viernes, 6 de enero de 2012

Sobre la posible desaparición de Público

Yo era de los que pensaba que con el cambio de gobierno el diario Público crecería, igual que le pasó a la COPE de Losantos tras la llegada de Zapatero al poder. A contracorriente se vive mejor, es como un medio se convierte en contrapoder. El concurso de acreedores en que ahora está sumido este periódico vendría a dinamitar toda esta presunción.


Público nació como algo en teoría necesario dado el panorama kiosquero español. Compré los primeros ejemplares, pero no tardé en dejarlo. Leía los mismos contenidos en Internet, principalmente a Nacho Escolar, el Manuel Rico de Periodismo incendiario, su anterior blog, Íñigo Sáez de Ugarte y el desaparecido Javier Ortiz, habiendo ya pagado por mi ADSL. Reconozcámosle que una apuesta arriesgada por su declarado pronunciamiento ideológico. En ningún momento trató de engañar ni de presentarse como un medio que fuera a buscar lecturas objetivas de los hechos. Pero pronto me di cuenta de que su marcado sesgo me incomodaba.
Al leerlo me parecía estar perdiendo parte del cuadro. No es que sea un periódico mentiroso, es solo que presenta la realidad vista desde un solo prisma, y no estaba dispuesto a leer ABC para contrapesar. No es un medio radical, como a veces sí es La Razón o siempre es La Gaceta, pero carga lo suficiente sobre un solo lado como para que pueda fiarme de lo que dice si quiero hacerme una idea global de lo que pasa. Ideológicamente es más cercano a mi manera de pensar que cualquier otro medio escrito (a El País le he cogido bastante manía) pero eso no es óbice para que busque la información más objetiva posible. Y para eso ya está Internet.
Si Público desaparece será un golpe a la pluralidad del kiosco español, pero más que nada para los que confíen en él como medidor de la temperatura política nacional. Para quienes hace tiempo que solo vemos en el kiosco un vomitorio de mentiras, manipulaciones, ocultaciones y engaños la desaparición de un periódico de papel se torna bastante irrelevante. Más allá de como envalentona a los partidarios del monolitismo político y social que ya comienza a hacerse notar.

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