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martes, 2 de junio de 2015

Patriotas indignados marchan en protesta por la base de Morón

Los patriotas españoles se sienten muy ofendidos por la pitada que sufrió el himno nacional y por el jefe del estado Felipe de Borbón, alias "el preparao".

Me parece encomiable que unos ciudadanos se preocupen por los símbolos nacionales hasta el extremos de cagarse en los muertos de vascos y catalanes por silbar una cancioncilla. Uno llegaría a pensar que estarían dispuestos a mucho más si una porción de tierra de su amada España dejara de pertenecer a su sagrado e indivisible país. Ahora tienen la ocasión de demostrarlo.

El bobierno de España ha acordado con el de los USA que la base militar de Morón pase a ser permanente. Esto significa que el suelo donde se ubica estará bajo control usamericano, toda una cesión de soberanía que debería soliviantar a todo buen patriota que se precie. Fuentes gubernamentales aseguran que este extremo no es cierto, pero je, je, digamos que este ejecutivo y la verdad no son dos conceptos cuyo encaje en la misma frase suene elegante.

Así que imagino que lo más granado del facherío estará a esta hora planeando movilizaciones masivas para protestar por esta afrenta hacia el sagrado suelo patrio. De hecho, ya tenemos organizadas marchas por la "dignidá ejpañola" de las cuales podemos ofrecer en exclusiva las primeras evoluciones.



Me emociona ver a tanto sincero patriota reunido. ¿A ustedes no?

jueves, 18 de abril de 2013

Ida de olla o como vincular el atentado de Boston con ETA


La mente conspiracionista no busca patrones que confirmen sus juicios previos y confirmen sus sospechas en favor de una determinada explicación. La mente conspiracionista encuentra esos patrones, al margen del sentido común y saltándose las más elementales reglas de la lógica, que no son más que obstáculos que impiden llegar a la auténtica y absoluta verdad verdadosa.

El desgraciado atentado durante la maratón de Boston, que de momento se salda con tres muertos y más de cien heridos, puede perfectamente convertirse en obra de ETA si aplicamos los mismos razonamientos que durante años han estado empleado los conspiracionistas del 11-M para justificar sus delirios y sandeces.

Las dos ollas encontradas por la policía y que fueron usadas como contenedor del explosivo son de la marca Fagor, fabricante vasco que ha sido vinculado con ETA por el rigurosísimo procedimiento de los emails en cadena. ¿Quién no ha recibido por correo electrónico ese listado de empresas vascas acusadas de colaborar con ETA mediante el pago del impuesto revolucionario? Fagor era una de ellas, lo recuerdo perfectamente. ¿Qué más necesitamos? El que no quiera enterarse es porque tiene intereses ocultos que no le conviene desvelar. A mí no me engañan porque yo SE la verdad.

La segunda pista nos lleva a la mismísima Vizcaya. Allí, ha hecho explosión una tercera olla a presión hiriendo a varias personas. Dos de los heridos son franceses, siendo que la colaboración antiterrorista del país galo ha contribuido numerosas veces a desarticular el entramado etarra fuera de España. Es una venganza de libro, vaya. Esta tercera olla es de tipo industrial, pero el dato crucial es que... es una olla y ha explotado, no me sean pejigueros. El vínculo es inequívoco y no se puede negar. Bien es cierto que no estaba llena de goma 2, amosal o metralla, sino de garbanzos con verduras. Pero con una velocidad de detonación adecuada las legumbres pueden causar un considerable daño, actuando como si fueran rodamientos de acero proyectados, sobre todo si aún no han alcanzado su punto justo de cocción. Además, el uso de este nuevo tipo de explosivo "casero" se ajusta a la delicada situación económica atribuida a la banda terrorista. Obviamente, para alguien de recursos económicos limitados es más fácil adquirir dos kilos de garbanzos en el Eroski que doscientos de dinamita en el mercado negro de explosivos. Diantre, ¿he dicho Eroski? Sí, otra de las empresas vascas que figuraba en el listado que les decía. ¡Si es que todo cuadra!

Como ven, las piezas encajan. Coincidencia temporal, dos ollas de fabricación vasca en Boston, USA, país al que los radicales islámicos le tienen unas ganas que ni les cuento. Otra olla explota en ¡Vizcaya! (joer, ¡si es que está claro!) hiriendo a dos jóvenes de nacionalidad francesa. Y a otros que no lo son, pero ya se sabe que todo objetivo militar conlleva los a veces inevitables daños colaterales. Todo indica, las PRUEBAS señalan a una nueva colaboración entre moritos pelanas y la tropa etarra, intentando golpear en dos frentes al mismo tiempo. La confluencia de intereses termina de cuadrar el círculo.

