martes, 8 de junio de 2010

Hay más sumisión incondicional ante Israel que antisemitismo

Al hilo de los últimos acontecimientos relativos a Israel observo de nuevo una sobreutilización del término "antisemita" para señalar a cualquiera que se atreva a cuestionar la posición israelí. De por sí el término es falaz y engañoso, porque tan semitas son judíos como árabes, pero el empleo indiscriminado del término esconde también lo que percibo como renuencia a exponer razonada y congruentemente los motivos de su uso. Se ha convertido en una palabra comodín que se presume suficiente para cerrar cualquier debate como ocurre con "facha", "progre" o "nazi". A alguien tildado de antisemita el sólo término ya debe descalificarlo, a él y a sus argumentos, no hace falta escucharle más ni prestarle mayor atención. Es un recurso fácil y cómodo para quien no quiere verse sometido al esfuerzo de tener que argumentar su postura.

Cualquier mente crítica y no sometida a una dictadura de consignas debería entender que
no comulgar con la política concreta de un país no le convierte a uno en presa del odio hacia todo lo relativo a ese país. Ocurre lo mismo con los USA, algo que se evidenció durante la etapa de George Bush. Quienes deploraban su política exterior (que fueron legión a lo ancho y largo del globo) eran sistemáticamente calificados de antiamericanos por los mismos sectores que ahoran abusan del termino antisemita. Lo que pasa es que una postura que no sea de total subordinación, ya sea hacia los USA o hacia Israel, hagan lo que hagan, es interesadamente interpretado por estos sectores como odio atávico, pasando de largo sobre esa servil y acrítica sumisión que se les observa. Por emplear su misma terminología, no es que los críticos supuren odio, es que los afectos rezuman apasionada devoción.

Y derivado de lo anterior es que, una vez posicionado en contra, ya sea total o parcialmente, de
lo que estas personas han determinado como el bando correcto, uno pasa a formar parte del bando rival de forma automática, sin mayor análisis. ¿Se acuerdan de lo que le espetó Aznar a Zapatero en el debate parlamentario enmarcado en el clima de pre-invasión de Irak? Le llamó "compañero de viaje de Sadam Hussein", o conmigo o contra mí, maniqueismo de manual. La gente así no es capaz de comprender, o ha levantado una barrera mental para impedirse entenderlo, que estar en contra de alguien por el motivo que sea no entraña simpatizar con los enemigos de ese alguien, que pueden ser tan abyectos o más que él. ¿Acaso son antisemitas los pacifistas israelíes que deploran las actuaciones de su ejército? ¿Quizá son topos de Hamás infiltrados en el estado israelí con el fin de destruirlo?

De tal forma, para muchas personas censurar las acciones de Israel les supone un alineamiento con Hamás y un asentimiento ante sus postulados
que en muchos casos (habrá otros que sí, supongo) ni pretenden ni avalan. Nuevamente, falacia de libro, por lo que no debería haber motivo para que uno tenga que explicarse ni defenderse. La parquedad intelectual de cada uno es su propio problema.

1 comentario:

  1. Una reflexión interesante, al margen de los dogmas mediáticos, Bravo!

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