viernes, 1 de mayo de 2009

Sangre y morbo en los festejos taurinos

Hoy en televisión he visto algo que me ha dejado patidifuso. En un programa de esos autodenominados "de actualidad" han hablado de Ratón, un toro que se ha ganado la fama en el mundillo de los festejos taurinos debido a su extrema peligrosidad. Tanto me ha fascinado el asunto que he buscado por la red y he encontrado varios artículos, tres de los cuales (uno, dos y tres) me sirven para ilustrar ésta entrada.

Por lo visto, Ratón es un toro cotizado en todo encierro que se precie. ¿El motivo? Que es peligroso. Tanto que a sus astas ya le atribuyen varias víctimas mortales. Y ello, lejos de convertirle en un animal marcado para su desdicha, aumenta su caché llenando los bolsillos de su dueño. ¿Alguien imagina que el propietario de un pitbull se jactara públicamente del dinero que gana gracias a las agresiones de su mascota? Porque eso es lo que hace el dueño de Ratón.
"¿Sabes cuánto me daba uno que no deja de criticar a Ratón? Me lo cambiaba por 25 vacas, un tractor y un carro mezclador. Y, además, pasta. Y dije: ¡no! Lo feliz que me ha hecho este toro no lo cambio por nada. No tiene precio."
Lo feliz que le ha hecho este toro, dice. Supongo que tan feliz como la familia del hombre que murió en Puerto Sagunto hace tres años víctimas de sus cornadas. Pero no quiero hacer demagogia. Hay que admitir sin ambajes que el principal responsable de una cornada es el inconsciente que se pone al alcance de semejante bestia, pero no se puede eximir de responsabilidad a quien se lucra con el reguero de sangre que va dejando éste animal allá donde pasa. Ni, por descontado, al político que le paga para que intente lisiar a alguno de sus convecinos en las fiestas patronales.

El caso de Ratón dice mucho de ésta sociedad nuestra que acepta la violencia con enorme naturalidad cuando viene avalada por la tradición y el folklore.
"El público quiere violencia. Cuanta más gente pilla el animal, más famoso se hace. El Ratón no tiene nada especial, ha cogido a varios y a uno se lo ha cargado. El toro mata a uno y hace rico a su dueño. La cosa funciona así"
La cosa funciona así. El toro se cobra sus primeras víctimas; ello le da fama en el mundillo y se corre la voz; los organizadores de festejos quieren a Ratón en su pueblo el día de la patrona; su presencia supone un estímulo a los mozos que asisten en masa; la afluencia de público aumenta exponencialmente; gente de pueblos vecinos vendrá y hará gasto, lo cual repercute positivamente en la economía local; se produce la primera víctima mortal y, lejos de afectarle negativamente, la fama y el prestigio de Ratón crece reportando pingües beneficios a su dueño; no solo no se aparta a la res de calles y ruedos, sino que con cada cornada que arrea se paga más por contratarle. Ratón trae riqueza y diversión allá donde pisa, qué importan unos heridos o incluso algún que otro muerto. Se paga por la sangre que pueda derramar, por lo nutrido del rastro de heridos, cuando no cadáveres, que pueda dejar a su paso. Y si ésto no ocurre supone una decepción y se revela una inversión fallida. Para qué andarse con rodeos y justificaciones, es lo que el público quiere, por qué negárselo.

No se qué opinarán mis amables lectores, pero yo no puedo dejar de percibir algo terriblemente enfermizo y malsano en todo lo que rodea a éste asunto.

3 comentarios:

  1. "El caso de Ratón dice mucho de ésta sociedad"

    Efectivamente. Somos un país de catetos y pueblerinos. Espero que llegue pronto el día en el que se ponga fin a esta barbarie.

    ResponderEliminar
  2. Curiosamente también vi parte del reportaje, estaba haciendo zapping y paré un momento cuando escuché tales barbaridades. Increíble pero cierto. Te pido permiso para enlazar tu post, tenía pensado escribir sobre mi zapping de anoche. Ésta es la ciudadanía tan infalible y respetable que tenemos en España.

    ResponderEliminar
  3. España es un país sin remedio. Hoy, de nuevos ricos, pero sin haber pasado jamás por una revolución o reforma de suficiente calado, con lo que resulta aún más penoso. El nuestro, pese a las apariencias, un país medularmente reaccionario.

    De ahí que persistan salvajadas como la “fiesta nacional” y que siga siendo un tabú, para los políticos, ponerlas en cuestión.

    Cordiales saludos.

    ResponderEliminar