lunes, 3 de noviembre de 2008

Alta tecnología de usar y tirar

El pasado viernes me tuve que comprar un nuevo teléfono móvil. El que venía usando, que tenía unos tres años y funcionaba relativamente bien, murió de un día para otro sin mayor explicación. Sencillamente dejó de funcionar, se apagó y no ha vuelto a encenderse, y como toda la gente de mi entorno está habituada al móvil, he tenido que comprarme otro para no verme incomunicado con ellos.

Es mi cuarto teléfono móvil en, aproximadamente, nueve años. Una cifra pequeña quizás si me comparo con las adquisiciones de algunos fanáticos de las nuevas tecnologías, pero aun así me parece tremendo que un utensilio tan estrechamente relacionado con valores como fiabilidad y rendimiento tenga tan poca vida útil y obligue al usuario a rascarse el bolsillo periódicamente. Porque, al menos en mi caso, el motivo de cambiar de aparato siempre ha sido técnico: la batería dejaba de cargar o, como es el caso, se apaga y ya no vuelve a activarse.

Tal vez sea una comida de tarro, pero me lleva a pensar en esos cacharros que hemos visto utilizar a nuestros padres durante años, si no décadas, siempre funcionando y sin dar problemas. Ese molinillo de café jurásico, ese secador de pelo renegrido... Vale que no son comparables a la tecnología de un móvil, pero a la vista de la longevidad de unos y otros no tengo claro qué es lo que sale perdiendo en la comparación.

No se, me da por pensar que nos la están metiendo doblada, vendiéndonos un ideal de vida en el que andar rodeado de aparatitos electrónicos te da una sensación de dominio del entorno que tiene poco de real. Nos crea una dependencia tal que ya ni nos cuestionamos su utilidad cuando nos falla, conscientes de que acudir a la tienda tarjeta de crédito en mano solucionará el problema sin mayor esfuerzo. Pienso que la fascinación por la tecnología puede aletargarnos y embotar nuestra capacidad crítica. ¿Cómo si no ha podido triunfar un producto tan defectuoso como el sistema operativo Windows?

Pero, como decía, puede que todo no sea más que una paja mental...

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Qué curioso, no te lo vas a creer: llevo unos 9 años con 4 móviles. El otro día me regalaron uno, pues el mío, que tenía 3 años, ya no cargaba bien la batería, y juraría que si no es el mismo, es muy parecido al de tu foto (el mío es un Sony Ericcson z750i, o al menos eso dice el coche).

    Lo más gracioso ha sido ver cómo mis cercanos flipaban porque no he pasado 72 horas obsesionada por conocerlo, sino que me limito a ir descubriendo las funciones según las voy necesitando. Y es que, efectivamente, para algunos es una mera herramienta que ya no queda más remedio que tener, cuando para otros, esos pequeños artilugios son poco menos que pequeños diosecillos, o eso parece desde fuera.

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  3. El de la foto lo he cogido buscando imágenes de Google, únicamente para ilustrar el tema.

    Conozco a alguien que cada vez que le veo es portando un nuevo aparatito, ya sea cámara, teléfono o cualquier otro artilugio..., y dedicado a loar sus virtudes sin que nadie nunca se lo pida.

    Un crack.

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