viernes, 19 de julio de 2013

Los datos bautismales no sirven para realizar un censo de católicos

A través de Menéame he conocido un artículo del blog El Librepensador llamado Apóstatas: por qué la Iglesia no nos quiere borrar de sus listas y firmado por Patrocinio Navarro. Como apóstata que soy rápidamente pinché en el enlace a ver de qué iba la cosa, por si hubiera alguna novedad sobre el particular de la que no me hubiera enterado. Gran desilusión la mía, porque dicho artículo se basa en la sentencia del Tribunal Supremo (TS) emitida en septiembre de 2008 y, no es por ponerme medallas, de la que ya hablé a los pocos días. Pienso que el artículo incurre en varios despropósitos que merece la pena aclarar ya que, aunque mi ateísmo no es negociable, pienso que la búsqueda de la verdad no debe verse nublada por ventajismos ni criterios partidistas.

Como digo, soy ateo como el que más, por eso me duele ver como otros ateos malentienden la legítima e irreprochable lucha por separar Iglesia de Estado para embarcarse en una cruzada sectaria que no le hace ningún bien al movimiento laicista. Más al contrario, otorga argumentos en su contra al adversario al permitirle esgrimir la falta de rigor y sospecha de manipulación ante determinadas afirmaciones vertidas desde círculos opuestos al clericalismo de Estado.

Pero lo mejor es comenzar por el principio. Ya en el primer párrafo el autor patina gravemente al hablar de cuando el TS decretó que los libros bautismales no están sujetos a la ley de protección de datos (LdPD), por lo que liberaba a la Iglesia Católica (IC) de la obligación de borrarlos a petición de cada interesado como expresión final de su deseo de apostasía. Y patina porque dicha sentencia, según Patrocinio Navarro, se produjo "al amparo de un gobierno supuestamente socialista", es decir, desliza que con un ejecutivo socialista pata negra quizá tal cosa no se hubiera producido, con lo que demuestra que poder político y poder judicial, a juicio del autor del blog, no tienen por qué estar separados, al contrario que Iglesia y Estado. Oiga ¿qué mayor exhibición de separación de poderes que esa sentencia? ¿Acaso no es deseable algo así, o solo cuando la justicia decreta lo que no nos conviene?

Los jueces emiten sus sentencias conforme a las leyes que redactan los gobiernos y se aprueban el Parlamento. Si tanto disgusta que un ejecutivo del PSOE no actúe cuando gobierna de la forma que se le presume a una formación política de izquierdas no es culpa de los jueces. Acuérdese, pues, de estas cosas cuando le llamen a las urnas.

Luego el sr. Navarro habla de que la apostasía no está formalmente reconocida y que la IC se niega a aceptar peticiones de apostasía. Es cierto que, según lo leído en diferentes lugares, la diócesis que a cada uno le toque puede influir en el trámite del proceso y en la rapidez del resultado de la petición, pero yo debo hablar desde mi experiencia personal. Y tengo que decir que, en honor a la verdad, no me costó conseguir que la IC me considere fuera de su seno. Díganme si no que representa esta carta recibida tras cumplimentar todos los trámites para ser declarado oficialmente apóstata (en la etiqueta apostasía de este blog podrán leer los pasos que tuve que dar y mis impresiones in itinere). Textualmente dice:
Su nombre no figura ya en ningún tipo de listado, fichero o base de datos de la iglesia con lo que se garantiza de este modo que no será considerado miembro de la Iglesia con fines estadísticos.
Las leyes de la lógica dicen que basta un solo caso en que no se cumpla una proposición para considerar dicha proposición falsa, por tanto el autor de El Librepensador estaría difundiendo una falsedad en nombre del ateísmo, el laicismo y el librepensamiento. La munición para catolicistas de la que hablaba más arriba. ¿Hace o no hace daño algo como esto al mismo movimiento que parece defender? ¿Tanto cuesta cerciorarse de que lo que dice es cierto en todos los casos o solo se trata de propaganda de fácil consumo para lectores rendidos de antemano?

Más delante, y tras aportar otros datos con los que puedo estar perfectamente de acuerdo, Patrocinio Navarro carga contra las listas de bautizados, dándoles una consideración que el propio TS se encarga de retirar en la sentencia de 2008 que, según El Librepensador, está hecha a medida de la IC. Pero vamos a ver, ¿están los libros bautismales considerados ficheros o bases de datos con valor censal o estadístico? Léanse la noticia que alude a la sentencia de 2008: la respuesta es no. Desde el momento en que el alto tribunal sentenció en el sentido que lo hizo lo que ponga o deje de poner el los libros bautismales tiene la misma relevancia de las anotaciones que un aficionado a las atrología hace cada semana de las fases de la Luna. Los datos bautismales reflejan hechos ciertos: Fulanito fue remojado en agua por el sacerdote Menganito en la fecha tal del año Pascual... La apreciación que la IC tenga de esos datos carece de relevancia legal, no es información susceptible de ser presentada como argumento para recibir subvenciones u otra clase de privilegios. Estos se dispensarán por otros motivos, pero no por lo que haya escrito en los libros bautismales. Lo sentenció el TS en septiembre de 2008, y nadie puede pasar por alto esta resolución.

Así que referirse a las partidas de bautismo archivadas en las parroquias como justificante para recibir dinero del Estado o mantener privilegios medievales es meter la pata hasta el corvejón. A la IC no hace ninguna falta recurrir a estos registros, le basta con aferrarse al Concordato y al artículo 16.3 de la Constitución Española.

La LdPD no pinta nada en relación a los registros bautismales, no es una base de datos que pueda servir para crear un censo de católicos. Me atrevo a decir que no encontrarán ningún estudio censal, al menos a partir de septiembre de 2008, que ofrezca una cifra de creyentes católicos a nivel estatal basada en las anotaciones manuscritas de los curas de las parroquias españolas. Otra cosa es que a un ateo le disguste saber que su nombre figura ahí, pero en contrapartida tiene la satisfacción de saber que no podrá ser utilizado para nada que reporte más privilegios a la IC de los que ya tiene. A mí, particularmente, me basta. Eso, y la carta en la que me declaran oficialmente fuera de su arco de influencia.

Por lo tanto, el artículo de El Librepensador firmado por Patrocinio Navarro me parece muy desafortunado. Mezclar certezas, suposiciones y falsedades solo lleva a hacer indistinguibles verdad y mentira para el lector no militante, a menguar la legitimidad de la causa que se defiende y a una pérdida de credibilidad generalizada del movimiento ateo-laicista a ojos de quienes, si nos moviéramos desde el rigor y la honestidad intelectual, podrían llegar a simpatizar con nuestros postulados.

Porque la verdad es la verdad, la diga quien la diga y caiga quien caiga.

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