domingo, 1 de octubre de 2006

La vida se le escapa a Live

Cuando uno es aficionado al Rock y una de tus bandas favoritas te ha dado momentos sublimes de gozo y disfrute con su música, cuesta admitir la llegada de la cuesta abajo cuando ésta se produce. Te rebelas y te esfuerzas en seguir descubriendo virtudes que ya no encuentras en sus discos o te engañas a tí mismo sobrevalorando aspectos que ya no merecen la atención de antaño. Pero llega un momento en el que el peso de la evidencia es excesivo, hasta para una enorme banda de Rock como Live, uno de los mejores combos rockeros surgidos en los 90 del Grunge y del Nu Metal.

Los Live de grandiosos discos como Throwing Copper (1994) o The Distance To Here (1999) ya no existen, son cosa del pasado. Y no es que su presente no sea digno, que lo es, pero el hueco que uno les tenía destinado en el corazoncito no puede albergar la memoria de lo que fueron y, al mismo tiempo, la realidad de lo que son ahora. Personalmente me quedo con lo primero porque el presente no aguanta comparación alguna con el pasado; sencillamente, no hay color. Los creadores de joyas como I Alone, Lightning Crashes, All Over You, The Dolphin´s Cry o Meltdown suenan en su nuevo disco, Songs From Black Mountain, más parecido a los recientes y exitosos Maroon 5 (sin que ello sea algo intrínsecamente malo) que a la época en la que aparejaban de forma inigualable rabia rockera, canciones de calidad y ventas masivas; recordemos las 12 millones de copias despachadas del deslumbrante y poderoso Throwing Copper.

Seguiré consumiendo la música de Live, sí, porque algo de magia le queda, por escasa que sea y por trivial que resulte al lado de sus magnas obras. Sea éste el particular tributo que rindo a una de las bandas de mi vida.

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