jueves, 20 de mayo de 2010

La religión sigue presente en la legislación española

El legendario cantante popular Javier Krahe será llevado a juicio por cocinar un cristo en 1978. Quien quiera leer más sobre este esperpento que lo haga aquí.

Muchos se quejarán del juez, que como es posible que hoy en día un magistrado pueda sacar adelante una causa como esa. Pues bien, el problema no es el juez, sino de la ley. Más concretamente del Código Penal, que castiga la ofensa a las las creencias religiosas en su artículo 525:

1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los
sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de
palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus
dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes
los profesan o practican.
Lo gracioso es que si se presenta una denuncia por este motivo el juez tiene base legislativa para aceptarla y tramitarla, y si no lo hace puede ser acusado de prevaricación, porque la ley es la ley y, si está escrita, no puede saltársela. El artículo de marras no es más que otra reminiscencia que aún nos queda del nacionalcatolicismo franquista más cavernícola. ¿Quien dijo que la transición estaba superada?

Por cierto, el mismo artículo también trata del mismo modo a quienes no profesen confesión alguna:

2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.
Como laicos, ateos y cultivadores del libre pensamiento necesitáramos mayor defensa ante el pensamiento mágico que los argumentos dados por la lógica y la razón. Peste de teístas fanáticos. Visto el caso, habrá que postularse a favor de llevar a juicio a la gente religiosa por ofender los sentimientos de los ateos en sus persistentes atentados contra la razón y el sentido común. ¡Y que a nadie se le ocurra mofarse del sacrosanto monstruo volador de espagueti que le meto una querella!

El vídeo, que aún siendo una chorrada, no lo es más que las salidas de tono de algún que otro
representante eclesiástico:





George Carlin: religion is a bullshit. Hoy es un buen día para recordarle:


7 comentarios:

  1. Encuentro acertado criticar que se persiga a Krahe por aquella humorada (un tanto necia, pero humorada a fin de cuentas). Considero intolerable que ciertos “escandalistas” pseudocristianos se erijan en jueces de la Moral cuando en su propio ámbito cuecen habas realmente gordas (sin olvidar que no es misión del cristiano perseguir y mucho menos aliarse con el estado con tal fin).

    Ahora bien, no es menos erróneo, en mi modesta opinión, aprovechar el caso para denostar la religión. No porque a mí me ofenda personalmente (ni lo más mínimo), sino porque así, en lugar de hacerles frente sabiamente, se les regala argumentos a los susodichos inquisidores. No olvidemos que éstos sostienen que es un furor antirreligioso lo que está detrás de ese tipo de humoradas (y similares). Así, en lugar de combatir la Barbarie, se la refuerza.

    Saludos cordiales.

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  2. Vaya, Cordura, no esperaba que apelaras a la política del apaciguamiento. Ya ves los resultados cosechados por Zapatero en ese sentido frente a la jerarquía eclesiástica y la derechona cavernaria.

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  3. ¿Política de apaciguamiento? No, amigo Flash. Hablo de no mezclar churras con merinas. O sea, de no meterse con la religión (con las creencias...) cuando lo que está en juego es la permanente intromisión de esa entidad (más política que religiosa, por cierto) en los asuntos públicos y en las conciencias.

    Contra esta intromisión, ¡ni agua! Pero lo que te decía en mi comentario previo es que si para combatirla te dedicas a descalificar la religiosidad, entonces lo único que conseguirás será reforzar su victimista argumento consistente en reducirlo todo a una “campaña antirreligiosa”.

    Suelo decirles lo mismo a los amigos de Europa Laica y similares.

    Saludos cordiales.

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  4. Las intromisiones se producen de igual modo, y yo no tengo por qué permitir que su visión particular de la vía condicione la mía, sobre todo cuando la mía no condiciona la suya más allá de restarle privilegios que nunca debieron haber tenido.

    Las personas son respetables hasta que demuestran no serlo; las creencias, ideas u opiniones, de principio, no tienen por qué, sobre todo cuando se demuestran absurdas. Fuera de eso, cada uno es libre de creer en lo que se le antoje y yo le reconozco esa libertad, al igual que reclamo el derecho a decir que hay creencias estúpidas sin que se me echen encima por ello (que no es el caso).

    Saludos.

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  5. No es eso, amigo. No discuto que cada cual pueda opinar lo que quiera sobre religión (otra cosa es que me gusta que se haga con rigor). Lo que digo es que si pretendemos (fíjate que me incluyo, aunque soy creyente) hacer frente a los que están empeñados en que “su visión particular de la vía condicione la mía”, entonces mal camino es el que tú has seguido. Simplemente, porque no es sabio regalar munición al enemigo.

    Un cordial saludo.

