sábado, 4 de abril de 2009

Casal, un artista único y diferente

Después del atracón de las dos entradas precedentes, llega la hora del relax con un poco de música.

Muchos nos acordamos de Tino Casal. Éste versátil intérprete (que firmaba sus discos simplemente como Casal) fue una figura clave en el resurgir de la música popular en España durante los primeros años 80. Fuertemente influenciado por la escena glam británica, siempre destacó por su extravagente (para la época) estética y por un estilo barroco y arriesgado, una profusa utilización de la tecnología (propia también de la época) y una absoluta carencia de complejos. Ello le llevó a firmar discos que, vistos retrospectivamente, se ven bastante maltratados por el tiempo. Sin embargo no es difícil encontrar notables canciones dentro de su discografía, siendo además un destacado letrista. Su campo artístico no quedaba acotado a la música, ya fuera como cantante, compositor o productor, sino que también se entregó a la pintura, el diseño y el estilismo.

Alcanzó el éxito en la primera mitad de los 80, tras lo cual sufrió una enfermedad ósea que le recluyó en una silla de ruedas durante meses. Tras ésto, nada fue igual. Es cierto que volvió a saborear las mieles del éxito en la segunda mitad de la década con sus nuevas publicaciones, pero las cosas ya no eran como antaño. Ya no era un transgresor, los aficionados españoles habían encontrado nuevos ídolos y no precisaban de iconos de la modernidad pasada; los tiempos le habían superado. Sus nuevos discos bajaron muchos enteros en calidad y capacidad de sorprender. Finalmente, la desgracia terminó de cebarse con Casal, falleciendo en 1991 como consecuencia de un accidente de tráfico. Tenía 41 años.

Últimamente estoy recuperando su discografía, escuchando parte de ella por primera vez. Tal y como digo, hay canciones a las que el paso del tiempo pasa una tremenda factura, pero otras cuya calidad las sigue manteniendo vigentes. Y más en una época como la actual, de paupérrimo bagaje en materia de pop-rock nacional. Recuerdo que una de mis favoritas era Tigre Bengalí, de la cual he encontrado en youtube una versión de infame calidad de imagen y sonido procedente de un programa de TV. Valga no obstante como modesto recuerdo y homenaje a un artista que, con sus luces y sus sombras, fue diferente y único en el panorama musical español.


7 comentarios:

  1. Era básicamente un imitador del movimiento neorromántico inglés, en su estética, en sus movimientos y en algunos aspectos de su música. La mayoría de sus canciones son nefastas (su mayor éxito, si no recuerdo mal, fue la abominable “Champú de huevo”). Pero no carecía de cierta gracia y peculiaridad.

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  2. Efectivamente, desde un prisma actual la canción que mencionas suena horrible, pero no más de lo mucho que sonó durante los desenfadados 80 en todo el mundo. Y no fue su mayor éxito, aunque sí el que le empezó a crear un hueco en nuestro panorama musical.

    Es una década a la que le tengo especial cariño, y admito que disfruté con mucho de lo que ahora consideraría como patéticos subproductos. Cosas de la nostalgia.

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  3. Bueno, nostalgia sería seguir sobrevalorando hoy aquello que desde una óptica juvenil y escasamente crítica me parecía genial. En el caso de Casal, encuentro luces y sombras, pero intento que la nostalgia no sea un factor determinante en ese juicio.

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  4. “Champú de huevo” era tan horrible entonces como ahora :-)

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  5. Bueno, bueno... no nos pongamos picajosos no sea que empiece yo a hablar de "Manos a la obra"... ;-)

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  6. ???

    (¿Te he contado alguna vez lo que pienso de esa maravillosa serie?).

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  7. Digamos que has hecho mención de ello... Y hasta aquí puedo leer.

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