domingo, 1 de febrero de 2009

El fiestorro del cine español

He estado viendo un rato la gala de los premios Goya y, la verdad, con un rato he tenido bastante. Ese provincianismo de querer imitar los fastos propios de Hollywood pero desde el complejo se saberlos inalcanzables me produce un pelín de vergüenza ajena. Más les valdría a los organizadores intentar dotar de originalidad y personalidad propia sus fiestorros en lugar de plagiar algo al lado de lo cual siempre van a desmerecer.

Quiero comentar sólo algunas cosas. Antes de poner la tele para ver que tal iba la ceremonia he visonado "Los girasoles ciegos", la película que acumulaba un mayor número de nominaciones (edito: sólo ha conseguido uno de los 15 premios a los que optaba, y aún me parece mucho). Me ha costado un verdadero triunfo no entrar en coma, tal es el ladrillo que protagoniza Maribel Verdú. No digo que la historia carezca de interés, pero la forma de contarla es toda una invitación a entrar en el reino de Morfeo. Y, hombre, la Verdú tampoco es una hembra tan potente como para hacer perder la cabeza a un religioso de esa forma, por muy psicópata que sea.

Lo siguiente que quiero comentar es el Goya honorífico a Jesús Franco. Éste director ha pasado de ser durante décadas el epítome de la cutrez y la cochambre cinematográfica a ser públicamente alabado por la flor y nata de la profesión. ¿Me lo puede explicar alguien? ¿Toca rendir tributo a un miembro de ésta oligarquía pseudoartística y éste es el que más cerca está de estirar la pata -cosa que siempre es un punto a favor para recibir éste tipo de homenajes-, olvidando los atentados contra el septimo arte y el buen gusto que haya podico cometer? Ah, es que ha sido transgresor. Un pedo en dolby surround también es transgresor pero, ¿es arte?

Otro de los aspectos que me desagradan de éstos premios es su previsibilidad: raro es que cuando hay un niño nominado no reciba la estatuilla. Y otro más es el modo en que se olvida la capacitación profesional de los nominados en favor de otras consideraciones llamémoslas sentimentales, como puede ser galardonar a un discapacitado rapero por interpretar a un discapacitado rapero (Fernando Tejero, otro que sólo sabe autoimitarse, también estaba nominado), aunque admito no haber visto su trabajo. Quizá todo sea consecuencia de que ésto es lo que hay y no hay más cera que la que arde. No me parece que en 2008 haya habido buena cosecha de cine español.

Y como colofón, la mejor canción es para un rap. Tócate los cojones. Si éstos premios nos dicen el momento de forma del cine español, más vale que alguien se ocupe de hacer con él lo que algunos desean hacerle al capitalismo: refundarlo.
Los premios, aquí.

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