viernes, 21 de noviembre de 2008

Arte y demagogia

La verdad es que el arte contemporáneo a mí no me termina de convencer. Lo que no soy es tan necio y cerril como para anclarme en posiciones intransigentes sobre el particular y negar la mayor de principio. Eso sí, tampoco acepto que, desde la óptica opuesta, se me imponga una visión pretendidamente objetiva de lo que es arte. En mi opinión, el arte, sobre todo el contemporáneo, es subjetivo y donde Fulanito puede ver una maravillosa representación conceptual Menganito tiene perfecto derecho a no ver más que un amasijo amorfo de colores sin que se le tilde de inculto.

Las reacciones suscitadas en la derecha a propósito de la ya famosa cúpula que Miquel Barceló se concentran en su coste económico, pero también en cariz artístico. Un diputado del PP lo denomina despectivamente "gotelé millonario", aunque sospecho que en ésta opinión habrá pesado significativamente el apoyo que el artista mallorquín prestó a Zapatero durante la pasada campaña electoral. Que aquí nos conocemos todos. Por su parte, el Gobierno se muestra orgulloso de haber contribuido a que la obra de un artista español corone una de las salas principales del edificio de la ONU en Ginebra. Supuestamente ello proyecta una imagen positiva de nuestro país en el exterior, pero no estaría de más que Moratinos o el propio Zapatero explicaran qué traduccion práctica tiene invertir 8 millones de euros en una reforma, por mucha huella cultural que deje. Una ciudadanía que cada vez encuentra más complicado llenar el carro de la compra creo que es lo menos que se merece.

Lo que no es admisible es que sea el Partido Popular el que de lecciones de cómo emplear los fondos públicos. No tenemos más que echar mano del presupuesto que Esperanza Aguirre ha destinado a la última película José Luis Garci, "Sangre de mayo", financiada íntegramente por la Comunidad de Madrid y que ha sido nada menos que de 15 millones de euros, no habiendo servido para convertirla en un éxito de taquilla precisamente. Empleando el mismo lenguaje que los diputados populares, ¿cuánto material sanitario se podría haber conseguido con ese dinero para esos nuevos e infradotados hospitales madrileños? ¿Cuántas políticas de empleo, tan necesarias hoy día en Madrid, se podrían haber puesto en marcha? ¿Cuántas ayudas en el ámbito de la enseñanza se podían haber distribuido entre los niños madrileños?

Me parece un dislate que, en una época de crisis económica como la que vivimos, se destine una cantidad tan obscena como 20 millones de euros para lo que no deja de ser la reforma de un inmueble. Y también que el Gobierno haga un aporte tan generoso -8 millones- transmitiendo una imagen de despilfarro en un momento especialmente sensible para el bolsillo del contribuyente. Pero lo que ya me termina de repatear es que la derecha venga a impartir lecciones con esa demagogia de saldo para consumo exclusivo de incondicionales. Es política de tercera división, de unos y de otros. Si la oposición sigue en éste estado tampoco me extrañará que el Gobierno acabe también por los suelos.

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