sábado, 13 de octubre de 2012

Prometheus o el pastiche indigesto

Para un entusiasta de la saga Alien como el que les habla cualquier indicio de nuevo estreno cinematográfico relacionado con el xenomorfo con cabeza de pene es observado con expectación, pero también con suspicacia. La franquicia iniciada por Ridley Scott en 1979 ha proporcionado grandes momentos al género fantástico pero también ha dado lugar a guisotes incomibles. De ahí que sean naturales las reservas. Ningún buen aficionado desea ver en la trituradora de carne al icono de sus amores.

Las dos películas de Alien vs Predator transcurrieron entre lo corrientucho y lo vergonzoso. Uno ya ha perdido la esperanza de que algún productor interesado en insuflar nueva vida al alienígena de la doble mandíbula se fije en las estupendas historias publicadas por la editorial Dark Horse (la que ideó el enfrentamiento entre el alien y el depredador) en formato comic. Podría destacar varias con más merecimiento para ser llevadas al celuloide que el comistrajo que finalmente se convirtió en el guión de Prometheus. Pero dejemos de soñar. La cinta de Ridley Scott ha jugado la baza comercial de Alien para ampliar el público objetivo de su última obra, pero la historia poco o nada tiene que ver con lo que la saga nos había deparado hasta el momento.

Es evidente que el cebo de Alien, un gran presupuesto y el director de la mítica primera película detrás de las cámaras iban a levantar un gran interés. No era una peli más de ciencia ficción, ¡era una precuela de Alien dirigida por Ridley Scott! Los fans salivaban al compás de un prometedor trailer, pese a que Ripley (Sigourtney Weaver), el otro gran icono de la franquicia, se quedaba fuera, algo lógico al transcurrir Prometheus más de un siglo antes de que la heroína se enrolara en la Nostromo.

Pero la caña estaba echada y muchos han picado. Si no atraídos por ver de nuevo al xenomorfo levantando cráneos sí al fiarse de lo que un nombre del prestigio de Scott y un atractivo reparto podrían dar de sí bajo el paraguas de la exitosa dinastía de películas. ¿Y por qué chirría tanto Prometheus?

Aviso: a partir de aquí habrá spolilers. O dicho en cristiano: voy a reventar algunos detalles de la película. Pero si quieren una crítica como es debido pasen a leer el artículo de Jot Down Prometheus para dummies (tampoco se pierdan los numerosísimos y jugosísimos comentarios)

Lo primero que me llamó la atención es que a pesar de transcurrir la acción más de cien años antes de Alien la estética resulta notablemente más avanzada desde una óptica tecnológica. Es obvio que la tecnología aplicada al cine de hoy día dista mucho de la empleada a finales de los años 70 del pasado siglo, pero la coherencia interna sale malparada en la comparación. La sci-fi de aspecto realista y sucio de Alien y Aliens las hacía cercanas, verosímiles dentro de su fantasía. En Prometheus el aspecto del interior de la nave es inmaculado, impoluto, más propio del Enterprise de Star Trek que de la vieja Nostromo. No hay pasillos angostos con suelos de rejilla, ni tenebrosas cadenas colgantes, ni mecánicos sudorosos y malhablados. Ni siquiera una pizca de humor negro. Todo lo que hacía grande a Alien se ha desechado en Prometheus.

Alto. ¿No habíamos dicho que esta no estaba relacionada con la saga? No, pero en cierto modo...sí. Weyland era el nombre de la compañía que fletaba la Nostromo en Alien, y es Peter Weyland el nombre de quien financia el viaje de la Prometheus. La nave de los "ingenieros" es clavada a la encontrada por la expedición de la primera película. Aunque no se quiera admitir hay un punto de partida común que hace que el vínculo entre ambos filmes sea inevitable (al margen de la estelar aparición final de el bicho). Vale, Scott ha querido filmar una película completamente nueva. ¿Para qué hacerla entonces de modo que se la asocie con la franquicia Alien? Ya lo hemos dicho: gancho comercial. La lógica interna se la trae floja. La cuestión es llevar gente a la sala de cine aunque sea para tomarle el pelo.

Seguimos. Ya he dicho que en el aspecto formal Prometheus es una cinta impersonal, aséptica, pasteurizada y sin sello propio. ¿Qué decir de los personajes? Los hay que hacen una aparición fugaz y no se vuelve a saber de ellos. Aunque para lo que hacen casi es hacerles un favor. Hay uno que intenta juguetear con una especie de serpiente alienígena. Se nota que la tripulación está compuesta de los mejores profesionales científicos de todo el...¡barrio de Vallecas! Como es pertinente, sale trasquilado. A su compañero la entrada en contacto directo con el entorno extraterrestre le convierte en una suerte de zombi con superfuerza que se lía a repartir estopa a compañeros de tripulación que apenas sabíamos que existían. Finalmente se lo cargan y de todos sus apalizados no se vuelve a saber, allá les jodan ahí tirados.

La escena de la caída de la nave alienígena es auténticamente demencial, de puro ridícula. Las dos chicas corriendo en línea recta mientras un objeto gigantesco les cae lentamente encima ¡y no se les ocurre echarse a un lado! Dicha estampa debería avergonzar a Scott hasta el fin de sus días.

De entre los personajes principales la excepción es el androide David. Coincido con todas las criticas favorables recibidas por el actor alemán Michael Fassbender en su composición de robot sin emociones. Charlize Theron se limita a tratar de imitar a su compañero de reparto y así alimentar la especulación de que también se trata de un humano artificial; su papel es prescindible. La sueca Noomi Rapace en modo alguno hace olvidar como sufrida heroína, pese a su esforzada interpretación, a la Ripley de Sigourtney Weaver, por mucho que su respiración agitada trate de hacernos recordar la tensión de las mejores escenas de Alien y Aliens. Los demás apenas merecen mención, más allá de la estupidez de maquillar a Guy Pearce para encarnar al anciano Peter Weiland en lugar de contratar a un actor anciano de verdad (aunque por ahí he leído que hay escenas en las que aparece de más joven, pero que se suprimieron del montaje final, lo que daría sentido a este aparente sinsentido).

Sobre las referencias cristianas, mejor remitirse al artículo de Jot Down que enlazo más arriba. Solo unos apuntes: el personaje de Rapace es estéril, pero es fecundada gracias a la sustancia negra que parece capaz de insuflar vida, o de modificarla. Y en una alucinógena escena, y en víspera de Navidad, se hace una cesárea para extraerse-dar-a-luz una sepia del vientre que, más tarde, y convertido en un kraken colosal, fecundará al último de los ingenieros, los seres que, presuntamente, sembraron la semilla de la vida en la Tierra. ¿De ahí extraemos que ese pulpo gigante es Dios? Vaya ud. a saber. Pero si es así, entonces el xenomorfo que nace del último ingeniero en el epílogo es... ¿Jesucristo? ¿La santísima trinidad son la gelatina negra, la sepia luego tornada en kraken viscoso y, finalmente, el alien? ¿Padre, hijo y espíritu santo?

Si todo esto les suena rocambolesco no se extrañen. Lo es. Pero si quieren redondear el desaguisado entren aquí y deleitense, antes de que desaparezcan, con algunas escenas eliminadas del montaje final. Con ingeniero convertido en una suerte de Jason Vorhees el director's cut promete ser un descacharre.

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