martes, 26 de mayo de 2015

El permanente giro hacia la irrelevancia de Izquierda Unida

Se felicita Cayo Lara con los resultados de Izquierda Unida en las elecciones municipales que tuvieron lugar el pasado domingo. Eso sí, después de engancharse a las iniciativas ciudadanas que en Zaragoza o Barcelona han llegado a lo más alto. Lo de Madrid ya tal.

Hoy se descuelga el señor Cayo con un pronunciamiento en el que emplaza a Podemos para una candidatura conjunta de cara a las generales. Como si fuera IU la que está en posición de encabezar algo. ¿Es que nadie va a aprender nada en esta coalición? ¿Durante cuánto va a aguantar Alberto Garzón a tanto tuercebotas antes de tomar las de Villadiego y enfundarse la camiseta morada?

De verdad, la ceguera de los políticos españoles es materia de psiquiátrico.

Los carteles electorales de los candidatos de IU Madrid no podían ser más patéticos: "El corazón de la izquierda" rezaban. La "izquierda". Otra vez, la misma terminología trasnochada que les ha llevado elección tras elección desde la irrelevancia hasta la actual y merecida desaparición.

Si en algo ha acertado Podemos es en desterrar de su discurso la alusión permanente a la izquierda. Yo no me considero alguien especialmente espabilado pero tampoco ningún torpe irremediable, y mis sentidos me dicen que por cada proclama en la que se emplea el término "izquierda" un contingente de votantes de "derechas" se ve reafirmado. Y así no se puede dar ningún sorpasso que valga.

Hagamos memoria. ¿Cuándo empezó el despegue del Partido Popular tras su refundación desde la postfranquista Alianza Popular? En el momento en que iniciaron su ya legendario (por interminable) viaje al centro. Viaje, por cierto, que Esperanza Aguirre da por finiquitado al definir al PP como partido "liberal conservador". Es decir, centrista por los cojones. Pero ese es otro cantar.

Pero a lo que voy. ¿Acaso esa burra del centrismo le ha impedido al PP hacer políticas de derechas que podrían haber sido perfectamente implantadas durante, vamos a ser generosos, el tardofranquismo? ¿Qué problema hay en aplicar una fórmula que, a la vista de los resultados, da muchos más réditos? Porque de lo que se trata, digo yo, es de gobernar y transformar la sociedad conforme a unos principios, no de erigirte en guardián de las esencias de esta o aquella doctrina sin tener jamás la ocasión de aplicarla.

Repito, Pablo Iglesias y su muchachada han sabido "leer el partido" mejor que ningún político español del momento. Vender ideología, hoy por hoy, solo sirve para hacer saltar a la ideología opuesta en plan "aquí estoy yo, frente a tí". Es generar una respuesta simétrica en la orilla contraria, con el agravante de que en España, dicha réplica es monolítica frente a la tradicional fragmentación del progresismo.

Me da la impresión de que algunos vivían muy bien en Izquierda Unida sabedores de que nunca detentarían responsabilidades de gobierno. Un acta de concejal más y otros cuatro años a fingir que queremos el cambio social con un generoso sueldo público. Eso se acabó en el momento en que hubo personas que vieron más allá y decidieron que las siglas no importan, sino que lo esencial son los principios y, por encima de eso, el deseo de llevarlos a cabo, aunque no sean en el porcentaje deseado.

Pero ahora Cayo parece que vuelve a dudar con las puñeteras siglas, a pesar del éxito cosechado en Barcelona y A Coruña sin ellas. Garzón parecía alguien prometedor, pero el lastre que empieza a arrastrar le puede hundir en el pozo de la irrelevancia, otra vez. Eso sí, sabiéndose último centinela de esa "izquierda" que cada día le interesa a menos gente.

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