lunes, 19 de octubre de 2015

#AlbertvsPablo, la berrea de dos machos alfa

Lo reconozco, me gustan estos combates, estos enfrentamientos entre políticos (o proyectos de) en los que ambos pretenden demostrar que la tienen más larga, más gorda y más peluda que el otro. Me divierten, pero este lo he disfrutado más por esa pátina de credibilidad que da la ausencia de reglas y las distancias que marca con la ranciedad que hasta hace poco carcomía nuestra escena política.

¿He dicho política? Bueno, quizá lo que hayamos visto no haya sido un debate al uso  sino una puesta al día de "El hombre y la tierra", aquella legendaria serie de documentales en los que, mismamente, podíamos ver a aquel macho de ciervo ibérico en plena berrea, retando a sus rivales para, después, quitarles de en medio a cornada limpia. Aquello les conducía a saciar su frenesí sexual con un harén de hasta 50 hembras. En el caso que nos ocupa hablamos de 46 millones y pico de, eso sí, machos y hembras.

Para ser más concretos, el más empeñado en demostrar la potencia de su miembro viril ha sido Albert Rivera. Aunque el episodio del coche ha sido un suplicio para él y se le notaba que rezaba para que terminase. Ir de coleguitas con quien te vas a dar de hostias se ve que no es lo suyo. El gatillazo parecía cantado pero debía esconder estimulantes en algún bolsillo que ha logrado ingerir fuera de cámara y, una vez en acción, se notó que está entrenado para jugar al ataque y lo ha demostrado al primer sorbo de café. Ha tratado a Iglesias como si fuera su último rival en la pugna por cubrir a única la hembra de la manada. Solo le ha faltado subirse a la mesa y berrear haciendo jirones su impecable camisa. Como buen macho alfa, se ha tomado en serio este combate y ha ido muy preparado, incluso apabullando a cornadas a su adversario, al que impedía hablar por momentos metiéndole la cornamenta en la boca. Pero aún es un macho joven y la precipitación le hacía aturullarse y dejar flancos al descubierto mientras su oponente intentaba no perder el sitio.

Pablo Iglesias está en pleno bajón tras el tratamiento intensivo de viagra al que se ha sometido los dos últimos años, y su erección, pese a mantenerse, ha sido algo más fláccida. Esto no tendría que ser del todo malo porque un morlaco embistiendo como el que tenía enfrente no siempre transmite confianza, y no pocos piensan que menos es más. Pero en fin, se le ha visto en una posición un tanto acomodada, como si creyera que tiene a la hembra asegurada, cuando acudía a la pelea en igualdad de condiciones con el macho rival. Lo que ocurre es que lleva demasiado tiempo acostumbrado a enfrentarse a contendientes de medio pelo en las televisiones, y eso le ha hecho perder fuerza, empuje y capacidad para aguantar embestidas. Necesita desarrollar músculo y dejarse de berrear siempre las mismas cosas o cualquier macho joven con el suficiente desparpajo pondrá en tela de juicio su liderazgo.

Es cierto que Pablo ha sido más natural, más relajado, menos impostado, más como si todo aquello le importara una higa, como si cubrir o no cubrir a las hembras de la manada no fuera lo verdaderamente importante. Pero si estás en caída libre y te limitas a lanzar una y otra vez el mismo berrido al final los rivales te pierden el respeto. Tienes que mantenerte duro y enhiesto o el destierro de la manada será tu único premio. No puedes contentarte con ser igual que los que ya fueron derrotados.

Albert sabe lo que quiere y lo quiere ya. Se tomará todos los estimulantes que necesite para conseguirlo y corneará todos los ojetes que se le opongan. Este combate ha sido un aviso a navegantes: Rivera no tendrá piedad, esta ha sido su carta de presentación de cara al resto de machos y ahora todos están avisados. Ni carita de niño ni yerno perfecto ni hostias en vinagre. Es un puro semental que satisfará a todas las hembras de que disponga y expulsará al resto de machos hasta que solo quede él como único dominador. Ese es su objetivo y tiene suficientes suministros de esteroides para cumplirlo.

Y este ha sido, en fin, mi análisis del combate.

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