del fenómeno, pero ninguno se detiene a mitad de camino para enfatizar la robustez de sus creencias. Sin duda saben lo que les esperaría.

Si de verdad quieren poner a prueba su fe les sugiero que cambien las brasas procedentes de la combustión de madera por una plancha de metal, y que efectúen el mismo procedimiento al que están habituados en la noche de San Juan. El éxito de asistencia está asegurado porque no serán pocos los que piensen que se está celebrando una barbacoa.

domingo, 8 de mayo de 2011

La ética de las bombas, la tortura y la violencia

Sam Harris es un filósofo usamericano experto en neurociencia. En 2005 escribió un libro titulado El fin de la fe que le convirtió en uno de los intelectuales ateos más destacados del momento. En este libro, que acabo de terminar de leer, expone con brillantez el porqué de considerar a la fe como una de las mayores fuentes de sufrimiento en el mundo a lo largo y ancho de toda la historia. No obstante, y por insólito que parezca, no son esas consideraciones las que andan revoloteando alrededor de la cabeza de este ateo que les habla.


En el capítulo dedicado al "problema del Islam", Harris argumenta en contra de las posiciones del conocido Noam Chomsky en relación a la política exterior usamericana. Considera errónea y carente de bagaje moral la equiparación que Chomsky hace de la violencia desatada en suelo norteamericano con motivo del 11-S con la que los USA han provocado en diversos puntos del globo en su "guerra contra el terrorismo". Sostiene que "en lo que a ética se refiere, las intenciones lo son todo" (aunque también puntualiza después que no son todo lo que importa). ¿Qué significa esto? Significa que, viene a decir, existe una diferencia moral entre un bombardero que siembra de muertos y mutilados una aldea afgana en su intento de destruir una fábrica de armas talibán y un extremista islámico que secuestra dos aviones de pasajeros y los hace colisionar contra dos rascacielos atestados de personas. Dicha diferencia estribaría en que, en el primer caso, la meta de los tripulantes del bombardero no es matar inocentes, aunque está claro que los posibles daños colaterales no son un motivo que les retraiga. Tienen un objetivo y su misión es destruirlo, y si la fábrica de armamento estuviera en mitad del desierto, sin civiles en kilómetros a la redonda, pulverizarla seguiría siendo su único propósito. En el caso de la yihad perpetrada por fundamentalistas islámicos, los civiles son el objetivo militar y sus atentados están orientados a producir el mayor número de víctimas posibles, sin discriminar entre civiles y no civiles.


Harris continúa su argumentación recurriendo a un sistema de diferenciación de valores que denomina "el arma perfecta". Con este arma imaginaria, uno puede alcanzar sus objetivos militares con precisión quirúrgica relegando al olvido a los funestos daños colaterales que tanto nos impresionan. Imaginemos al gobierno de George W. Bush en poder de un arma así, capaz de partir por la mitad a Osama Bin Laden, ahora que está de actualidad, sin que nadie más salga herido. ¿Le creen capaz, por muy mal que nos caiga el personaje, de utilizarla para otra cosa que no sea eliminar escrupulosamente a su objetivo militar? Se hace difícil creerlo. Ahora imaginemos esa super arma en poder de Al Qaeda. ¿Qué uso podemos suponer que harían de ella si sabemos que, en su caso, el objetivo militar es la población civil? ¿Bush/Obama y Bin Laden la emplearían de la misma forma? Una cosa es que Bush sea un patán descerebrado más centrado en alcanzar sus objetivos que a los cadáveres que pueda dejar atrás mientras lo consigue; y otra diferente es que sea alguien capaz de ordenar un bombardeo a sabiendas de que solo morirán aldeanos indefensos. Desde una óptica ética, las intenciones cuentan si nos referimos a las personas.  ¿Podemos decir lo mismo del instigador del yihadismo responsable del 11-S, 11-M y 7-J, entre otros atentados indiscriminados? ¿El plano moral en que ambos están es, de verdad, el mismo?


Hay que subrayar que el autor de El fin de la fe no está estableciendo una diferencias tan abrumadoras que conduzcan a la santificación de unos y la diabolización de los otros. Harris se afana en recalcar los motivos por los que los USA despiertan un monumental recelo en buena parte del globo, y no elude en absoluto abordar el asunto. Hace un recordatorio de algunas de las atrocidades usamericanas más sangrantes: el exterminio de los indios nativos, la esclavitud o la matanza de My Lai en Vietnam, en la que se detiene especialmente. Lo que intenta es que sepamos distinguir entre la brutalidad que, cuando sale a la luz, supone objeto de escándalo y crítica en el país de sus perpetradores y la que es recibida con parabienes por comunidades enteras, como es en el caso musulmán. Que hay unas sociedades que no toleran esa violencia extrema y que existen otras que la amparan, y que en términos éticos, las primeras son superiores a las segundas. Que la democracia occidental, con sus pegas, es moralmente superior a los regímenes teocráticos musulmanes, y ello también se manifiesta en la forma de hacer la guerra de unos y otros. Esa es la conclusión fundamental de este conjunto de ideas.


