viernes, 24 de junio de 2011

La tontería de las brasas en la noche de San Juan

La pasada noche fue noche de San Juan. Es tradicional que durante esa noche se prendan hogueras (en la playa, creo, ignoro si en otros lugares) y a su alrededor haya fiesta y jolgorio. También está extendida la costumbre de caminar descalzo sobre brasas ardientes, existiendo una especie de mística acerca de ello en el que las creencias religiosas juegan un papel importante.

Por supuesto, no hay nada sobrenatural en salir indemne de un paseo con los pies desnudos sobre brasas calientes. De hecho, la explicación es bien sencilla y bastan unas nociones de física básica para comprenderla. Las brasas, producto de los momentos finales de la combustión de madera o carbón, son malas conductoras del calor. Esto significa que para que el calor que despiden se transmita a un objeto que las toque el contacto debe tener una cierta continuidad. Si uno pasa rápidamente, con un contacto relámpago entre la planta de los pies y la fuente de calor (las brasas) a éste no le da tiempo de transmitirse a las extremidades del caminante. Así de sencillo.

Todos hemos visto en televisión alguna la estampa de personas caminando deprisa sobre las brasas, algunas cargando a otras, y luego exhibiendo sus pies incólumes. Si se fijan el paseo apenas dura unos pocos segundos (pero muy pocos), dependiendo de la longitud del recorrido. Los hay que aluden a su fe para explicar lo sobrenatural del fenómeno, pero ninguno se detiene a mitad de camino para enfatizar la robustez de sus creencias. Sin duda saben lo que les esperaría.

Si de verdad quieren poner a prueba su fe les sugiero que cambien las brasas procedentes de la combustión de madera por una plancha de metal, y que efectúen el mismo procedimiento al que están habituados en la noche de San Juan. El éxito de asistencia está asegurado porque no serán pocos los que piensen que se está celebrando una barbacoa.

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