miércoles, 9 de febrero de 2011

La lamentable clase política española

A continuación, un ejemplo paradigmático del estado en que se encuentra la clase política española. El ex-consejero canario y ex-diputado nacional José Carlos Mauricio ha sido multado por segunda vez por conducir sin carnet. El muy caradura califica de “linchamiento” el tratamiento de la noticia que se ha dado porque, a fin de cuentas, no ha causado “daño a nadie”. ¿Acaso hay que esperar a que lo causes, pedazo de melón? ¿Eres demasiado bueno para que te tomes la molestia de sacarte el carnet de conducir, como hacemos religiosamente los demás? ¿Somos acaso unos imbéciles por pagarnos nuestras clases y conseguir el documento pertinente pudiendo, como haces tú, saltarnos la reglas por nuestros santos bemoles?


Parece que este señor considera superflua la obtención del permiso de conducir, algo que a la mayoría de ciudadanos de a pie le cuesta una buena cantidad de tiempo y dinero. ¿Y este sujeto ha tenido responsabilidades de gobierno en Canarias y ha sido pagado por todos nosotros como diputado nacional? Su caso es ejemplificador de lo que ocurre en España con la clase política. Estamos ante un (ex) político que se siente por encima de la sociedad, de la reglamentación que los propios políticos imponen y que se salta las normas que debería afanarse por cumplir al haber sido representante público. Ya no es diputado ni consejero pero ¿cobrará su pensión máxima? ¿Quizá algún sueldo extra en virtud de los cargos ostentados? ¿Tiene o no tiene un grado de responsabilidad moral hacia la ciudadanía?

Estamos manteniendo a una casta parasitaria que, no contenta de sus privilegios, encima se ríe de nosotros torpedeando los preceptos legales que los demás nos vemos obligados a cumplir. Se me revuelve el estómago de saberlo. A veces se hace insoportable vivir en este país.

1 comentario:

  1. Confieso que me sorprende que José Carlos Mauricio haya incurrido en eso. Le recuerdo como uno de los poquísimos políticos que hablaba en el parlamento con un grado notable, y lo digo desde mi escepticismo ante cualquier discurso de esa casta (y mis escasas simpatías hacia la Coalición Canaria). Los hechos ahí narrados no concuerdan con la imagen de madurez que me inspiraba.

    En todo caso, parece que reconoce que merece un reproche social. Aunque es cierto que suena quejica al hablar de “linchamiento” (en estos casos, resulta necio hacerlo incluso si hay algo de cierto en ello).

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