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miércoles, 25 de julio de 2012

Ocho puntos sobre una eventual reforma de la ley del aborto

1. La introducción

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, tiene intención de suprimir la actual ley del aborto, conocida como ley de plazos, y volver a la de supuestos de 1985, con la salvedad de su reducción de tres de esos supuestos a dos. El ministro, mientras fue presidente de la Comunidad de Madrid primero y alcalde la capital después, transmitió una imagen de político centrado, moderado y sensible a la realidad social que le granjeó antipatías entre su propio sector ideológico. Ahora, una vez alcanzado un mayor poder ejecutivo, se está revelando como un conservador de manual y en los meses que lleva ocupando la cartera de Justicia da la impresión de que agradar a la Conferencia Episcopal es una de sus mayores prioridades. Más cuando éste es un tema que le abre un frente innecesario a un Gobierno violentamente sacudido por la prima de riesgo y que demuestra una manifiesta incapacidad para contentar a sus ciudadanos.

Pero ya que hablamos del aborto recordemos cuales eran los supuestos contemplados en la ley del aborto de 1985: 1) peligro para la vida de la madre; 2) embarazo fruto de una violación; 3) tara física o psíquica en el feto. Y éste último es que que Gallardetas se quiere cargar.

2. La hipocresía de los pro-vida

Hace poco escuché a miembros de asociaciones autodenominadas pro-vida, cuyo discurso hace suyo el ínclito ex-alcalde, referirse a este supuesto como "eugenésico", esto es, que conlleva la eliminación sistemática de todo aquel fuera de unos estándares de normalidad. Es muy fácil abordar la problemática del aborto desde posiciones ideológicas, eso queda claro. Los pro-vida estan en contra del aborto por prejuicio religioso, porque su religión considera toda vida sagrada, incluida la no nacida. Me sería muy sencillo aludir a la hipocresía de ese pensamiento en relación al libro de cabecera de todo católico que se precie, el cual glosa crímenes y atentados sin cuento contra la vida humana por mano de su dios (aunque, curiosamente, ninguna prohibición expresa del aborto). Pero no es objeto de esta entrada referir cada una de las atrocidades que uno puede encontrar en la Biblia. Solo quiero reflexionar acerca del componente moral que tiene el hecho de abortar, como éste a veces queda subordinado a los efectos prácticos de tomar esa decisión y cuál podría ser una solución justa y ponderada.

Eugenesia implica plan de exterminio premeditado, como el que diseñaron los nazis para librarse de los judíos. Esta vinculación en manos de los pro-vida es un arma para atacar el aborto en cualquiera de sus formas, pero en espacial la que atañe al tercer supuesto citado. ¿Quien puede sentir simpatía por algo tan terriblemente relacionado con el nazismo? Un caso tácito de ley de Godwin y una manera de retorcer la cuestión de forma espuria, una falacia. Nadie aborta como método de selección racial artificial, aunque puedan esgrimirse motivos más que censurables. No hay necesidad de, por intereses ideológicos, inventar intencionalidades con el único objetivo de pintar una realidad de blancos y negros, y así poder señalar con el dedo quien es malo y quien bueno dentro de una sociedad.


Tengo claro que la "defensa de la vida" que hacen sujetos como Gallardón o las asociaciones antiabortistas termina en la propia frase, es decir, no incluye la palabra "digna". Vivimos una época convulsa en la que la educación y atención sanitaria están sufriendo duros ataques por parte de los poseedores de unos provilegios que se resisten a abandonar. Choca enormemente la preocupación por seres aún no nacidos en tanto a los que ya cuentan con años de vida en la Tierra les pueden mermar el derecho de acceso una educación y sanidad de calidad sin problema alguno. Una vez nacido, allá se las apañen y el Estado antes intervencionista se vuelve casi invisible. Pues no. Si los poderes públicos intervienen, ley mediante, para decidir que un bebé con parálisis cerebral nazca no pueden luego mirar para otro lado y soslayar su porcentaje de responsabilidad. En otras palabras, es dolorosamente hipócrita suprimir el tercer supuesto de la ley de 1985 y, al mismo tiempo, limitar las ayudas a la dependencia. Es sencillamente indecente.