Hacia el final del libro, su autor se adentra en el terreno de la ética en términos de felicidad y sufrimiento de forma que no deja indiferente. Nos introduce en vericuetos aún más controvertidos cuando se atreve a plantear si puede haber circunstancias en que la tortura puede revelarse aceptable, incluso ética. No es un planteamiento nuevo imaginar a un sospechoso de terrorismo poseedor de una información acerca del lugar donde se cometerá el próximo atentado. Torturarte hasta revelar la información clave puede ser la única vía de salvación de las potenciales víctimas. Harris considera, posicionándose en un punto de vista muy local (de los USA), que si aceptamos las bajas colaterales en una campaña bélica [como las aceptamos en conflictos en los que, objetivamente, la intervención usamericana y de la OTAN redujo su extensión en el tiempo, como fueron los de Bosnia y Kosovo] no hay obstáculo moral en aceptar la tortura ya que, en ambos casos, lo que se persigue es un bien más elevado. ¿Qué es más malévolo, se pregunta, someter al sospechoso a un sufrimiento contrario a nuestra ética para extraerle la información o no hacerlo y esperar resignados a que una cantidad indeterminada de hombres, mujeres y niños perezcan horriblemente entre fuego y escombros? ¿Cual es la opción más defendible desde una vertiente moral? Esta pregunta es una patada en los bajos de las mentalidades europeas, poco acostumbradas a debates de semejante enjundia. Curiosamente, y a pesar de todo lo anteriormente argumentado, Harris admite que la práctica de la tortura le sigue pareciendo inaceptable en términos éticos. Es solo bajo la aceptación de un marco muy concreto, como sería la guerra contra el terrorismo emprendida por su país contra Al Qaeda, que se puede contemplar la tortura como una práctica no solo aceptable, sino necesaria.


Me he limitado a poco más que resumir los conceptos esenciales que Sam Harris transmite en El fin de la fe relativos a la ética de la violencia, sin entrar en mayores valoraciones. Ahora bien, ¿qué encontramos entre sus argumentos que pueda ser objetable, dado lo polémico de sus asertos? Sin duda, lo peor a lo que nos puede llevar la diferenciación moral que estipula es convertir las maniobras de uno de los actores en genuinamente morales, abriendo así la puerta a la comisión de los peores excesos una vez que se le ha proporcionado la coartada de la moralidad. Harris se apunta a lo que muchos estiman (recordemos que su libro fue publicado hace seis años) que es una guerra no declarada entre Occidente y el mundo musulmán. Y no veo esa guerra, no la percibo como algo ni tácito ni explícito. Estoy dispuesto a denominar guerra a lo que los USA mantienen con el movimiento yihadista después del 11-S, en cuyo contexto podríamos encuadrar la reciente operación para eliminar a Bin Laden, pero ampliarlo a la totalidad del universo islámico no es algo que los datos recabados sobre el terreno nos puedan confirmar. Eso sí, vender la idea de estar atravesando por un conflicto bélico ayuda a que las dudas sobre todo lo aquí esbozado se disipen con mayor rapidez y en una dirección concreta.


Admitamos, sin embargo, que este debate tiene un calado lo suficientemente profundo como para ser planteado, y que ello no transforma en monstruos a quienes defienden ponerlo sobre el tapete. La violencia siempre es un recurso indeseado, pero no por ello deja de ser a veces necesario. Más arriba mencioné Bosnia y Kosovo. ¿Podemos o no aseverar que las intervenciones de las fuerzas aliadas en esos lugares ayudaron a reducir el sufrimiento de la población civil? Solo pondré un ejemplo: tras la matanza del mercado de Sarajevo en 1995, la aviación de la OTAN entró en acción contra las fuerzas serbias; el resultado fue que el consecuente desequilibrio militar en favor de las tropas bosnio-croatas condujo en pocos meses a la firma de los acuerdos de Dayton, concluyendo así el sitio de la ciudad bosnia que duraba desde 1992. ¿Fue o no determinante la intervención aliada para frenar la guerra? Harris también arremete contra el movimiento pacifista, ese que rechaza cualquier estrategia que pase por el empleo de la fuerza, al que tilda de intrínsecamente inmoral. Su argumento es que el pacifismo dejaría el mundo tranquilamente en manos de los más salvajes, y que es insostenible en la práctica. Retrata su postura con una frase: "cuando tu enemigo no tiene escrúpulos, tus propios escrúpulos se convierten en un arma en sus manos".