Solo nos queda un detalle, un último actor cuyo papel aún no está claro, pero es seguro algo pinta ahí. ¿Cómo metemos a Rubalcaba en escena? Fácil: es químico, y para elaborar un buen cocido, cualquiera con dos dedos de frente lo sabe, son necesarios unos sólidos conocimientos de química. Aunque en el caso del ¿líder? del PSOE se trata más de alquimia, no les quepa duda. Suena mucho más siniestro.

PD: Con esta entrada no he pretendido ofender a nadie. Me tomo los actos terroristas con tanta seriedad como el que más. Solo he intentando comentar los hechos desde una perspectiva desenfadada para mostrar lo ridículo de los razonamientos conspiracionistas.

viernes, 2 de septiembre de 2011

John Adams o la recuperación de una importante figura histórica

Acabo de terminar el visionado de la miniserie de siete capítulos de la cadena HBO "John Adams", basada en la vida y obra del segundo presidente de los Estados Unidos de América, descrita en un libro de David McCulloch. Es habitual que cuando se citan personajes ilustres que protagonizaron la independencia de los USA sean Thomas Jefferson, como principal inspirador de la declaración de independencia, y George Washington, como héroe de la guerra contra la corona británica y, a la postre, primer presidente, los personajes más renombrados. Incluso Thomas Paine, ideólogo de la independencia aunque no participara en la redacción de la declaración, parece gozar de mayor reconocimiento. Esta serie, emitida en 2008, quizá viene a paliar ese pequeño vacío histórico en torno al que también fuera primer vicepresidente de la nación norteamericana.

La serie está protagonizada por secundarios de lujo de la industria del cine usamericana: Paul Giamatti como John Adams; Laura Linney como su esposa, Abigail; David Morse como George Washington; Tom Wilkinson en el papel de Benjamin Franklin, entre otros. La historia narra el acontecer de John Adams desde que era un simple pero respetado abogado en su Massachussets natal, comprometido con la causa de la verdad aunque le llevara a defender a los ya por entonces impopulares soldados británicos, hasta su misma muerte. Empieza precisamente con el episodio violento conocido como la masacre de Boston, en el que un destacamento británico es acusado de disparar a unos alborotadores de forma indiscriminada. Adams aceptó la defensa de los soldados ganándose así la reputación de imparcial e íntegro, cuando lo fácil hubiera sido añadir la suya a la animadversión general suscitada por la presencia militar británica. Este suceso captó la atención del Consejo Continental (precedente del primer Congreso constitucional). Poco a poco, fue escalando puestos en el engranaje político de la colonia al tiempo que iba avistando la separacion de la metrópoli como un fin al que se había de llegar más temprano que tarde. Podríamos afirmar que fue uno de los primeros patriotas convencidos que tuvo su país ya que,
 despojándose de todo pragmatismo, siempre vislumbró la independencia como el desenlace último de sus anhelos políticos como ciudadano.

Algo que destacaría es que, lejos de parecer una hagiografía, la serie destaca aspectos poco virtuosos del carácter de Adams. Si bien aparece como un hombre cumplidor y leal en lo relacionado con su vida política, en la faceta personal se nos muestra como un padre distante y poco amoroso con sus hijos, a los que deja durante largos periodos de tiempo a cargo exclusivamente de su madre. A ésta se la describe como completamente subordinada a las decisiones de su marido, las cuales le causan no pocos momentos de angustia. No obstante, queda significada la crucial importancia que su apoyo y entereza tuvo para su esposo, abiertamente reconocida por él. También se acentúa el carácter vanidoso de Adams, quien conocedor de su solvencia intelectual no duda en hacer gala de ella sin importarle la distancia que con ello marca con los demás. A duras penas consigue reprimir su inmodestia natural, fielmente aconsejado por su mujer, su principal aliento y consuelo.

Soy consciente de que no se pueden juzgar acontecimientos pasados desde un prisma actual, pero me llamó la atención cómo, en uno de los capítulos, su yerno le afea en una ocasión, al ser rechazada su petición de recomendación, el hecho de que John Adams se las apañara para intentar colocar a sus hijos varones, ya fuera en la política o en la abogacía. A su hijo mayor, John Quincy, le sirvió de trampolín para terminar convirtiéndose en el sexto presidente de los USA. ¿Podemos llamar a esto nepotismo? Como digo, es complicado referirse al pasado basándonos en valores actuales.

