miércoles, 18 de junio de 2014

Anathema, en riesgo de autocomplacencia con "Distant satellites"

Dos años después de un disco alabado por casi todos como fue Weather systems nos llega la nueva entrega del sexteto de Liverpool, aclamados mundialmente como uno de los mayores exponentes del ambient-rock progresivo del momento. No abundaré sobre aquello de lo que hablan docenas de páginas acerca de la evolución sufrida por la banda, desde el doom metal de sus inicios hasta sus actuales posiciones musicales, principalmente porque el giro ya ocurrió hace más de una década, así que todo se ha escrito ya sobre el tema.

Para hablar de Distant satellites hay que referirse necesariamente a su antecesor, el citado Weather systems. Porque estamos ante una poco disimulada continuación, ignoro si deliberada a tenor del éxito crítico cosechado o porque el momento creativo del grupo no da para otra cosa. Si hace un par de años nos cautivaron con Untochable, part 1 y part 2, el tema de apertura, dividido en una primera parte veloz y poderosa y una segunda pausada, emotiva y bella hasta el dolor gracias a la vocalización de Lee Douglas, repiten esquema ahora con The lost song part, 1 y 2. Veamos, de no haber existido Untouchable los peros serían muchos menos, pero eso no se puede cambiar y la magnificencia de aquella dupla se halla lejos de la que logra el comienzo de este nuevo disco. Es una pena, porque no puedo decir que sean malos temas, me gustan, y quizá serían mejor apreciados de no tener aquel referente, pero por comparación solo puedo concluir que Distant satellites empieza peor que su antecesor. Y el fantasma de una palabra que ya empleé al reseñar otro disco comienza a planear: autoplagio.

Superado su inicio el disco continúa con Dusk (Dark is descendig). Trata de ser muy dramático pero me da que Daniel Cavanagh, guitarrista y principal compositor de Anathema, se alarga en exceso con las estrofas que tienen que entonar su hermano Vincent y la mencionada Lee. Y ya es algo que viene ocurriendo desde hace un tiempo. El caso es que la canción cae en un defecto muy del grupo que es tensionar los versos en espera de un orgasmo que no termina de llegar. Pero se toma un respiro pasado el ecuador y, en cuanto el piano entra en acción, nos regala uno de los mejores momentos del disco cuando el típico crescendo al que nos tienen acostumbrados encuentra un clímax adecuado.

Le sigue la canción que más me ha emocionado de toda esta nueva colección, y se llama Ariel. Para los más fieles seguidores de Anathema les diría que es un cruce entre dos temas antiguos: Inner silence (Alternative 4, 1998) y One last goddbye (Judgement, 1999), adaptado al actual proceder compositivo de la banda. Sí, son quizá dos de los momentos más conmovedores de su carrera, así que hablamos de palabras mayores. Pero la progresión, la vocalización de Lee, el apoyo que le da Vincent, cómo toda la banda entra en bloque a mitad de tema y la guitarra final de Daniel lo hacen, a mi entender, el momento más inspirado de Distant satellites.

A continuación nos encontramos con la tercera parte de The lost song, que ya fue avanzada como adelanto del álbum. Es muy similar a su primera parte, con una instrumentación menos recargada aunque manteniendo su identidad gracias al trabajo de John Douglas y Jamie Cavanagh en batería y bajo respectivamente. Algunos, como es mi caso, lo verán como una redundancia y otros pensarán que The lost song, part 3 encaja como un guante en la trilogía.

Después encontramos con un tema que está siendo muy elogiado en la red y que tiene el mismo nombre que la propia banda. Anathema, la canción, es una pieza donde Vincent se luce al micro, es lenta y muy ambiental, con el piano de Daniel Cardoso siempre de fondo. Termina con un solo de guitarra que algunos tildan de "gilmouriano", lo que no es de extrañar a tenor de las influencias pinkfloydianas confesas de los de Liverpool. Los arreglos orquestales le confieren más fuerza y emoción, y es que, yendo a contra corriente, hasta que dichos arreglos entran en escena es una canción que no me dice gran cosa, pero logran reconducirlo hasta una lograr una épica muy conseguida en su tramo final.

A partir de aquí comienzan los experimentos, porque si bien estábamos ante un disco eminentemente continuista cabe destacar el ánimo emprendedor e inquieto del grupo, que empieza a desarrollarse a partir de Your'e not alone. A mí me recuerda a algunas canciones que podemos encontrar en los primeros discos de Porcupine Tree, algo que no debe sorprender si conocemos que Steven Wilson ha producido y mezclado material de Anathema (sin ir más lejos, ha hecho mezclas para este mismo disco). Es un tema de corto alcance que sirve para poco más que para introducir al sexteto en el terreno electrónico. Le sigue Firelight, que no es sino un breve interludio a base de sintetizador.

El tema que titula el disco es la verdadera piedra te toque de este nuevo álbum. Distant satellites, la canción, juega con la electrónica, con el ambient, con los ecos en las voces. Nombrar a Radiohead es obligado llegados a este punto. A partir de aquí la creación de dos bandos está cantada: los partidarios del experimento y sus detractores. En mi opinión no termina de cuajar, más que nada porque falla la composición. Bravo por la osadía, por intentar algo diferente (y más sabiendo que Anathema proceden del metal) pero mejor que se esmeren al escribir la próxima. Se me hace demasiado larga (supera los ocho minutos, la más larga de todas) y monótona.

Terminamos con Take shelter, otra sobredosis de épica y violines donde intentan fusionar sus rasgos básicos con la nueva tendencia que implementaron en el corte anterior, y en la que se de nuevo evidencia hasta qué punto las orquestaciones han cobrado importancia en su actual rumbo musical.

Como se puede comprobar, Distant satellites mantiene el tipo hasta, aproximadamente, algo más allá de su ecuador. El terreno hasta entonces firme por el que se mueve la banda se torna arenoso, movedizo, pero entran por propia voluntad y sabedores del revolcón que pueden sufrir. No bajemos la guardia con esta gente, por muy buenos discos que nos hayan entregado en el pasado. El auto plagio es síntoma de que algo no marcha bien, de que los recursos se agotan. Si no es eso, quizá es que se sienten tan seguros sobre lo que hacen que caen en la autocomplacencia, convencidos de que pueden repetir esquemas sin que la calidad de sus obras se resienta. Se equivocarían.

Han dado un paso atrás, pequeño, pero hacia atrás, que suenen las alarmas. Personalmente preferiría el estancamiento creativo; llevan más de veinte años en esto y algo así entraría dentro de toda lógica. Los tendremos por aquí en octubre, pero no se, no me entran ganas de verlos. El gran recuerdo de su ultima actuación y su estupendo DVD Universal, en el que se hacían acompañar de la orquesta sinfónica de Plovdiv, pienso que me dieron todo lo que pueden ofrecer, que es mucho. Verles de nuevo sobre el escenario simplemente repitiendo fórmula se me haría triste. Pero quien sabe si cambiaré de opinión.

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