viernes, 14 de noviembre de 2008

Imperialistas vascos

Se acerca la Navidad y con ella la habitual polémica sobre las selecciones de fútbol autonómicas. En ésta ocasión, un nutrido grupo de futbolistas vascos han hecho público un comunicado en el que expresan el deseo de que la selección de su comunidad autónoma pase a denominarse "Euskal Herria" y no simplemente Euskadi. Tal denominación hace referencia no sólo a las tres provincias vascas de todos conocidas, sino también a Navarra y al País Vasco Francés -el llamado Iparralde-. Ver aglutinados a todos esos territorios bajo la designación de Euskal Herria de es una aspiración histórica del nacionalismo vasco.

Vamos a ver si me aclaro. Tenemos a unos deportistas que se alinean con una demanda tradicional del nacionalismo vasco, el mismo que lleva décadas quejándose de la opresión que sufre por parte del Estado Español y de la sistemática negativa a reconocer sus derechos. Y en el curso de su petición se les ocurre exigir una denominación que incluye lugares donde el sentir nacionalista ni mucho menos es mayoritario (Navarra) o tiene una implantación casi testimonial (País Vasco francés). ¿No es ésto una forma de atacar los derechos de las personas que viven en esas tierras y que han decidido mediante el ejercicio democrático que el concepto de Euskal Herria se la repanfinfla? ¿No es una forma de intentar imponer una realidad a medida por encima de personas que nada quieren de ella, pero que se ven inmiscuidas contra su voluntad?

Y eso por no mencionar que la noción de Euskal Herria no se contempla ni como unidad administrativa básica en Francia o España, es decir, los jugadores vascos saltarían al campo representando a una especie de nación fantasma inidentificable en ningún mapa geopolítico del mundo. Cada uno es libre de hacer el ridículo como mejor le parezca, pero al menos que no mezclen a terceros que ni están ni desean estar.

No quiero ser mal pensado y suponer que éstos señores no respetan lo que los ciudadanos navarros, por hablar de lo más cercano, han decidido cuando han ejercido su derecho al voto, y que les importa un carajo que los partidos constitucionalistas estén por encima de los nacionalistas en apoyo popular. No, eso no es algo que uno esperaría de quienes reclaman con frecuencia el respeto a sus derechos. Al menos no es propio de gente coherente y con principios sólidos.

Imaginemos que es la selección de España la adopta el nombre de Iberia porque tiene la vieja aspiración de ocupar la totalidad de la Península Ibérica, no preocupándose lo más mínimo por la opinión de los ciudadadanos portugueses (y gibraltareños, para acabar de rizar el rizo) que, sin comerlo ni beberlo, se ven contenidos en una suerte de nueva nacionalidad por la iniciativa particular de unos pocos. ¿Qué opinión suscitaría ésto entre los mismos que impulsan la demanda que protagonizan los futbolistas vascos? ¿Saldrían a colación palabras como imperialismo y expansionismo entre otros términos nada lisonjeros? Yo no lo descartaría en absoluto.

Deporte y política. Cuando se mezclan casi siempre dan lugar a los mayores disparates.

3 comentarios:

  1. Hola,
    interes en un intercambio de enlace con mi blog de noticias y actualidad?

    saludos
    mario - economia24

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  2. No es éste un blog que trate temas económicos, así no se hasta qué punto encaja, y el mío en el tuyo, pero si es por conseguir mayor difusión, por mí perfecto.

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  3. Precisamente el hecho de que en buena parte de los territorios englobados por "Euskal Herria", la mayor parte de los habitantes rechacen pertenecer a esta nación ficticia, es lo que más me chirría del discurso abertzale.
    Si te das cuenta, de un tiempo a esta parte, los ideólogos batasunos ya no hablan solo de "independencia", sino también de "territorialidad". Es decir, que no solamente aspiran a la autodeterminación (objetivo que, perseguido con el único instrumento de la política, me parece legítimo), sino a apropiarse de unos territorios sin contar con sus ciudadanos amparándose en no sé qué leyenda utópica de la tierra primordial de los vascos.
    El asunto es tan absurdo que no sé cómo tienen la desvergüenza de tratar de enmascararlo como una "reivindicación democrática".

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