Piensan que toda vida tiene derecho a florecer. Lo que les importa una higa es en qué condiciones lo haga. Una vez nacidos allá se las compongan. Es la lógica del que se ocupa de aquello que ni conoce ni va a sufrir en sus carnes.

3. Los niños que todos deseamos

Es evidente que todos queremos hijos sanos y sin taras. Ignoro lo que sienten unos padres cuando escuchan que su próximo retoño sufrirá sindrome de Down o espina bífida. La pregunta es: ¿están facultados estos futuros padres para poner fin a la vida del nonato por esa razón? Un bebé que nazca aquejado de una de estas enfermedades, u otra similar, no solo vivirá condicionado hasta que muera, sino también su familia. Todos tenemos sueños, ilusiones y la idea de cumplir con un proyecto vital dentro de unos órdenes masivamente aceptados. La perspectiva de una existencia comprometida a cada minuto y que, en un gran número de casos, supone un sacrificio casi diario es un golpe muy duro de encajar para un adulto. Cuando son pequeños quizá es cuando mejor se sobrelleva debido a que, con excepciones, puede no haber tanta diferencia entre cuidar a un bebé sano y a otro con una discapacidad, a tenor de la indefensión con que todos nacen. Además, a edades tempranas el vínculo padres-hij@ es cuando más se fortalece, de tal modo que el compromiso de los primeros se adopta de forma natural, rendida e incondicional, como corresponde a personas deseosas de estrenar paternidad. Pero cuando los niños crecen y los años se acumulan la historia da un giro paulatino hasta volverse sustancialmente distinta. El desgaste continuado, físico y mental, puede hacer mella hasta hacerse muy difícil de soportar.

Visto lo anterior ¿da eso derecho a decidir si se da o no término a un embarazo en razón de la salud del feto? Aunque, seamos honestos, esta pregunta no está bien formulada. Confesemos y admitamos que, en el caso de un embarazo como los referidos, en la decisión de detenerlo, aunque pueda haber excepciones, pesa más el interés particular de los padres que la preocupación por su hijo/a. Ver tan drásticamente golpeado un prometedor ideal de vida tiene más relevancia que el potencial sufrimiento que un niño disminuido arrastrará durante décadas. No nos engañemos, las personas por lo general no suelen ser tan altruistas, o así es como las veo yo. Ello tampoco les convierte en monstruos pero todo esto depende, como veremos más adelante, de a qué llamemos "bebé".


4. La analogía con los dependientes

Este razonamiento nos lleva a una incómoda pendiente resbaladiza. Son muchas las familias que tienen a su cargo miembros, generalmente de avanzada edad, que requieren atenciones continuadas. Los que se lo pueden permitir les ingresan en residencias, que suelen comportar un desembolso económico importante. Los económicamente menos afortunados los mantienen en casa al precio de invertir su vida en su cuidado, renunciando prácticamente tener una vida propia. Esto genera frustración, depresión, trastornos del sueño y otros desórdenes psicológicos, agravado todo ello por la escasez de ayudas estatales. Si en el caso de los bebés no nacidos esta perspectiva (no reconocida pero real) basta para llevar a cabo un aborto, ¿qué impide aplicar la misma solución a los familiares dependientes hasta el extremo?

Se como suena, pero pienso que no viene mal un poco de especulación intelectual para avivar la mente y acostumbrarla a hacerla trabajar. No hay, que yo sepa, ningún país avanzado cuyo sistema judicial y penal equipare al no nacido con el nacido. Es por eso que, en ausencia de leyes que regulen la eutanasia, dar matarile a un viejo con Alzheimer es un crimen, pero no lo es provocar deliberadamente un aborto porque el feto no cumpla con determinada espectativas físicas y/o psíquicas. Nadie se plantea poner en práctica esta atrocidad con los ancianos por cuestiones morales y humanas básicas, y ello tiene su reflejo en la protección legal que gozan. Esto es esencial para entender la problemática en lo tocante al supuesto que Gallardón quiere suprimir. Un bebé no tiene asegurada su supervivencia hasta que nace y un equipo médico lo declare con plenas garantías. En el momento de su nacimento pasa a ser persona jurídica a ojos de la ley, y no antes. Es por ello que asesinar a una embarazada con muerte del feto no es cometer dos asesinatos, sino uno mas un delito de aborto.


