miércoles, 1 de junio de 2011

Retrato de la sociedad española, por Mariano José de Larra

Ruegoles que presten atención a lo que sigue, que no es sino un extracto de la Carta a Andrés, escrita desde las Batuecas por el pobrecito hablador, artículo escrito en la década de los 30 del siglo XIX por Mariano José de Larra.
    Y para confirmación de esto mismo, un dialogo quiero referirte que con cuatro batuecos [españoles] de estos tuve no ha mucho, que en todos vinieron a contestarme en sustancia una misma cosa, concluyendo cada uno a su tono y como quiera:
     -Aprenda usted la lengua del país -les decía-. Coja usted la gramática.
    -La parda es la que yo necesito -me interrumpe el más desembarazado, con aire zumbón y de chulo, fruta del país-: lo mismo es decir las cosas de un modo que de otro.
    -Escriba usted la lengua con corrección.
    -¡Monadas! ¿Qué más dará escribir vino con b que con v? ¿Si pasará por eso de ser vino?
    -Cultive usted el latín.
    -Yo no he de ser cura, ni tengo que decir misa.
    -El griego.
    -¿Para qué, si nadie me lo ha de entender?
    -Dese usted a las matemáticas.
    -Ya se sumar y restar, que es todo lo que puedo necesitar para ajustar mis cuentas.
    -Aprenda usted física. Le enseñará a conocer los fenómenos de la Naturaleza.
    -¿Quiere usted todavía más fenómenos que los que está uno viendo todos los días?
    -Historia natural. La botánica le enseñará el conocimiento de las plantas.
    -¿Tengo yo cara de herbolario? Las que son de comer, guisadas me las han de dar.
    -La zoología le enseñará a conocer los animales y sus...
    -¡Ay! ¡Si viera usted cuántos animales conozco ya!
    -La mineralogía le enseñará el conocimiento de los metales, de los...
    -Mientras no me enseñe dónde tengo de encontrar una mina, no hacemos nada.
    -Estudie usted la geografía.
    -Ande usted, que si el día de mañana tengo que hacer un viaje, dinero es lo que necesito, y no geografía; ya sabrá el postillón el camino, que esa es su obligación, y dónde está el pueblo a donde voy.
    -Lenguas.
    -No estudio para intérprete: si voy al extranjero, en llevando dinero ya me entenderán, que esa es la lengua universal.
    -Humanidades, bellas letras...
    -¿Letras? De cambio: todo lo demás es broma.
    -Siquiera un poco de retórica y poesía.
    -Sí, sí, véngame usted con coplas; ¡para retórica estoy yo! Y si por las comedias lo dice usted, yo no las tengo que hacer: traduciditas del francés me las han de dar en el teatro.
    -La historia.
    -Demasiadas historias tengo yo en la cabeza.
    -Sabrá usted lo que han hecho los hombres.
    -¡Calle usted por Dios! ¿Quién le ha dicho a usted que cuentan las historias una sola palabra de verdad? ¡Es bueno que no sabe uno lo que pasa en casa...!
    Y por último concluyeron:
    -Mire usted -dijo el uno-, déjeme usted de quebraderos de cabeza; mayorazgo soy, y el saber es para los hombres que no tienen sobre qué caerse muertos.
    -Mire usted -dijo otro-, mi tío es general, y ya tengo una charretera a los quince años; otra vendrá con el tiempo, y algo más, sin necesidad de quemarme las cejas; para llevar el chafarote al lado y lucir la casaca no se necesita mucha ciencia.
    -Mire usted -dijo el tercero-, en mi familia nadie ha estudiado, porque las gentes de la sangre azul no han de ser médicos ni abogados, ni han de trabajar como la canalla... Si me quiere usted decir que don Fulano se granjeó un grande empleo por su ciencia y su saber, ¡buen provecho! ¿Quién será él cuando ha estudiado? Yo no quiero degradarme.
    -Mire usted -concluyó el último-, verdad es que yo no tengo grandes riquezas, pero tengo tal cual letra; ya he logrado meter la cabeza en rentas por empeños de mi madre; un amigo nunca me ha de faltar, ni un empleillo de mala muerte; y para ser oficinista no es preciso ser ningún catedrático de Alcalá ni de Salamanca.
    Bendito sea Dios, Andrés, bendito sea Dios, que se ha servido con su alta misericordia aclararnos un poco las ideas en este particular. De estas poderosas razones trae su origen el no estudiar, del no estudiar nace el no saber, y del no saber es secuela indispensable ese hastío y ese tedio que a los libros tenemos, que tanto redunda en hora y provecho, y sobre todo en descanso de la patria.
El artículo entero lo tienen aquí. Se encuentra recopilado en el volumen Artículos de costumbres.

No me digan que el texto no tiene jugo. Larra hace una corrosiva disección del español medio haciendo énfasis tanto en la supina ignorancia que le caracteriza como en la arrogancia que la acompaña. El dicho la ignorancia es osada cobra una nueva dimensión cuando al mayor representante del romanticismo español desvela su faceta más sarcástica.

Pero lo más espeluznante es la vigencia con que tan despiadada descripción, realizada hace casi dos siglos, retrata al español medio actual. Rebozados en su propia estulticia, los batuecos, que es como Larra se refería a los españoles, desprecian a la gente culta y preocupada por su formación intelectual. El único interés que parece motivarles es el dinero, lo que da cuenta de su avaricia y es de lo poco que puede alejarles de la pereza, mientras que el enchufismo ya parece parte esencial de la cultura patria en los albores del siglo XIX así como la asunción de que las camarillas hereditarias están destinadas a no dar golpe.

A mí me parece una descripción que cuadra perfectamente con la mayoría de fauna que puebla este país llamado España. Un país que, gracias a las mentalidades que Larra acertó a retratar hace camino de un par de siglos, permanecerá en el mar de la mediocridad durante un plazo que se hace imposible determinar.

2 comentarios:

  1. Sí, en España aún (y lo que te rondaré, morena) se estila demasiado lo de aprendí en la calle, en la vida, y no me hace falta más, que lo que quiero es un cochazo. Larra lo clava, como de costumbre. Por esta crisis endémica y prolongada no nos preocupamos tanto, y es peor, opino.

    Por cierto, llegué el otro día a a tu blog desde chisland :DDD con esos cebos que pones...me alegra leerte de nuevo en un foro.

    Un abrazo :)

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  2. Y sin embargo, a pesar de esto, en todas las encuestas los españoles dicen ser los más felices... será verdad que la ignorancia da la felicidad (junto al dinero, claro)

    En fin, un servidor no se exilia porque ya no tiene recursos ni para eso...

    Saludos

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