viernes, 28 de septiembre de 2007

Sufriendo en el metro de Madrid

No me gusta utilizar éste mi modesto espacio virtual para narrar sucedidos particulares, pero lo de hoy trasciende la esfera de lo personal para abarcar ámbitos que afectan a lo público amén de llevarme a una reflexión sociológica. Ese suburbano que la publicidad institucional madrileña califica de “uno de los mejores metros del mundo” cada jornada provoca situaciones que no son sostenibles ni soportables, y hoy ha sido uno de esos días en los que te puede la indignación por doble motivo: el mal servicio que recibes pese a estar sufragándolo con tus impuestos y el escaso margen de maniobra de que dispones para protestar por ello.

No es extraño que en la estación de Pacífico, las horas punta transcurran con una sucesión de trenes en los que es imposible subirse debido la sobresaturación de viajeros que sufren. No es culpa del Ayuntamiento que haya tan enorme número de personas coincidiendo en la misma franja horaria en la misma línea, pero digo yo algo podrá hacer para evitar que los retrasos, las frecuentes e interminables paradas (cuando el vagón va tan atestado que sólo puedes parpadear, cinco minutos de parada se hacen eternos) y las consecuencias que acarrea, sobre todo cuando se hacen tan habituales como ocurre en ésta línea. Hoy he presenciado cómo tenían que atender a una chica de un desvanecimiento tras varios minutos con el abarrotado convoy detenido en la estación.

El caso es que ha habido avería, o eso supongo yo, ya que no he escuchado ningún mensaje inteligible por megafonía que nos avisara de incidencia alguna. Será que la dirección de Metro de Madrid o los gestores de la línea 6 consideran innecesario avisar de algo que ocurre con tanta frecuencia, total, los viajeros deben estar acostumbrados deben pensar.

Pero no acabó ahí la cosa. Tras realizar por fin el recorrido, al retraso acumulado tuve que añadirle la espera en una cola para recoger el papelito que a muchos curritos nos exigen en el trabajo para justificar nuestras tardanzas. Otros casi veinte minutos, ahí es nada, porque los papelitos se rellenaban y sellaban a mano, y los afectados por la deficiencia del día no eran pocos. Solo después de un cuarto de hora en la cola a alguien se le ocurrió poner en marcha una de esas máquinas expendedoras de justificantes que muchos sabíamos que existían y que no entendíamos el por qué de su desuso.

Y mientras, la indignación hacía presa de los sufridos usuarios. Una señora hacía llamamientos para exigir colectivamente la hoja de reclamaciones e incluso presentar denuncias, ya que no es tolerable llegar tarde al lugar de trabajo día sí y día también por las reiteradas interrupciones del servicio tal y como está el empleo hoy día. Pero otra mujer le replicó que no podía permitirse sumar al retraso que ya arrastraba el que entraña rellenar el impreso de reclamación, que según comentó no es pequeño. Es decir, que al perjuicio laboral que produce el mal servicio del transporte público hay que añadirle la impotencia de no poder disfrutar del desahogo de quejarte porque ello no haría sino incrementar ese perjuicio. Esto conduce a que la gente pase del tema, rebaje el grado de exigencia y claudique convencido de que no puede hacer nada para cambiar las cosas, de que es algo fuera de su alcance. Perversa es la evolución de un sistema que desarrolla formas de fabricar ciudadanos dóciles como ésta, dispuestos tragar con todo ante la inoperancia de las administraciones públicas y en un país donde la capacidad de crítica se mide por el grado de atrincheramiento en la propias posiciones.

Retomando el tema, se ha hablado mucho de la crisis de infraestructuras en Barcelona y con razón, pero el metro de Madrid lleva muchos meses tal y como he descrito (no en todas las líneas, por supuesto, lo de la 6 es especialmente sangrante) y no se perciben expectativas de solución. Son muchos miles de usuarios afectados, viajando a diario como ganado y sufriendo en sus carnes (y puede que en sus nóminas) las consecuencias del mal funcionamiento de un servicio público.