5. El punto de vista legal

Visto está que un nonato no es persona jurídica, por lo que no se le pueden aplicar las mismas leyes ni conceder los mismos derechos que a un niño o a un adulto. ¿Significa eso que podamos arrogarnos el derecho de interrumpir un embarazo cuando nos plazca y convenga? En absoluto. No tener consideración de adulto no convierte al feto en un objeto del que deshacerse cuando molesta. Continúa siendo un bien jurídico sujeto a protección...siempre que ésta no colisione con un derecho más elevado, como el derecho a la vida y a la salud de su madre, que sí disfruta de amparo legal completo. De ahí otro de los supuestos contemplados en la ley de 1985, el cual, hasta hoy, no tengo noticia que vaya a sufir modificación.

6. ¿Los hijos de violadores no merecen vivir?

¿Y qué ocurre con el supuesto de violación? Un embarazo fruto de una agresión sexual puede perfectamente ser llevado a término si no surgen complicaciones. No obstante, se concede a la madre la potestad de decidir si lo hace o no. No cuesta mucho entender que una relación sexual forzosa no engendra ni hijos deseados ni predispone de la mejor forma a la madre de cara a recibir a su futuro retoño, dado el frecuente daño psicológico. En España si parece haber consenso a este respecto (no así en algunos países suramercanos, donde la influencia de la Iglesia es más poderosa). En el supuesto de violación no entra en juego ni el bienestar del bebé ni la presunta inmoralidad de llevar a cabo el aborto. Y no percibo debate público en torno a esta cuestión. Supongo que el rotundo rechazo social que producen este tipo de delitos lleva a los antiabortistas a no encontrar terreno abonado por el que dispersar sus consignas.


7. Persona (o no)

Al final, todo debate sobre el aborto gira en torno a una piedra angular fundamental, que no es otro que la consideración o no de persona hacia el feto. Yo no creo que un embrión sea una persona, y no me parece relevante que ese amasijo de células sea un proyecto de persona. Puestos así, una eyaculación es la semilla de una persona. ¿Estamos los hombres atentando contra la vida humana cada vez que nos masturbamos? ¿Y qué pasa con las histerectomías por motivos terapeúticos? ¿Han de aguantar las mujeres con el útero plagado de cuerpos extraños y dañinos habida cuenta de que sin aquel no hay embarazo que valga? ¿Dónde está el límite y quien lo dicta? La doctrina antiabortista establece que el momento clave es la concepción, y que a partir de ahí el embrión es intocable, sagrado. Me parece absurdo otorgar los mismos derechos a ese cúmulo de células que a una persona nacida, hecha y derecha. Es cierto que no es lo mismo abortar con siete semanas de embarazo que con cinco meses, de modo que límites tiene que haberlos. Lo complicado es situarlos, y la consideración o no de persona puede ser un buen punto de inflexión.

¿Qué nos define como personas? Parece ampliamente aceptado que el raciocinio y la autoconsciencia determinan la diferencia esencial entre el ser humano y el resto de especies animales. El pensamiento es una cualidad intrínsecamente humana que nace y se desarrolla en el cerebro, el cual es imbuido de rasgos inequívocamente humanos hacia los seis meses de gestación. ¿Significa que el aborto es siempre admisible antes de cruzar esa frontera? No necesariamente.


8. Conclusiones

El Tribunal Supremo de los USA estableció en 1973 una doctrina que se mantiene hasta hoy y que me parece, si no cargada de sentido sí capaz de contentar a las partes enfrentadas, siempre que no se aferren a posiciones maximalistas. Determinó que durante el primer trimestre prevalece el derecho a la intimidad de la madre y la libertad de disponer de su propio cuerpo; en el segundo, permite el aborto con ciertas restricciones encaminadas a proteger a la madre, y en el tercero abre la veda de la prohibición en una etapa del embarazo en la que la ciencia y la tecnología pueden ayudar al feto a sobrevivir fuera del útero materno.

