miércoles, 9 de diciembre de 2009

¿Qué pasa con la saharaui Haidar?

Confieso que me ha costado entender la problemática que plantea la activista saharaui Aminatu Haidar. A la complejidad intrínseca del asunto se le unieron unos días de baja actividad internáutica por mi parte, por lo que la información que tenía sobre el particular era escasa. Una vez situados, entrados en materia y conociendo algunos detalles que antes ignoraba, pienso que la situación de la señora saharaui se está saliendo de madre, sí, pero no entiendo todos esos reproches que le hacen al Gobierno, como si la huelga de hambre de Haidar, que va camino de un mes, hubiera sido instigada directamente desde Moncloa.

Tirando de historia, no vamos a negar que la forma en que España se fue del Sáhara fue bastante triste. En 1975, con el fundador del franquismo echando sus últimos esputos, y viviendo unos tiempos convulsos que entonces nadie sabía a dónde iban a conducir, se cedió ante la presión marroquí y su
Marcha Verde. No era cuestión de meterse en más fregados en una colonia donde, además, ya no se nos quería; bastante teníamos con lo que se cocía en nuestro propio territorio. Fue un intercambio de cromos, se cambió un colonialismo por otro, siendo, eso sí, su validez a efectos de legalidad internacional más que dudosa. Desde entonces Marruecos es el administrador de facto del territorio conocido como Sáhara Occidental, con el apoyo de los USA.

Ahora estamos en el avión que transporta a Aminetu Haidar desde el país de Obama hasta El Aaiún, capital saharaui, con escala en Las Palmas. Según las leyes marroquíes, Haidar
comete un delito tipificado en su ordenamiento penal al no querer declararse ciudadana marroquí en su ficha de ingreso, por lo que se le retira el pasaporte, se la expulsa y es devuelta a su destino inmediatamente anterior: Canarias. El primer vuelo era con destino a Lanzarote, de modo que allí fue de acuerdo con nuestra propia ley de extranjería (
artículo 66), que obliga al transportista a hacerse cargo del extranjero que traslada hasta la frontera de otro país cuando, por problemas de documentación, le es denegada la entrada. Esto desmontaría lo que se ha dicho acerca de que el Gobierno retuvo ilegalmente a la activista saharaui en territorio español [información tomada de los cuadros finales de este artículo de Público].

El resto de la historia es de todos sabido: toma y daca entre España y Marruecos para que se la permita volver a El Aaiún. Haidar inicia una huelga de hambre para protestar por la situación y
arrecian las acusaciones contra el Ejecutivo de Zapatero por dar facilidades para un
desenlace fatal. Por su parte, Marruecos lanza veladas amenazas hacia España en caso de que nuestro país tome partido por Haidar en este contencioso, táctica esta que Frente Polisario también pone en marcha aunque por motivos notablemente distintos, por supuesto.

Y ahora ya, la reflexión. No puedo dejar de recalcar nuevamente cómo se están cargando las tintas contra el Gobierno español. La propia Aminatu Haidar ha sido una de las que más lo ha hecho, a pesar de que desde España se le han ofertado varias salidas a su situación:
se le ofreció la nacionalidad española, tramitarle otro pasaporte marroquí, el estatus de refugiada política y alojamiento para ella y sus hijos. Entiendo que ella quiera volver a su casa sin limitaciones ni regalos de ningún tipo, pero la situción se ha vuelto en su contra y, en este contexto, enrocarse en una posición inviable dadas las circunstancias no parece la solución más coherente ni la más sensata. A menos que busque convertirse en una mártir o en un símbolo de la lucha por la libertad del pueblo sharaui a costa de su propia vida, pero dudo que para ello esté legitimada para involucrar a todo un país.

No resto un ápice de legitimidad a su causa dada
la forma coactiva en que Marruecos se apropió del Sáhara, aprovechando la debilidad de la España de la transición, pero no por ello se puede pretender que su problema con el reino de Mohamed VI se convierta en el problema de los españoles que, no lo olvidemos, no eramos ya bienvenidos cuando nuestro ejército se retiró de allí. Muy poco ayuda el empleo de un lenguaje que, salvando las distancias -que son muchas-, recuerda al victimismo esgrimido por ciertos encapuchados que lucen txapela en sus comunicados, culpando al Gobierno las consecuencias de actos que no ha provocado.