Como dije, no estamos en el viejo continente habituados a cuestionarnos según que cosas. Especialmente la Europa progresista no parece capaz de hacerlo abiertamente, aunque luego sus gobiernos acaben participando de esa lógica. A veces es duro ser tan pragmático, pero hay ocasiones en que las alternativas no son mejores. Quizá haya que formar parte de un país forjado a golpe de revolver y de ley del Talión para entenderlo.

jueves, 28 de abril de 2011

Por qué es necesario fomentar una actitud crítica

“La fe solo es hambre, la razón es comida”. Sam Harris, El fin de la fe.
En las diferentes sociedades se encuentran enraizados distintos tipos de creencias. A los que cuentan con mayor número de seguidores se les llama religión, son objeto de privilegios institucionales e incluso hay países con una arquitectura legal y moral articulada en torno a ellos. Luego hay otros cuerpos de creencias, minoritarios, testimoniales acaso, pero determinantes a la hora de mostrar el particular esquema de pensamiento de quienes los profesan. Están muy extendidos pese a que no se visualizan en forma de conglomerados humanos con prácticas más o menos pintorescas.

Estoy hablando de los sistemas de creencias personales, que pueden tener o no que ver con las religiones institucionalizadas, pero que precisan las mismas dosis de credulidad y afán por la obtención de respuestas que cualquier doctrina basada en la fe.

Es frecuente que compartamos espacio vital con personas que creen en pseudociencias como el Reiki, la ufología, la astrología, el tarot o el Feng Shui. Hablamos de individuos que por lo demás son comunes y corrientes, nada de locos. Gente normal que no representa el menor peligro para sus convecinos ni para la sociedad en su conjunto. Aún así, no es raro que estas personas, cuando algún escéptico les señala lo irracional de sus creencias, se tomen la observación como un ataque, una ofensa o una intromisión en su esfera personal. Y acostumbren a zanjar la cuestión apelando a la libertad de cada de tener la creencia que más le guste. Quiero aportar argumentos que demuestren por qué este modo de pensar es dañino para la sociedad. Que antes o después, en uno u otro ámbito, cualquiera puede verse afectado por la extensión del pensamiento mágico e irracional y que su difusión no debe ser algo que debamos pasar por alto.


Empecemos por admitir que otorgarle credibilidad a la astrología, al tarot o a las medicinas de la nueva era no dice mucho de la capacidad crítica del creyente. Esta facultad no se ejercita sola y nuestro sistema educativo tampoco es que dedique esfuerzos desmesurados a entrenar las facultades críticas. El escepticismo no ha estado bien visto durante mucho tiempo, siendo que la influencia de la fe dogmática religiosa (la católica en el caso español, y hasta hace solo unas pocas décadas) ha amordazado durante siglos, cuando no neutralizado violenta y cruelmente, cualquier indicio de libre pensamiento. Ante semejante antecedente histórico poco podemos extrañarnos de las realidades actuales.

El influjo religioso, que tan eficazmente se implantó en nuestro país, posiblemente sea responsable de que aún perviva la tendencia a creer sin necesidad de pruebas. ¿Es cierto que esas creencias son tan inocuas como aparentan? ¿Qué nos importan a quienes no las profesamos? ¿Por qué emplear tiempo y energías en refutarlas? Porque, y que nadie dude de esto, estamos hablando de fe en tanto creer en algo sin evidencias que lo sustenten.


Directamente no es algo que afecte a un escéptico más allá de producirle una punzada de vergüenza ajena, pero indirectamente la cosa cambia. Vivimos en comunidad, y en una sociedad regida por preceptos democráticos (que se cumplen desigualmente, pero eso es otra guerra) que invita a la participación colectiva en numerosos escenarios públicos. La cuestión es que la ausencia de crítica, la asunción del pensamiento mágico como parte de un esquema de razonamiento y la no exigencia de pruebas que respalden una afirmación en asuntos tan relevantes como la salud o la moral acotan, como señalaba en el primer párrafo, toda una manera de enfrentarse a las realidades cotidianas. Resumiendo, conforman una actitud, y si no somos precavidos en campos carentes de importancia corremos más riesgo de que también nos la cuelen en otras disciplinas que sí son importantes.

Como decía, podemos encontrarnos con toda clase de gente en las más variadas circunstancias. Si alguna vez tuviera que enfrentarme al trance de ser juzgado en un tribunal, considerándome yo inocente, me ofrecería más garantías un jurado popular compuesto por ciudadanos con demostradas facultades criticas, capaces de observar las pruebas a mi favor y en mi contra con la mayor objetividad posible, que otro en el que la aceptación de supuestos basados en pruebas endebles les lleve a conclusiones taxativas. No dudo que esto sea algo deseable para una sociedad que se pretenda saludable. Desde cualquier punto de vista, es preferible que enviar a un acusado a la cárcel o mandarle a su casa esté en manos de mentes entrenadas para emitir juicios basados en evidencias y no en las acostumbradas a plegarse ante el prejuicio.

