lunes, 21 de marzo de 2011

Algo se me escapa de lo que pasa en Libia





Sí, algo se tiene que estar escapando a mi entendimiento. La Libia de Gadafi, el mismo Gadafi al que ahora quieren desalojar del poder por la fuerza, comerciaba tranquilamente con Occidente, no entrañaba un problema para Israel, suponía un freno al yihadismo radical, no ponía pegas a la venta de petróleo y gas. No era un aliado más incómodo, en el caso de España, que Guinea Ecuatorial¿Qué gana Occidente con esta nueva escalada bélica? ¿Qué puede obtener que no tuviera ya antes? Porque las guerras son muy caras de costear, y no creo que esta se ponga en marcha a cambio solo de la libertad del pueblo libio. Ya no soy tan ingenuoEn Bahrein y Yemen también las fuerzas del orden han reprimido duramente a su pueblo, y no son objeto de ninguna resolución de la ONU. Tampoco merecen la misma atención Costa de Marfil o Congo.

No digo que la fuerza no sea útil para expulsar del poder a quien lo usa de forma tiránica. Pasó con Bosnia y Kosovo, únicos ejemplos que se me ocurren en donde, en apariencia, no había nada que sacar más allá de estabilizar la zona e impedir las masacres y la extensión de los respectivos conflictos. En España, durante los casi 40 años de dictadura muchos lo hubieran celebrado. Pero hoy día el mundo real discurre por otros derroteros, los de los intereses económicos y geoestratégicos. Las relaciones internacionales no se rigen por el altruismo. Después de lo de Irak y Afganistán necesito una prueba convincente de que ese es el único motivo para atacar Libia.


Ya se empieza a hablar de bajas "colaterales", víctimas civiles de los bombardeos. La Liga Árabe, inicialmente a favor de la creación de una zona de exclusión aérea, empieza a tomar con recelo las operaciones aliadas. Después de la ristra de objetivos equivocados que la coalición occidental arrastra en Afganistán, ¿podemos estar seguros de que los bombardeos se circunscribirán a objetivos enteramente militares? La supuesta exactitud de las bombas inteligentes no lo hace presumir.


Hay informaciones acerca de las muertes provocadas por la represión gubernamental. Los medios han hablado de aviones bombardeando a la población civil y desde Youtube nos llegan duras imágenes al respecto. Los refugiados se agolpan en las fronteras libias con Túnez y Egipto, pero no se distinguen entre ellos a mujeres y niños, siempre jugoso objetivo de todo fotógrafo de guerra que se precie. Hay quien se cuestiona desde los grandes medios si algunas cosas son como hasta ahora nos las han vendido.


¿Qué van a sacar de Libia? Es la pregunta que me hago y que no supone ningún apoyo a Gadafi. Hay en la izquierda española personajes que asocian la crítica al belicismo de la coalición occidental con un apoyo tácito al dictador libio. ¿Se acuerdan del "compañero de viaje de Sadam Hussein" que Aznar espetaba a Zapatero en 2003, antes de la invasión de Irak? Pues algo así. Yo personalmente no tengo por qué justificarme. Juzgo que mis pocos pero bien ponderados lectores tienen la suficiente inteligencia para distinguir el espíritu crítico, dirigido este hacia quien sea, del apoyo moral a un tipejo que prefiere la guerra a ceder el poder. Lo que siempre sostendré es que 1) de las democracias nunca se puede esperar el mismo comportamiento que de las dictaduras y 2) la democracia no se impone por la fuerza.

Veremos a ver si alguno de estos izquierdistas señalan a Zapatero como culpable, tal como hicieran con Aznar, si tenemos la desgracia de que algún perturbado decida reventar un tren o un autobús en nombre de las víctimas libias de los ataques occidentales.

1 comentario:

  1. A mí lo que me chirría bastante, es la forma tan chapucera en la que han entrado en acción: que si el mando lo tiene uno, que si se lo pasamos al otro, que yo no pongo las bases si no es la OTAN, que otro no quiere que sea la OTAN, que si el objetivo es quitar a Gadafi, que si no lo es, que si no apoyamos a los rebeldes... y mientras a España le va bien cualquiera de todas las opciones anteriores. Que patético, ¿no?

    A mí, casi me da la impresión que es sólo un lavado de conciencia, por no haber entrado cuando a lo mejor, podría haber tenido algo de sentido, cuando las manifestaciones fueron reprimidas a lo bruto.

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