lunes, 17 de mayo de 2010

Pasotismo español

La situación que está atravesando nuestro país parecería estar demandando un mayor activismo ciudadano, para el cual internet podría ser un buen trampolín. Hechos como la sospecha de corrupción en trama Gürtel, la impunidad que disfruta el franquismo traslucido del proceso al juez Garzón, la evidencia de que la propia economía española está determinada por entes ajenos a la soberanía popular y la cobardía de quienes en posiciones de gobierno no se atreven a intentar cambiarla, haciéndoselo pagar a las clases más sufridas, son detonantes de lo que, repito, podría ser el inicio de un movimiento activista ciudadano del que nuestro país anda más que necesitado.

Pero si estoy hablando en condicional es porque hay un problema: este país se llama España.
¿Acaso se puede esperar de los españoles un movimiento cohesionado de la masa para salir al paso de la cuadrilla de bandoleros que nos dirige? Quien espere tal cosa es que no sabe de que tipo de país hablamos y que tipo de ciudadanos lo pueblan.

Aquí la gente lo que menos quiere es mojarse, dar la cara, incluso cuando se lo ponen en bandeja y les garantizan el anonimato. ¿Un ejemplo? El pasado fin de semana se celebró una consulta popular en Barcelona para pedir a los ciudadanos su opinión sobre la reforma proyectada por el Ayuntamiento de la Diagonal, su popular avenida. Si este fuera un país donde la conciencia popular estuviera viva este tipo de iniciativas serías recibidas como se merecen: con una respuesta masiva y la celebración derivada de poder participar en las decisiones que directamente nos afectan.

¡Mira que en Madrid, la ciudad de las obras eternas, hay quien desearía poder disfrutar de algo así! ¿Y cual ha sido el índice de participación de la consulta barcelonesa?
El 12,17%. ¿Sobran o no sobran las palabras? Por un lado se acusa a los políticos de trabajar de espaldas de la ciudadanía y por otro renunciamos a participar cuando nos dan la oportunidad de hacerlo. Y encima habrá quien eche también la culpa también a los políticos. ¿Qué se puede esperar de la casta dirigente cuando los mismos ciudadanos tienen un comportamiento más propio de súbditos que de ciudadanos con derechos? ¿Qué autoridad moral podemos blandir para ser exigentes cuando abdicamos de nuestra propia responsabilidad ciudadana?

¿Ciudadanía anestesiada? ¿Pereza intelectual generalizada? ¿Falta de hábito? ¿Conformismo antropológico? Que cada uno escoja la alternativa que más le guste. Yo cada día estoy más convencido: este país no tiene remedio.

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