Hacia el final de la serie se enfatiza en la amistad que sostuvo con Thomas Jefferson (interpretado por el menos conocido Stephen Dillane), relación cuya solemnidad se trasluce del intercambio epistolar mantenido ya cuando ambos se encontraban en la vejez. Jefferson derrotó a Adams tras finalizar el mandato de este, en el que aquel fue vicepresidente, y ambos mantuvieron importantes discrepancias durante ese periodo. Sus relaciones fueron especialmente tensas al rehusar Adams prestar ayuda a Francia en su guerra contra Gran Bretaña, algo que sentó muy mal en el país europeo y a sus simpatizantes, entre los que Jefferson se encontraba. Pesaba el hecho de que Francia había sido un valioso aliado de los USA en la guerra de la independencia contra el Imperio Británico. Aquí el presidente ya era objeto de ese pragmatismo que atrapa a los gobernantes y que, a veces, soslaya la ética en favor de los intereses, la llamada realpolitik. Precisamente, evitar la guerra con Francia es lo más valorado de su presidencia.

La tragedia se cebó en la familia de John Adams una vez retirado de la vida política. Su hijo Charles murió alcoholizado, su hija Nabby de cáncer de mama, y su mujer, Abigail, de fiebre tifoidea. Adams murió el día del 50 aniversario de la independencia, solo unas horas después de que lo hiciera Thomas Jefferson, a los 90 años.



En resumidas cuentas, me ha parecido una gran serie, de hecho, ha recibido numerosos premios. No hablaré del trabajo de los actores ya que tengo por costumbre no hacerlo cuando no les he escuchado con sus voces originales. La ambientación está bien conseguida y las caracterizaciones muy logradas, con el pero de no haber conseguido un aspecto de vejez más verosímil en el último capítulo. Su fidelidad histórica se la dejo a los profesionales del ramo, pero lo narrado se asemeja mucho a lo que podemos encontrar en Wikipedia.

sábado, 25 de junio de 2011

domingo, 8 de mayo de 2011

La ética de las bombas, la tortura y la violencia

Sam Harris es un filósofo usamericano experto en neurociencia. En 2005 escribió un libro titulado El fin de la fe que le convirtió en uno de los intelectuales ateos más destacados del momento. En este libro, que acabo de terminar de leer, expone con brillantez el porqué de considerar a la fe como una de las mayores fuentes de sufrimiento en el mundo a lo largo y ancho de toda la historia. No obstante, y por insólito que parezca, no son esas consideraciones las que andan revoloteando alrededor de la cabeza de este ateo que les habla.


En el capítulo dedicado al "problema del Islam", Harris argumenta en contra de las posiciones del conocido Noam Chomsky en relación a la política exterior usamericana. Considera errónea y carente de bagaje moral la equiparación que Chomsky hace de la violencia desatada en suelo norteamericano con motivo del 11-S con la que los USA han provocado en diversos puntos del globo en su "guerra contra el terrorismo". Sostiene que "en lo que a ética se refiere, las intenciones lo son todo" (aunque también puntualiza después que no son todo lo que importa). ¿Qué significa esto? Significa que, viene a decir, existe una diferencia moral entre un bombardero que siembra de muertos y mutilados una aldea afgana en su intento de destruir una fábrica de armas talibán y un extremista islámico que secuestra dos aviones de pasajeros y los hace colisionar contra dos rascacielos atestados de personas. Dicha diferencia estribaría en que, en el primer caso, la meta de los tripulantes del bombardero no es matar inocentes, aunque está claro que los posibles daños colaterales no son un motivo que les retraiga. Tienen un objetivo y su misión es destruirlo, y si la fábrica de armamento estuviera en mitad del desierto, sin civiles en kilómetros a la redonda, pulverizarla seguiría siendo su único propósito. En el caso de la yihad perpetrada por fundamentalistas islámicos, los civiles son el objetivo militar y sus atentados están orientados a producir el mayor número de víctimas posibles, sin discriminar entre civiles y no civiles.