De la misma forma, el argumento sirve para otros contextos sociales de lo más prosaico. Quien más quien menos forma parte de una comunidad de vecinos, otro espacio colectivo en el que la estrechez mental puede derivar en conflictos desagradables. Que en una asociación de propietarios haya mayoría de miembros capaces de juicios ponderados y racionales, fuera del apasionamiento que conlleva la creencia, supone mayor garantía de ver reducidos los problemas que si se da la circunstancia contraria. Los consejos escolares de los centros de enseñanza, formados por profesores y padres de alumnos, son otro ejemplo de espacios donde confluyen diferentes perspectivas vitales, y que también se pueden ver beneficiados si en su seno no abunda la práctica de aceptar proposiciones no demostradas.

Pero podemos apelar a instancias más elevadas. En toda democracia cada ciudadano mayor de edad tiene derecho al voto, salvo contadas excepciones. El debate político lleva algún tiempo enfangado en una diatriba de consignas que poco se distingue de la propaganda pura y dura. Reconozcamos que alguien propenso a la creencia fácil e indemostrada está peor preparado para detectar las trampas del discurso político. Por tanto, no creo descabellado afirmar que quien es más proclive a ceder ante la tentación de la creencia se tomará los mensajes emitidos por los políticos con una actitud menos crítica y más crédula. Cuando unos resultados electorales determinan las políticas que afectarán a millones de ciudadanos, incluidos ud. y yo, resulta necesario, a mi juicio, poner este debate sobre la mesa. Ojo, no estoy instando de soslayo a retirar el derecho al voto a nadie, solo expongo lo que, en mi opinión, ocurre al prescindir de nuestras facultades críticas, y cómo puede incidir más allá del propio crédulo.



Así que no, no es solo el problema de quien decide creer majaderías. Cuando una sociedad se empobrece lo hace empezando por uno solo de sus miembros, igual que una bola de nieve gigante comienza con un solo copo.


El ser humano siempre ha necesitado de certezas para caminar por el mundo, y la creencia le proporciona esa certeza. La duda es fuente de inseguridad, es incómoda y puede conducir a la infelicidad. La creencia procura consuelo y la promesa de dominar la situación. Carl Sagan ya se refirió en su día al escepticismo como una “carga” por la cantidad de implicaciones intelectuales que trae consigo. Pensar cuesta esfuerzo, creer no cuesta nada. Cultivemos, pues, la cultura del esfuerzo.

viernes, 15 de abril de 2011

El fraude aconfesional español tiene responsables socialistas

Con motivo de la convocatoria de la procesión atea de la que hablé hace poco, se han estado vertiendo en sede judicial una cantidad de infundios, excesos y sandeces que cuesta creer que ello se pueda estar ocurriendo en una nación occidental civilizada. El integrismo católico está en auge y sus representantes se están viniendo arriba y se sienten fuertes. Se permiten lujos como acusar de genocidio a una asociación atea o denunciar a un cómico por citar a Winston Churchill (sic). ¿Hay o no hay motivo para preocuparse por esta deriva, sobre todo al ver que hay jueces receptivos a semejantes desvaríos?

No se trata de ver las cosas únicamente desde una perspectiva. Ateos En Lucha escogió la peor manera posible de apelar al sentimiento ateo al emplear un lenguaje beligerante y agresivo. Hizo unas alusiones inaceptables en un llamamiento que, lejos de fomentar el civismo, parecía un intento deliberado de exaltar los ánimos. Las inquietudes ateas no pueden ser identificadas con un hatajo de cantamañanas como ese, pero está bien que hayan salido a la luz para así poder hacer un cordón sanitario que les impida manchar el nombre y la reputación del movimiento ateo. En cuanto a Leo Bassi, no le sigo especialmente. El humor es muy subjetivo y no tengo problema en admitir que, quizá, las aptitudes del señor Bassi estén en no pocas ocasiones asociadas a la acepción más peyorativa de la palabra payaso.

Dicho lo anterior, una cosa es el mal gusto, la mala baba, el retorcimiento, la provocación gratuita... y otro distinta el delito. ¿Por qué hay ciudadanos que piensan en clave delictiva cuando alguien dedica epítetos poco halagadores hacia la fe religiosa que profesan, y hay jueces que, aunque sea en primer término, les dan la razón? Muy sencillo. Esto ocurre porque en nuestro Código Penal está presente un artículo, el 525, que convierte en punible cualquier mofa, escarnio o burla dirigida hacia cualquier religión, aunque no hay dudas de que se redactó con sólo la religión cristiana en mente, y el catolicismo en especial. Y si este artículo existe es porque un político socialista, el actual alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, a la sazón ministro del Interior cuando se produjo la reforma del Código Penal de 1995, introdujo la prohibición legal de burlarse de las creencias religiosas.

