viernes, 23 de julio de 2010

¿En qué lado de la cama duermes?

AVISO: esta entrada es una ida de olla personal de campeonato. Quien se adentre en ella que lo haga bajo su propia responsabilidad, ya que puede no interesarle en absoluto. Es solo que tengo la necesidad de dejar constancia de algo en lo que me he visto envuelto durante varios días de esta semana.


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Durante la semana me he visto involucrado en una discusión, debate, polémica o como queramos llamarlo, que parte de una pregunta tan simple y trivial como la que sigue:

¿En que lado de la cama duermes?

Una vez formulada esta cuestión las posturas, dentro del grupo de personas que en ese momento allí nos encontrábamos, se dividieron entre quienes pensaban directamente en el lado derecho de la cama, visualizando esta como un objeto que tiene su comienzo en el cabecero, su final en los pies y su “cara” en el lado del cabecero opuesto a la pared, y quienes nos situábamos de frente a los pies del catre para definir la derecha de la cama como la derecha del observador, nuestra derecha. Es decir, según como se procese la pregunta esta puede dar dos posibles respuestas.

Quien defendía la primera opción lo hacía, a mi entender, desde una posición absolutista. Su argumentación partía del convencimiento extremo de que
la información debe ser procesada de forma que nos resulte útil, y para ese fin se inventaron conceptos como izquierda y derecha, entre otros muchos. Según esta postura, la cama es un objeto con un lado derecho y un lado izquierdo claramente definidos que deben estar inequívocamente identificados por toda persona no disfuncional, y que no hacerlo así denota cierta “carencia” a la hora de tratar la información.

Por el contrario, yo aduje que es normal y natural que la información que un observador recibe la juzgue con referencia su propia persona, y de ahí que,
instintivamente, se haga coincidir la derecha o la izquierda de los objetos como las propias de uno. Sostuve que la información que recibimos depende siempre de la situación del observador, como ya postuló en su día Einstein: todo es relativo. Obtuve como respuesta que para que los datos que recibimos nos resulten útiles hay que ordenarlos buscando la simplicidad, y que simplificar siempre es la mejor opción para procesar lo cotidiano. Me sugirieron que mi forma de procesar la información en respuesta a la dichosa pregunta, compartida por más personas presentes, era peor ya que necesitaba más información de la que mis interlocutores necesitaban para responder a la misma cuestión y, por tanto, yo (y quienes se expresaban como yo) padecíamos algún tipo de tara que nos impedía ver la realidad sencilla de las cosas. Vamos, que nos complicábamos la vida mientras que nuestros oponentes iban directos como una flecha a la solución más fácil.

Por concretar, si a la pregunta arriba expuesta se contesta “el derecho”, con ese dato, según la postura que considero absolutista,
es suficiente para conocer la respuesta sin dudar. Sin embargo, quienes se respondan basándose en el punto de vista del observador tienen un problema.

Los conceptos de izquierda y derecha son, como ya he señalado más arriba, conceptos humanos. Los cosas no tienen según que cualidades hasta que nosotros se las otorgamos. La lógica nos dice, o nos podría orientar, sobre cual es el lado derecho de la cama vista esta como tradicionalmente se la imagina: apoyado el cabecero en la pared con un pequeño pasillo a ambos lados (¿realmente es algo tan implantado como para considerarlo un argumento absoluto?). Estaríamos ante un dato designado a fin de solucionar una pequeña parte de nuestro devenir cotidiano a través de la lógica y el sentido común,
pero no es este un problema de lógica, según mi parecer, sino de comunicación.

Cuando alguien pretende transmitir una información, la que sea, ha de intentar, si está en su interés que esa información llegue al mayor número de personas posible, evitar los mensajes confusos.
Dada la respuesta que tuvimos las diferentes personas a las que se nos presentó la cuestión y el debate que surgió, la respuesta que dieron mi oponentes es confusa. No es concluyente porque generó dudas en parte del pequeño grupo que allí se encontraba, mientras que alguno de los representantes de la opción absolutista se jactaba de que la simplicidad es la vía más rápida para comunicar, llegando a insinuar que, viendo cómo la conversación alcanzaba cada vez tintes más elevados, la filosofía no hacía otra cosa que complicarlo todo. A la vista estuvo que su parecer (la respuesta simplificada) no era el correcto, o al menos no siempre y rotundamente no en este caso.