Harris continúa su argumentación recurriendo a un sistema de diferenciación de valores que denomina "el arma perfecta". Con este arma imaginaria, uno puede alcanzar sus objetivos militares con precisión quirúrgica relegando al olvido a los funestos daños colaterales que tanto nos impresionan. Imaginemos al gobierno de George W. Bush en poder de un arma así, capaz de partir por la mitad a Osama Bin Laden, ahora que está de actualidad, sin que nadie más salga herido. ¿Le creen capaz, por muy mal que nos caiga el personaje, de utilizarla para otra cosa que no sea eliminar escrupulosamente a su objetivo militar? Se hace difícil creerlo. Ahora imaginemos esa super arma en poder de Al Qaeda. ¿Qué uso podemos suponer que harían de ella si sabemos que, en su caso, el objetivo militar es la población civil? ¿Bush/Obama y Bin Laden la emplearían de la misma forma? Una cosa es que Bush sea un patán descerebrado más centrado en alcanzar sus objetivos que a los cadáveres que pueda dejar atrás mientras lo consigue; y otra diferente es que sea alguien capaz de ordenar un bombardeo a sabiendas de que solo morirán aldeanos indefensos. Desde una óptica ética, las intenciones cuentan si nos referimos a las personas.  ¿Podemos decir lo mismo del instigador del yihadismo responsable del 11-S, 11-M y 7-J, entre otros atentados indiscriminados? ¿El plano moral en que ambos están es, de verdad, el mismo?


Hay que subrayar que el autor de El fin de la fe no está estableciendo una diferencias tan abrumadoras que conduzcan a la santificación de unos y la diabolización de los otros. Harris se afana en recalcar los motivos por los que los USA despiertan un monumental recelo en buena parte del globo, y no elude en absoluto abordar el asunto. Hace un recordatorio de algunas de las atrocidades usamericanas más sangrantes: el exterminio de los indios nativos, la esclavitud o la matanza de My Lai en Vietnam, en la que se detiene especialmente. Lo que intenta es que sepamos distinguir entre la brutalidad que, cuando sale a la luz, supone objeto de escándalo y crítica en el país de sus perpetradores y la que es recibida con parabienes por comunidades enteras, como es en el caso musulmán. Que hay unas sociedades que no toleran esa violencia extrema y que existen otras que la amparan, y que en términos éticos, las primeras son superiores a las segundas. Que la democracia occidental, con sus pegas, es moralmente superior a los regímenes teocráticos musulmanes, y ello también se manifiesta en la forma de hacer la guerra de unos y otros. Esa es la conclusión fundamental de este conjunto de ideas.


Hacia el final del libro, su autor se adentra en el terreno de la ética en términos de felicidad y sufrimiento de forma que no deja indiferente. Nos introduce en vericuetos aún más controvertidos cuando se atreve a plantear si puede haber circunstancias en que la tortura puede revelarse aceptable, incluso ética. No es un planteamiento nuevo imaginar a un sospechoso de terrorismo poseedor de una información acerca del lugar donde se cometerá el próximo atentado. Torturarte hasta revelar la información clave puede ser la única vía de salvación de las potenciales víctimas. Harris considera, posicionándose en un punto de vista muy local (de los USA), que si aceptamos las bajas colaterales en una campaña bélica [como las aceptamos en conflictos en los que, objetivamente, la intervención usamericana y de la OTAN redujo su extensión en el tiempo, como fueron los de Bosnia y Kosovo] no hay obstáculo moral en aceptar la tortura ya que, en ambos casos, lo que se persigue es un bien más elevado. ¿Qué es más malévolo, se pregunta, someter al sospechoso a un sufrimiento contrario a nuestra ética para extraerle la información o no hacerlo y esperar resignados a que una cantidad indeterminada de hombres, mujeres y niños perezcan horriblemente entre fuego y escombros? ¿Cual es la opción más defendible desde una vertiente moral? Esta pregunta es una patada en los bajos de las mentalidades europeas, poco acostumbradas a debates de semejante enjundia. Curiosamente, y a pesar de todo lo anteriormente argumentado, Harris admite que la práctica de la tortura le sigue pareciendo inaceptable en términos éticos. Es solo bajo la aceptación de un marco muy concreto, como sería la guerra contra el terrorismo emprendida por su país contra Al Qaeda, que se puede contemplar la tortura como una práctica no solo aceptable, sino necesaria.