Quien lo iba a decir. Un miembro del partido socialista, que durante los últimos años ha sido señalado por la derecha católica como la mayor amenaza contra la virtud y la decencia, es uno de los mayores referentes morales del catolicismo patrio. En 1988 el gobierno de Felipe González derogó el delito franquista de blasfemias con el apoyo del PP en su versión AP. Ocho años después, el mismo gobierno, ya en situación terminal y de la mano de Belloch, resucitaba el viejo espíritu nacional católico y le insuflaba nueva vida en el nuevo Código Penal. De aquellos polvos estos lodos, y viva la Transición.

La libertad de expresión solo puede tener un límite: las personas. O más concretamente su derecho al honor, a su buen nombre y a su reputación. Las ideas, como conceptos abstractos no tienen que ser respetables. No es propio de una democracia avanzada que su sistema legal disponga de preceptos orientados a proteger lo abstracto. Eso es más propio de las teocracias. La religión pertenece a ese ámbito, algo incuestionable a tenor de la cantidad de credos religiosos existente en el mundo incompatibles entre sí. Por muy asentado que esté un sistema de creencias en un lugar, no deja de ser la opción personal de quienes lo asumen, no una realidad incontrovertible que deba tener reflejo en el plano terrenal.


El ataque verbal contra las ideologías es un derecho, sea el caso del cristianismo, el islam, el comunismo o el liberalismo. El artículo 525 es una embestida contra el derecho a la libre expresión. Es un privilegio otorgado al credo católico y deja en papel mojado la presunta aconfesionalidad estatal de la que habla la Constitución. Si a ello le añadimos el concordato firmado con el Vaticano, aún vigente y que regula diferentes aspectos de las relaciones Iglesia-Estado, lo que nos queda es un pobre simulacro de Estado aconfesional, una impostura. Un fraude.

miércoles, 13 de abril de 2011

La verdadera amenaza de la procesión atea

Quienes pensamos que en no pocos aspectos España sigue siendo un estado confesional recibimos estos días una nueva confirmación. Se quiere celebrar en Madrid una concentración atea coincidente con la procesión del próximo jueves santo en la que uno de los objetos de adoración, por llamarlo de algún modo, será la tetera de Russell. Dice la alcaldía de la capital que esta iniciativa puede ocasionar "problemas de orden público".

Cabría preguntarse de parte de quien vendrían creados esos problemas, si de los ateos o de los creyentes. Porque si es lo segundo quizá entonces la procesión que habría que prohibir es la de los católicos, esa que gusta exhibir efigies de cadáveres crucificados o de señoras con múltiple personalidad (¿acaso no es politeismo?) en función del lugar donde saquen a la virgen. Pero a buen seguro que la sola sugerencia sería recibida por la comunidad religiosa con toda case de improperios, alusiones al fascismo y como un ataque a los derechos de los creyentes. Eso sí, la procesión que se quiere prohibir es la de los ateos mientras la religiosa recibe toda clase de atenciones por parte de los poderes públicos.

Es un episodio más del modo en que el Estado español, falsamente aconfesional, privilegia a una confesión religiosa en detrimento de los derechos civiles de los ciudadanos. Esa aconfesionalidad, tan irreal que convive en nuestra Constitución con las prebendas que disfruta la religión católica, no puede ser creíble mientras exista el artículo 525 del código penal (añado: obra del PSOE) que convierte en delito la mofa, burla o escarnio del dogma religioso. Ojo, dogma religioso, es decir, una proposición específica que hay que creer sin necesidad de pruebas. Y se legisla para proteger eso. ¿Cómo puede un país que se defina como moderno y avanzado conceder prerrogativas legales a tamaño disparate, a semejante aberración democrática y lógica?

Vuelvo a lo mismo, ¿sobre quién recae la sospecha de los posibles altercados si no se prohibe la manifestación atea? ¿Sobre un colectivo social que jamás los ha provocado y que es apenas visible social y mediáticamente? ¿O sobre los herederos intelectuales de quienes arrastran el mayor número de crímenes perpetrados en la historia de nuestro país? Porque es precisamente ese historial de sangre, muerte y excesos el mayor aval del integrismo religioso para conseguir sus propósitos. El miedo que su pasado y lo que la fe ha sido capaz de hacer infunde, es la mayor arma de que disponen para prevalecer, para que la razón no avance y la superstición siga acaparando espacio público y dominio social.

viernes, 11 de febrero de 2011

La metodología conspiracionista y pseudo científica

Si algo tienen en común conspiracionistas de toda índole es la metodología empleada en sus delirios. Da lo mismo que hablemos de negacionistas del Holocausto que de conspiranoicos del 11-M; de partidarios del creacionismo -que ahora disfrazan de diseño inteligente- o de los truthers surgidos tras el 11-S; de ufólogos convencidos de que estamos sufriendo una colonización extraterrestre o, en menor medida, de practicantes de pseudo ciencias como la astrología o el espiritismo. Las líneas de argumentación de estos grupos más o menos marginales vienen a ser las mismas, todas ellas sembradas de falacias.

