miércoles, 18 de marzo de 2009

Cosas que odio

Como a buen seguro habréis comprobado, apreciados lectores, últimamente no ando sobrado de tiempo ni de inspiración para tratar los temas que habitualmente son abordados en ésta bitácora. Y eso que hace pocos días la conspiranoia del 11-M volvió a saltar a la palestra pero, cuando no es posible, simplemente no es posible. De tal modo que para que éstos días Flash de Cámara mantenga un mínimo de actividad tengo que publicar entradas que combinen poco tiempo de elaboración y ligereza de contenido. Y qué menos complejo que copiar algo ya escrito de antemano, desde hace tiempo además. Se trata de un trivial listado de cosas que aborrezco y que cierto día decidí plasmar en una mugrienta libreta donde a veces anoto pensamientos de lo más diverso. Para quienes se asoman a éste modesto espacio virtual puede ser una oportunidad de conocer con algo más de profundidad al juntaletras que lo perpetra.

Cosas que odio

- La almendra en el dulce. Debería crearse una unidad especial de la policía para salvaguardar a la población de atentados culinarios como éste.

- El café. Jamás nada me ha dejado tan mal sabor de boca como las contadas veces en mi vida que he tomado café. En el helado constituye mi única excepción.

- La gente que se sienta abierta de piernas en el transporte público. Sentada a tu lado, te obliga mantener tus piernas encogidas para no "molestar"-como si les gustara hacer exhibición de paquete (obviamente, siempre son hombres)- haciendo gala de una educación que en modo alguno merece.

- Los eructos con olor a chorizo. ¿Quién no ha tenido alguna vez la desgracia de verse invadido, rodeado, AGREDIDO por los efluvios cavernosos e insanos de una de éstas bocanadas salidas directamente del infierno?

- El tabaco en todas sus formas. Pocas cosas hay que odie más que el tabaco. El día que se invente el cigarro sin humo será uno de los más felices de mi vida. Qué placer sería dejar de respirar cáncer...

- La gente prepotente. Aunque satisface saber que toda prepotencia tiene su origen en una carencia.

- Los ignorantes que pretenden saberlo todo. Cuesta creer que haya tanto indocumentado suelto sentando cátedra sobre cosas de las que no tiene repajolera idea.

- Los cantantes latinos. Como la gripe aviar, tuvieron un momento de auge para después caer en el olvido. Diría que afortunadamente hoy día se ven relegados a un segundo plano (cuando no tercero) si no fuera porque ahora su puesto lo ocupan los cantantes/conjuntos clónicos de pop aflamencado, la última plaga que asola nuestro sufrido país.

- Todo lo relacionado con "Operación triunfo". Afortunadamente también es un fenómeno del que sólo quedan residuos tan relevantes como la marca de bastoncillos para la higiene auditiva de Falete.

- Las personas que, en el tren de cercanías, se levantan de su asiento un rato antes de apearse. En especial cuando el vagón va atestado y obligan a medio pasaje a moverse para dejarle paso y poder colocarse en posición ventajosa para salir. Como si temieran que, sin esa manobra, alguien les fuera a impedir abandonar el tren.

- Calcetines blancos con calzado negro. Imaginarme las dos franjas roja y azul del calcetín ya termina de arruinar todo buen concepto que pudiera haber tenido de su propietario.

- La gente excesivamente parlanchina. Un perfecto ejemplo de retroalimentación: cuanto más hablan más ansío que ocurra algo que les obligue a cerrar la boca, momento en el que irrumpe Murphy con su dichosa ley para conducirte de cabeza hacia la embolia.

- La nata en la leche. Una de las pesadillas de todo infante en edad de crecer y el motivo por el que un servidor conoció el significado de la palabra "arcada".

- El arroz duro en la paella. Nada mejor para arruinar un plato por lo demás perfecto.

- Un grifo goteando. El impulso que desde pequeñito siento por cerrar todo grifo goteante que se me pone a tiro ha llegado a preocuparme.

- Que me pregunten qué pienso. Más de uno y de una no lo habrían preguntado de haberlo sabido.

- Que no me respeten por estar en minoría. Que a uno le cataloguen de "raro" es una cuestión exclusivamente cuantitativa.

- Restos de comida entre los dientes. Especialmente en los demás ya que los míos no los veo. No hay sonrisa que aguante un trozo de pollo asomando entre el canino y el premolar.

- Que me miren fijamente. La convención de Ginebra debería hacer alusión expresa a ésta refinada a la par que inhumana forma de tortura.

- Las mujeres que fuman. Se que suena machista, pero considero que la mujer es lo más hermoso de toda la creación y por ello repruebo ver esquilmada tanta belleza plástica por un maldito cigarro.

- Afeitarme. Es lo que más detesto de ser hombre todos y cada uno de los días de mi vida.

- La gente que habla a gritos por el teléfono móvil. Y si encima es para decir "voy en el tren, ahora llego" ya es para ponerles una diana en la espalda y repartir dardos entre el resto de pasajeros.

5 comentarios:

  1. Prácticamente de acuerdo en todo,con alguna excepción,como en las dos primeras:

    La almendra en el dulce. Debería crearse una unidad especial de la policía para salvaguardar a la población de atentados culinarios como éste.


    - El café. Jamás nada me ha dejado tan mal sabor de boca como las contadas veces en mi vida que he tomado café.

    Con lo bueno que está el turrón(ya sea duro o blando)entre otros dulces y un cafelito con leche.

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  2. Bueno, ahí la almendra sería prácticamente EL dulce, o componente esencial al menos. No es concebible el turrón sin la almendra. Yo me refiero más las tartas y pasteles que cubren todo su diámetro con esos detestables y minúsculos trocitos, capaces de malograr cada bocado por primoroso que el bollo sea.

    Espero que quien ideó tamaña aberración haya sufrido durante su vida un martirio análogo al que sufrimos los amantes del dulce cada vez que enfrentamos nuestro paladar una de esas perversiones.

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  3. Ayer oí una buenísima:
    Debería estar prohibido que obligaran a un varón a comer cualquier menú que incluya la palabra "requesón".

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  4. En cuestión de gustos no creo que los demás tengamos que opinar. Simplemente son tus gustos y como tales ni mejores ni peores que los de los demás.

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  5. Vaya, Flash, si resulta que tenemos gustos, o más bien fobias, muy similares, incluidos el café y el tabaco, y lo mal que queda éste en las hembras (con perdón :-).

    Agregaré dos, una trascendente: la violencia. Otra, más trivial: fregar los platos.

    (Aunque, bien mirado, ¿a quién le importa?).

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