lunes, 26 de julio de 2010

El cine en casa, verano de 2010

Dado que la cercanía de las vacaciones derivará próximamente en una reducción drástica de la actividad del blog, buen momento es este para publicar entradas que ya tenía semi escritas pero no del todo completadas. Esta nueva entrega de El cine en casa es una de ellas, y figuran películas tanto de reciente visionado como otras que ví hace más tiempo pero cuyas impresiones no había recogido aún. Sirva para dar continuidad a la bitácora en una época en la que la desconexión de quien suscribe se avecina implacable.

The human centripede (2009). Esta película holandesa es uno de las más morbosos, retorcidos y bizarros ejemplos de lo que puede trasladar una mente humana al celuloide. A un par de sanotas y macizas turistas anglosajonas se les estropea el coche y el infortunio les lleva a pedir ayuda ("qué mala suerte", que diría la hiena Tristón) al científico loco más siniestro que podían encontrar en todo el continente europeo. Una vez secuestradas y en compañía de un tercer rehén de origen japonés, se disponen a formar un único ente cirugía mediante, ya que el mad doctor está necesitado de un animalito de compañía multipierna que le traiga el periódico por las mañanas. Afortunadamente, The human centripede (el ciempiés humano) huye de la tentación gore y se aferra a la claustrofobia, a la tensión y la angustia como bazas para atentar contra la estabilidad emocional del espectador. Una vez sumergido en la propuesta puede resultar de lo más perturbador, aunque haya algunos puntos que rocen el ridículo o que resulten involuntariamente cómicos. La composición del actor alemán Dieter Laser como cirujano narcisista y endiosado es quizá demasiado tópica, pero no por ello menos escalofriante. Para amantes de las rarezas que dejan con mal cuerpo.

El laberinto del fauno (2006). Mucho he tardado en visionar esta reciente y reputada producción española, pero por fin ha caído. Durante la posguerra española, desde un acuartelamiento militar situado en una región montañosa se intenta, o eso se infiere, acabar con un núcleo de resistencia que persiste en el lugar. Una niña recién llegada se erige en protagonista ya que para escapar de una existencia tormentosa (una madre embarazada y enferma, un cruel padrastro que es el oficial al mando y un futuro nada halagüeño), se entrega a una realidad onírica que en ningún momento se nos aclara si es verdadera o producto de su imaginación, ya que eso es tarea del espectador. Es cierto que en lo tocante al conflicto franquista la peli peca de maniquea, dibujando al personaje del militar interpretado por Sergi López como un sádico bestial, mientras que los maquis republicanos, encabezados por una valerosa Maribel Verdú, parecen la encarnación misma del bien y la abnegación. La vertiente onírica está bien conseguida, ofreciéndonos algunas criaturas bien caracterizadas que parecen salidas de videojuegos como Silent Hill, aunque detalles del tipo ¿por qué hace eso si sabe que no puede hacerlo? malogran algo esta faceta. Además, a mi entender hay abierta una brecha demasiado amplia entre lo que ocurre entre ambos mundos, pareciendo historias sin puntos de conexión. Pese a todo es una película recomendable.

Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992). Bajo un estúpido título en español, el ahora afamado neozelandés Peter Jackson (la trilogía de los anillos) se convirtió hace casi dos décadas en en director fetiche de los adictos a los borbotones de sangre, las vísceras desparramadas y las arrebatadas amputaciones. Pero también de los que gustan de echarse unas carcajadas mientras la pantalla se tiñe de rojo. Todo en Braindead es una locura, todo es un exceso, pura desmesura. Desde el grotesco mono-rata detonante de la plaga zombi hasta cada uno de los detalles de la demente y lisérgica espiral de violencia que su irrupción desencadena. Mención especial merece el hilarante y travieso bebé zombi, pero también cabría acordarse del perro Fernando, de la pasión fornicadora a la que se entrega el cura una vez contagiado, la española Diana Peñalver llamando "Lainoooool" a su pretendido novio Lionel, la cabeza zombi atrapada en la taza del water... La carnicería final creo que ha debido tardar años en ser superada, si es que lo ha sido. Una de dos, o sabes a lo que te enfrentas, asumes las consecuencias y disfrutas de la función u olvídate de Braindead y ponte a ver una de Hugh Grant. O hay complicidad absoluta o no hay posibilidad de diversión.

Whiteout (2009). Confieso que el principal motivo para ver esta película fue el protagonismo de Kate Beckinsale, una actriz que auna talento y belleza pero que no termina de despuntar, ni en cuanto a popularidad ni en lo que a prestigio se refiere. Tal vez la culpa la tengan elecciones como Whiteout, un thriller de lo más descafeinado. En una base científica americana situada en la Antártida se va a proceder al desalojo ante la inminencia del invierno antártico, pero un súbito crimen y el hallazgo de un avión enterrado en la nieve retiene a nuestra chica (que es la máxima autoridad policial) hasta la resolución del caso. Como suelen decir los críticos, acción rutinaria, malos sin carisma, una trama que no engancha y hasta un nombre al que los amantes del cine fantástico tenemos especial aprecio, Tom Skerrit (Dallas en Alien, 1979), que no parece muy convencido de lo que hace convierten la cinta en un ejemplo de lo que no debe ser un thriller: sin acción, sin tensión y con una resolución final que sólo provoca indiferencia. Ni los primeros planos de la Beckinsale, que siempre se agradecen, salvan la función.