Me he limitado a poco más que resumir los conceptos esenciales que Sam Harris transmite en El fin de la fe relativos a la ética de la violencia, sin entrar en mayores valoraciones. Ahora bien, ¿qué encontramos entre sus argumentos que pueda ser objetable, dado lo polémico de sus asertos? Sin duda, lo peor a lo que nos puede llevar la diferenciación moral que estipula es convertir las maniobras de uno de los actores en genuinamente morales, abriendo así la puerta a la comisión de los peores excesos una vez que se le ha proporcionado la coartada de la moralidad. Harris se apunta a lo que muchos estiman (recordemos que su libro fue publicado hace seis años) que es una guerra no declarada entre Occidente y el mundo musulmán. Y no veo esa guerra, no la percibo como algo ni tácito ni explícito. Estoy dispuesto a denominar guerra a lo que los USA mantienen con el movimiento yihadista después del 11-S, en cuyo contexto podríamos encuadrar la reciente operación para eliminar a Bin Laden, pero ampliarlo a la totalidad del universo islámico no es algo que los datos recabados sobre el terreno nos puedan confirmar. Eso sí, vender la idea de estar atravesando por un conflicto bélico ayuda a que las dudas sobre todo lo aquí esbozado se disipen con mayor rapidez y en una dirección concreta.


Admitamos, sin embargo, que este debate tiene un calado lo suficientemente profundo como para ser planteado, y que ello no transforma en monstruos a quienes defienden ponerlo sobre el tapete. La violencia siempre es un recurso indeseado, pero no por ello deja de ser a veces necesario. Más arriba mencioné Bosnia y Kosovo. ¿Podemos o no aseverar que las intervenciones de las fuerzas aliadas en esos lugares ayudaron a reducir el sufrimiento de la población civil? Solo pondré un ejemplo: tras la matanza del mercado de Sarajevo en 1995, la aviación de la OTAN entró en acción contra las fuerzas serbias; el resultado fue que el consecuente desequilibrio militar en favor de las tropas bosnio-croatas condujo en pocos meses a la firma de los acuerdos de Dayton, concluyendo así el sitio de la ciudad bosnia que duraba desde 1992. ¿Fue o no determinante la intervención aliada para frenar la guerra? Harris también arremete contra el movimiento pacifista, ese que rechaza cualquier estrategia que pase por el empleo de la fuerza, al que tilda de intrínsecamente inmoral. Su argumento es que el pacifismo dejaría el mundo tranquilamente en manos de los más salvajes, y que es insostenible en la práctica. Retrata su postura con una frase: "cuando tu enemigo no tiene escrúpulos, tus propios escrúpulos se convierten en un arma en sus manos".


Como dije, no estamos en el viejo continente habituados a cuestionarnos según que cosas. Especialmente la Europa progresista no parece capaz de hacerlo abiertamente, aunque luego sus gobiernos acaben participando de esa lógica. A veces es duro ser tan pragmático, pero hay ocasiones en que las alternativas no son mejores. Quizá haya que formar parte de un país forjado a golpe de revolver y de ley del Talión para entenderlo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Luces y sombras en la vida de Thomas Jefferson

Desde hace un tiempo soy habitual de la literatura de divulgación científica y de fomento del pensamiento crítico. Soy lector lento así que no puedo presumir de tener un bagaje de lecturas especialmente amplio, pero sí el suficiente para advertir que algunos personajes históricos son citados frecuentemente como referentes para los autores escépticos. Uno de estas celebridades es Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos y alguien que antepuso la razón y el individuo, sus derechos y su libertades, por delante de las certezas absolutas propias de las creencias dogmáticas.

El pasado fin de semana vi en la 1 de Televisión Española un telefilme basado en la vida de Jefferson. Tenía toda la pinta de un folletín, solo destacable a priori por la interpretación del solvente actor neozelandés Sam Neill en el papel protagonista, porque el conjunto no era precisamente un derroche de calidad. No obstante, en el epílogo se especificaba que los hechos que describía la trama fueron reales, al margen de las licencias creativas que siempre se dan en el medio televisivo, por supuesto. Pero me brinda la oportunidad de hacer la siguiente reflexión.


El aspecto central de la narración era la relación íntima que Jefferson mantuvo durante una significativa parte de su vida con una de sus esclavas, Sally Hemings, iniciada mientras fue embajador de los USA en París y que duró hasta su muerte. En la película se afirma que, fruto de dicha relación, Sally Hemings alumbró hasta cinco hijos que el a la sazón presidente nunca reconoció, más preocupado por las apariencias y por su cada vez más enfilada carrera política [la wikipedia en inglés menciona todo esto sin tanta rotundidad y sin despejar la duda sobre la veracidad de estas afirmaciones].