Desde sectores de la
izquierda social y política se critica que el Ejecutivo aluda a los intereses generales de España por no forzar la máquina con Marruecos por Haidar. Hay que recordar que la balanza comercial entre ambos países es más favorable a España que al reino alauí, y que ante un eventual deterioro de relaciones bilaterales Marruecos no tendría problema en acudir a Francia, nuestro gran competidor en la zona, mientras que España lo tendría mucho más crudo para conseguir un socio comercial de ese calibre. Pesca, inmigración, exportaciones, narcotráfico, islamismo radical... Demasiadas cosas en riesgo que afectan a demasiada gente, y la obligación del Gobierno de España es para con sus habitantes antes de para con una ciudadana saharaui más preocupada por responsabilizarle de su suerte que de por volver junto a su familia. No digo que sea agradable, a todos (a al menos a muchos) nos gustaría que las cosas funcionasen de otro modo, pero para cambiar el mundo hacen falta personas, no cadáveres. Haidar ya es un símbolo, todos la conocemos ya y su muerte nada iba a cambiar en relación al conflicto saharaui. Tragar saliva ante el atropello de un estado semidictatorial siempre es difícil, pero no hacerlo nunca posiblemente tuviera un coste humano inasumible.

Una última reflexión. Conviene no olvidar que la última vez que España sostuvo una posición de fuerza con Marruecos fue con motivo del incidente del islote Perejil;
la implicación y el apoyo recibido entonces por los USA de George Bush, entonces considerado decisivo para una resolución del conflicto favorable a nuestro país, fue una de las prebendas derivadas de la "relación especial" que mantuvo con José María Aznar, relación ésta que tuvo en las Azores su foto más letal. ¿Hace falta un recordatorio más profundo? No creo que la izquierda que critica al Gobierno socialista por su gestión de caso Haidar persiga volver a aquello. En política internacional lo que funciona son las alianzas y estas no se establecen a cambio de nada. Negar tal extremo es vivir al margen de la realidad.

5 comentarios:

  1. Hola, Harry ¿Qué quieres que te diga? No puedo estar mas de acuerdo. Eso sí, la contrapartida a la publicación de este artículo será que cada vez que quieras visitar el Sahara tendrás que pagarte el viaje de tu bolsillo.

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  2. Nuestro país tiene una responsabilidad histórica don el Sahara. En pleno proceso de descolonización, al que se comprometió, España dejó a ese pueblo abandonado.

    Por otra parte, es obvio que lo que el gobierno español ofreció a Aminatu (pasaporte, nacionalidad...) eran, hablando objetivamente, otras tantas maneras de complacer al déspota marroquí. ¡Bendita sea la firmeza de Aminatu! (qué poco la conocían, por cierto). Y benditos aquéllos que anteponen los principios y valores morales a los “intereses comerciales” de España.

    Un cordial saludo.

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  3. Intereses comerciales que, directa o indirectamente, afectan a ¿miles o millones? de ciudadanos.

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  4. Hola, Flashman: ¿Sigues pensando lo mismo hoy, 2011?

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  5. En un foro defendí que la vida de esta mujer era más valiosa que una lucha sin opciones de éxito como la que, en aquel momento, pensaba que estaba librando contra Marruecos. Al parecer, luego entraron en juego Francia y los USA y la cosa cambió, el tirano marroquí permitió la vuelta de Haidar a su casa. Me felicité por ello. Fue en este foro (yo soy Sagan).

    Sobre las relaciones internacionales, solo cabe decir que son una asquerosidad y que solo el pragmatismo nos hace no estar a hostias unos con otros. Prefiero ser pragmático aunque implique girar la vista ante ciertas injusticias que no serlo y tener el transporte público sembrado de yihadistas suicidas.

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