domingo, 23 de junio de 2013

Thirty Seconds To Mars y Editors, buscando el mainstream desesperadamente

El llamado Rock de estadio o Arena Rock está de moda. Los británicos Coldplay, con su "Viva la vida or death and all my friends" (2008), fueron los responsables de poner al día el término y darle nuevo vigor. No es que inventaran nada pero gracias a ellos el Rock de estadio volvió a la palestra y su desmesurado éxito fue el motivo de que se hablara de nuevo de él. Durante los años 80 del siglo pasado el Arena Rock estuvo estrechamente vinculado con el A.O.R., uno de los subestilos del Rock que más discos vendió en aquella época. Grupos usamericanos como ForeignerTotoBoston o Journey se hincharon a vender copias y a reventar coliseos. El precedente más inmediato al actual fenómeno quizá sea el de los U2 a partir del "Achtung baby" (1991) aunque ha habido otros muchos abarrotando recintos con decenas de miles de hinchas, ya desde un perfil musical menos encorsetado y más abierto. Pero fue desde la publicación del penúltimo disco de los de Chris Martin que el Arena Rock volvió a estar en boca de críticos y medios especializados de forma generalizada. Poco después algunas formaciones antes tenidas por independientes o alternativas se subieron al carro en vista de su cada vez mayor número de fans. Ocurrió con Muse y con The Killers y ahora Thirty Seconds To Mars y Editors reclaman su parte del pastel.

Thirsty Seconds To Mars - Love Lust Faith + Dreams

Empecemos por los primeros. La banda del actor Jared Leto llevaba tres discos que, hasta ahora, conformaban una trayectoria que, como poco, les había hecho ganarse el respeto de crítica y público. No parecía el juguete de un actor de Hollywood con el que entretenerse entre rodaje y rodaje. Siempre navegando por la vertiente alternativa del Rock, con pose emo e influenciados en lo musical por gente tan distinguida como ToolThirty Seconds To Mars se forjaron una reputación a base de buenas canciones, solventes conciertos y numerosos premios. Solo la costumbre del frontman de hacer que el público se haga la mitad del repertorio, con la excusa de que así le hace partícipe de sus shows, pero alimentando la duda sobre sus verdaderas facultades vocales, afea sus actuaciones en vivo.

Para su nuevo disco, "Love Lust Faith + Dreams" (2013), estaba anunciada una ruptura, y vaya si la ha habido. Los arreglos orquestales copan un protagonismo que a más de uno le va a chirriar, sobre todo porque esto ocurre al precio de que las guitarras apenas se dejan notar más que en un par de cortes. Está bien no estancarse y buscar nuevas vías de expresión, pero o te acompañan buenas canciones o estás pinchando en hueso, y los temas de este disco carecen del empuje y la fuerza de entregas anteriores. El single de adelanto, "Up in the air", suena demasiado discotequero, demasiado electrónico, incluso me atrevería a decir que tiene cierto regusto al archiconocido "Gangnam style" (me juego el pescuezo diciendo algo así, lo se), aunque cuente con esta batería característica a cargo del Shannon Leto, hermano de Jared. En "City of angels" copian con descaro y atrevimiento el punto álgido de una de las canciones más conocidas de U2, y nuevamente abusan de los coros pretendidamente épicos a cargo de sus fans a todo lo largo del disco, recurso este que ya parecía agotado en su anterior entrega, "This is war" (2009). En cuanto a las guitarras, al paso que van Tomo Milicevic será el siguiente miembro del grupo en pedir la baja, ya que "Conquistador" el casi el único corte en que puede apreciarse su labor en las seis cuerdas.

El disco transcurre en la permanente espera de que se produzca un chispazo de talento que nunca llega, con interludios que aburren, un Jared Leto haciendo gala de las cualidades vocales que sabemos no exhibirá en directo, violines que declaran el inequívoco giro comercial del disco y una casi absoluta ausencia de Rock. Thirty Seconds To Mars parecen haber percibido que este es su momento, la hora de dar el salto definitivo al estrellato más rutilante, y lo hacen tratando de llegar a la mayor cantidad de público posible, por lo que hay que adaptar el sonido para tal fin. No tengo nada en contra de los giros estilísticos, los cuales a veces son necesarios para revigorizar una carrera musical, pero este disco es cansino, reiterativo y sus canciones, simplemente, no dan la talla. Me da la impresión de que la banda ha alcanzado el punto de ebullición y ya solo queda esperar a que todo se enfríe. Espero que no terminemos viendo al bueno de Jared en telefilmes de sobremesa cuando ni el cine ni la música respondan a las expectativas que en su momento levantó.



Editors - The weight of your love

Editors es otra banda que lejos de acomodarse trata de variar su sonido de un disco a otro. Eso sí, dentro de unos límites muy marcados. Lo suyo son los 80, eso lo tienen claro. Primero ejecutaron un fino ejercicio de revisionismo Post Punk en "The back room" (2005). Le siguió una puesta al día de ese sonido pasado por el tamiz de Coldplay en ese puñado de memorables canciones que fue "A end has a start" (2007), uno de mis discos favoritos de esa década. Con "On this light and on this evening" (2009) viraron vertiginosamente hacia en Synth Pop y comenzaron a dejar entrever grietas en sus facultades creativas. Visto el éxito cosechado por compatriotas como Muse y los mencionados Coldplay, los de Birmingham apuestan en su último trabajo por jugar en la misma liga.

"The weight of your love" es un disco que, de primeras, te deja bastante indiferente, pese a los esfuerzos. Han ido dejando paulatinamente de lado las influencias de Joy Division, aunque todavía se escuchan líneas de bajo similares a las que dejó grabadas Peter Hook, para ir abrazando otras, siempre dentro del marco de los pasados años 80. Echo And The Bunnymen, The Mission, Simple Minds o Duran Duran son nombres que se le vienen a uno a la cabeza en el trascurrir de las canciones. También se aprecian intentos por parte del vocalista Tom Smith de dejar de imitar el tono grave del malogrado Ian Curtis y ampliar su registro vocal, incluso con falsetes, algo hasta ahora inédito en el frontman. Instrumentalmente, los sintetizadores de su anterior trabajo se han echado a un lado pero no por ello las guitarras ganan en protagonismo, a pesar de contar ahora con dos guitarristas tras la marcha de Chris Urbanowicz. Ahora Editors suenan de forma que pocos serán los que se sientan rechazados por su oferta musical, porque eso parece ser lo que buscan: una aceptación masiva y que su próximo show en un estadio no sea como teloneros. "The phone book" podría haber estado en cualquiera de los tres últimos discos de Coldplay y algo parecido podríamos decir del single "A tone of love" y Echo And The Bunnymen o The Mission, mientras que "What is the thing called love" le pega más a The Killers. Con "Honesty" dan en el clavo con un estribillo de esos que se corean mechero en mano (ahora teléfono móvil) y "Hyena" es de lo poco que recuerda a sus inicios.

También caen en la tentación de los coros grandilocuentes en varios temas, pero para entrar en un estadio con garantías tienes que llevar material que el público pueda corear, de eso se trata. En fin, que tal y como estaba previsto "The weight of your love" al final se escucha con cierta simpatía y sin molestia. Objetivo cumplido. Espero que los fans que ganen por esta dulcificación de su sonido compensen los que perderán precisamente por el mismo motivo.

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