En la América pre-abolicionista, el sureño Jefferson, propietario de una plantación y de los esclavos negros que trabajaron en ella, no fue capaz de aplicar a su propia vida los postulados que le han convertido en una figura invocada por destacadas figuras del pensamiento racionalista moderno como Carl Sagan o Richard Dawkins. Sin dejar de reconocer que fue un adelantado a la época que le tocó vivir, estos hechos le convertirían en alguien con las suficientes sombras como para no ser objeto de tan entusiasta reivindicación.

Y aquí es donde quiero detenerme. Es fácil concluir que el prestigio del que goza Thomas Jefferson debe quedar seriamente dañado por esta faceta de su vida y que su reputación de luchador por la libertad queda sepultada por su condición de esclavista activo. Dando por cierto lo que cuenta la película, que siempre que le fue posible procuró un trato humano y digno a todos sus esclavos, ello no justificaría su doble discurso, abolicionista de cara al exterior y esclavista de puertas adentro, aunque fuera un esclavismo light (aunque ¿existe, acaso, un esclavismo que pueda considerarse light?).

Pero aquí entraría en juego lo que Richard Dawkins denomina el zeitgeist moral, el paradigma ético, el conjunto de valores morales imperantes en una época y lugar concretos y que pueden determinar matices clave en la personalidad de una celebridad, aun estando en aparente contradicción con sus virtudes más ampliamente reconocidas. Denostadores de algunos de los grandes pensadores de la historia subrayan la dimensión antisemita de Voltaire, el machismo de Hume o el racismo y la misoginia de Schopenhauer. Y es que una cosa es ser un adelantado su tiempo y otra muy diferentes estar hasta dos siglos por delante del pensamiento descollante. El avance del raciocino y la moral tiene su ritmo, y por lo general es siempre más lento de lo que sus impulsores desearían.

Thomas Jefferson, junto con otros nombres ilustres de la época como Thomas Paine, intentó cambiar el mundo que le tocó en suerte vivir, lucha ésta cristalizada en la Declaración de Independencia de los USA y en la Declaración de Derechos. El progreso mundial hacia la democracia que supusieron ambas proclamaciones es indudable, y la contribución de Jefferson merece el calificativo de crucial, aun con la vergonzosa exclusión de negros e indios. ¿Puede la trascendencia de algo así quedar opacado por lo que está, en gran medida, decretado por ese paradigma moral y que responde a pautas sociales muy enraizadas? ¿Acaso no hacen falta una gran personalidad y una muy profunda madurez para conseguir sacudirse, aunque solo sea parcialmente, la carga de una estructura social que se siente obsoleta, desfasada e injusta, para luchar por mejorar lo que se sabe mejorable? Posiblemente, Jefferson fue, permítaseme la expresión, esclavo del tiempo que le tocó vivir. No intento justificarle contra viento y marea, solo trato de entender cómo alguien de tan rectos principios pudo mantener tan contradictorio proceder.

Para terminar una cita, como no, de Thomas Jefferson. De las muchas que se le atribuyen, me quedo con esta, perfectamente enmarcada en la actualidad de hoy día tras la visita a España de uno de los mayores entes dogmáticos y representantes del absolutismo ideológico y moral, el papa Benedicta:

La masa de la humanidad no ha nacido con una silla de montar a la espalda y tampoco unos pocos privilegiados nacen con botas y espuelas.

martes, 9 de febrero de 2010

Alegato contra la guerra de Irak de un ex soldado USA

Demoledor y estremecedor discurso de un soldado estadounidense destinado en Irak. No quiero imaginar lo que le habrá llovido en su país por atreverse a decir lo que dice en este vídeo. Eso, en el supuesto de que haya difundido de forma más o menos decente. Hay que darle más difusión, de eso no cabe duda. Toda la que se pueda.

lunes, 25 de enero de 2010

Afganistán da carta de existencia al PPSOE

"No queremos ver a España sentada en el rincón de la historia; en el rincón de los países que no cuentan, que no sirven, que no deciden. Queremos verla en otro sitio y por eso hemos luchado durante muchos años".
(...) ha asegurado este miércoles que España incrementará la ayuda a Estados Unidos en Afganistán porque "estar con los grandes" implica un mayor compromiso en escenarios como el del país asiático.
(...)
"Cuando uno está a ese nivel, no solamente se sienta en la mesa de los grandes para departir, sino que se compromete con los grandes en la gestión de los asuntos que son más delicados. Y Afganistán es uno de ellos."

