domingo, 5 de noviembre de 2006

El poder ya ha cambiado a ZP

Decía José Luis Rodríguez Zapatero en aquella victoriosa noche del 14 de marzo de 2004 una de sus más recordadas frases: "el poder no me va a cambiar". Y muchos le creyeron. Durante los días posteriores otra frase, "no nos falles", era una especie de anhelo expresado con palabras por quienes, hastiados del aznarismo autoritario, deseaban fervientemente que ZP encarnara en la práctica lo que en teoría parecía representar.

Pero la cruda realidad nos dice que Rodríguez Zapatero no es más que un político, un político español de tantos.

Programa electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones generales de 2004:
Se regulará el derecho de asociación profesional de los miembros de la Guardia Civil de acuerdo con lo previsto en los artículos 22 y 104.2 de la Constitución, para la representación y promoción de las condiciones profesionales de sus miembros.
Pero de momento:
El Gobierno del PSOE tampoco llevará a cabo la regularización de las asociaciones profesionales en el seno de la Guardia Civil en el actual periodo de sesiones, que finaliza en diciembre, a pesar de que es uno de sus compromisos electorales en materia de seguridad y el mismo presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, llegó a anunciar

la reforma públicamente para antes del pasado mes de junio. El motivo es la oposición de los generales del Ejército y la Guardia Civil a la existencia de las asociaciones, según trasladó esta misma semana el Grupo parlamentrario socialista a la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), mayoritaria en el Cuerpo.
Seguimos con el programa del Partido Socialista en la últimas generales. En la parcela educativa encontramos en la página 179:
Con objeto de avanzar en el principio de gratuidad de la enseñanza, estableceremos un fondo estatal para extender progresivamente la gratuidad de los libros escolares para todo el alumnado que cursa la Educación Primaria y la Educación Secundaria Obligatoria en todos los centros docentes sostenidos con fondos públicos.
Sin embargo, en la recientemente aprobada por el consejo de ministros Ley del Libro tenemos:
El proyecto establece que los libros, en general, tengan un precio fijo. Sin embargo, los manuales escolares no estarán sometidos a esta regla, es decir, su precio será fijado libremente por editores y tiendas.
De prever la "progresiva gratuidad" de los libros de texto (o manuales escolares) a liberalizar su precio creo que media un importante abismo. Tanto ideológico como práctico.

Pero no es en lo único que están reculando. No hay en el programa que aquí reseño nada acerca de los pactos con la Iglesia Católica ni, específicamente, sobre la alternativa a la asignatura de religión. Ésto es todo:
Restableceremos el carácter voluntario y no evaluable de la enseñanza de la religión.
Pero quién no ha oido hablar a algún miembro del gobierno sobre ésto. Quién no ha oído hablar de la alternativa llamada Educación para la ciudadanía. Pero ya no hay caso: la alternativa será Historia de las religiones, que será evaluable y ya estaba así previsto en 2004, o una extravagancia que de momento se llama Atención educativa. Una decisión, de momento en fase de borrador, que no traerá otra cosa que enfrentamientos. En éste orden de cosas también se ha visto inmersa la también reciente reforma de la financiación de la Iglesia Católica.

¿Y de la próxima visita del dictador guineano Obiang qué decimos? ¿Qué ya no es una dictadura que tiene sumida a la mayoría de su pueblo en la miseria sólo porque ahora hay posibilidad de disponer de su petroleo? Pero, ¿no habíamos quedado en que apoyar guerras con fines económicos era una inmoralidad? ¿Dónde está la diferencia, el límite moral entre apoyar la invasión de Irak y ponerle la alfombra roja a un tirano que gana las elecciones en su país con casi el 100% de los votos?
Rodríguez Zapatero, en su intervención ante el pleno del Congreso, ha hablado del "dolor" de muchos españoles ante la inminencia de una guerra "ilegal e inmoral" y de su "especial indignación por haber visto la bandera española en las Azores declarando esa guerra".
¿Y el dolor que muchos españoles sienten al ver cómo su presidente, ese que aglutinó la esperanza de la izquierda, hasta el punto de convertir el no nos falles en la viva expresión de la esperanza que suscitaba su elección, se convierte en otra marioneta más de ese juego político tan ajeno a la ética y que tanto rechazo genera entre el ciudadano medio? ¿No es inmoral recibir al déspota Obiang y tratarle como un jefe de gobierno respetable sólo porque una petrolera española puede obtener beneficios de su buena relación con nuestro gobierno? ¿Qué se llegó a decir de Aznar cuando se sumó a la foto de las Azores bajo el pretexto de que España "contara en el mundo"? ¿Acaso no buscaba también el provecho para su país, igual que ahora Zapatero, dejando de lado dilemas morales?

Zapatero
tiene sus aciertos, algunos de envergadura, pero también está fallando, y mucho. De hecho, lo que le mantiene a flote en las encuestas no tiene, a mi juicio, mucho que ver con lo que viene haciendo bien: se llama suerte. La inmersa suerte de contar con la peor y más desastrosa oposición que ha contemplado la democracia española. Unos por otros, la casa sin barrer...

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