viernes, 5 de febrero de 2010

La izquierda ante el PSOE-Guatemala y el PP-Guatepeor

En mi devenir por blogs y foros en los últimos días he percibido un estado de ánimo que tiende a crecer entre un buen número de votantes de izquierdas. Hablo de votantes del PSOE que han visto como las medidas decretadas por el gobierno para paliar la crisis económica no solo no han tenido demasiado éxito sino que les han seguido otras que en absoluto encajan con lo que cabría esperarse del partido al que votaron. Y entre pitos y flautas seguimos sumergidos en una crisis que amenaza con llevarse por delante también todo el año 2010 y lo que te rondaré, morena.

Los últimos escarceos del ejecutivo socialista con políticas asociadas tradicionalmente al rancio consevadurismo se están cobrando su precio. Hay que añadirles otras muy impopulares entre su electorado natural como la disposición Sinde, la guerra de Afganistán o la servil política de gestos hacia Barack Obama, culminada en el acto de pleitesía rendido por Rodríguez Zapatero en la casa cuartel del cristianismo militante made in USA. Todo ello está ayudando a dar cuerpo a un cada vez más profundo desasosiego entre su tradicional masa de votantes y a que muchos duden acerca de si el voto entregado a quien está, al menos en apariencia, traicionando sus ideales es un voto bien invertido. Se estaría fraguando, por tanto, un voto de castigo, más o menos masivo y que puede traducirse de diversas formas, producto del desencanto y la decepción que podría golpear duramente al PSOE en la próxima convocatoria electoral.

No obstante, con este escenario de fondo surgen otras voces que discrepan. Vienen a decir que sí, que vale, la cosa está muy malita y el Gobierno tiene que adoptar medidas poco acordes con su presunto ideario y más cerca de lo que piden desde la otra orilla, pero que si no te gusta la sopa con una victoria del PP no solo te van a dar dos tazas, sino que te vas a jartar. O lo que es lo mismo, el PSOE es un mal menor porque los populares en Moncloa aplicarán esa misma receta multiplicada por tropecientos, y para eso mejor Guatemala que Guatepeor. Yo me pregunto, ¿hasta qué punto es defendible este argumento?

Ciertamente es un argumento peligroso. Si un partido político percibe que un alejamiento de su compromiso ideológico con el votante (o programático, que viene marcado por el ideológico) o una gestión acentuadamente ineficaz no tiene consecuencias electorales, ¿que acicate puede tener para renovarse, mejorar y tratar de hacerlo mejor? Si cuenta con un rebaño de mansos fieles dispuesto a darle la victoria sin mayores cuestionamientos, bajo la premisa de que el contrario es mucho peor (los tan practicados en España voto del miedo y voto útil), ¿no estaríamos ante un partido adocenado, sin horizonte ni motivación para hacer las cosas bien, ya que seguir disfrutando de una poltrona garantizada sería su única inquietud? Llegar al poder sería el fin y no el medio, y el acceso fácil al mismo devendría en corrupción, nepotismo y perpetuación de oligarquías. El escenario a priori no es apetecible bajo ninguna circunstancia y pienso que no hace falta un gran esfuerzo de inteligencia para concluir tal cosa.

Pero, ¿y si realmente la alternativa es peor, al menos a los ojos de ese votante desencantado? ¿Justifica cerrar los ojos ante los errores, por enormes que sean, de aquel a quien se considera afín por el hecho de serlo? En el caso de la izquierda española, el PP representa todo aquello en que aborrecería ver convertido a su partido de referencia. Es cierto que el PSOE está técnicamente virando hacia esa dirección empujado por la precaria situación económica del país, pero no es menos cierto que ese viraje no supone en absoluto un giro de 180 grados a su manera de hacer política, ya que hay más políticas que las económicas y en los últimos años se han implementado medidas poco esperables de un ejecutivo de derechas. Desde una óptica de izquierda pragmática tendrían razón quienes optan por quedarse con lo que les gusta del PSOE, y que saben imposible con un gobierno del PP. Desvian la vista de lo que les ofende y, ante ello, anulan deliberadamente su espítitu crítico para que este no haga peligrar el sentido de su voto. Hacen falta muchas dosis de pragmatismo para hacer eso, pero les queda el consuelo de no ver en el poder a quien, para ellos, impondría políticas aún más perjudiciales, y ese convencimiento les compensa. Supongo que todo depende de hasta qué punto se incline en la balanza el lado de los contras frente al de pros.

Confieso que me acojona ver al PP de nuevo en el poder. El partido del "España de rompe" (¿se rompió?), de la "rendición ante ETA" (¿se rindió? ¿Le reconocerán a Zapatero al menos como ha evolucionado el problema del terrorismo desde que gobierna?), de la Gürtel y de las escuchas ilegales fantasmas; de la privatización de la sanidad y servicios públicos para favorecer a personajes allegados y que se muestra beligerante con el terrorismo salvo si se trata del franquista; que demuestra complacencia y complicidad con el empresariado depredador modelo Díaz Ferrán, borracho de millones que despide masivamente mientras pide subvenciones. Un partido que negó y fomentó la burbuja inmobiliaria que hoy nos arruina mientras esta crecía a ritmo de "España va bien". Ese es el Partido Popular, la alternativa de gobierno. Los sucesivos maquillajes apenas han supuesto cambio desde la etapa de José María Aznar más que las caras; los talantes siguen como siempre. La pregunta es, ¿acojona TANTO?

Mi respuesta no contesta a la pregunta. Mi respuesta es que necesito opciones distintas a las que hoy existen. No todo puede ser tan malo pero, ¿qué hacer mientras tanto?.

2 comentarios:

  1. Me parece que describes una problematica real en muchas decenas de miles de personas.
    Las dudas son reales, porque los problemas del PSOE y PP son reales.
    Y los problemas del PSOE son reales porque el fondo de la crisis española es muy grave y no sabemos hasta donde podrá llevarnos.
    Las salidas hoy no están claras, pero quizás haya que empezar por revolver las ideas.
    Desde 'arian seis'
    http://arian-seis.blogspot.com
    manuhermon

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  2. A día de hoy no votaría a ninguno de los dos partidos.
    Lo explica muy bien un capítulo de los Simpsons, cuando los alienígenas suplantan a los candidatos demócrata y republicano y uno de los alienígenas dicen que votar al tercer partido es tirar el voto...
    Yo por mi parte estoy bastante descontento con la opción bipartidista. Además la crisis actual se desarrolló sin que PP o PSOE movieran un dedo para desinflar la burbuja cuando podían.

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