¿Estiman mis amables lectores que existe diferencia sustancial entre lo dicho por Valenciano y lo sostenido por Aznar hace seis años y medio? Yo tampoco. Es otra forma de, en esencia, decir lo mismo. Seis años y medio después de aquel triste episodio de la política española una alto cargo del partido que hizo bandera del "no a la guerra" de Irak, y que criticó hasta el agotamiento (y con razón) el servilismo de Aznar ante George Bush, recoge en forma y fondo el testigo aznaril de la política exterior rastrera y plegada a los intereses del imperio.

Los hay que se quejan de que en España sufrimos un sitema bipartidista de facto, pero declaraciones como esta lo que certifican es la institucionalización del partido único en no pocos ámbitos. Lo dicho por Valenciano le da carta de existencia al PPSOE, oficiosa pero más real de lo que muchos nos hubiéramos atrevido a temer. Y esto si es un motivo para que legiones de votantes de izquierdas se lo piensen antes de volver a introducir la papeleta en la urna.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La mentira de la sentada de ZP ante la bandera yanqui

El presidente Rodríguez Zapatero vio ayer cumplido uno de sus sueños húmedos por excelencia: visitar el despacho oval de la Casa Blanca teniendo este como inquilino a su deseado Barack Obama, flamante (e incomprensible) premio Nobel de la paz.

Si nos fiáramos de la prensa de La Caverna, esto supondría que se normalizan una relaciones bilaterales quebradas a raíz de la sentada que protagonizó Zapatero el 12 de octubre de 2003, durante el desfile de las Fuerzas Armadas al paso de la bandera de barras y estrellas. Pero los datos nos dicen que esa supuesta ruptura, o cuando menos enfriamiento de relaciones, no tuvo lugar en lo tocante a la balanza comercial entre España y USA. De hecho, en 2006 dicha balanza comercial fue mejor que en 2000, con Aznar de presidente y ya rondando la ventana de George Bush guitarra en mano:

Por lo que respecta a España, en 2006 obtuvo un superávit de 280 millones de euros, resultado de haber importado bienes por valor de 6.967 millones de euros y exportado productos por valor de 7.247 millones.

Este dato supone una recuperación con respecto a 2000 -según los datos que ofreció Eurostat--, cuando la balanza comercial se inclinó de parte de Estados Unidos, con un déficit español de 1.354 millones, producto de importaciones por valor de 7.406 millones y exportaciones valoradas en 6.052 millones.

Aunque en 2008 y lo que llevamos de 2009 el balance comercial con los USA es negativo para España, nada indica que haya una causa fuera del normal transcurrir de los flujos comerciales entre países, a los cuales les influye poderosamente su situación económica. Al menos nada que no ocurriera también en 2000 con Aznar en Moncloa. Es lógico que en época de bonanza anduviéramos en superávit y que en los dos últimos años suframos déficit habida cuenta de cómo nos está golpeando la crisis. Pero no hay nada que podamos atribuir al gesto (o no gesto) de Zapatero en el desfile de 2003 a los efectos que nos ocupan.

De lo que cabe inferir que el bombardeo a que nos sometió el corifeo mediático a sueldo cavernario, junto a su blogosfera talibán, anunciando incontables catástrofes a cuentas de aquel terrible desaire, no fue otra cosa que una sarta de mentiras.

martes, 10 de febrero de 2009

Lo llaman obamización pero es idiotización

El presidente de los USA, Barack Obama, está dispuesto a cerrar Guantánamo. Y todo el mundo aplaude con las orejas por lo ético de la decisión pero, ¿qué pasará con los presos que alberga?

Solución: mandarlos a Europa. Y como en Europa se encuentra España y el ejecutivo patrio babea con la sola idea de que el presidente de moda le preste cualquier tipo de atención mientras sea atención, nuestro sin par ministro de exteriores se ha ofrecido a acoger a un número "limitado" de prisioneros en cárceles españolas. Porque, explica, no quiere que se diga que "no quieren colaborar" ni "iniciar un nuevo problema". Por lo visto, ahora todo atiende a razones de conveniencia político-diplomática y no de principios, como antes presumían. ¿Habría aceptado si llega a ser Bush quien hiciera el ofrecimiento?