La ley de plazos española que el ministro de Justicia quiere lapidar sitúa las catorce semanas de gestación como tope para practicar abortos de forma libre. Queda claro que no estaremos asesinando personas, y que el grado de protección legal del feto se eleva a medida que este va creciendo. No es muy distinto de lo decidido en los USA, o de otras legislaciones europeas. Ignoro si hay un tratamiento específico en la ley de esos países acerca de fetos con anomalías, pero una vez superadas esas catorce semanas ya no veo problema en que se prohiba abortar, al igual que en hacerlo dentro del plazo sabiendo que no nos convertimos en asesinos por ello. Dentro de ese plazo hay tiempo de sobra para conocer lo que va a venir y adoptar una postura al respecto. Forzar a unos padres a cargar con hijos no deseados es el posicionamiento habitual de quien no se juega nada en el envite y cuya carta es únicamente la de ver implantado en la sociedad su modelo de pensamiento.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Intereconomía... en ocasiones veo muertos

Ahora ya sabemos cómo los ultracatólicos consiguen alcanzar ese desmesurado número de asistentes a sus putiferios dominicales: inflan sus números añadiendo a personas ya fallecidas. Tal es el amor por la vida de Intereconomía, uno de los brazos mediáticos de esta carcunda montaraz, que se niegan a considerar muerto a quien ya lleva criando malvas varios años. Sólo así se explica que anunciaran en su edición digital la asistencia al último acto antiabortista del fundador de Amnistia Internacional, Peter Benenson (negritas mías):
Entre las caras conocidas que se darán cita hoy para decir “no al aborto”,estarán, además de las de Jaime Mayor Oreja y José Manuel Ortega Lara, las del diputado del PP Eugenio Nasarre, el senador de este mismo grupo Luis Peral y el fundador de Amnistía Internacional Peter Benenson.
Y si vamos a Wikipedia:
Peter James Henry Solomon Benenson (31 de julio de 1921 - 25 de febrero de 2005). Abogado inglés, católico, fundador de la organización no gubernamental dedicada a la defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional (AI).
Ya ven, este señor lleva fallecido cinco años. No obstante, acudió a la llamada de la Caverna en contra de la ley del aborto española, que ante las cosas serias uno se moviliza y no hay muerte que lo impida. En lo tocante a sentido del ridículo (y de la vergüenza) en Intereconomía siguen completamente vírgenes. Como buenos fundamentalistas católicos.

(Por si modificaran la noticia, me quedo con una copia de la página original).

jueves, 22 de octubre de 2009

Más reflexiones sobre el aborto

Es frecuente que el debate sobre el aborto se vuelva acre a medida que avanza. Y más cuando desde posiciones antiabortistas se apuesta por maximalismos del tipo "el aborto es un asesinato", así, sin mayor aditamento, sin siquiera contemplar supuestos como la violación o el peligro para la vida de la madre. Negar al otro su derecho a un debate más o menos neutro y tolerante sobre cuestión tan peliaguda, prefijando de ese modo los esquemas que ha de seguir un diálogo que, a priori, intenta buscar soluciones es, en mi opinión, menospreciar de inicio al oponente dialéctico y demostrar que no interesa dicho debate sino afianzar posturas y, de paso, hacer proselitismo. En realidad rehuyen el debate para evitar enfrentarse a la realidad refugiándose en apuestas absolutistas.

Legislar sobre el aborto

En ésta bitácora ya escribí sobre lo que me parece
una alternativa razonable al aborto, pero no era en ningún caso una forma radical de fijar una postura en contra a la interrupción voluntaria del embarazo. Mirar para otro lado no es la solución, y legislar para que haya una regulación de este tipo de prácticas quizá sea lo menos malo. No se trata de estar a favor o en contra de interrumpir el normal crecimiento de un embrión hasta dar lugar a un bebé, proceso que puede no fructificar de forma netamente natural, sino de si estamos o no por la labor de buscar fórmulas para que, sabiendo que se van a producir abortos, éstos se produzcan en las mejores condiciones higienico-sanitarias reduciendo en lo posible el peligro para las madres. En cierto sentido, una legislación al respecto viene a ser como la tarea desarrollada en las narcosalas con los drogodependientes: se les ayuda en un consumo sin riesgos anejos mientras se les asesora sobre cómo abandonar su adicción.