1. Se concentran en los puntos débiles del adversario pero rara vez dicen algo definitivo sobre su postura. Recurren con frecuencia a la falacia del falso dilema, desechando explicaciones plausibles pero incómodas para aquello que se quiere defender. Un ejemplo paradigmático es el de los Peones Negros, secta de marcado carácter político que afirma que la verdad judicial sobre el 11-M es mentira, pero hasta hoy no han sido capaces de emitir una sola secuencia alternativa de hechos coherente.

2. Explotan las contradicciones y controversias entre expertos que sostienen argumentos opuestos, aduciendo que si no se ponen de acuerdo es que no se puede tomar en serio lo que dicen. Ignoran que la disparidad de criterios es un síntoma de honestidad (si hubiera coincidencia plena sí que habría motivo para sospechar) y se limitan a desacreditarlo todo sin tomar en consideración ni una sola idea que les contradiga. Esto ha sido explotado por los negacionistas del Holocausto para reforzar su tesis de que no hubo asesinato masivo de judíos durante la II Guerra Mundial.

3. Realizan frecuentes apelaciones a la autoridad, mencionando a eminencias siempre que refuercen su posición, aunque sea sacando sus palabras de contexto. Si otra figura relevante les contradice sencillamente se le ignora, o directamente se le señala como parte de un complot que intenta ocultar la verdad. En relación al 11-S se ha subrayado que dos congresistas han expresado sus dudas sobre la verdad oficial, omitiendo que el resto del congreso usamericano no lo ha hecho, siendo que para los conspiracionistas lo relevante es lo primero. O que unos pocos cientos de arquitectos e ingenieros usamericanos se hayan asociado para buscar la verdad del 11-S, negándole importancia a que los alrededor de 200 mil que conforman las principales asociaciones profesionales de los USA no les respaldan.

4. Se utiliza cualquier concesión hecha o error cometido por sus críticos para presentarlo como un triunfo y un reconocimiento de la veracidad de sus postulados. Por pequeño que sea, les basta para sentenciar que ello invalida la totalidad de lo que sus adversarios sostienen. Si es necesario, se hace alusión a intenciones o hechos no declarados o simplemente insinuados de forma tangencial para darlos como definitivos y definidores de postura. Por ejemplo, el fiasco de la fusión fría llevó a algunos a descalificar a la ciencia por falsaria y generadora de fraude, desestimando que fue la propia comunidad científica la que descubrió el pastel y renegó de las investigaciones al respecto.

5. Resaltan las lagunas o agujeros que puedan existir en una explicación pero hacen caso omiso o ningunean lo que sí se sabe que, por lo general, suele echar por tierra la mayoría de sus axiomas. En cambio, jamás someten a escrutinio sus contradicciones e incongruencias, ya que suelen ser fruto de hacer un razonamiento al revés: emiten una conclusión (generalmente cincelada a golpe de prejuicio político o ideológico) y a continuación diseñan unas premisas a medida. Los creacionistas suelen criticar la ausencia de un "eslabón perdido", de un fósil de transición que demuestre que hubo evolución. Pero cuando aparece, entonces piden otro; y si se encuentra, demandan otro más, porque su  propósito es no admitir que las pruebas nunca están de su lado.

6. Piensan que una pequeña fisura en la línea de argumentación opuesta es suficiente para derribar la argumentación completa. Ocurre que para los casos citados suelen existir numerosos acontecimientos que suministran enormes cantidades de datos que convergen en una conclusión. Aíslan el dato que les interesa y, normalmente fuera de contexto, intentan hacer creer que todo pende de él. Jamás hacen una valoración conjunta de la prueba existente y prefieren marear la perdiz con detalles solitarios.

Fuente: Michael Shermer, Por qué creemos en cosas raras, con aportaciones propias.

miércoles, 5 de enero de 2011

El islam como mal global

Se acaba de publicar un libro sobre el islam titulado "La quinta invasión. 711-2011" que, al parecer, convierte a esta confesión en el nuevo cáncer global. Está escrito por José Donís Catalá, comentarista de Desiertos Lejanos y propietario de la bitácora Políticamente Acorrecto. Este post surge del foro de la página citada, en el que la presentación de su libro ha suscitado reacciones que quizá el autor no preveía. En sus páginas viene a decir que el islam es malo de por sí, perverso y dañido de forma intrínseca y que el deber de toda persona decente es combatirlo en la medida que pueda. Desecha el concepto de "islam moderado" el cual, dice, no existe y afirma algo tan radical como que toda actitud que no sea acatar los dictados de libro en toda su magnitud convierte a quien caiga en tan deplorable comportamiento en cómplice de cualquier crimen perpetrado en nombre del islam.

