domingo, 8 de julio de 2012

Rush o el retorno de quien nunca se fue


Uno de los discos de este 2012 es sin duda alguna la nueva entrega de Rush, el trío formado por Geddy Lee (voz, bajo, teclados), Alex Lifeson (guitarras) y Neil Peart (batería). La historia que les precede, su extensa discografía y el hecho de que nunca hayan se hayan retirado ni formalizado una separación siquiera temporal en casi cuatro décadas de existencia convierten a estos tres canadienses en un fenómeno único dentro del Rock.

Lo más cerca que estuvieron de dejarlo fue cuando la tragedia se cebó en la vida de Neil Peart entre 1997 y 1998: en un lapso de diez meses perdió a su hija de 21 años en un accidente de tráfico y a su esposa debido a un cáncer. Tras considerarse retirado, y con sus compañeros apañándoselas con proyectos propios (Lee sacó un disco en solitario en 2000 y Lifeson hizo lo propio bajo el nombre de Victor unos años antes) las heridas finalmente cicatrizaron y el para muchos mejor baterista que ha dado el Rock volvió para hacer lo que mejor sabe. Desde entonces no es que el trío haya sido muy prolífico (solo dos discos de estudio en toda la pasada década) pero la maquinaria comercial a su alrededor siguió funcionando con directos varios, DVD's y recopilatorios. Todo ello daba fe de que el momento de su adiós musical no estaba ni mucho menos en el guión.

Para quien lo desconozca, la carrera de Rush se divide en etapas de cuatro discos separadas por un doble en directo oficial del grupo. La primera comprende los años 1974 a 1976, en la que sus influencias eran claramente marcadas por Led Zeppelin y bandas de Rock-Blues como Cream; asumieron los esquemas del Rock progresivo entre 1977 y 1981 para, a partir de 1982 y hasta 1988, dejarse influenciar por los sintetizadores y la New Wave (en especial The Police). Desde 1989 hasta 1996 intentaron sonar más eclécticos navegando desde el Pop-Rock hasta el Rock alternativo. Luego sucedió lo de Peart y se produjo un parón que se rompió en 2002, dando inicio a una nueva etapa que, hasta el momento, no sigue un patrón común demasiado reconocible (el ahora publican es el tercero de esta etapa).

En fin, que tenemos a Rush saludando esta segunda década del siglo XXI con Clockwork angels, un disco que les ha colocado en lo más alto del Billboard, cosa que no les sucedía desde la publicación de Counterparts (1993). ¿Realmente están los canadienses, ya sexagenarios, en condiciones de ofrecer un buen producto después de cuarenta años de carrera? Olvidémos nuestras filias y seamos escépticos que vamos a entrar en materia.

El disco está producido por la propia banda y Nick Raskulinecz (Alice in Chains, Foo Fighters) y su sonido recuerda mucho al del citado Counterparts. ¿Es esto un buen síntoma? Desde el punto de vista de la innovación no es bueno sonar como veinte años atrás, aunque no es algo malo de por sí. No parece que Rush hayan querido innovar, eso está claro. No es a eso a lo que juegan, ni falta que les hace. Pero ya que insisten en seguir en la brecha algo habrá que exigirles, ¿no? Lo cierto es que ello es garantía de que habrá Rock sin demasiados aditivos pero también conviene subrayar que una cosa es renunciar a la innovación y otra muy distinta el auto plagio. Porque, entrando ya en las canciones, encontramos varios temas que en seguida nos hacen recordar no ya etapas pasadas, sino canciones concretas de discos previos. En algunos casos la similitud es tan evidente que no sería extraño que fuera deliberada.


Clockwork angels comienza como un cañon, con quizá el mejor corte de todos, Caravan, el cual ya había sido adelantado en 2010 junto con BU2B. Es una pieza vigorosa, con estribillo coreable y una parte central muy prog con quiebros y progresiones que harán disfrutar al fan más avezado. Para abrir boca no está nada mal. Le sigue la mencionada BU2B, la cual comienza con un riff duro y un ritmo más pesado para luego acelerarse y terminarse pareciendo algo a su predecesora. No obstante ya apreciamos algunos detalles que marcarán todo el disco: Alex recupera ese sonido tan característico de su guitarra que forjó en los 80 y Neil aporrea los tambores como si volviera a tener treinta años. La cosa empieza a prometer cuando nos llega la canción que titula al disco; Clockwork angels alterna dureza en las estrofas con algo de delicada épica en el estribillo. Escuchando el riff central no puedo evitar evocar la última parte del Grand finale de su disco 2112 (1976). La canción se extiende más allá de unos siete minutos que se me antojan excesivos y que parece que no daban para tanto. Seguimos con The anarchist, uno de los cortes que más frío me deja y que a pesar de las escuchas no logra cobrar sustancia. Carnies comienza en plan muy jevitrón con un riff similar al de BU2B para después perder mordiente, entonar un flojo estribillo y dispersarse sin terminar de urdir un par de estrofas que nos enganchen. ¿La cosa empieza a torcerse? tengamos paciencia.