Veo mucha hipocresía y cinismo en algunas posturas antiabortistas. Dan muchas veces la impresión de perseguir que el tema del aborto sea invisible, que no haya consciencia de él -como si conocerlo les contaminara y hiciera partícipes- y apartar la vista de manera que parezca la problemática deja de existir, aunque bajo cuerda se siga produciendo. Quieren frenar y revocar cualquier legislación sobre el particular, pero ¿acabará con los arriesgados abortos caseros o en clínicas clandestinas? ¿Cual es su posición al respecto? Se desconoce. Lo que no se sabe no existe, esa parece ser la filosofía que en muchos casos les mueve.

Conocida fue la estampa de
jóvenes españolas viajando a Londres durante el franquismo, como única solución al oprobio y condena social al que se veían abocadas por quedarse encinta en circunstancias poco cristianas. Habría mucho que hablar sobre cómo la moral católica ha sometido en España a la mujer durante siglos, y su responsabilidad a la hora de empujar a muchas mujeres hacia salidas discordantes con dicha moral, pero no quiero perderme en discusiones anexas. El problema ha existido durante décadas, y se reproducirá si desde las leyes no se facilitan mecanismos para evitarlo. Lo mismo podemos decir de las prácticas clandestinas.

Hablan los antiabortistas que se mata a un ser humano. De eso no hay duda, el embrión humano es de indudable origen... humano. Otra cosa es si es persona. Se me antoja difícil imaginar una legislación occidental donde embriones y personas ya nacidas sean titulares de idénticos derechos jurídicos. La española desde luego no es una de ellas como así reza la sentencia 53/85 del Tribunal Constitucional. En ella se dice que en caso de colisión de derechos prevalecen los de la persona nacida (fundamentos jurídicos, 11) y que, si bien habla del feto como un bien jurídico protegido por el artículo 15 de la Constitución (fundamentos jurídicos, 7), no puede afirmarse que sea titular del derecho fundamental (fundamentos jurídicos, 6).

Esto en cuanto al aborto en términos generales; sobre la reforma planteada por el Gobierno pienso que, al igual que los padres tienen deberes para con sus hijos, éstos también han de tenerlos hacia sus padres. Una joven, al menos debería tener que comunicar a sus padres algo tan trascendente como un aborto ya que hablamos de personas no emancipadas. No creo que los menores por ser menores sólo tengan derechos y ningún deber. Si un padre está obligado a la manutención, escolarización y cuidado de sus hijos menores de edad éstos también deberían tener ciertas obligaciones para con sus padres. Pienso que someterse a un aborto es algo lo suficientemente trascendente como para tenerles en cuenta.

Otro aspecto del proyecto de reforma de la ley que también cuestiono es poder llegar a las 22 semanas para abortar.
Me parece mucho, antes ya una mujer debería poder decidir si quiere o no quiere tener a su hijo. Doce semanas me parece un límite más que razonable.

El embarazo como molestia

Concluyo con una alusión crítica esta vez hacia los abortistas. Hablan de la libertad de elección de la madre, de su derecho a disponer del propio cuerpo y a no sufrir presiones a la hora de decidir; también de que no se está acabando con una vida propiamente dicha. Yo percibo otro motivo, bastante más material: interrumpir un embarazo ahorra contratiempos y preocupaciones que, además, no han sido buscados, al menos no directamente, lo que a sus ojos les carga de razones. Hablar de solución egoísta puede depender del carácter que se le otorgue al feto: persona o no persona. Pensar que sólo es un amasijo de células libra a los padres de problemas de conciencia para interrumpir el embarazo con total tranquilidad. Para librarse del feto sin complejos no hay como despojarle de todo rasgo que les emparente con humanos ya nacidos.

Insisto en que para mí un embrión no es una persona, pero creo legítima una reflexión acerca de si quienes deciden abortar han pensado y razonado sobre ello, actuando después en consecuencia, o sólo se conducen por razones meramente utilitaristas.

lunes, 19 de octubre de 2009

Mentiras e hipocresía en la manifestación contra el aborto

Tras la manifestación antiabortista del pasado sábado en Madrid, llega la consecuente guerra de cifras. Los convocantes, entre los cuales se encuentran varias asociaciones de marcado carácter católico, dicen haber reunido a 2 millones de personas. La Comunidad de Madrid les afea y desmiente reduciendo la cifra a casi la mitad, 1,2 millones. Por contra, la empresa contratada por la agencia EFE reduce drásticamente la cifra a un máximo de 63.000 personas. Sobre ésta última y las suspicacias que pueda levantar hay que decir que sus observaciones son similares a las que hicieron sobre la marcha del orgullo gay, una convocatoria en teoría afín al Gobierno socialista (dato vía Escolar.net).