Por el contrario, la respuesta como yo la daba (a la derecha según estoy de frente a la cama o tumbado boca arriba)
es inequívoca. No hay posibilidad de confusión porque todos podemos imaginarnos la escena y nadie ignora cual es su derecha o su izquierda (salvo los disléxicos). En cambio, contestando únicamente “el lado derecho” se crea la duda. ¿El derecho de la cama o el derecho del observador? ¿El derecho una vez tumbado o estando aún de pie? ¿Considerando como objeto principal de la escena a la cama o al observador?

Podemos poner como ejemplo de que los conceptos de izquierda y derecha son relativos en no pocas ocasiones el propio monitor que este momento estás mirando. Si te piden que pegues un post-it a la derecha del monitor, ¿en que lado lo pones? ¿A tu derecha o a la derecha de la pantalla considerando la parte que miras como su “cara”?
¿Se genera una respuesta automática e inequívoca o por el contrario surge la duda acerca de cual es la respuesta adecuada, cuando no se responde directamente en contra de la percepción absolutista de mis interlocutores, interpretando la derecha del monitor como “tu derecha”? ¿Alguien podría concluir que, de una muestra representariva de personas, la inmensa mayoría contestará en un sentido o en otro? ¿O acaso no es razonable presuponer que la duda cundirá en no pocos casos? Es decir, que de tres posibilidades (en un sentido, el opuesto y la duda) dos son contrarias a la postura absolutista.

Se me puso el ejemplo del código de circulación, de cómo está de bien definida la noción de izquierda y derecha para generar orden y de cómo de ahí surge una analogía para validar el absolutismo de estos conceptos. Pero tenemos algo que lo relativiza, y es algo tan cotidiano y familiar como la escritura. En Occidente se escribe de izquierda a derecha, y así lo hemos escuchado siempre.
Pero hablamos de nuestra izquierda y nuestra derecha, no las del papel, el cual carece de estos atributos hasta que alguien comienza a escribir sobre él. Del mismo modo, cuanto empleamos un teclado los caracteres aparecen en pantalla de (nuestra) izquierda a (nuestra) derecha, y expresarse teniendo al monitor como objeto principal de la escena, lo que daría lugar a decir que escribimos de derecha a izquierda, en lugar de a nosotros mismos es lo que, a todas luces, resulta anómalo. Por ello, es imposible concluir como remataba alguno de mis oponentes dialécticos que la izquierda y la derecha de la cama son términos absolutos: depende del punto de vista del observador, que es lo que defendí desde el principio.

Este sujeto, además, infería que una uniformización de reglas llevaría a un mayor orden y que relativizarlo todo conduce al caos. No se trata de relativizarlo todo; aunque Einstein demostrara que las cosas no son como las percibimos sino que están condicionadas por cómo las percibimos,
es cierto que la creación de reglas y el respeto a las mismas es necesaria para que las personas puedan vivir en sociedad (salvo para los anarquistas, supongo). Pero no se puede pretender que un esquema mental concreto, que lleva a mantener determinado orden sobre cosas que en absoluto están uniformizadas, debe ser norma general porque "su" lógica así se lo dicta, y si no es así es que algo falla en tu cabeza. Porque ese es el tipo de pensamiento que conduce a la despersonalización, a sometimiento del individuo y, en definitiva, a los totalitarismos de los que tan siniestras muestras hemos tenido durante el siglo pasado. Una sociedad así es una sociedad que no se hace preguntas y, por lo tanto, no avanza.

Pero como ya he dicho, no creo que sea un problema de lógica, sino de comunicación. Repitamos la pregunta:
¿En que lado de la cama duermes?
Responder solamente “en el derecho” genera confusión habida cuenta del razonamiento desarrollado y de la experiencia empírica, mientras que contestar "en el lado derecho según me tumbo boca arriba" es más específico y despeja cualquier duda. Así es si lo que se quiere es comunicar y tener éxito en la comunicación. Lo otro, junto con el razonamiento que mis oponentes le han asociado, es fruto de tratar a las personas como si de máquinas se tratase, las cuales han de responder de idéntica forma a estímulos idénticos, obviando el componente emocional de nuestra naturaleza y que tanto condiciona nuestra existencia.

1 comentario:

  1. Gran artículo-comentario éste.

    Que lo que habría que concluir, que cuando no te entienden eske no te has sabido comunicar bien.

    Cosa que tengo totalmente asumida,

    Soy un pésimo comunicador

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