Aclaro que esta entrada parte del foro y se documenta únicamente en él, ya que como digo no he leído el libro.

Empiezo afirmando que el gran problema de Donís es la manera de plantear las cosas, la cual tiene mucho que ver con la forma en que percibe el mundo. Si tu percepción del mundo es rígida y cuadriculada entonces tus planteamientos sobre este o aquel tema normalmente también lo serán. Donís tiene unas convicciones, arraigadas, firmes, y todo debate planteado por él se aferra a dichas convicciones. Dibuja una realidad acorde con su forma de ver las cosas, la sitúa como marco fundamental sobre el que iniciar el debate y, a partir de ahí pontifica sobre ello. Lo suyo no son ideas expuestas sobre las que trazar un intercambio de ideas plural, son sentencias que has de aceptar sin rechistar.Obedece o serás marcado como cómplide de asesinos. Todo esto lo ilustra un término que utiliza y que presume haber creado, dihmmi, para definir al occidental víctima de una especie de síndrome de Estocolmo islamista. Es ilustrativo porque un lector ocasional que entre a medio debate y vea la palabreja se sentirá confuso al ignorar su significado, pero a Donís le da igual, porque él se entiende, sabe de qué va su particular terminología y su percepción es la única que le vale, la de los demás no cuenta. Autismo ideológico lo podríamos llamar.

Mención aparte merece esa acusación, abierta, descarada, violenta y totalitaria, plenamente fascista, que Donís realiza de quien ose no arrodillarse ante sus postulados: todos son cómplices de los torturadores que perpetran atrocidades en las teocracias musulmanas. No tengo ninguna necesidad de justificarme ante quien vomita semejante disparate, propia de un fanático mesiánico que considera sus opiniones como la verdad revelada que nos ha de iluminar a nosotros, pobres tontos ignorantes. Tengo muy clara mi postura hacia esos países, hacia el islam en general y hacias las personas que profesan la religión musulmana. Ningún paranoico me hará sentir que debo justificarme por no compartir sus excesos, ni me hará entrar en su dinámica enfermiza. Vuelvo a eso de los dhimmis, una forma más de señalar con el dedo al discrepante, de convertirlo en enemigo, quien sabe si algún día también en objetivo. Si a Donís le encanta soñar con futuros horripilantes, ¿por qué no puedo hacerlo yo?

Sobre el propio libro no puedo decir mucho ya que ni lo he leído ni lo leeré. No solo considero mi tiempo valioso sino que mi dinero, que tanto me cuesta ganar cada mes, merece un destino mejor. Solo diré, con arreglo a lo leído en el foro, que eso de que el islam persigue convertirnos a todos en jihadistas y que las mujeres vistan burka se cae por su propio peso. Me dan igual todas las fatwas que cite, todas las denuncias que traiga, todos los entrecomillados que nos muestre. La realidad de millones de turistas occidentales visitando el mundo musulmán y volviendo a sus casas sin mayor problema, incluso contentos por la experiencia, me dice justo lo contrario; o la de millones de inmigrantes musulmanes viviendo y trabajando honradamente en Occidente; o la de intercambios comerciales estables y normales entre países musulmanes y occidentales. Me dice que que tal circunstancia no sería posible en un mundo como el que Donís nos muestra, con todo el islam volcado en contra de Occidente, así que debe ser que lo que nos ofrece Donís en falso, mercancía averiada, los delirios de un... que cada uno elija el calificativo. Esto es lo que digo y al decirlo no estoy diciendo ninguna otra cosa, ni asumiento nada que otros me quieran encasquetar. Y quien lo haga, que lo demuestre o estará sencillamente mintiendo.

Es humano que las críticas adversas sienten mal, pero ello no justifica luego un feroz ataque de victimismo. No es de recibo pretender que uno es objeto de persecución después de declarar que se considera continuador de un modelo ciudadano que tiene en la persecución su fin último, cuando se escribe un libro con el único objeto de criminalizar a toda una comunidad de millones de seres. Es impropio de personas decentes tildar de cómplices de asesinos a quienes simplemente observan alternativas de pensamiento diferentes a las que usa Donís. Quizá lo que deja traslucir todo esto no es más que el miedo a perder la hegemonía, a dejar de ser preponderante, a que una fe rival coma terreno a la fe propia.