A continuación comienza el rosario de auto plagios que refería anteriormente. Halo Effect tiene un riff central sacado directamente de In the end, del Fly by night (1975) aunque su armazón melódico la equipara también con Half the world, del Test for echo (1996) y los violines al término recuerdan a demasiado a Aerosmith. Luego viene uno de los temas que más termina enganchando, Seven cities of gold, aunque su riff es sospechosamente parecido al de One little victory, del Vapor trails (2002). Aquí Geddy se permite unos agudos que veremos a ver como resultan en directo habida cuenta del desgaste vocal que ya viene sufriendo. Con todo es de los puntos más altos de todo el disco. The Wreckers comienza de forma parecida a War paint, del Presto (1989) y ahonda en la línea más melódica gracias a un perfecto y emotivo estribillo donde Geddy se luce. Su orquestación final la asemeja a otras composiciones de tono épico como Nobody's hero, del CounterpartsHeadlong flight representa el caso más palmario de auto plagio; su riff está descaradamente inspirado en el de Bastille day, del Caress of steel (1975). Me cuesta creer que esto de componer sobre lo ya compuesto no lo hayan hecho a propósito. Es un tema potente, veloz y que encantará en directo.


BU2B2 es un reprise del segundo tema del disco que no es más que un relleno de minuto y medio. Le sigue Wish them well, una canción que hubiera encajado bien en discos de producción amable y comercial como el citado Presto y Roll the bones (1991). Y el broche final se llama The garden, un corte que he visto alabado en la red pero que a mí no me termina de calar tan hondo, siendo como es una balada de gran carga melódica y emocional. Es fácil, además, emparentarla con otras composiciones pasadas como The Pass (del Presto) y Bravado (del Roll the bones).

¿Qué tenemos, entonces? Sobre todo, y a tenor de lo que he leído en Internet, muchísimas ganas de tener un gran disco de Rush en nuestras manos. Y las ganas, junto con las altas expectativas que siempre genera el combo canadiense, quizá llevan a sobrevalorar el producto que finalmente nos entregan. No es un mal disco, y me atrevo a asegurar que el tiempo y las escuchas me harán disfrutarlo todavía más. Pero también soy consciente de que el tiempo que llevo siguiendo a esta banda, y la debilidad que siento por el trío, me llevan a pasar por alto aspectos y detalles que no toleraría en otro grupo. Sin embargo, insisto, son un fenómeno único en la historia del Rock, y solo por eso merecen seguir siendo objeto de la atención del buen aficionado.

2 comentarios:

  1. Me gustan Rush. No son una de mis bandas favoritas, pero sin duda tienen un algo especial por lo que ha merecido la pena llegar a los 7 albumes (todos entre el 75 y el 84) y alguno más que caerá en el futuro. Actualmente tengo en escucha 'Hemispheres', el último que he incorporado.
    Lo que tan bien desgranas respecto a la crítica de este nuevo disco en relación con autoinfluencias y/o autoplagios es algo común a cualquier banda que lleve más de media docena de discos en cartera (algunos se autoplagian mucho antes, incluso). Es inevitable: Las ideas se agotan, las fuerzas también, las vicisitudes de la vida, el alcohol/drogas en una gran mayoría de casos, disensiones y cambios en la banda.... El mismo estilo de vida que llevan la mayoría de ellos hace inevitable que tarde o temprano dejen de sonar 'a nuevo' y empieces a notar que 'esto ya lo hicieron en...'
    Es algo que todo seguidor debe aceptar como parte de las reglas del juego y, simplemente, esperar que cada entrega 'suenen como siempre' (autoinfluencia) y no 'suenen a lo mismo' (autoplagio)
    A pesar de todo y vista la cantidad ingente de material que escuchar, llega un momento en el que, por mucho que te gusten, los empiezas a dejar a un lado en beneficio de otras bandas y, si acaso, de vez en cuando picas de nuevo, especialmente ante material con buenas críticas.

    Me alegra que te haya valido el link que te pasé del Diawhee (¿o ya lo conocías?). Si lees a los lectores habituales de esa revista en distintos post verás que estas mismas disquisiciones están a la orden del post cada vez que algún clásico saca material nuevo, caso reciente del último de Van Halen de este año o el de Kiss del pasado, por poner algún ejemplo.

    PD: ¿De verdad esperabas que alguien más del Desco salvo servidor (Blackfoot...) se metiera a discutir sobre Rush?? ... pardillo ;)

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  2. Hola, Selito.

    Sin ir más lejos, en mi anterior post musical hago la misma referencia al auto plagio, aunque sin emplear esta palabra, con lo último de The Cult. Entiendo que una banda musical, y más una tan longeva como Rush, se repitan y algunos de sus discos recuerden a otros anteriores. Lo que me llama la atención es que me haya costado tan poco identificar la fuente en cada caso. Es como si tuvieran guardados los acordes de cada una de sus canciones para echar mano de ellos cuando las ideas para un nuevo tema no prosperen adecuadamente. Sí, hay que aceptar que el pozo de las ideas no es inagotable.

    No, no conocía el enlace, tenía noción de la repercusión que estaba teniendo en los USA su nuevo disco pero no había localizado un enlace aún. Pero ya hubiera sabido encontrarlo, listillo :-P

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