Analicemos algunos detalles. Según el enlace de Telemadrid, medio proclive a las tesis antiabortistas, se fletaron 600 autobuses desde toda España. Poniéndonos en la opción más favorable para los convocantes, los autobuses podían ser de unas 75 plazas en vehículos de gran capacidad, por 600 unidades nos dan 45.000 personas. Telemadrid habla también de aviones y trenes pero no cita ni el número de unidades ni la cantidad de gente que transportaron, por lo que los a efectos de suma total de asistentes no deben suponer añadidos muy significativos. Pero seamos generosos y agregemos algunos miles más, hasta 50.000 (no olvidemos que ya hemos tirado por elevación con los autocares).

Ahora volvamos a las cifras oficiales. Dos millones según los convocantes y 1,2 millones según la CAM. Es decir, que según la organización, y siendo la población de Madrid capital de unos 3.200.000, el pasado sábado se dio cita en la manifestación contra el aborto el 60,90 % de la población madrileña, o lo que es lo mismo, más de la población total de Barcelona capital y más del total de votos que recibió el Partido Popular en toda la Comunidad de Madrid en las pasadas elecciones de 2008. En el caso de los números que maneja la CAM hablaríamos de un 37,5% de madrileños reunidos el pasado sábado o casi un 70 % de votantes del PP con respecto a los últimos comicios generales en toda la Comunidad.

Los que emiten esos guarismos no parecen ser conscientes de lo que entrañan, o consideran que quienes les escuchan, ávidos por escuchar la información que quieren oir, jamás les pondrán la menor pega, por disparatado que sea el dato que les ofrezcan.

Sólo el metro de Madrid mueve al día a 2,5 millones de viajeros repartidos en, según Wikipedia, 293 estaciones. Lo que nos están diciendo los señores convocantes y desde la CAM es que entre uno y dos millones de personas se han concentrado en unas pocas estaciones de metro y cercanías en apenas tres horas sin haberse producido ninguna situación de colapso en la red de transporte madrileña. Con semejante densidad de afluencia, por fuerza deberían haberse producido atascos en las vías de salida de dichas estaciones, con los consiguientes problemas que acompañan a toda aglomeración humana. ¿Alguien ha escuchado alguna noticia al respecto? Es algo que se sale de toda lógica y de toda proporción.

En cierto modo, inflar de ésta manera la cifra de asistencia es una forma de minusvalorar su propia capacidad de convocatoria. Conseguir invocar a 70.000 personas, o las 200.000 que dijeron las autoridades policiales sería ya un éxito. 70.000 asistentes es mucha gente, pero parece que si no se mueven en números de 7 cifras lo consideran un fracaso, como si la obsesión, la medida a superar fuera la concurrencia de la manifestación contra la guerra de Irak en 2003. Ésto último se me antoja harto difícil ya que el clamor popular de entonces se produjo simultáneamente en distintas ciudades españolas (y extranjeras) sin autobuses ni otros medios de transporte de por medio pagados por la organización.

Mención aparte merece la hipocresía de los convocantes y de muchos de quienes les apoyan. El portavoz del Foro de la Familia, Benigno Blanco, secretario de estado durante los 8 años del Gobierno de Aznar en los cuales no se tocó una coma de la ley del aborto el sábado aún vigente, tuvo el cuajo de decir lo siguiente en su discurso:
Una sociedad sana y humana no puede convivir con una ley permisiva del aborto,
ni con la actual, ni con la anunciada, ni con ninguna.