A mí no me gusta el islam como no me gusta el cristianismo ni el judaísmo, tres ramas del mismo árbol. Ningún sistema de valores que está basado en la creencia ciega tendrá jamás mi respeto intelectual. Luego están las personas, que son las que han conseguido moderar el cristianismo hasta abandonar su barbarie. Una barbarie que no está tan lejana como se nos quiere hacer pensar, sino tan cercana en el tiempo como el asesinato en los USA de un médico abortista en 2009, como la guerra entre comunidades de fuerte componente religioso en la antigua Yugoslavia, las matanzas en Ruanda hace menos de 15 años alentadas desde las instutituciones católicas ruandesas, los discursos de Hitler arengando a las masas con proclamas filocristianas con la eficacia de todos conocida, los campos de exterminio como el croata de Jasenovac, dirigido por los ultracatólicos ustashi, las matanzas de refugiados palestinos en Sabra y Chatila a manos de milicianos cristianos libaneses bajo la protección de Israel, o ese fraude llamado Teresa de Calcuta arrodillándose ante la tumba del dictador albanés Enver Hoxa, alabando al dictador asesino haitiano Jean Claude Duvalier o permitiendo la muerte por inasistencia médica (¿eutanasia pasiva?) de sus asilados en India mientras su orden de monjas recibe millones de dólares en donaciones. Hablamos del siglo XX, incluso de sus postrimerías.

Sobre todo eso y más calla Donís, los malos son los otros, todos ellos. La vieja táctica goebbelsiana de agrupar al enemigo bajo una única denominación. Así a las mentes simples, vulnerables a los mensajes que buscan una reacción rápida y visceral, les cuesta menos identificarlo, no sea que la diversidad de opciones les obligue a emitir juicios diferentes y se hagan preguntas que hagan peligrar la implantación del mensaje único en sus cerebros. Te niegan la diversidad para que no puedas emitir una opinión diversa.

Por supuesto no voy a a negar que hoy día el islam es una fuente de muerte, violencia y extremismo mucho peor de lo que pueda resultar cualquiera de las sectas cristianas. Para poner freno a eso en las ¿democracias? occidentales se tienen las leyes, los códigos penales y la voluntad de hacerlos cumplir, cosa que no siempre se da. Siempre dije que el laicismo institucional nos hubiera vacunado desde hace tiempo contra las veleidades oscurantistas, pero el poder la la iglesia católica ha sido demasiado fuerte, y solo ahora empezamos a sacudirnos una pizca de su influencia. Y todavía hay quien intenta que en el texto de la constitución europea figure una mención a las raíces cristianas de Europa... ¡Si el mayor aval para la penetración del islam en España es la iglesia católica y su empeño en contar con privilegios por parte del estado! ¿Cómo vamos a ir de demócratas si negamos a musulmanes lo que regalamos a católicos?

Recuperándo el hilo, ocurre que el islam siembra la muerte también entre los propios musulmanes. Los ataques a cristianos son algo relativamente nuevo, demasiado para marcar tendencia y, de momento, poco relevante en términos de fenómeno global aunque no por ello menos abominable. Por lo general la violencia islamista se ceba contra sus propios súbditos, en atentados indiscriminados en Irak, Indonesia, Afganistán, Sudán, Argelia, Somalia... Son lugares plagados de ciudadanos musulmanes que mueren por el simple hecho de caminar por la calle en en lugar y momento inapropiados, lo cual no cuadra ese estereotipo que vende una guerra entre el islam y Occidente.

Igual que se interpreta el cristianismo, y sus mejores interpretaciones lo han alejado en gran medida del medievalismo más retrógrado, también se puede interpretar el islam en otra clave que no sea la fundamentalista. No hay un islam moderado en la medida en que no hay un cristianismo o un judaísmo moderado. Los que pueden moderarse son las personas, y con ellas sus actos, estén o no guiados por un libro que consideren más o menos sagrado. Otra cosa es que las élites que copan el poder en el mundo musulmán sean tan fanáticos que no contemplen otra forma de leer el corán, o que piensen que una interpretación radical sirva más a sus intereses que una moderada. No hace tanto en España profesar la ideología "errónea" te condenaba al ostracismo, cuando no hacía peligrar tu vida. Quizá el mundo musulmán aún no está maduro para dar paso al libre pensamiento, y no dudo que un sector del islam representa un peligro de muerte para sus críticos, pero libros como el de Donís no hacen más que avivar la llama del enfrentamiento, contemplando por omisión la confrontación como única alternativa para los que intentan truncar los extremos más afilados del islam. No por no simpatizar con el islam, que está en su derecho, sino por tergiversar, manipular y vender una realidad a medida de sus prejuicios y no como resultado de un análisis riguroso y sosegado.

El mal no es el islam, lo es la religión, y la religión es obra del hombre, ergo el hombre es la causa del mal. No creo en absoluto que un Occidente dominado por el pensamiento de José Donís fuera a ser un occidente más seguro, justo y libre. ¿Gobernados por personas con la absoluta seguridad de poseer la razón y demonizando a quien ose cuestionarles? Ya hemos visto esa película y sabemos como acaba.

Cine de 2021 que ha pasado por estos ojos

A continuación dejo un listado de las películas de 2021 que han visto estos ojitos, junto con un enlace a la reseña que dejé en Filmaffinity...