martes, 23 de abril de 2013

La cultura española a través de su música de carretera

El bagaje cultural de un país subyace a veces de manera que puede no ser enteramente comprensible por todos los ciudadanos. Hay que estar muy sumergido en la realidad sociocultural del lugar para entender determinadas expresiones culturales, no siempre aptas para paladares exquisitos o ajenas a un singular devenir.

Durante mi último periplo al volante he fijado mi atención en una de esas formas de expresión, que no es otra que la música que podemos encontrar en gasolineras y bares de carretera. Las entrañables casetes han sido sustituidas por CD's, pero los contenidos son igual de abyectos. Cambia el soporte físico pero nada hay que haga cambiar el firmemente arraigado cutrerío patrio.



Qué mayor expresión de cultura popular típicamente española que los fandangos de Paco Toronjo. Y es que los españoles somos únicos en el arte de elegir nombre artístico de esos que dejan huella, indelebles en el inconsciente colectivo. Reza la carátula que son los primeros fandangos de su vida. El resto de la humanidad suspira porque también hayan sido los últimos.



Durante mi periplo viajero no saben como eché de menos a Camela, legendaria leyenda de gasolinera. Se conoce que no pasan por su mejor momento, pero no importa. Sus sucedáneos aparentan ser igual de abominables. Estos Kayma ni siquiera tiene el decoro de evitar el parentesco en el nombre. La sombra de Camela es tan alargada como hedionda.



¿Nunca les ha pasado que están delante de una obra musical bajo el epígrafe "Grandes éxitos" y no tienen ni puta idea de quien se trata? No es el caso de La Húngara, toda una figura de la música...en Hungría, porque lo que es en España...



El problema de la letra del himno nacional es de tal calado que ya hay quien ha editado material al respecto. Y no se le ha ocurrido otra manera de difundirlo que distribuirlo en puntos estratégicos de la red de carreteras del Estado. Todo un genio del márketing, gracias al cual esperamos que esta cuestión permanezca irresoluble durante eones.



Por suerte, el brillo de la esperanza asoma sobre el horizonte oscuro. Saber que hay cosas inmutables y valores que nunca cambian proporciona una tranquilidad difícil de cuantificar. Ante cualquier eventualidad, cualquier apuro, un pinchazo fortuito o la vomitona del niño en mitad del asiento trasero, los Himnos y marchas de ESPAÑA son el bálsamo de Fierabrás de todo viajante por carretera. Escuchar "El novio de la muerte" o la "Canción del legionario" mientras contemplas, orgulloso, las imágenes del Caudillo y José Antonio impresas en la carátula, al tiempo que pisas el acelerador hasta sacar el pie por los bajos del coche, te lleva a entrar en comunión con los auténticos valores hispanos, en un éxtasis cercano al nirvana del que solo te sacarán los servicios de urgencia con la radial después de haber dado diez vueltas de campana debido al exceso de velocidad.

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