miércoles, 17 de octubre de 2007

La contumacia de la prensa deportiva española

Hace tiempo que el fútbol dejó de formar parte de mis principales aficiones lo cual no quita para que siga el transcurso de las diferentes competiciones con cierto interés, en especial cuando lo que se dirime son títulos continentales o mundiales. Fuera de eso, siempre prefiero una buena película, un rato de navegación por internet o una compañía estimulante para pasar mis ratos de ocio, pero el balompié aún se reserva un pequeño espacio entre las cosas que me motivan.

Últimamente hemos vivido en España un nuevo debate precocinado de esos que los mass media han fabricado a su medida, o la medida de sus intereses empresariales. El objetivo era en ésta ocasión el seleccionador nacional de fútbol, Luis Aragonés, con motivo de su tozuda reticencia a convocar al madridista Raúl González.

Vaya por delante que el llamado “sabio de Hortaleza” no me parece un entrenador de garantías para España, pero echando la vista atrás ninguno de los últimos cinco seleccionadores lo eran a juzgar por los “éxitos” cosechados por el combinado español. O eso o los que carecían de toda garantía eran los futbolistas que tuvieron a su cargo.

La cuestión es que desde la gran mayoría de medios se ha atacado el tema de la no convocatoria de Raúl desde el mismo flanco: ¿por qué Luis no se lo lleva cuando SÍ debería ir? Es lo que venían a insinuar. Ahora es cierto que Raúl vive un estado de forma superior al que le llevó a caer en desgracia ante zapatones pero, ¿acaso es el jugador único válido? ¿Y por qué, ya que dicen abierta o solapadamente quién tiene que ir, no se mojan y nos dicen a quién hay que excluir? Que lo digan pues, que citen el nombre que hay que descartar, ya que quieren ponerse en el pellejo del seleccionador que lo hagan con todas sus consecuencas, ¿no?

Es cierto que los diferentes medios no han hecho explícita causa común por la convocatoria de Raúl pero su actitud ha sido lo suficientemente insistente, machacona y sesgada como para ser eximidos de la responsabilidad del ambiente generado en torno a Luis Aragonés. Si además conocemos que la práctica totalidad de los seleccionadores nacionales de fútbol de los últimos 17 años han tenido problemas con la prensa concluimos que quien fabrica el ambiente propicio para que florezcan problemas no es el inquilino del banquillo español sino nuestra prensa deportiva, una suerte de lobby pseudodeportivo y creador de opinión que siempre intenta utilizar lo relativo al fútbol con el fin de favorecer sus intereses crematísticos.

Cualquiera que sufra la desgracia de ver caer en sus manos un ejemplar de Marca o As lo puede comprobar, al igual que sus clones simétricos barcelonenes, El Mundo Deportivo y Sport. Éstos periódicos actúan sin reparos como órganos de propaganda de los principales clubes de sus respectivas ciudades, magnificando cada uno de los logros conseguidos por ridículos que sean y dedicando artículos a los eventos más estúpidos (siempre que hagan referencia a alguno de sus ídolos, que ya puede dolerle un pelo o haber terminado un sudoku que será noticia) al tiempo que se ningunea por sistema todo lo relativo al resto de equipos locales, no hablemos ya del resto de los nacionales.

En las televisiones el panorama no es mucho mejor. A veces da la impresión de no existir vida fuera del entrenamiento del Real Madrid (y en menor medida, del Barça), donde al parecer se cuece el 95% de todo lo reseñable en materia de actividad deportiva. Lo de las radios mejor lo dejamos porque supondría extenderse demasiado. Tener que explayarme aquí sobre partidos transmitidos por una informe troupe de comentaristas iletrados, enzarzados en una dura competición para ver quien le arrea más patadas al diccionario mientras la narración sigue los derroteros propios de una tasca del extrarradio, me llevaría un tiempo del que no dispongo y unas energías que prefiero emplear en mejores causas.

Volviendo al asunto Raúl, el devenir de nuestra particular selección nacional de fútbol se ha empeñado en que todos estos infraperiodistas, que juegan a entrenadores desde su cómoda butaca de la redacción, se terminen metiendo la lengua en el culo: vencimos 1-3 a Dinamarca sin el anhelado nº 7 madridista y encarrilamos nuestra andadura europea. Y con jugadores como Tamudo o Riera con 0% de componente mediático, para echar todavía más leña al fuego. Por lo visto había recambio, mala noticia para los alimentadores de hooligans ¿Cómo van a vender periódicos o ganar audiencia con futbolistas de equipos pequeños que no asisten a actos sociales, no protagonizan traspasos millonarios ni se casan con modelos? (éste último extremo aún por confirmar).

La prensa deportiva española, sea escrita o audiovisual, es todo menos informativa: vende forofismo con vistas a ventas y audiencias masivas para lo cual trata de involucrar al consumidor (que por desgracia colabora de buen grado) apelando a sus bajos instintos y su necesidad de referentes cercanos con los que identificarse. Además es especialista en sacarse de la manga ídolos de barro a los que destrozar cuando las cosas se tuercen, salvo que los hayan convertido en iconos para la afición; es entonces cuando han de prevalecer por delante de quien haga falta. Ocurrió con la quinta del Buitre y ahora ocurre con Raúl. Los iconos han de perdurar en aras de los intereses económicos de sus creadores (ojo, sin quitar un ápice de calidad al fútbol de Raúl que, por palmarés, ya debería haber recibido el balón de oro), al menos hasta que les de tiempo de fabricar otro. Cuando les cogen a contrapelo, sin una bala en la recámara, pasa lo que pasa.

Si la prensa española configura el submundo del conjunto de medios de comunicación occidental, la prensa deportiva española debe ocupar las catacumbas de ese submundo.

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