Ergo, Benigno Blanco colaboró de forma activa durante 8 años a que nuestra sociedad fuera un poco menos sana y humana al formar parte de un gobierno que no movió un solo dedo mientras se producían unos 500.000 abortos. Y este es el sujeto que se permite dar a la sociedad lecciones de moral. Si a ello le añadimos que hace suya la cifra de dos millones de asistentes, contra toda lógica y a todas luces falsa, ¿cabe calificar de cristiano el comportamiento de éste señor? A mí no me parece ningún ejemplo de moral cristiana. Mentir no es cristiano.
Termino con una última cuestión. Parece que cuando colectivos de artistas se manifiestan en favor del Gobierno es que son unos vendidos a los que se les premia con subvenciones y el canon digital. En cambio, organizaciones autodenominadas pro-vida, declaradamente antiabortistas que, a buen seguro, participaron en la marcha del pasado sábado, son receptoras de jugosas subvenciones de parte de gobiernos autonómicos conservadores y, pese a ello, siguen siendo modelos de integridad y rectitud. No, o todos o ninguno. Basta de hipocresía y de doble moral.

Para ilustrar el tema, añado un vídeo que ví hace tiempo y que recupero gracias a Twitter: el siempre certero George Carlin sobre el aborto y los pro-vida.

martes, 2 de junio de 2009

Una alternativa viable al aborto

El debate sobre el aborto casi siempre termina enfangado por culpa de los prejuicios que cada uno lleva consigo. Rara vez se produce un diálogo alrededor de éste asunto en el que la cordialidad y el sano intercambio de pareceres sea la tónica dominante. Es un tema que levanta encendidas pasiones, de eso no cabe duda, y precisamente por ese candor que motivan posturas encontradas no se suele profundizar en posibles alternativas fuera de lo habitualmente contemplado.

Yo abogaría por buscar esas alternativas. Pienso que una interesante sería la de incentivar la llevada a término el embarazo para que, en última instancia, la administración correspondiente lo diera en adopción. Es mejor que abortar y evitaríamos la terrible escena de bebés arrojados a contenedores. Se le podría dar la oportunidad a la madre de quedarse con su hijo si cambia de opinión, siempre que se encontrara en las condiciones socioeconómicas adecuadas para su crianza, habilitando un período legal en el que se le ofreciera esa posibilidad, con un plazo concreto para echarse atrás.

No es una solución ideal pero pienso que es notablemente mejor que la traumática experiencia de un aborto. Y llevaría consigo algo importante para las madres (y padres) jóvenes con embarazos producto de "noches locas": sostener sobre sus hombros durante nueve meses la consecuencia de su falta de responsabilidad, con lo que la experiencia puede tener de pedagógico para ellas en lo referido a la relación acto irreflexivo-consecuencia de dicho acto. Dar forma a una vida es algo muy serio que no debe ser tomado a la ligera. Los abortos terapéuticos quedarían al margen, por supuesto. Para implementar la iniciativa haría falta un compromiso sólido por parte de las administraciones y la consiguiente partida presupuestaria, eso por descontado.

Como aspecto negativo estaría en principio el presunto fraude que se podría generar, con madres dispuestas a ofrecerse como barrigas de alquiler sólo para cobrar del Estado o la CC.AA. Sería una lectura cuando menos discutible, ya que da por supuesto el descontrol tras la implantación de la medida. Ese descontrol no tendría por qué producirse si se establece la oportuna supervisión, la cual debería ser férrea habida cuenta de la gravedad de la cuestión. Además, un embarazo de nueve meses, con todas las molestias que acarrea (físicas, laborales...), tampoco es una experiencia precisamente apetecible. No apostaría yo porque se generalizara ese tipo de fraude. No hay que olvidar que toda norma legal genera actividad clandestina paralela, y no por eso se deja de legislar.

Y en todo caso, lo daría por bien empleado si con ello evitamos que haya bebés que finalizen sus primeros minutos de vida entre basuras, adelgazamos la penosa estadística del abortos ilegales con sus consecuencias penales para las madres y, finalmente, nos ahorramos el dilema ético de preguntarnos si estamos asesinando o no a una persona. Son muchas cosas y todas importantes como para ni siquiera contemplarlo.

Cine de 2021 que ha pasado por estos ojos

A continuación dejo un listado de las películas de 2021 que han visto estos ojitos, junto con un enlace a la reseña que dejé en Filmaffinity...