Además, ¿qué es eso de que los presos de Guantánamo vengan a parar a Europa? ¿Acaso no es un problema generado por la administración USA? ¿Es que Europa es para los Estados Unidos lo que hace un par de siglos era Australia para el Imperio Británico, lugar de destino para convictos? ¿No hay sitio en sus cárceles o es que no quieren que su sistema judicial se enfrente a la aberración de haber violado sistemáticamente los derechos fundamentales de los retenidos, prefiriendo alejar el problema de la vista de los votantes estadounidenses, que a fin de cuentas no se enteran de lo que pasa en el viejo continente?

Vaya con la octava potencia del mundo, aceptando una posición de vasallaje junto a naciones tan potentes como Hungría. Lo mismo que se le achacaba a Aznar que hacía con Bush. Tanto enfuerzo para convencernos de las maldades de Guantánamo para terminar aceptando ser cómplice de facto de lo allí acontecido. Cosas de la obamización. ¿O es idiotización?

lunes, 27 de octubre de 2008

La fascinación de Obama

Según tengo visto en mis correrías digitales, un significativo sector de la izquierda española (quizá el más directamente vinculado el PSOE) tiene puestas en Barack Obama unas expectativas que no se si se acercan a lo que éste hombre verdaderamente representa. Vale que es distinto a Bush, pero es que Bush y su cohorte de neocons eran el extremo. Ser mejor no convierte a los demócratas, ni a Obama con ellos, en progresistas de pura cepa. Una analogía cercana y reconocible puede ser la de Ruiz Gallardón en el PP frente a parcela más selvática de su partido, encarnada por gente como Mayor Oreja, María San Gil o los felizmente desaparecidos -para la vida política- Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.

Que Obama es negro -minoría racial históricamente discriminada en los USA- y de familia procedente de un país del tercer mundo son otros motivos que, a mi modo de ver, despiertan en la izquierda española un mayor sentimiento de afinidad y aprecio por el candidato demócrata. Se le presumen por ello principios de los que el progresismo hace bandera. Pero llevar ésta confianza hasta el extremo de pensar que éste hombre es de izquierdas o que va llevar a cabo políticas siquiera cercanas a la socialdemocracia me parece de una ingenuidad galopante. El deseo de pasar página de la etapa Bush es comprensible, pero tampoco justifica la estrechez de miras ni confundir la realidad con los deseos.

Yo no lo voy a negar, quiero que gane Obama, pero por el mismo motivo por el que me decanté por Zapatero en las últimas elecciones: percibo a la alternativa como más perniciosa para los intereses generales (del mundo en éste caso), no porque su figura me fascine o sus propuestas me seduzcan.

viernes, 1 de junio de 2007

Y viene a dar lecciones...


La secretaria de Estado norteamericana Losientomucho Arroz (más conocida como Condoleezza Rice) se ha dignado visitar nuestro país -que no se encuentra formando parte del Eje del Mal de puritito milagro- y ha aprovechado para impartir unas lecciones de saber estar democrático. Dice que le plantea "serias dudas" la forma como el Ejecutivo español encara las relaciones con Cuba, se le ha llenado la boca (esa peaso de boca) con la palabra democracia y ha remarcado la disparidad de criterios entre la política de su país y la del ejecutivo español relativa a la isla caribeña.

En fin, que una de las máximas representantes del gobierno de los EE.UU. se pasee por Europa para recordarnos en qué consisten los hábitos de un país democrático no deja de tener su miga. Entre esos hábitos que tanto le gusta cultivar a Condi no parecen encontrarse derechos que en el viejo continente se encuentran garantizados mientras que en su país se pisotean a diario en Guantánamo. Sin embargo, amenazar e invadir países que no comulgan con su hegemonía o que suponen un obstáculo para su desarrollo, utilizando si hace falta datos falsos para engañar al personal, debe ser el summun del comportamiento democrático, según ella. Y ésto sólo si nos referimos a la actualidad, que si hacemos un poco de historia y recordamos Chile, Panamá, Granada, Vietnam,... nos dan las uvas.

Se conoce que estar en solitario situado en la cúspide de la cadena trófica de la política mundial da para muchas divagaciones, pero ya podían hacer un esfuerzo para guardar las formas y no tratar de tomarnos el pelo en nuestra propia casa de forma tan descarada.

martes, 14 de noviembre de 2006

Cine de 2021 que ha pasado por estos ojos

A continuación dejo un listado de las películas de 2021 que han visto estos ojitos, junto con un enlace a la reseña que dejé en Filmaffinity...