miércoles, 8 de junio de 2011

El PP y su enemigo interior

Se ha liado parda con la presunta quiebra de Castilla La Mancha. El Partido Popular ha denunciado el ruinoso estado de las cuentas castellanomanchegas antes de hacerse cargo de las riendas de la comunidad, lo que lleva a pensar que solo desde la suposición pueden hacer semejante afirmación. A mí me parecería estupendo que lo denunciasen si contaran con datos en mano, pero esto tiene más pinta de otro episodio de sobreactuación que recuerda a los espías que María Dolores de Cospedal denunció ante las cámaras de TV pero no ante el juez. El histrionismo de quien se sabe con el respaldo de una base social granítica e impertérrita ocurra lo que ocurra.

Y con esto no digo que Castilla La Mancha no esté en quiebra, es que no lo se, y como no lo se mi deber como persona responsable es no hacer afirmaciones concluyentes hasta tener la seguridad de que lo que digo es cierto. Esa es la responsabilidad exigible a los cargos del PP que se han descolgado estos días con la bancarrota castellanomanchega. Esa es la responsabilidad de la que la clase política abdica a diario y que cada día hace aumentar más la brecha entre esta suerte de nueva aristocracia y las clases populares.

El PP vuelve a las andadas. Está crecido gracias a sus recientes éxitos electorales, y ello le confiere seguridad y confianza para volcarse en la empresa de apalizar al adversario en todos los órdenes desde los medios que sabe no solo afines, sino directamente rendidos a su estrategia electoral. Cuando ganen las elecciones del año que viene será mejor que nos preparemos para sufrir una apisonadora como no se recuerda otra igual.

Pero las mayorías amplias son un arma de doble filo. Hay algo de lo que tengo un amplio convencimiento: cuanto más grandes son las mayorías parlamentarias más al monte llevan a los partidos que las disfrutan, y más rechazo social general. Cuanto mayor sea la mayoría absoluta que el PP consiga en marzo de 2012, en más burradas se embarcarán, mayor será el rodillo con que nos aplanen y, por tanto, más movilizarán al voto de centroizquierda para sacarles de Moncloa en 2016. Si siguen así, con el PSOE en estado de derribo e inmerso el país en la peor crisis desde la II Guerra Mundial, el PP sólo conseguiría, auguro, el rédito de gobernar durante 4 años. No me negarán que es un logro sólo al alcance de verdaderos incompetentes.

Si hubiera alguien con dos dedos de frente en ese partido, y con poder para hacer valer sus posturas, apostaría por bajar el tono del discurso general. Con ello tal vez perdería el favor de su sector más ultramontano, aunque pienso que el tradicional pragmatismo electoral de la derecha social española haría poco perceptible esa pequeña pérdida, y quizá le costaría obtener una mayoría más pequeña. Pero, en contrapartida, gozarían de mayores probabilidades de gobernar durante más tiempo. Estaríamos hablando de dos a tres legislaturas al no provocar, con una actitud más moderada, la movilización del electorado puente, ese que se encuadra entre el centro y el centro-izquierda y que es el que desequilibra balanzas electorales.

Deberían olvidarse los extremismos, de maximalismos excluyentes y dejar de buscar la confrontación por el puro desgaste de un adversario al que saben noqueado. Aunque sea por puro pragmatismo político. No lo tendrán mejor, con su rival en las horas más bajas de su historia, para presentarse ante el ciudadano como algo diferente y ganarse si no su favor, al menos su respeto. Pero en Génova parece que solo hay depredadores ávidos de degollar al enemigo, incapaces de, cuando les viene todo de cara, mostrar otra cosa que no sean sus vísceras y sus ansias de aniquilación moral. El principal enemigo del PP lo tienen dentro, y si no hay ahí nadie lo suficientemente inteligente para percibirlo les hará la misma jugarreta cada pocos años, limitando sus opciones de gobierno.

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