miércoles, 15 de julio de 2009

La sanidad madrileña en el punto de mira

No se qué más decir ya sobre el caso de Rayan, el bebé fallecido en el hospital Gregorio Marañón de Madrid por una negligencia médica. No puedo ni imaginar el dolor de su joven padre, que ya había perdido a Dalilah, su igualmente joven esposa producto de, quien sabe si también (carezco de la autoridad sanitaria para pronunciarme categóricamente) un cúmulo de infortunios médicos. Sólo puedo desear que ambos descansen en paz y que Mohamed y el resto de familiares superen algún día éste durísimo golpe y vuelvan a confiar en que alcanzar la felicidad aún es posible en éste, por momentos, maldito mundo.

Luego está el debate abierto en torno a si éstas dos desgracias pueden o no ser fruto de la política de privatización y de recorte sanitario practicada por el gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid. Personalmente, creo que es difícil conectar dichas políticas con el error puntual de una enfermera, por grave que éste sea. Pienso que el caso de Rayan responde más a una incompetencia personal, agravado por el hecho de haber destinado a una persona sin las aptitudes necesarias para desempeñar la labor de alimentar a un bebé prematuro. De no ser así no hubiera requerido la supervisión que ahora tanto se echa en falta. La enfermera ni siquiera dudó, ya que de haberlo hecho hubiera esperado hasta recibir verificación o el consejo de alguien cualificado, por lo que su ineptitud, en mi opinión, queda fuera de toda duda. No es el simple extravío de un expediente. A ese nivel no se pueden cometer errores, porque errar tiene consecuencias letales, como así ha sucedido.

No obstante, los hay que insisten en utilizar el fallecimiento de Rayan como arma arrojadiza contra Esperanza Aguirre y su modelo sanitario aplicado en la CAM. Sabida es por los habituales del blog la escasa simpatía de quien suscribe por la presidenta madrileña y, en general, por quien comparte su perfil ideológico, pero no por ello opino que vale todo para zurrarle al adversario, o que no haya líneas rojas intraspasables. El error de la enfermera con Rayan se produce, pienso, con independencia del modelo sanitario imperante en Madrid. Son dos debates quizá relacionados, pero distintos. No hay sistema perfecto que erradique al cien por cien los desatinos médicos, ni siquiera el público, y para comprobarlo no hay más que teclear en el buscador de Google +“error medico” +”servicio andaluz de salud". Ningún sistema está a salvo, por bueno que éste sea. La concatenación de dos errores (o al menos sospecha de error en el caso de Dalilah) que afectan a la misma familia en tan corto lapso de tiempo es lo que agudiza el drama en éste caso concreto.

Lo que sí es cierto es que las quejas y las protestas de los profesionales de la sanidad madrileña ya son un clásico en ésta comunidad, sea por la masificación de pacientes en los centros de atención primaria por escasez de personal, los turnos inhumanos a los que se ve sometido el personal hospitalario, la carencia dotacional de los nuevos hospitales o el desvío de fondos a empresas privadas, gestionantes de éstos centros de reciente apertura (ver Informe sobre la sanidad en la Comunidad de Madrid). Madrid también es la comunidad que más denuncias (y condenas judiciales) recibe por negligencias médicas (4.111 en 2008), cosa que podría explicarse por su elevada densidad de población (más de 6,2 millones de habitantes). Pero sorprende que comunidades más pobladas (datos poblacionales consultables en Wikipedia) como Andalucía y Cataluña cuentan con una menor cantidad de denuncias (1.538 y 1.105 respectivamente). Se podría especular sobre si los madrileños son más combativos en su actitud denunciante, pero sería entrar en juicios de intenciones que en modo alguno añaden rigor al debate. Los datos son los que son, pero insisto, es difícil establecer relación directa entre todo esto y que una enfermera se equivoque de vía para alimentar a un bebé.

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