martes, 11 de septiembre de 2012

Eurovegas consolida a España como un país de servicios

Eurovegas está provocando reacciones que no me parecen todo lo proporcionadas que deberían ser. Se está aludiendo al negocio de Sheldon Adelson como un crisol del vicio en el que el juego, las drogas y, en especial, la prostitución convertirán el sur de Madrid (o donde finalmente caiga) en una nueva Sodoma. Estas críticas provienen principalmente desde posiciones de izquierda, hecho que sorprende por la moralina que traen consigo. Putas y juego: corrupción garantizada. A mí no me gusta Eurovegas pero por otros motivos.

En Madrid ya hay sendos casinos, en Torrelodones y en Aranjuez, y no tengo noticia de que esas dos poblaciones sean conocidas como los pozos negros del vicio y la delincuencia de la CAM. Sorprende que provoque tanto escándalo que Eurovegas se convierta en un imán para la prostitución cuando en Madrid hay lugares donde se practica a diario sin que aparente levantar un rechazo tan insistente y mediático. Que el cortijo de Adelson catapulte la actividad meretriz está por ver, mientras que en zonas como Montera o Villaverde es un problema YA. ¿Tiene sentido tanta protesta por lo primero cuando lo segundo es un problema a pie de calle desde hace años?


Creo que se está enfocando la cuestión de manera equivocada. La mayor pega que yo le veo al proyecto del millonario yanki no es que atraiga prostitución, drogas o delincuencia organizada, que son cosas que estarían por ver. Lo peor es lo que representa como modelo de crecimiento y desarrollo para un país como España, sumido hoy en una profundísima crisis en gran medida 

provocada por el mismo modelo que promete Eurovegas: empleo fácil y esencialmente de baja cualificación, nula planificación a largo plazo, concesiones y privilegios hacia el primer magnate que ponga dinero sobre la mesa, trato preferencial a personas de dudosa ética… y generación de una nueva burbuja basada en un negocio de futuro incierto dadas las circunstancias económicas que vive nuestro país.

Y todo ello ante el completo abandono por parte de quienes copan el poder de toda opción que suponga explorar un modelo de crecimiento basado en la ciencia, la tecnología, el I+D, la sostenibilidad, la educación de calidad, la preparación y el bienestar a largo plazo de la mayoría de ciudadanos.


El cortoplacismo por delante de la apuesta por el futuro a largo plazo. Eurovegas, si finalmente llega, proporcionará el mismo tipo de empleo que tuvieron quienes ahora no pueden pagar su hipoteca tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Esos a quienes ahora se les marca a fuego por estar 

desocupados y a los que se señala con el dedo por haber vivido “por encima de sus posibilidades".

Los promotores de Eurovegas están de nuevo apostando por aquello que, todavía hoy, nos sigue arruinando. No parecen haber comprendido que la riqueza inmediata deviene pobreza a la vuelta de pocos años. Es la consagración del modelo que nos ha llevado a la miseria. España, consolidada como un país únicamente de servicios.


Pero es que esos puestos de trabajo serán, que nadie lo dude, el logro del que los políticos harán bandera cuando haya que salir de campaña electoral. Eurovegas es, en gran medida, la gran apuesta de Esperanza Aguirre para las próximas elecciones autonómicas. Se creará empleo, y el votante es posible que lo agradezca, habituado también al contemplar únicamente el corto plazo. Cuando se está ávido de soluciones uno se aferra, en su desesperación, a cualquier cosa que le prometa una mejora. Y ahí está el político para aprovechar ese estado de necesidad y sacar tajada.


¿Y después? No hace falta estrujarse mucho la cabeza. España va a tardar años, si no décadas en poder permitirse gastar de nuevo como lo hacía en 2002. ¿Qué recorrido tendrá un negocio como Eurovegas, basado en la inversión más que incierta de capital propio? ¿Van a sostenerlo únicamente los turistas? Son los españoles los desesperados por conseguir aumentar sus ingresos. ¿Acaso esperan que el inexorable camino que llevamos hacia el subdesarrollo empuje a millones de españolitos a jugarse lo poco que tienen en sus casinos? Además, los parques temáticos españoles no paran de dar disgustos, y de eso en Madrid sabemos algo. ¿Qué viabilidad económica le presuponen con semejante panorama? Si la cosa no cuaja como se espera ¿también vamos a socializar las pérdidas?


¿Y nos vamos a detener en moralinas?

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