Antes de que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You're Dead, 2007). Una gran sorpresa. Todo lo malo que dije de Whiteout debo revertirlo tratándose de esta cinta del veterano Sidney Lumet. Un elenco de altura compuesto por Phillip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney y otra de mis debilidades, Marisa Tomei, que además enseña palmito generosamente, componen la que quizá fue una de las mejores películas de 2007. Un banquero próximo a la ruina propone a su hermano, un pobre pelagatos sin blanca, atracar el negocio familiar de sus propios padres para salvar la economía de ambos. Tienen un plan tan bien perjeñado para salir incólumes del trance que, como suele suceder, todo sale mal. A partir de ahí solo resta ver como los protagonistas se van cubriendo más de mierda con cada decisión que toman. Nadie sale bien parado en este film, salvo el espectador que sepa apreciar las buenas historias.

The cove (2009). The cove es la cala de la isla japonesa de Taji donde cada año mueren miles de delfines a manos de pescadores nipones. Las aguas teñidas de rojo de este lugar han recorrido varias veces los telediarios mientras los cetáceos, acorralados, mueren sin posibilidad de huida. Este documental, que muestra con toda su crudeza la crueldad de la masacre, está promovido por el entrenador de Flipper, delfín que se hizo famoso en los años 60 gracias a una famosa serie de TV, que además fue el principal impulsor de la industria de los delfinarios. Tiempo después, tras comprender el monstruo que había creado, comenzó a dedicar esfuerzos para denunciar las penosas condiciones en que estos animales viven en cautividad, esfuerzo culminado con el Oscar recibido por The Cove al mejor documental en 2009. Rodado casi en la clandestinidad debido al extremado celo de los habitantes de Taji, el trabajo aborda otras perspectivas, como el negocio que representa el comercio de carne de delfín como si fuera de ballena y la insalubridad de su consumo debido a su alta concentración de mercurio, o mostrando la incredulidad del resto de la población japonesa acerca de lo pasa en la isla. No se puede negar que el documental es muy militante, pero no por ello se puede dejar de admitir la pavorosa realidad que retrata.

Defensa (Deliverance, 1972). Me di el gustazo de revisitar este clásico de John Boorman en versión original y tengo que decir que, al contrario de otras pelis de la misma época y similar temática como Perros de paja, el tiempo no la ha tratado nada mal. Trajo polémica en su momento por su crudo y despiadado retrato de la América no ya profunda, sino subterránea, a la que se enfrentan cuatro urbanitas con ganas de sentir la adrenalina inundando sus venas. Su idea es bajar en canoa un río que dejará de ser salvaje por la inminente construcción de una presa, pero el salvajismo que encuentran no será el esperado y el instinto de supervivencia aflorará dejando a un lado complejos y aparcando dilemas éticos. Buen reparto, encabezado por dos valores de la época como Burt Reynolds y Jon Voight, buenas interpretaciones y buena presentación de personajes en una cinta más actual de lo que muchos quisiéramos.

Little Nicky (2000). Una comedia con Adam Sandler de protagonista no puede, a priori, ser algo demasiado bueno. De hecho, uno comienza sospechando que va a ver una de las peores sandeces del año... y al finalizar se encuentra con que ha disfrutado y se ha reido con la película como no podía sospechar. Nicky es el (aparente) hijo tonto de Satanás, el cual está pensando en retirarse. Finalmente cambia de idea y, despechados, sus otros dos malvados hijos, que esperaban heredar el reino de las tinieblas, deciden huir a la tierra y fundar allí su propio infierno, situación que Nicky recibirá el encargo de reconducir. La peli es una sucesión de gags escatológicos y políticamente incorrectos, unos más graciosos que otros, cierto es, pero cuenta con ideas ingeniosas y bien llevadas a término. En este caso, parte del doblaje, para quien soporte a Florentino Fernández, contribuye a que el cachondeo no decaiga y el desparrame de guión conduce a momentos verdaderamente antológicos, como mensaje satánico en el disco del pasteloso grupo Chicago o la aparición estelar al final del músico heavy Ozzy Osbourne. Sin duda, una cinta que ofenderá a los puristas de la comedia refinada pero que divertirá a quien la vea despojado de prejuicios y rodeado de colegas, cervezas y patatas fritas.

Los mundos de Coraline (Coraline, 2009). Película de animación en 3D, vendida como cine infantil pero que disfrutarán también los adultos y atemorizará a mas de un niño. Coraline es una niña solitaria que se ha mudado con sus padres, los cuales no le prestan demasiada atención, a un caserón donde hallará el paso a un mundo alternativo donde todos sus deseos infantiles se vuelven realidad. Lo malo es que tendrá que pagar un precio muy alto por disfrutar de esa infancia en apariencia perfecta, algo a lo que no está dispuesta. Película en la onda de Pesadilla antes de Navidad o La Novia cadáver (lo digo de oidas ya que no las he visto), en el sentido de ser un cuento para niños con una acusada vertiente gótico-siniestra, cuenta con una cuidada animación tridimensional y una historia fácil de entender por los críos pero gastando unas formas que, como digo, asustarán a los más sensibles.

1 comentario:

  1. Excelentes las pelis de Lumet y Deliverance, que sigue siendo una de mis pesadillas años después...

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