jueves, 27 de enero de 2011

El clasismo defensor de privilegios de Durán i Lleida

El político nacionalista Josep Antoni Durán i Lleida se queja de que haya quien desee que los diputados hagan públicos su patrimonio. Este individuo opina que, de tal modo, solo los funcionarios y los pobres tendrían acceso a la política, ya que un rico pondría pegas a que se conociera su fortuna para ejercer un cargo público -pagado por todos-, cosa que al él le parece de lo más lógico. Habría que decirle a este señor, porque no parece haberse enterado, que las suspicacias hacia la clase política no son gratuitas sino que están más que fundadas y hay todo un rosario de corruptelas detrás para justificarlas, demostradas y en proceso de demostrarse, incluso dentro de su partido.

Los políticos nacionales representan cada vez más una amenaza para un número creciente de españoles. Lejos de ejercer la autocrítica, Durán i Lleida se cierra en banda y reclama a voz en grito la intocabilidad de sus privilegios, dibujando un horizonte (para él) oscuro en caso de que no se le haga caso. El delicado y exquisito Durán se ha terminado revelando como un macarra.

Es un debate viejo, si hay que poner a disposición de la clase política un suculento incentivo económico para que los más aptos dediquen su tiempo y esfuerzo a la función pública de alto nivel en lugar de marcharse a la empresa privada. Es un razonamiento perverso, ya que la política se debería entender como una vocación de servicio público, siendo la satisfacción por el trabajo bien hecho y el provecho para la comunidad las mayores recompensas. Pero, una vez más, la realidad nos sacude con un bate en las piernas. La naturaleza humana no es altruista de por sí y los estímulos materiales deben existir en política para que haya voluntarios dispuestos a invertir su tiempo en gestionar  nuestros recursos, que es de lo que a fin de cuentas se trata.



Los hay incluso que defienden que una élite plutocrática sea la que tome las riendas, por aquello de que un rico ya no tiene la tentación de enriquecerse una vez accede al poder porque ya es rico. Pero no es el dinero sino el poder mismo la verdadera tentación del opulento. Lo es el estímulo de ver como de sus decisiones condicionan la vida de miles o millones de personas, con el aliciente no menor de poder reconfigurar territorios enteros según sus propios esquemas ideológicos. Un gobierno de formado por millonarios tampoco estaría a salvo de los embates de la corrupción.


No obstante, debemos huir de la polarización en este debate, ya que siempre hay quien intenta dicotomizarlo: o control total o ningún control. No. Dadas las circunstancias actuales, exigir una declaración de bienes a quien va a vivir del erario público es una exigencia más que razonable. La honradez se presupone, pero la mala fe también. Como hablamos de mucho dinero, manejado por una clase política puesta en entredicho por sus propios actos y en un contexto de crisis desbocada que se ceba con el que menos tiene, plantear el asunto no es nada insensato. Y rechazarlo de plano como hace Durán i Lleida nos habla mucho (y mal) de su sensibilidad social y de la escasísima cercanía del político español medio hacia el ciudadano de a pie.

La transparencia en los sueldos públicos debería ser la norma y no la excepción. Son nuestros empleados, nosotros les pagamos. ¿Conoce alguien a algún empresario que ignore lo que paga a sus empleados? Es nuestro derecho como contribuyentes conocer como se gestiona nuestro dinero, y deber de las administraciones públicas poner esos datos a nuestro alcance. No disfrutar de ese derecho es otra anomalía más dentro de esta falsa democracia que nos ha tocado en suerte vivir. Son muchas las taras de este sistema, demasiadas para poder llamarlo estado de pleno derecho. Me niego a llamar democracia a esta oligarquía de privilegiados.

Durán es un sujeto que tiene entre sus inquietudes perpetuar este sistema porque le beneficia, se sirve de él, y su respuesta evidencia el desprecio que el fondo siente hacia aquellos que le votan. Es el típico clasista que piensa que nos está haciendo un favor dedicándose a la política, y a buen seguro nos tacha de desagradecidos fuera de los micrófonos por no reconocerle sus desvelos y sus esfuerzos por mejorar nuestra vida. no hace tanto pasaba por ser uno de los mejores políticos del país. Personalmente, a partir de aquello que dijo sobre la cura de la homosexualidad le tengo sentenciado. Democristiano tenía que ser. Por mí que se largue al Vaticano y nos prive de su indispensable labor política. Políticos como él son un cáncer para cualquier sociedad.


Cambio de tercio.


¿Alguien me puede explicar que pinta una foto de Chiquito de la Calzada ilustrando el anuncio de una conferencia de filosofía?




Una explicación requiero, vive dios.

2 comentarios:

  1. No todo es blanco o negro. No es que no haya democracia en España, pero sí una democracia "de bajo nivel". Mientras la gente se conforme con ella, ésta se mantendrá "de bajo nivel". Sólo se desarrollará si los españoles nos empeñamos en ello.

    Son ignominiosas las palabras de un político que hasta el momento me parecía mucho más respetable de lo que me parece ahora.

    Sobre chiquito: ¿qué pasa, que contar chistes le invalida a uno para obtener doctorados en filosofía? :D Sabía que Chiquito era un polifacético, un nuevo humanista, y la foto me lo ha demostrado. Yo ya intuía que había mucha sinapsis detrás del "tedacuen"...

    ResponderEliminar
  2. Durán siempre ha sido un falsorro de cuidado, el típico “moderado” que se moja lo mínimo pero nunca hace otra cosa que servir eficazmante al sistema oligárquico que nos maneja.

    Por lo demás, excelente argumentación sobre el asunto.

    ResponderEliminar