jueves, 22 de enero de 2009

894 civiles muertos en Gaza

Según leo en el blog de Íñigo Sáez de Ugarte:

El Centro Palestino de Derechos Humanos ha hecho un recuento de los palestinos muertos en los ataques israelíes. La cifra es de 1.284 muertos. De ellos, 894 son civiles, incluidos 280 niños y adolescentes menores de 18 años, y 111 mujeres. Quedan 390 víctimas mortales. El grupo palestino identifica a 223 como combatientes de Hamás y a 167 de la Policía de Gaza. Muchos de estos últimos murieron en el primer día de bombardeos. (aquí otra fuente)

Ésta es la funesta consecuencia del derecho a la autodefensa invocado por Israel para justificar la invasión de Gaza. Yo entiendo que la población israelí sienta amenazada su seguridad por las acciones terroristas de Hamás, y entiendo que su gobierno se sienta con la responsabilidad de garantizar esa seguridad. Lo que no me entra en la cabeza es que la que presume de ser (y con razón) la única democracia de la zona, rodeada de naciones donde a diario se conculcan derechos fundamentales, ceda a la tentación de emplear la misma violencia y la misma crueldad con que tantas veces ha sido golpeada.

Eso es una forma de legitimar la violencia del adversario. Si Israel puede, ¿por qué no Hamás? Si Israel considera que que los cohetes Qassam -que han provocado muchas menos víctimas en un año que las que ETA se ha cobrado en casi cualquiera de sus años de actividad- son un peligro para su seguridad hasta el extremo de llevarles a desplegar una ofensiva con el coste humano que hemos visto, ¿por qué no puede residir la justificación de los ataques de Hamás en el bloqueo al que la administración israelí ha sometido a la franja de Gaza, agudizando la escasez de recursos de su población y, con ello, sus posibilidades de subsistencia?

Los fundamentos de Hamás son de corte islamista y en su declaración fundacional persiguen la destrucción de su vecino hebreo. Ambos son motivos más que sobrados para merecer toda clase de recelos por parte de Occidente. Pero en Israel habitan
partidos políticos con vocación de gobierno que incluyen en sus estatutos el derecho "eterno e inalienable" a ocupar la "tierra de Israel". ¿En qué lugar deja eso a los palestinos? ¿Están también hablando de Gaza y Cisjordania? Es un argumento nacionalista de corte supremacista, por no decir etnicista. ¿Que en la práctica Israel no se conduce según éstos principios ya que está dispuesto a reconocer un estado palestino? También Hamás ha hecho declaraciones en favor de posturas más moderadas y no por ello han merecido un cambio de consideración. Porque al final son los hechos quienes hablan por las personas. O por los gobiernos.

Nadie niega que hay regímenes musulmanes están siglos por detrás de Occidente en el reconocimiento de, entre otros aspectos, los derechos humanos. Es algo consustancial a los regímenes teocráticos y en Europa lo sabemos bien. A la Edad Media no se la conoce como Edad Oscura por nada. Sabemos lo que se puede y no se puede esperar de esos países y de sus gobiernos. Por otro lado, los sistemas que las potencias occidentales han ayudado a implantar en Irak y Afganistán no están muy lejos de lo que Hamás ambiciona para un futurible estado palestino. ¿Por qué hay que ser más benévolo con los primeros? ¿Que la autoproclamada policía del mundo esté detrás de ellos hace que sean mejores desde el punto de vista de los valores democráticos?


Sabemos lo que es Hamás y el tipo de "pensamiento" que habita en su seno, pero repetir todo eso hasta la saciedad no dulcifica los efectos de la ofensiva israelí ni un ápice, ni por aferrarse a ese mantra sus víctimas inocentes dejan de estar menos muertas. Y todo producto de las acciones de un país que presume de ser un oasis democrático en un mar de totalitarismos, pero cuyos actos no se corresponden con dicha condición. Pienso que pocos son los que pueden presumir de superioridad moral en ésta tragedia, ni los directamene implicados ni quienes se alinean acríticamente en favor de unos o de otros.

Que Hamás es una organización que defiende el terrorismo indiscriminado para la consecución de sus objetivos es cierto. Que están lejos de querer implantar la democracia en una hipotética Palestina independiente, también. Que no le preocupa lo más mínimo las consecuencias de sus actos en sus conciudadanos es algo que ha quedado demostrado, y que
amenazan con volver a demostrar. Que se escuda del fuego enemigo en civiles inocentes y los utilizan como parapeto desde el que lanzar sus ataques posiblemente también sea verdad. Todo ello lo es. Pero esa realidad no enmascara en lo más mínimo los 894 muertos civiles en tres semanas, fruto de las acciones de guerra israelíes. Y el que haya matanzas en otros puntos del globo tan brutales o peores sin que, lamentablemente, reciban la misma atención mediática tampoco reduce en lo más mínimo el atroz resultado de las operaciones de combate en la franja de Gaza.

La cuestión primordial es que quien alardea de profundos cimientos democráticos no duda en hacer añicos sus principios más elementales causando que cientos de inocentes de toda condición y edad paguen por los pecados de unos pocos. Los terroristas se les presupone la maldad. A Israel se le presuponían valores distintos a los de los terroristas. Por ello y por detentar un poderío militar órdenes de magnitud superior al de su oponente la exigencia de responsabilidades ha de ser mayor.

El cálculo electoral no parece haber jugado una baza superficial. La coincidencia entre el cese de la escalada bélica de las tropas hebreas y la investidura de Barack Obama no aparenta ser casual. Como tampoco lo es que los dos principales impulsores de la guerra, los miembros del ejecutivo israelí Ehuh Barak (defensa) y Tzipi Livni (exteriores) hayan visto mejorados sustancialmente sus perspectivas en los sondeos de cara a las elecciones del próximo febrero en su país. El simple manejo de la posibilidad de un interés electoral en la decisión de invadir Gaza produce náuseas.

Lo que hemos visto las últimas tres semanas no es propio de personas con profundas convicciones democráticas. Más bien es propio de quien abjura de ellas.

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