jueves, 12 de noviembre de 2009

Islam, política y populismo

Estamos pasando por una crisis a escala mundial, y España la está sufriendo con mayor dureza que ningún otro país de su entorno. Históricamente, épocas como la que atravesamos son propicias para el nacimiento de iniciativas que, al amparo de la necesidad popular de ver luz al final del tunel, aprovechan la situación para intentar hacerse un hueco entre los más castigados, presentándose como asidero al que aferrarse, si no material sí moral, en busca de esperanza. El nacimiento del PRUNE, el primer partido político de ámbito nacional de corte musulmán, ha de ser considerado una mala noticia. Y lo digo porque afirmar, como hace su portavoz, que valores como justicia, igualdad, solidaridad y libertad manan del Islam es, aparte de falso, peligroso. Tan falso y peligroso como que brotan de las fuentes del cristianismo, vaya.

Es falso porque la historia acredita la existencia de civilizaciones con valores morales previas al inicio de la tradición judeo-cristiano-musulmana, así como la existencia de un ateismo sobradamente cargado de ética; y es peligroso porque se asocian valores escasamente repudiables, asumibles por todos, a un credo concreto que, en este caso, marca la pauta en algunos de los paises donde más se atenta contra esos mismos valores. Un comienzo como éste es toda una declaración de intenciones, que, como no puede esperarse de una opción abiertamente confesional, es la de adoctrinar e imbuir a quien entre en su ámbito de captación de una moral adecuada con la que encauzar su vida. Todo ello bajo el bonito eslogan de pelear por los derechos de las minorías.

Que las minorías necesitan quien las defienda no es algo que vaya a poner en duda. Tampoco que la política española no esté necesitada de savia nueva que ayude a regenerar un panorama cada vez más tiznado de mezquindades y corruptelas, elevando cada día los niveles de desconfianza ciudadana en las instituciones. Pero refugiarse en la religión no puede ser la salida de personas que cotidianamente tienen en la razón y el sentido común el origen de la práctica totalidad de sus actos. Sabido es que las épocas de crisis, repito, suelen ser caldo de cultivo de movimientos populistas de la más diversa índole, algunos de los cuales han llevado al mundo a alguno de sus peores momentos. La comunidad inmigrante, especialmente golpeada por el paro galopante que padecemos en España, con la situación de marginalidad y exclusión social que genera, puede ser víctima propiciatoria de alguno de esos movimientos. Permanezcamos atentos a ello.

3 comentarios:

  1. Me huelo a partido de lo más reaccionario y pese a compartir con los reaccionarios católicos cosas fundamentales(no al aborto,no a los gays...)puede provocar un aumento de la extrema derecha "autóctona".

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  2. Tienes razón, Carlos. En reacción a la aparición de este partido los movimientos ultraderechistas, igualmente populistas y demagógicos, puede encontrar un motivo para justificar su existencia, a sus ojos y a los de sus simpatizantes. Los ultras de cualquier tipo siempre tienen la necesidad un enemigo tangible contra el que actuar.

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  3. Es una pena que se siga confundiendo, como haces aquí, amigo Flash, el cristianismo con la sucia impostura histórica consistente en la Cristiandad. El mensaje y la praxis del Maestro de Nazaret se dan de tortas con esos impostores.

    Por lo demás, me parece bien que surja ese partido pro musulmán, pues todos los esfuerzos serán pocos para hacer frente a la creciente islamofobia que tan buenos réditos da al eje Washington-Vaticano.

    Saludos cordiales.

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