martes, 7 de junio de 2011

La plaza de Colón de Madrid, vetada para los skaters

Paso a menudo por la plaza de Colón de Madrid. Y era frecuente encontrar casi en cualquier época del año a jóvenes en monopatín practicando y haciendo saltos y piruetas. Me llamaba la atención su arquetípica indumentaria: sudaderas con capucha, pantalones XXL, gorras, auriculares... Todo muy de película americana. Siempre me preguntaba si vestirse según el cliché explotado por las multinacionales era lo que esos chavales entendían por rebeldía. Probablemente no era algo que se plantearan, pocos son los adolescentes que se cuestionan cosas como esa. El caso es que todo esto me parecía finalmente accesorio. Lo primordial era que esos chicos empleaban su tiempo libre en hacer deporte, socializar y, en cierto modo, cultivar el espíritu de superación. Y todo ello me parecía muy sano.

Hasta que esto dejó de ocurrir.



La foto que antecede (pinchar para ampliar) es el estado del tramo peatonal de la plaza de Colón en la actualidad. Este era el lugar antaño frecuentado por skaters madrileños. Digo antaño porque la última reforma del pavimentado parece que tenía como única finalidad echar a estos jóvenes del lugar. Objetivo conseguido, por cierto. Esas franjas transversales que se observan y que atraviesan la calle a lo ancho son tiras adoquinadas cuyo relieve detiene en seco a cualquier monopatín, o como poco dificulta mucho su avance. En paralelo a la vía, el ancho bordillo que antes era plano, y al que subirse suponía un reto para los skaters, ha sido salpicado de placas de piedra a intervalos de forma que ahora tiene un relieve escalonado. Huelga decir que no hay quien patine por ahí, tal y como se aprecia también en esta otra imagen (pinchar para ampliar).


Como digo, desde que la plaza sea abrió por completo al público con este nuevo pavimentado no he vuelto a ver a los chavales del monopatín. Ni un solo día. De ahí que, no encontrándole otro sentido a esta reforma, termine por deducir que el objeto de la misma era, precisamente, impedir la cómoda práctica de tan lúdico pasatiempoDesde luego, para solucionar el problema de acumulación de agua cada vez que llueve no ha sido a juzgar por las fotos. Dinero público invertido, en definitiva, para que unos jóvenes que solo quieren pasar un buen rato sin molestar a nadie vean como su lugar de reunión se convierte en un sitio hostil para ellos. 


Un momento. ¿He dicho sin molestar a nadie? Veamos, no niego que las idas y venidas de estos quinceañeros sobre ruedas no pudieran suponer motivo de molestia para algún transeúnte. En sus denodados intentos por mejorar su repertorio de cabriolas es cierto que a veces no eran muy conscientes del tránsito humano alrededor suyo, pero a mí nunca me supuso un problema cada vez que tuve que atravesar la plaza. Qué demonios, ¿molestaban más que el corte de calles con motivo de la celebración de una competición ciclista, una manifestación o una procesión? ¿Causaban más perjuicio al viandante que el ruido del tráfico o la polución? ¿Merece la pena en la España de los casi 5 millones de parados y casi nulas expectativas de futuro privar a unos jóvenes de tan sana diversión? Se me ocurren cosas mucho peores en las que esos muchachos podrán emplear su tiempo libre ahora que saben que los poderes públicos actúan para excluirles del uso de una ciudad que tienen igual derecho a considerar suya.

2 comentarios:

  1. Pues sí, esas cosas pertenecen al grupo que ciertos ideólogos y economistas desechan sin verles ningún beneficio, supongo. Yo soy aficionado a bajar a jugar al baloncesto y aunque ya tengo más edad, veo a muchos chavales que se juntan para divertirse un rato y emplear su tiempo de forma sana y en compañía. Si no existieran esas canchas urbanas, todos esos chicos buscarían la diversión en otro lado, supongo. Y seguramente peor.

    No entiendo que con el coste de dejar las cosas como están, haya quien prefiera gastarse dinero en empobrecer a una juventud que está bastante desilusionada de por sí con el futuro. Pero a estas contabilidades creativas ideológicas nos tendremos que acostumbrar, me temo.

    Saludos :)

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  2. Soy partidario de que la calle tiene que ser para los ciudadanos y, cada vez más, se nos está privando de ello. No obstante, sin conocer en exceso la zona, tengo entendido que es imposible ver una obra en el Fernando Fernán Gómez por el ruido de los skaters, que se oye más que lo que sucede en el escenario. No obstante, no estoy seguro de que eso se deba a los skaters y no a un mal aislamiento o una mala sonorización del teatro...

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