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  6. Pues hombre, eso que dices no encaja muy bien con algunos de los textos que has escrito, en los que no disimulas tu beligerancia anti papal, por ejemplo, como si ello no fuera a remover el fervor idolátrico que le rodea de la misma forma que me atribuyes a mí.

    Te vuelvo a decir que en un país como España, la jerarquía religiosa (de la que desvinculo a la iglesia de base, digna de mis respetos por su labor social) va a conseguir munición a la mínima que digas gracias a lo acrítico y servil de su numerosa parroquia. Por muy conciliador que te muestres, por muchos gestos que tengas hacia ellos, siempre que des un paso, por pequeño que sea, en la dirección que consideran incorrecta, les tendrás enfrente movilizando a su masa de súbditos. Porque su pretensión es el dominio, de mentes y de instituciones, y no está en sus planes renunciar a su estatus privilegiado, durante siglos consolidado a base de lo peor de que es capaz el ser humano, sin pelear.

    Pero si les desarmas desde la base, lo que fundamenta su posición de poder (la autoridad que les confiere un ente superior que nadie ve), puede ser el principio, a medio plazo, de un cambio en el tratamiento que se les dispensa, tanto a efectos políticos como sociales. Es ese terreno me muevo, desde mi modestísima posición de mindundi al que no conoce nadie, cierto es. Y si desarmarles es tan sencillo desde una óptica racional, que reconocidamente o no, es la perspectiva que cotidianamente mueve a las personas en todo el mundo, no veo por qué renunciar a ello.

    (En “su visión particular de la vía condicione la mía” donde pone vía debería poner vida).

    Saludos.

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  7. Te entiendo, Flash. En LEx y en el blog corduril, precisamente, ponemos el énfasis en que los papistas tienden a revertir toda crítica que se las hace en clave victimista, convirtiéndola así en “más madera” para su obtención de Poder.

    Por eso, pensamos que la única crítica inteligente es la que desenmascara al interfecto (en este caso, el entramado papista).

    Es lo mismo que digo frente al Sistema en su conjunto: si dices, en clave crítica, que es “democrático”, entonces lo refuerzas (pues el “democratismo” está tan implantado que el único que se desprestigia es quien lo cuestiona). Lo mismo si hablas (afirmándolo o negándolo) del Holocausto. Lo realmente útil es mostrar y demostrar que los gestores de la “cosa” NO SON LO QUE DICEN SER.]

    Aplicado esto a la ICR, lo que realmente les duele es ir a su médula y “desnudarla”: es falso que les importe un bledo la libertad religiosa, por ejemplo (sólo la exigen cuando están en minoría o cuando ven amenazados sus privilegios, pero históricamente siempre la han perseguido); es falso que defiendan los derechos humanos (lo llaman “doctrina social cristiana”), pues, por ejemplo respecto al aborto lo usan sólo como instrumento de poder (recordemos, una vez más, cómo recibieron con los brazos abiertos al abortista Tony B-Liar sin exigirle una rectificación previa; y es sólo un ejemplo); es falso, de hecho, que sean cristianos (el cristianismo no encumbra a ningún hombre, como hacen éstos con el papa; le da toda la gloria a Dios; el cristianismo es laico y laicista, como dejó dicho Jesús [ver, p. ej., Mateo 22: 21], a quien por cierto hicieron matar los clérigos de su tiempo; el cristianismo no busca el poder humano sobre humanos [ver Mateo 20: 20-27]).

    Lo que realmente puede hacer daño a estos usurpadores de la Verdad es mostrar al mundo que lo son, que de cristianos no tienen un pelo, que ni siquiera son creyentes en la práctica (ojo, a mí un ateo me merece el mayor de los respetos; lo que no soporto es a los que, llamándose creyentes e incluso “con pedigrí”, en realidad sólo usan la fe como herramienta de poder; como tú dices, apelando a “la autoridad que les confiere un ente superior que nadie ve”).

    Por eso, cuando tú, o los de Europa Laica, o cualesquiera otras instancias atacáis a la ICR sobre la base de su religiosidad (a lo que, por lo demás, tenéis TODO el derecho) lo único que conseguís en la práctica es legitimar su condición espuria, pues otorgáis naturaleza religiosa a un poder que es ante todo político (y que sólo usa la religión como instrumento de su afán de dominio). Algo especialmente contraproducente en los tiempos que corren (cuyos signos hay que saber leer: estamos, nos guste o no, en la Era Neorrelgiosa, una vez caídas todas las ideologías de masas). Vuestro discurso lo “refutarán” diciendo (ellos y terceras personas): “Bueno, éstos atacan a la ICR porque no son creyentes.” Pero lo que hay que conseguir es que la gente perciba que nuestras críticas se deben a que NO SON LO QUE DICEN SER.

    Saludos cordiales.

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