No se si es un problema de inversión, no estoy cualificado para saberlo, pero que hay un problema es algo palmario. Sin embargo parece que se juzga como una cuestión de bajo perfil y no ocupa espacio en los grandes medios, trascurriendo los meses sin que la situación cambie. Y esto es una forma de menospreciar y maltratar a los ciudadanos que sufren ese problema.

4 comentarios:

  1. Gracias Flash, por la información. La verdad es que me da mucho juego para meterme con mi novia, que es madrileña y siempre defiende que el metro de Madrid es el mejor de Europa. :P

    Por suerte, y por lo qué dices, no me afectará demasiado, a no ser que la línea 9 funcione también mal, aunque las veces que he estado ha funcionado bien. A Madrid, en cuanto al metro, lo que le falta, es que estuviese abierto por la noche, como en Barcelona. La frecuencia pasa de ser cada 5 minutos, día laborable, a cada 20 por la noche, pero creo que ya está muy bien. Almenos por lo visto está siendo un éxito.

    Salud!

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  2. Aquí en Sevilla es peor, puesto que las obras del futuro metro están fuera de fecha y entorpecen la circulación de la ciudad... y si nos vamos fuera, al cinturón metropolitano ya ni te digo; los viajeros que vienen de pueblos situados a unos diez o viente quilómetros, tardan una hora en llegar, y eso si el autobus no sufre averías, que esa es otra...

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  3. Hace ocho años, cuando terminé la carrera, tuve la oportunidad de trabajar en Metro de Madrid durante casi un año. Aunque me dediqué en exclusiva a temas de comunicaciones, sí pude captar el ambiente de otras áreas de la empresa, y conservo algunos amigos que de cuando en cuando me ponen al día de lo que se cuece allí.
    La empresa Metro tiene una peculiaridad que puede ser una problema o una ventaja: es una empresa semipública, lo que significa que la CAM interviene en buena parte de su gestión, en particular en lo que se refiere a inversiones.
    Hace ya unos cuantos años, el PP descubrió que cada kilómetro de metro nuevo significaba algunos miles de votos más, por lo que hemos gozado de dos ampliaciones brutales de la red de metro en las dos últimas legislaturas. A cambio, la inversión en mejoras técnicas de las líneas existentes se ha limitado a ofrecer servicios de televisión (mediante una empresa filial), a crear otra empresa para gestionar la dotación de cobertura de telefonía móvil en túneles (inoperante hasta el momento), a cambiar la catenaria de las líneas más viejas por catenaria rígida (por motivos de eficiencia eléctrica) y a renovar y uniformizar el aspecto de unas cuantas estaciones forrando las paredes con chapas (supongo que para limpiar mejor los grafitis).
    Poco más.
    Pero Metro necesita una inversión mucho mayor para modernizar las líneas clásicas, debido al aumento de pasajeros en horas punta. Una primera solución consistiría en mejorar la señalización ferroviaria por sistemas punteros (os ahorro el rollo técnico) que permitan reducir al máximo el tiempo entre trenes. Esto es mucha pasta en I+D y prototipos.
    Otra solución, que acabará siendo necesaria, es hacer una nueva línea circular, más exterior que la L6. E incluso, ¿por qué no?, desdoblar la línea 6, poniendo 2 túneles en cada sentido y duplicando así la capacidad. Esto es un dineral espectacular, pero que le pregunten a Gallardón, que alguna idea se le ocurrirá.
    Además, por supuesto, hacen falta muchos pero muchos recursos humanos más: tal vez reducir el número de taquilleros no sea demasiado malo, pero hacen falta más conductores, mecánicos y técnicos en general.
    Claro que estas inversiones lucen mucho menos que llevar el metro hasta más allá del cercanías. Pero bueno, parece que para esta legislatura habrá un cambio de aires... veremos si mejora algo.

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  4. Hoy ha vuelto a habar anuncio de avería en la línea circular, aunque ésta vez no me ha afectado en mi hora de entrada al trabajo. Se conoce que a quien ha perjudicado ha sido a los comboys anteriores. No se si utilizar ésta entrada para ir dejando reflejado los incidentes de ésta línea según se produzcan.

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