viernes, 20 de abril de 2007

Rajoy se queda sin virtudes

Después le tocaba a Rajoy. Tras el programa de TVE Tengo una pregunta para usted en el que el presidente Zapatero fue invitado a someterse a una batería de preguntas por parte de un puñado de ciudadanos de a pie, la siguiente invitación no podía ser más que para el jefe de la oposición. Me volví a perder la primera media hora, pero el resto de la función fue suficiente para extraer algunas conclusiones de lo que la propuesta de Rajoy, y él mismo, representan.

Personalmente, me defraudó. En un buen número de entradas de éste blog ha quedado demostrada la escasa simpatía de quien suscribe por éste caballero de exuberante frenillo lingual, pero una cosa siempre le he reconocido: es un excelente orador. Como parlamentario le suele dar mil vueltas a Rodríguez Zapatero, aunque ello tampoco entrañe excesivo mérito. Y por eso la decepción resultante es mayor, porque su principal habilidad no fue tal, le abandonó cual desodorante barato y garabateó rudamente sobre la imagen de excelso parlamentario que se había forjado.

Y eso que ZP se lo había puesto fácil veintitantos días atrás con sus plúmbeas respuestas y su pose de estadista incólume cuando el interrogado era él, pero Rajoy es un político que va a piñón fijo, es fiel a unas pocas líneas maestras y le descuadra que le saquen de ahí. Se le notaba muchísimo cuando las preguntas le incomodaban, se trastabillaba, confundía palabras… Habla demasiado deprisa y eso tampoco le ayuda, da la impresión de estar siempre acelerado… Sólo así se explica que se refiriera a Sadam Hussein como el "Hitler del siglo XX", como si el Holocausto fuera cosa del siglo XIX. Pero hubo más momentos desafortunados.

La pregunta sobre por qué Alberto Ruiz Gallardón no encabeza la candidatura al gobierno de España, a tenor de la valoración que le dan las encuestas, le dejó hecho polvo. Pero lo peor no fue eso, sino que se notó que le hizo daño. Puedo imaginar la sonrisa malévola de Gallardetas en el sofá de su casa al ver la expresión de contrariedad de quien le cierra el camino a sus aspiraciones políticas. Otra más: a la pregunta de la señora murciana sobre el urbanismo salvaje y la gestión del agua desarrollados en su comunidad, la respuesta no pudo ser más lamentable, limitándose a hacer una loa de los dirigentes murcianos de su partido para, finalmente, exhortar a la mujer a sentirse orgullosa de ser murciana. Evasiva de gran calibre. Y qué decir de la constante alusión a los niños y las lenguas que se les enseña en los colegios, sólo para que venga otra interviniente (votante confesa del PP, creo recordar) y desvele que en una comunidad popular, Baleares, existe el mismo problema de marginación a castellanohablantes que la derecha denuncia en Cataluña...

Luego, sus asesores le debieron aconsejar que utilizara frecuentes alusiones personales (”¿ud, es de tal pueblo? mi tío también y yo estuve una vez durante media hora”, más o menos...), con vistas a mostrar una cercanía que estuvo ausente en el programa que protagonizó Zapatero, pero a mí me sonaron artificiales y metidas con calzador. Sin embargo, me pareció bien que puntualizara los motivos por los que está recurrida la ley de matrimonios homosexuales, lo que ocurre es que emplear energías en luchar para que desaparezca la palabra matrimonio de dicho texto legal se contradice con la queja esgrimida de que el Gobierno se enfanga en temas superfluos olvidándose de lo importante. Y no fue la única contradicción.

Mostró su entusiasmo por poder hablar de las cosas que de verdad preocupan a los ciudadanos, pero no explicó por qué su estrategia de oposición se basa en asuntos que, sin carecer de importancia, están muy lejanos de la problemática cotidiana de esos mismos ciudadanos: ETA, Estatut, De Juana Chaos, ERC, los papeles de Salamanca,... Habló, refiriéndose al 11-M, que respetará y acatará las sentencias judiciales, pero ello entra en conflicto con la adhesión de su partido a manifestaciones que, precisamente, están lejos de respetar esas resoluciones judiciales. Y al hilo de ésto último, perdió una magnífica ocasión de desmarcarse pública y nítidamente de quienes enarbolan simbología preconstitucional en actos organizados o apoyados por el PP. Sólo puedo entender ésta alergia, evidenciada por las reacciones populares al nuevo acuerdo sobre la Ley de Memoria Histórica, en el deseo de no perder apoyo electoral por el ala más montaraz y reaccionaria de su partido.

Para ir concluyendo, haré una observación relativa al anterior programa con ZP, a los ciudadanos intervinientes en él y a los que le tocaron en suerte a Rajoy (ignoro si eran los mismos o no): en el primero me dio la impresión de ver a compatriotas preguntando al gestor que, saben, dispone de los resortes para cambiar cosas y mejorarlas, mostrándose incisivos y críticos pero sabedores de que hablaban con el Presidente y manteniendo un código de respeto hacia su persona y lo que representa; con Rajoy les he visto más viscerales, menos formales, más incidiendo en el reproche y menos solicitándole alternativas. Le doy una lectura concreta: Rajoy crispa, su partido crispa, su labor de oposición crispa, y esa crispación en la que tan cómodamente parece navegar el PP se le volvió en su contra ayer por la noche. Espero que tomara nota de que no solo puede encolerizar a sus adeptos en contra del rival político, sino que también puede enervar a los no afectos en su propio detrimento.

En definitiva, lo mismo que con Zapatero pero sin pausas entre palabras y a mayor velocidad, lo cual no puede ser considerado virtud. Y demagogo hasta decir basta. ZP es un tuercebotas dialéctico y lo sabe o lo saben sus asesores, por lo que no va más allá de sus evidentes limitaciones en ese campo. Rajoy, o no es consciente de sus límites, o no lo son sus asesores, o nadie vigila esa parcela dentro de su partido. Su gran problema, pese a todo, no es de formas sino de contenidos. Y si a esa gran nada que lleva consigo para intentar convencer al votante le quitas el envoltorio que le confiere cierto atractivo, apaga y vámonos.

1 comentario:

  1. Discrepo en eso de que Rajoy es un buen orador, mejor que Zapatero es, pero mejor que Zapatero hablando es cualquiera, menos Moratinos, claro está.

    Rajoy no me parece un buen orador porqué casi todo lo que sale de su boca son sentencias, muchas de ellas sin argumentos, muy vacías. Salvando las diferencias, que son muchas, me recuerda a Durruti, con la diferencia que Durruti tenía mucha más carisma. Éste hablaba a martillazos, Rajoy es un poco del estilo.

    Ya no quedan oradores como García Oliver o como Federica Montseny, que a pesar que ésta última a nivel de contenidos era un poco vacía, sabía camuflar muy bien lo que quería decir para que pareciese todo lo contrario.

    En fin, tal y como está el patio se me hace muy dificil escoger... Creo que una vez más, no voy a escoger y practicaré la abstención.

    Salud!

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